jueves, 10 de enero de 2019 | By: Abril

Hubiera querido decirte...


Hubiera querido decirte tantas cosas antes de que te marcharas que me callé para siempre.

Te hubiera pedido que te quedaras, que te quedaras un rato más, una hora, dos, tres, cuatro, conmigo, y a la mierda el mundo. Que perdieras el puto autobús sólo por querer quedarte conmigo. Que quisieras perderlo.


Te hubiera dicho que te quería, y me hubiese temblado tanto la voz que te habrías creído que era mentira y sólo un motivo para que no te fueras; pero es que se me habrían empezado a empañar los ojos y me hubieras creído sin dudarlo. Creo que me hubieras dicho que no llorase y me hubieras abrazado, como tantas veces lo hicimos ese día.


Te hubiera dicho que fui tan feliz como jamás había dejado a nadie que lo hiciese. Que fuimos felicidad en estado puro, que me sentí como Sophie y Julien pero siendo nosotros, aún siendo sólo tú y yo.
Te hubiera pedido que volvieses, que me lo prometieses aún sabiendo que las promesas se rompen. Que me dijeras que querías volver sólo por no tener que despedirnos, que odias las despedidas y esos besos que nunca sabes si son el último o el primero.


Te hubiera pedido que no te olvidaras de mí y es que contigo quería ser egoísta tanto tiempo que me consumía. Que me consumías también y quizás nunca te diste cuenta de ello. Y ojalá ahora te lo pudiese gritar bajito al oído.


Te hubiera pedido que me besases como si fuéramos el último segundo del mundo. Que nos evaporásemos entre bailes de bocas que sólo llevan a querer desear más, y más y luego todo.
Te hubiera agarrado de la mano tan fuerte que hubieras notado las ganas que tenía de no perderte nunca.
Hubiera hecho tantas cosas que decidí besarte y decirte que todo estaba bien.


Del blog: Mírame cuando no te hablo

Más de cien latidos por minuto: tú.




Taquicardia.

Me soltaste aquella palabra como si todo su significado fueras tú. Me explicaste que te gustaría que fuera el título de tu futuro libro, el que todavía no existe; pero es que tú no sabías que aquella palabra era todo lo que sentía cuando tú me tocabas, o tan solo me mirabas. Que se me hubiera parado el corazón si hubieras pensado en quitarme un dedo de encima. Que dejaba de latir cuando tú te marchabas, cada vez que te ibas sin saber si te volvería a ver, aunque en realidad nunca hubieras venido y nunca hubieses pensado en quedarte.

El corazón marcaba el ritmo de cada palabra que pronunciabas y a mí me hacías más feliz cuando no me dejabas hablar y te ponías a contarme tus historias, tus recuerdos o tus tristezas mientras yo te escuchaba como mi canción preferida, la que no quería dejar de escuchar nunca.

Disfrutaba más de tus silencios que de todas las conversaciones banales que tenía a lo largo del día. Todo lo que callabas era lo que más decía de ti y lo que yo siempre me ponía a escuchar con detenimiento. Y que no me hablen de silencios incómodos si no te han visto callarte y sonreír como si el mundo se fuera a partir en dos y a mí me diese igual si todavía seguía mirándote.


Nos hicieron más daño todas las verdades que las mentiras que jamás nos contamos y es que contigo aprendí la relatividad de lo verdadero y lo falso, de la ignorancia y la felicidad, de ti y de mí. De la inexistencia de un nosotros jamás formado pero que yo tantas ganas tenía de construir y tú tantas ganas de romper.
Te quise tanto que todavía te sigo queriendo, pero esto, amor, no es una despedida, porque las despedidas no vuelven y yo estoy dispuesta a volver aunque nunca me haya ido.


Del blog: Mírame cuando no te hablo
domingo, 25 de noviembre de 2018 | By: Abril

Agua salada

Imagen relacionada

"La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar." Isak Dinesen

¿Lo escuchas?...sí, es el silencio... y el murmullo de las olas rompiéndose en la orilla. No quiero que se vaya de mis días tristes. No. Aún no. Necesito llorarte, vivir mi duelo y recordarte, no como eras, sino como te comportabas cuando me hacías compañía justo aquí frente al mar. 

En realidad sólo te imaginaba, porque tú nunca viniste al mar conmigo. Preferías que te lo describiera. A veces me pedías que te mandara una foto y yo lo hacía porque quería darte pistas de mi situación. Siempre esperaba que en el momento más inoportuno aparecieras y me taparas los ojos por la espalda para darme una sorpresa. Pero aquello nunca sucedió. Por eso, aunque han pasado ya casi dos años, sigo contándote como es el mar a través de mi mirada y echándote de menos porque ya no me pides que lo haga. 

Aquí la lluvia sabe a sal. Es aún otoño y tú no estás, Corre una brisa fresca y la arena está mojada. Hay gente solitaria o perdida paseando perros. Todas las almas que añoramos a alguien nos paseamos mirando el infinito como si esperásemos que apareciesen por arte de magia aquellos que se fueron por un tiempo o tal vez para siempre. 

El sabor a sal vuelve de nuevo. Hay un mar en mi mirada. No me gusta llorar tu ausencia, pero no puedo controlar el tsunami que me desborda cuando te pienso. No sé si lloro más por mí que por ti, pero lo hago en esta parte del mundo donde te espero en silencio....

(Camila Klein)
jueves, 8 de marzo de 2018 | By: Abril

Montaña rusa

Imagen relacionada


Qué bajòn! Apareces de nuevo de la nada… y me dices, me cuentas, me atiendes, me enciendes, me oyes, me escuchas, me entiendes y …desconectas con un “Ciao! Nos vemos, si eso…”
Te odio, te miro, te siento, te aliento, te quiero, te extraño, te borro, te salvo, te ignoro, te leo, te tomo, te muerdo… me engancho, me pierdo…
Te pienso,  te escribo, te odio y te quiero a ratos… me mandas un beso.  Pa´mí y pa´los gatos.
Me muero, me quejo, me alejo, me enfado… contigo, conmigo y con este año.  
Y te añoro, te extraño, te incito, te guiño, te adoro, te araño, te llamo, te amo…te quiero, te quiero, te quiero… te extraño.

(N.R.H.)

jueves, 15 de febrero de 2018 | By: Abril

Sincericidio en el café de los viernes

Imagen relacionada

Te quiero y me empeño en pensar que no. Y duele. Duele y mucho. No hay día que no me levante con la sensación de que vamos a volver a compartir un café de sobremesa. Y ahí está tu recuerdo. Y el café. Pero no hay dos compartiendo nada como en la foto de mi estudio, con París al fondo y la lluvia al otro lado del cristal. No. Hay un café, pero yo estoy sola clavando los ojos en la cucharilla que dibuja círculos concéntricos, los mismos círculos que dan vueltas en mi memoria intentando devolver al presente recuerdos que tengo cada vez más difusos, de otro tiempo, de otra vida que  viví a tu lado…

Hace más de un año que nos encontramos por última vez. En el mismo sitio: un pub trasnochado y difuso entre luces tenues que se aliaban con nuestras debilidades para avivar el fuego difuso que se encendía cualquier día menos los viernes y los domingos. Los domingos nunca existí. Los viernes me los negaste, por capricho y porque en cierta forma pretendías domesticarme. Los domingos me daban lo mismo. Renuncié a ti y a ellos desde el primer beso. Pero los viernes… nunca te perdoné los viernes donde yo era tu plan B. Qué crueldad negarle a alguien los viernes. El resto de la semana competía con tus prioridades. No me acostumbré nunca a ello, pero sacar el tema desencadenaba una nueva tormenta perfecta entre nosotros, por eso intentaba esquivar mi indignación. Pero aquello hacía que me doliera más y me devoraba hasta que vomitaba todo lo que sentía cada vez que me borrabas los viernes de tu agenda.

Soy demasiado clara. No me van los comentarios a medias, así que cuando ya veía todo perdido me tiraba de cabeza al ruedo a pecho descubierto. Este sincericidio va a matarme cualquier día… el caso es que te lanzaba las verdades a la cara, aun sabiendo que cada lanzamiento te alejaba diez centímetros de mí. Aquello nos fue distanciando tanto que surgió aquel monólogo que empezaba por… “no sé qué hago aqui”,  continuaba con “no tiene sentido que nos sigamos viendo” y finalizaba con “ya no sé qué creer… has cambiado tanto” y volvía en bucle al principio “no sé qué hago aquí”.

Si supiera que cambiando algo iba a borrar el final de esta historia, te volvería a regalar los domingos enteros y los viernes a medias, y lo pensaría dos veces antes de comenzar mi monólogo en bucle y te odiaría en silencio y pensaría que no eras tan nocivo para mi salud mental como lo eres… pero la vida no usa borradores, las cosas se escriben una sola vez y la tinta es indeleble. Por eso me quedo aquí a solas con mi café compartido contigo, removiendo con la cucharilla en círculos concéntricos la nostalgia de un viernes imaginario.

(N.R.H.)
domingo, 4 de febrero de 2018 | By: Abril

Hoy vuelvo a escribirte una carta de amor.

Resultado de imagen de Hoy vuelvo a escribirte una carta de amor.


Hoy vuelvo a escribirte una carta de amor. Y no creas que todo este tiempo te me has olvidado, no. Al contrario: no hay día que no te dedique un pensamiento. Me sigues robando momentos y sigues aquí, a mi lado… No, no puedo echarte más ni mejor de menos.

Espero que en tu amnesia lejana, te acuerdes de mí y suspires por todo aquello que fuimos. No tires al fuego lo que sentiste y lo que me hiciste sentir. Eso fue puro y sincero. Sé que lo fue. Lo vi en tus ojos y en tu sonrisa. Esas caricias con la mirada no se pueden improvisar. No hay forma de falsificar una emoción que sale de dentro del corazón. Y aquí estoy en mi frío invierno, en  mi lluvia cercana a tu pensamiento. Hoy lluevo a mares por tí, hoy te echo mucho de menos.

Y sé que no volverás aunque la última vez que hablamos quedó tu invitación a café en el aire. Qué bien huele el café recién hecho, aunque sólo sea un espejismo en medio de otra ilusión rota contigo.

Me sigues dando la nada en medio de la esperanza de volver a verte. Y dueles, cómo dueles aún… pero no puedo hacer nada. Hace tiempo me quedé sin argumentos para hacerte un guiño que te devuelva por un instante a mi vida. Un solo instante con el que sobrevivir hasta la próxima estación, la próxima bofetada sin mano y la próxima decepción por dibujar castillos en el aire.  

No puedo arrancarte de mí como quisiera y me duele mi vida porque no estás tú en ella…


(N.R.H)
martes, 30 de enero de 2018 | By: Abril

Tres caritas sonrientes

Resultado de imagen de mirar el movil

Hoy, después de muchos meses en silencio, te he escrito porque en el fondo me hace gracia que el universo se encargue de recordarme cada vez que le parece oportuno que te tuve muy dentro durante mucho tiempo. Que fuiste mi vida, en el sentido casi completo de la expresión y eso es algo de lo que no voy a escapar nunca, aunque haya conseguido poner tierra física y mental de por medio. 
Hoy ha sido Pinterest que me recomendaba una de las acuarelas que en su día pintaste para mí y aun cuelga de la habitación en la que dormía en casa de mis padres. Hace un par de semanas Facebook me preguntaba si conocía a tu chica. Pues claro que sí, pero entiendes que no tenemos interés alguno en ser amigas ¿verdad? 
Hace mes y medio Instagram me contaba tus planes del fin de semana con todo lujo de detalles a través de las stories de un amigo en común. Captura de pantalla con un simple pie de foto: “Mira que simpático Pinterest. Carita sonriente”. Tu respuesta. Tres caritas sonrientes. A eso ha quedado reducido todo. 
Es curioso que cuánto más tiempo pasa, más borrosas se vuelven las discusiones, más se diluye en resentimiento y hasta el dolor se apaga por completo, sin embargo de manera aleatoria te acuerdas, cada cierto tiempo, de lo que en su momento fueron detalles sin importancia, y en el presente, a toro pasado te hacen pensar ¿con todo lo que me querías, tanto te costaba realmente? Yo que siempre he sido la chica de las uñas de colores y tú que me preguntabas, cada vez, de que guardería me había escapado o en qué taller de pintura me habían prestado las témperas. 
Las 0 comedias románticas que vimos en el cine, porque sólo compensaba pagar la entrada si la cinta era de acción. Paradójicamente he descubierto que me gusta el fútbol, verlo y jugarlo, compartirlo y que me lo cuenten, pero cuando nos sentábamos juntos acababa convencida de que el partido que yo veía duraba al menos 3 eternas horas, que estábamos viendo jugar a equipos distintos y sin duda alguna yo era la que estaba en fuera de juego. Siempre. “No te rayes, ya se solucionará”. Tu fórmula mágica para todas mis preocupaciones e inquietudes. Claro. Sólo. ¿Cómo lo nuestro? Porque la vida es así de simple y el universo así de comprensivo. 
Por eso te trae de vuelta cada vez que le parece. 
 (Una dosis de Bea)


martes, 9 de enero de 2018 | By: Abril

Equivocados

Imagen relacionada 


Se me escapó ese: “Sí, quiero”. Al verte de nuevo. Y joder, que mis adentros parecían querer estallar a la vez que mi garganta estaba seca como el desierto de nuestras intenciones, por no decir “Colorado” porque siempre fuimos de grises.

Nunca imaginé que sentiría el olor de tu piel otra vez entre las sábanas de mis sentimientos y es que los dos nos largamos cerrando la puerta, sin dejar una sola ventana por la que colarse.

Fuimos tan mediocres en nuestra huída, que nos dejamos la mitad del alma en la casa del otro, pero eso sí:

-Mis cosas me las llevo yo -aunque solo sea para hacerte daño-.

Y después de unos segundos donde a la muerte le dio un ataque al corazón, tragué saliva y volví a respirar.

Era el mundo real y tú te estabas vistiendo aún sin ser las doce de la noche, para marcharte en tu carroza mágica sin dejarte más zapatos de cristal por el camino.

Me mirabas, como un gato asustado y a mí solo me apetecía abrazarte, pero tu silencio era el infierno a todas las dudas que había tenido.

Y ahora estaba pasando condena, recitando en voz alta tu número de lunares, deseando que volvieras a colarte por los barrotes del orgullo para jugar al escondite con la indiferencia y despedirnos del amargo sabor a despedida, que manchó nuestro cuento de hadas a medio terminar.

Y nada, decirte que: Sí, quiero. Y que todavía me queda tinta para una trilogía.

 (Memorias de un Joven Escritor)

Querido tú

 Resultado de imagen de chica caminando de espaldas


Querido tú, que estarás leyendo esto,

Esta no es una reflexión cualquiera, ni una página en blanco cubierta de tinta que luego esté dispuesta a borrar. Se trata de, tal vez, una de las mayores puestas en escena que haya interpretado o, si prefieres llamarlo así, la melodía de mi sinceridad hecha canción.
Te eché de menos, sí, una parte de mi invierno siempre lo hizo, como el otoño le enseñó a hacerlo y como evito que toda secuencia de mi primavera lo aprenda a hacer en un futuro. Y a decir verdad, aunque no me haya topado con estación que no lo haga, sé que es mi propio temporal el que enseñará al resto los pasos a seguir por más que éstos se prolonguen demasiado, y puede que sea éste el motivo por el que desde entonces le tengo un poco más de tirria a las agujas y a su tiempo, porque se alejó contigo la magia de su pasión por volar. Pero ya no, ya vuelvo a sentir que continúan creciendo mis alas.
Mis amigos ya no me preguntan por ti y a mí ya no me cuesta reconocer que mi piel llevó durante un buen tiempo tu nombre, que en la geografía de mis párpados pesaste lo suficiente como para no dejarme dormir muchas más noches de las que yo quise.
Fuimos un pedazo de guerra sumergido en paz, el coraje y la ternura amando al mismo tiempo, coincidiendo en aquel párrafo donde nos regalaban todas las páginas que quisiéramos llenar. Y lo hicimos, escribimos las que nos pertenecían, pintando con vida nuestros cuerpos como si de exprimir a un corazón se tratara. Y, aunque ya no sea éste el caso, ambos formaremos parte de la historia del otro, y yo siempre me quedaré con eso.
Tan sólo decirte que espero que las estaciones de las que fuimos protagonistas juntos cuenten las sonrisas que nos dimos, que con el tiempo olvides el frío que cuando te falté sentiste y que ese escalofrío ya no me erice a mí la piel, que no te arrepientas de haber venido a buscarme y que nunca duela cuando pienses en mi nombre y en el tiempo que le fuiste fiel; y viceversa.
Que siempre andemos felices, aunque sea en distintos caminos y al lado de otros pies.

(Melanie De La Peña López)

Te quiero en forma de adiós

Resultado de imagen de chica caminando de espaldas



Decirte que te vayas es un atentado suicida y, al mismo tiempo, una forma corta y concreta de definir el verbo querer.
Quizás pienses que mis pasos se alejan de tus pisadas por miedo a enfrentarme al abismo que hay entre tus párpados y los míos, pero ten la pequeña certeza de que si fuese por ese motivo me tiraría al vacío una y otra vez cuál kamikaze, con los ojos abiertos para disfrutar del paisaje.
Lo cierto es que no me asusta cómo sea el huracán si su ojo coincide con los tuyos, pero, aunque me sobren motivos por los que estar aquí, bajar la guardia y permitirme ser feliz junto a ti, solo existe una razón para huir lejos aun sabiendo que ya nunca volverás y nunca más seré feliz, y aun así esa única razón pesa tanto que me tengo que ir.
Tú no lo entiendes y a decir verdad yo tampoco quiero entenderlo, pero en el fondo, alguna parte de mí, sabe con total certeza que solo soy la mecha de una bomba que te hará mil pedazos en algún momento así porque sí, sin yo poder controlarlo. Así que no me pidas que vuelva que ya es demasiado difícil correr sin girarme incontables veces para intentar apaciguar ese glaciar derretido en tus ojos y no salir al encuentro de tus labios.
Espero que algún día sonrías al escuchar mi nombre y seas capaz de entender que esto nunca fue fácil para ninguno de los dos, tú viste desaparecer a aquel quién querías y yo di la espalda a la persona con la que quería pasar el resto de mis días.
Nunca me fui del todo, siempre estuve a la vuelta de la esquina, te he visto pasar con alguno otro más, pero conozco tu mirada. Ninguno de ellos veía en tu mirada la brecha para tratar de curarla a tu lado sin amenazar con huir antes de que se desbordase. Nadie supo entender que existen palabras llenas de silencios y silencios llenos de palabras, pero que por más que sellen tu boca, tu mirada cuenta cada una de tus historias.
Es difícil comprender tanto a alguien y quererla sabiendo que para mantenerla a salvo tienes que evitar tocar la yema de sus dedos, porque existen personas a las que echas de menos hasta cuando cierras los ojos aun sabiendo que al abrirlos ahí van a estar y yo quería ser esa persona para ti, porque es bonito construir un imperio y que cuando esa persona decida tocarte que se tambalee, pero nunca se destruya. A mi vida le sobran motivos para ser feliz pero todos se reducen a ti.
Dinamita, eso es lo que soy, así que siento tambalearme, pero prefiero ser añicos que me construyas y derrumbarte a ti.

(Estela Martínez)
sábado, 4 de noviembre de 2017 | By: Abril

La mujer invisible

Resultado de imagen de invisible woman


Hola
Contigo nunca he dejado de intentar lo imposible, a sabiendas de creer que era del todo improbable volver a tener aquello que fuimos. Entre aquel tú y este yo hay un inmenso abismo. Yo te he llorado como si hubieses muerto y en cambio tú me has olvidado como si nunca hubiera existido.
Y aunque lo sé vuelvo a caer en la inercia de llamarte. Y a la desesperada te hago una señal para llamar tu atención una vez más. Se me están acabando las ideas para crear escenarios pretendidamente casuales en los que encontrarme contigo. Tú me rehúyes y yo te persigo incesantemente. Pero ni tú eres la misma persona que quise tanto ni yo soy la chica que dejaste un día de octubre. Llovía aquella tarde sobre nuestras cabezas y sobre mi alma. Sentía que el agua mojaba mi pelo pero no quería moverme de tu lado. Y allí se quedó para siempre una parte de mí, que nunca regresó conmigo. Sigo siendo la chica de aquel jueves que vio cómo su último tren salía para la ciudad del olvido.
Tú continuaste con tu vida, como si nada. Tenías razón: olvidas pero no perdonas. Yo, precisamente aquel día en que la lluvia mojaba mi tristeza, pensaba que nunca me había muerto tantas veces en una sola tarde. Cada una de tus frases era un puñal en mi estómago. Estaba desgarrada, tocada y muerta y tú seguías hablando de lo importante que eran tu otra vida, tus amigos y tu trabajo. Todo era más importante que yo y me culpabas por no entenderlo. Por no entender ni aceptar que me había convertido en tu mujer invisible.
Siempre serás el hombre equivocado y yo la mujer imperfecta, pero fuimos y seremos tal para cual. Y sobrevivo con el dolor de haberte querido, el daño que me provoca seguir haciéndolo y la tristeza de saber por encima de todo que, pase lo que pase, y aunque sea invisible para ti, siempre estaré a tu lado.  

(N.H.R.)
jueves, 19 de octubre de 2017 | By: Unknown

¿Sabes una cosa?


 Resultado de imagen de pareja abrazada



No me asusta ser la primera ni ser la última en tu vida. No me asusta tampoco que tú no seas el primero, porque ya me hayan roto antes el corazón... No me asusta nada ni nadie si sigues aquí, conmigo. Soy valiente entre tus sábanas blancas, y feliz en tus abrazos. Invencible cuando me dices que me quieres y un flan cuando pienso que puedo perderte.Soy perfecta en nuestros días imperfectos. Perfecta si hacemos del caos un arte y de esta clase de amor un estilo de vida.

Yo tampoco sé si seremos eternos, o si algún día tendremos que echarnos de menos de nuevo. Sólo sé que hoy nos hemos reencontrado para escribir un nuevo final a nuestra historia. El anterior quedó inconcluso y ambos nos moríamos de ganas por volver a ver al otro. Por eso aquel punto y final que escribimos es hoy unos puntos suspensivos.Porque sí, porque nosotros inventamos este cuento de hadas y rompemos las reglas a nuestro antojo.

Sin embargo, dure lo que dure esta historia, siempre merecerá la pena. Pase lo que pase. Porque nunca podré olvidar el día que tu sonrisa significó un "todo va bien", el día que me robaron el mejor mes de mi vida (y sin embargo desafié al Karma y me quedé a tu lado), el beso más bonito de mi vida dentro de una Tetera Azul, el sonido de tu guitarra después de hacer el amor, tu voz por encima de la música de fondo de nuestras tardes de chocolate y café, tus mensajes de madrugada, nuestros enfados (que no lo son tanto) pero  que construyeron un muro de naipes que hoy derribamos...

Estaría escribiendo días enteros, pero nunca llegaría a describir lo feliz que soy desde el 17 de octubre de hace 9 años. Con mis miedos y mis dudas, pero enamorada de ti hasta las trancas. Te quiero muchísimo. Debería decírtelo más. Ya sabes lo terca que soy... pero no lo olvides, ¿vale? No olvides que eres mi olor, mi canción y mi palabra favorita.

Y sí: me he vuelto a poner el traje de Wonderwoman para rescatarte.
Pero quédate a mi lado, sobre todo los días raros.
¿Promesa de dedo meñique? :)

Te quiero. Con olor a mandarinas y jazmín.

 (N.R.H.)

 Resultado de imagen de pareja abrazada pinterest

lunes, 16 de octubre de 2017 | By: Abril

Dicen que murió mi padre. Yo sólo sé que estuvo vivo

 Imagen relacionada


Hoy murió mi padre.
A medio mundo de distancia, en este costado de mí donde se pudre todo lo que no le dije.
Cuando yo era un nene, esperaba que él fuera un superhéroe.
Y no supe ver que lo era, que lo siguió siendo cada día de esos 86 años que se acabaron anoche, aunque todos esperábamos a pie de página ese "te be continued" al que tanto nos acostumbró.
Deja detrás una familia frondosa, en la que su huella permanecerá, no como signo de propiedad, si no como las marcas del amor, invisibles y evidentes.
La última vez que lo vi en persona, hace unos meses, acababa de salir, casi intacto como casi siempre, de uno de esos valses que bailaba con la muerte.
Me fui sabiendo que una noche él no podría parar de bailar antes del final del disco.
La muerte también lo sabía, pero volvía desde hacía años a pedirle un baile más, a dejarlo ir para que regresara otra noche a decirle al oído esas cosas que les dicen los poetas a la muerte.
Al otro lado del mundo, un certificado médico dice que el baile de mi viejo se acabó.
Los certificados no tienen ni puta idea, son todo lo contrario de un poema.
Te quiero, viejo.
Te quise siempre, como eras.
Te lo dije poco.
Porque vos sabías que yo sabía que sabías.
Y en ese juego de palabras me perdí un montón de abrazos.
Aprendí a no extrañarte para que esta distancia de medio mundo no me hiciera daño cuando este momento llegara.
Ahora tengo que aprender a extrañarte cada uno
de los días que me queden.
Nunca te dediqué un libro en particular, porque te los dedicaba todos.
Me hice escritor para cumplir tu sueño, en lugar de ayudarte a  cumplirlo.
Ahora no puedo dejar de serlo.
No puedo ordenar a mis palabras que dejen de llorar.
Soy tu sombra.
Antes de irte, dejaste el sol encendido, para volverme nítido.
Y aquí sigo, mirando al sol a los ojos, como si fuera ese Dios en el que creías, esperando una explicación que no podría darme aunque existiera.
Te llamabas Lázaro, por eso cada vez que te morías volvías a nacer.
A lo mejor esta vez alguien escribió mal tu nombre, ignorando que las palabras son la vida.
Me quedo acá, más vivo que nunca, porque se reparte entre todos los tuyos esa vida que te salía por los cuatro costados.
Más vivo.
Más solo.
Chau,viejo.
Nos vemos en los espejos

(Carlos Salem, del blog.)
sábado, 7 de octubre de 2017 | By: Abril

Nunca quise marcharme, pero tampoco me diste motivos para quedarme

Más-sobre-el-Silencio-en-el-camino-de-las-Llamas-Almas-Gemelas.

Me obligaste a aprender a nunca más volver. Yo no quería irme, pero no tenía motivos para quedarme. Bueno sí, tenía uno: lo bonita que podía haber sido nuestra historia.
Te tenía a ti pero ya solo podía conjugarte en pasado.
No te imaginas lo pronto que se hace demasiado tarde.
Sin embargo, sí que tenía cientos de motivos para marcharme. Y es que pudiendo evitarme momentos de sufrimiento, de llanto y de espera, no lo hiciste. Entonces recordé que las noches que pasaba mirando nuestro reloj eran mi fuerza para despedirme.
Cuando decidí marcharme y no volver me sentí como en aquella historia en la que el príncipe espera a la princesa durante 365 días y la última noche se va. Hay momentos en los que te das cuenta de que el amor se construye evitando sufrimientos innecesarios.
A veces ocurren estas cosas, de repente decides dejar de negar la evidencia de que algo va mal e intentas irte, aunque no sabes hacerlo y te sientes ridículo al correr en otra dirección.
Vas en contra de la marea. No te quieres conformar. Y es que te has percatado de que tu corazón, ese que bombea sangre a todo tu cuerpo, está riñendo con tu mente y con tu cerebro.
Quizás nuestra relación se enfermó, o quizás ya nació enferma. Lo que sé es que creer en el amor eterno es creer en un mito que nos despedaza el corazón. La eternidad solo existe en los momentos que nos demuestran que todo merece la pena.

Se trata de cambiar de pensamiento, de no creer ciegamente en los cuentos de hadas, en tomar conciencia de que valemos mucho más que las migajas de un amor que nos destruye. No hay nada incuestionable ni nada inquebrantable, no hay nada que sea tan inmenso que vaya más allá de nosotros mismos.

Tenemos la manía de encerrarnos en círculos viciosos, de no salirnos de los patrones establecidos, de crear un mundo paralelo en el que podemos ir con los ojos vendados.

Es tan corto el amor y tan largo el olvido…

De todas maneras, GRACIAS. Gracias porque me he dado cuenta de que nadie se enamora por elección, sino por casualidad. Nadie se queda enamorado por casualidad, sino porque trabaja por ello. Y nadie se desenamora por casualidad, sino por elección.

También te agradezco que me hicieses entender que mi dignidad está por encima de cualquier ruego y que vale la pena decir adiós cuando sobran los motivos.

Ni siquiera sabía que podía permitirme dar un giro de 180º a mi vida y librarme de ti. Ahora que conseguí aceptarlo y no enfadarme con el amor, tengo que pelear por superarlo, por entender que el amor también puede ser miserable y que podían empujarme contra el suelo.

Te agradezco que un día decidieras que no merecía la pena seguir mitigando mi dolor. Te agradezco que me dejaras las noches en vela llorando y esperando una respuesta. Te agradezco que hubiera vacíos tan repletos de angustia que me hiciesen pensar que no vale la pena tener algo por lo que no se pelea.

Solo está derrotado aquel que deja de sentir y de soñar…Y yo ahora estoy en plena efervescencia. Aunque aún temo mis propias emociones, conservo la capacidad de mitigar mi dolor, de llorar y de dedicarme tiempo a mí misma.

Porque el primer amor que merecerá la pena será aquel que merezca la alegría. Y tú y yo no estábamos destinados a entender que el único sentido de la vida tenía que ser el que nosotros quisiéramos darle.

PD: Tu pasado envenenó nuestro presente y ahora que estás intentándolo nuevamente, aunque pareciera no tener futuro, buena suerte.

(Del blog: Rincón del Tíbet)
sábado, 30 de septiembre de 2017 | By: Abril

Para Indy

Resultado de imagen de foto antigua niña y perro

No quiero deshacer nada Ni la ropa, ni guardar las tazas, Ni recoger las migas de pan que dejé por descuido Ni el agua, ni la comida Ni sacar si quiera el ordenador de la mochila. No quiero hacer como que no ha ocurrido. Cuando metí mi ropa en la maleta iba a compartirla contigo Cuando metí los libros, iba a leer contigo Cuando metí el bikini, iba a atardecer contigo en Tarifa Cuando dejé las tazas en la cocina después del desayuno, era porque había prisa por irnos, Cuando guardé el bebedero era tu equipaje Y ahora, que vuelvo sin ti, Que la vida me deja sin ti No quiero que nada vuelva a su sitio Porque tú nunca volviste Y me escupe la rabia en la cara por tener que acostumbrarme a recordarte, maldita sea A verte por la casa, por el parque, Llenando el coche de pelos y despertándonos alguna que otra mañana a golpe de besos No quiero que nada vuelva a su sitio Porque tú no volviste Quiero volver a verte como aquel sábado, 4 de Julio Detrás, en el coche, mirando a través del espejo retrovisor Entrando en la casa repartiendo amor Oliéndolo todo y dejando tu generosidad en el aire... Buen viaje Indy, desde pequeña te encantaba viajar, pero esta vez te fuiste antes de tiempo y sola. Te quiero y te querré siempre bonita mía.

(Carta que la cantautora Vanesa Martín escribió cuando falleció su perra)
domingo, 24 de septiembre de 2017 | By: Abril

Mi adorada Manuela:


Imagen relacionada

Hoy te descubrí frente al espejo, contemplando una imagen que no reconocías, y de nuevo se me partió el corazón al ver tus lágrimas silenciosas. Ha sido mi mano la que ha acudido presurosa para conducirte al rincón más especial de nuestra casa, junto a la vieja librería, y, como cada noche, tus delicadas manos de pergamino han elegido el libro rojo de la repisa. No hay ninguno que se le parezca; su intenso color destaca sobre el ocre apagado que domina el enorme muro de papel. Lo has abierto despacio, dejando que las hojas se deslizaran entre tus dedos, y te has detenido ante una palabra subrayada: "siempre".

Esa señal parece despertar un recuerdo lejano en tu memoria, porque veo cómo se cimbrea tu figura de pies a cabeza. Cada día estoy más seguro de que esas letras, que segundos antes eran un confuso ejército de signos, se elevan de improviso en el papel y forman una estrecha escalera de caracol para hacer que tu espíritu ascienda. Intuyo en el brillo de tus pupilas los sueños olvidados que vuelven castaños tus cabellos grises, y tus mejillas, gastadas de sonrisas, se transforman en una cara radiante y vivaz. Conoces esa historia; yo la escribí para ti. Narra atardeceres de otoño acompañados de nuestros besos, y mañanas abrigadas al calor de las caricias.

Lástima que, desoyendo mis deseos, bajaste los párpados y borraste las nostalgias. Pude presentir cómo las emociones caían con suavidad a tus pies, volviendo a ser frases sin sentido y silenciosas. Yo siempre espero tu vuelta, sin moverme de tu lado, intentando ocultar el destello de dolor que asoma en mis ojos. Me miras con reparo, preguntándote quién es el extraño que coloca el libro en su lugar y te besa la mejilla. "Siempre" te murmuré en voz baja. Pero tú ya no me escuchabas. Sentados en el sofá, he deshecho las horas leyendo para ti, despertando los recuerdos compartidos y describiendo con mi pluma hasta el más leve detalle.

Te cuento, como si fuera la primera vez, el momento en que me prendé de tu sonrisa al robarte aquel beso, en una fría tarde de enero. Y a veces, Manuela, cuando el corazón empieza a añorar el amor perdido, se me quiebra la voz y sujeto a duras penas el desaliento. Pero hoy sucedió algo que merece ser escrito en nuestro libro. Cuando una lágrima furtiva cruzó mi rostro, tú detuviste la caída con una caricia. Me miraste confusa y me preguntaste: '¿Por qué lloras, cariño?' Y ha sido en ese breve instante en que el destino nos regala un poco de presente, cuando nuestras almas se ha reencontrado, mi vida. Quería que supieras que me has hecho el hombre más feliz del mundo.

Con todo mi amor, Antonio.

(María Posadillo Marín, Premio del Concurso de Cartas de Amor de Holiday Rural 2015)
sábado, 23 de septiembre de 2017 | By: Abril

La lluvia, el olvido y los perros

Resultado de imagen de beso bajo la lluvia tumblr

Montevideo, febrero de 2013

Flaca:

¿Sabes qué? Me di cuenta de que al final tenías razón con lo que me dijiste aquella vez, hace tiempo, en tu auto, la noche en que llovía afuera y un poquito también adentro. Sí, tenías razón. Yo preferí no dártela porque –no es para poner excusas– a esa altura todo lo que te daba se rompía y todo lo que me devolvías ya no andaba. No te la di, pero tenías razón.

Me acuerdo de que lo dijiste como al pasar, casi sin querer, como disculpándote por tamaño hallazgo y tamaña verdad dicha de una manera tan linda. Estábamos tomando una cerveza, callados, probablemente aburridos y claramente en duda, cuando me dijiste eso. “La lluvia no es mala ni perjudicial, mojarnos no es molesto ni dañino y la ropa ni se achica ni se rompe. Pero le tenemos miedo a la lluvia”. Estabas hablando de nosotros, yo me di cuenta, pero preferí pasarlo por alto. Hoy, que ya pasaron más de dos años y varias lluvias, entiendo que debí haberte dado la razón y bajar a mojarme, a caminar o a correr, pero a irme.

Dos años después siempre es fácil pensar. Esa noche no lo hice: ni me fui ni te di la razón ni nada. Apenas te largué un “puede ser”, indiferente y cobarde. Desde esa lluvia hasta el sol tibio y pusilánime de hoy pasó mucho tiempo y tantas otras cobardías. El final, predecible a todas luces, amagó ser final, pero fue apagón inconformista. No sé si te acordás, Flaca, pero la primera vez que hablamos de terminar fue casi que jugando. Nos preguntamos qué pasaría si, y respondiendo nos dimos cuenta de que la ruleta rusa que habíamos empezado a jugar resultaba tener seis balas, y aunque el tambor gira mucho, tampoco gira tanto. Nos dimos cuenta de que no sería tan grave, y eso es gravísimo, Flaca. Después de eso seguimos como si no hubiese pasado nada. El tambor giraba y las seis balas bailaban esperando que pare la música para ver quién quedaba sin silla. Dejamos de ir donde íbamos, dejamos de abrazarnos para dormir, dejamos de soñar con una casa bien lejos, dejamos de reírnos de la gente y dejamos de hablar sobre la lluvia. Pero no dejamos de vernos.

Te soy franco. No sé qué hacer. Seguramente esperabas que esta carta estuviese abrazada a una certeza, a una respuesta clara, a una decisión; a algo. Pero no. La carta dice lo que dice y hasta ahora no me ha dado más valentía que cualquier otra carta que pude haberte escrito bajo cualquier otro sol menos cobarde. Sin embargo, ya sabés, escribir me ayuda a pensar. Y sentarme a escribirte y a pensarte y a extrañarte joven me ayuda a acordarme de por qué te espero cada tarde y de por qué te elijo cada noche.

Es lindo acordarse, Flaca, porque en el recuerdo está la respuesta. Vos sabés bien que le tengo miedo al olvido, a la rutina, al conformismo, a “lo normal”, a la lluvia y a los perros. Esto último no importa, pero lo otro sí, el olvido sobre todo. El olvido es cruel, Flaca, porque entre otras cosas no existe. Yo sé que de vos no me olvido más, y sé que si me voy no va a parar la lluvia. Además, qué es eso de irse porque las cosas no funcionan. Qué es eso de escaparnos. ¿Sabés qué? Yo me quedo. Sí, lo decidí, me quedo. Y no me quedo por vos, me quedo por nosotros. Me quedo por lo que todavía nos falta. Me quedo porque nunca nadie dijo algo tan lindo sobre la lluvia. Me quedo porque dormir abrazados vale la pena aunque haya calor. Porque podemos tener una casita afuera. Porque te quiero a vos. Me quedo porque el olvido no existe, porque hay rutinas divinas, porque el conformismo es para mediocres y porque lo normal es para amores normales. Todavía no solucioné lo de los perros, ya sé, pero podemos comprar uno grande para la casa de afuera, y capaz que le tomo cariño. Y con él a todos. Y con vos al mundo. Y con el mundo a vos, que sos la ley de gravedad de todo lo que me pasa.

Al final sí, decidí, sé qué hacer. Me quedo, Flaca. Ahora estás leyendo esto y yo no estoy pero ya vuelvo. Me quedo. Ya vuelvo. Salí a buscar una película. Si tenés tiempo, cuando llegues, prepárame el más tuyo de los abrazos.

Yo

(Ángel Cal)
jueves, 21 de septiembre de 2017 | By: Abril

Lluvia


Imagen relacionada

Te quería. De verdad que sí. Te quería y creo que tú a mí también. Ahora que no estás, lo sé. Lástima que haya tenido que pasar tanto tiempo para darme cuenta que sí que me amabas, a tu manera, claro, no a la mía. Pero no podía verlo. Cuando no tienes datos imaginas lo peor. Y dramatizas. Dramatizas mucho. Muchísimo.
Yo creía que no querías estar conmigo. Que tu vida tenía una segunda vida paralela. Que no estabas porque no deseabas estar en mis momentos importantes. Y te odiaba. Te odiaba a ratos e intentaba visualizarte en otras situaciones alternativas a las que me contabas. Y actuaba como una mujer despechada. Inventaba venganzas que creía que te merecías y trataba de huir hacia delante. Nunca me funcionó. Después llegabas tú, salías de tu burbuja y teníamos un simulacro de cita. Me contabas tus cosas, yo te escuchaba y te odiaba, como odiaba la parte de la tarde que cada dos meses me dedicabas y que se escapaba entre mis demonios internos como la arena de un reloj de cristal.
Eras como mi lluvia. Te necesitaba para crecer pero también me provocabas un frio intenso que detestaba cuando te ibas. Todo lo que recuerdo de ti es frío, lluvia, soledad, ganas rotas y un largo silencio.
Al principio me mandabas un mensaje después de cada encuentro para medir la huella que habías dejado en mis pensamientos. Es como uno de esos reportajes del telediario donde ha ocurrido un acontecimiento inesperado que afecta a mucha gente y sale la reportera a medir el pulso de la calle entrevistando a testigos presenciales. Todo el mundo ha visto lo mismo pero tiene una percepción distinta de los hechos. Tú, al principio, hacías eso. Tal vez por autocomplacencia, tal vez por inseguridad, no sé, necesitabas oír que nuestro momento a solas había sido un éxito. Cuando te llegaba la confirmación de mi puño y letra, sonreías tranquilo y te despedías con un desconsiderado "hasta mañana cariño", que yo aceptaba sumisa. Luego continuaba tu otra vida y yo era la chica de ayer. La de los jueves por la tarde de un montón de otoños bisiestos.
Aprendí a quererte así y estoy segura de que lo conseguí. Pero ahora todo eso es lluvia. Los recuerdos han hecho charcos en mi memoria y una amnesia espesa lo anega todo. Tu perfume, tu luz, tu mirada, tu sonrisa, tus manos, tus labios... todo es extraño y lejano. Muy lejano.
Pero a veces, cuando llueve y empieza un nuevo otoño, como hoy, vuelven los charcos y te veo reflejado en ellos, porque sigues ahí, haciéndome daño en el intento de olvido improvisado que trato de perfeccionar.
Es por eso, que en los días de lluvia, acaricio los charcos...

(N.H.R.)
domingo, 17 de septiembre de 2017 | By: Abril

Humedades

Imagen relacionada

 
Hola, chico insomne.

Tengo que contarte algo y mejor si lees esto cuando no tengas otras lectura a mano.

Espero que mi libro del erizo elegante siga siendo tu favorito.

No deseo que vuelvas porque te cuente esto; no quiero que vengas a mí porque me tengas lástima o te remuerda la conciencia. Pero me parece importante que sepas que me quedé rota cuando te fuiste.

Me reduje a polvo en cuanto te marchaste. Como incinerada. Si alguien soplara sobre mi cabeza mis cenizas formarían una curiosa nube de polvo en suspensión.

Sí, se me paralizó el corazón, se detuvo mi respiración y empecé a dejar de ser yo a desintegrarme extrañamente. Sólo quería estar en la cama, acurrucada y sin escuchar a nadie.

Pero no te preocupes, porque estar rota no es del todo malo ¿sabes? Es sólo que a veces llueve.

Y las personas normalmente son impermeables, pero a mí la lluvia me hace goteras y entonces, cuando llueve mucho, se inunda todo lo que hago.

Me sale el agua por todos los agujeros que me causó tu partida y me convierto en una fuente humana.

Desde fuera debe de ser algo muy vistoso, pero desde dentro se vive con dolor y con miedo a no volver a ser la de antes.   

Claro que no todo es malo.

Por las mañanas cuando amanece el sol atraviesa mis grietas y ocurre algo mágico: sale luz por todas mis cicatrices. Me convierto en una lámpara humana, como esas árabes que llevan una vela dentro. La proyección de la luz en ese momento es tan bonita que parezco no tener un solo rasguño y me veo perfecta.

Perfecta y entera.

Sin embargo ya está llegando el otoño y su lluvia.

Y con él de nuevo: tus recuerdos y mis humedades.

(N.R.H:)
lunes, 28 de agosto de 2017 | By: Abril

Helados que tapan vacíos

 
Imagen relacionada

Me parece mentira estar aquí sentada dedicándote de nuevo mi tiempo y mis palabras, a pesar de que todo quedó claro entre nosotros tras la despedida de un martes cualquiera.

Recuerdo aquel día: un 17 de octubre. Era una tarde preciosa de otoño. Acordamos que debíamos estar a la altura de las circunstancias. Fuimos demasiado civilizados cuando consensuamos un pacto verbal de no agresión. Nada de lágrimas, nada de reproches y el intercambio obsceno de frases elogiando al otro, como quien hace un homenaje a alguien que se ha muerto o está a punto de hacerlo…nuestro amor estaba moribundo.

Todo el dolor contenido lo guardé en el lado oscuro de mi corazón y allí permanece sellado en una tinaja de bronce para que no se me desboque y me arrastre a buscarte de nuevo.
Pero…me engaño: no puedo respirar o no quiero hacerlo sabiendo que ya no te veré, que ya no estás… ¡Qué dolor!. Justo, en el momento en que rompimos empecé a quererte como nunca antes lo había hecho. Como en aquella película de Isabel Coixet donde el novio deja a la chica por teléfono, desde el ángulo opuesto del mundo porque se ha enamorado de otra y ella graba aquel vídeo en una escena sublime de dramatismo puro, con esas frases tan arrebatadas que le dedica y a la que yo tantas veces hacía referencia:

“Qué difícil…Pero me parece que aún es más difícil quedármelo para mí sola. Supongo que por eso lo hago.

…Tú siempre me preguntabas en qué momento había empezado a quererte. Empecé a quererte exactamente cuando me llamaste para decir que me dejabas. De hecho fue en ese preciso momento cuando olvidé el amor que sentía antes, me olvidé de la ternura y del sexo, de tu lengua, me di cuenta de que lo que había sentido antes no era más que el simple reflejo de lo que era el amor. Descubrí que no te había querido nunca.

De repente pensé en aquella torturaba que practicaban en Francia. ¿Sabes qué hacían? Ataban las extremidades de una persona a cuatro caballos y los azuzaban en direcciones diferentes. Pues así es cómo me sentí. Así es cómo me siento. Ahora ya sé lo que es amar. Te amo con esa clase de amor que había rezado por sentir cuando era una adolescente y que ahora rezo por no volver a sentir nunca más.”

Visualizo una y mil veces la escena y empiezo a verme reflejada en el personaje de Lili Taylor, llorando y buscando desesperadamente un helado que se ha agotado para llenar el vacío que siente y que refleja el abandono y el dolor más absoluto que provoca éste.

El primer chico con el que me sentí así, y fue también cuando me dejó, vino conmigo días antes de la ruptura a ver esta película al cine. No le gustó. A mí me encantó y con ella empezó mi devoción por el cine de Coixet. Días más tarde, el papel de Ann lo estaba haciendo yo en la vida real. Esa fue la primera vez que sentí eso que llamamos amor verdadero.Con los años vinieron otros tantos y por último tú.
...Ha pasado el tiempo, esa película tiene ya veinte años, pero yo sigo siendo Ann y tú ahora eres Don, y siento un hueco enorme en el centro del estómago y - ¡maldita sea!- la dependienta me acaba de decir que se le ha agotado el helado de chocolate.
(N.R.H.)