jueves, 22 de diciembre de 2016 | By: Abril

Nunca te fuiste del todo



Querido Tú:
Ha pasado el tiempo y sigo sin poder olvidarte. No sé si a ti te ocurrirá lo mismo. No me importa si no es así. En realidad este amor ha llegado a ser lo que fue por mi tendencia natural al romanticismo subrogado, unidireccional pero autocomplaciente y al amor no correspondido. Llevo la tragedia griega en la sangre y creo que desde siempre supe que esto terminaría en el puñado de cenizas que forman hoy los recuerdos de lo que, con una intriga un tanto deshonesta, vinimos a bautizar en otro tiempo como “lo nuestro”.
No tendrás queja. Te prometí no volver a molestarte con mis laberintos emocionales (todos acababan en ti) y he cumplido mi promesa casi al pie de la letra. Estoy orgullosa de mis logros. Ya sé que volví a contactar contigo, a sabiendas de que no ibas a entender mis debilidades a la hora de zanjar relaciones tóxicas, pero me resistí justo hasta donde pude,  aunque -como demostró la evidencia-  no fue suficiente.
Me he visto quemando los últimos cartuchos: un poco desesperada y un mucho abandonada a la suerte de mis creencias pretendiendo que esto vuelva a ser lo que fue, en medio de un sinfín de dudas, tan oceánica, tan extenuada, tan desinhibida para confesar sentimientos… que a veces no me reconozco, si no es porque alguien me llama por mi nombre y atiendo como los perros viejos casi ciegos que acuden al "bulto" acercándose a  cualquiera que les da de comer un mendrugo de pan y tienen que elegir entre el desierto y la nada.
Sé que te desconcierto y que ya no confías en mi palabra. Sé que dije lo que dije, pero también sé que soy lo que soy y no puedo renegar de ello. Cada adiós es una bofetada por tu parte y un nuevo intento por la mía. Se me están acabando las excusas para traerte a mí. Pienso que hay esperanza, que no todo ha terminado, aunque sé que me engaño, pero quiero pensar así. Quiero creer que el tiempo es nuestro aún, que una vida mejor y juntos es posible y nos espera y que detrás de cada desastre emocional hay un haz de luz que nos marca el camino hacia el otro.
Dios escribe con renglones torcidos pero trata de hacernos coincidir en algún punto de nuestras vidas por muy complicado que parezca. Lo sé y te busco. Tal vez también tú lo sepas y me busques a tu manera en medio de este caos, en medio de esta guerra, y por eso no hayas cerrado definitivamente la puerta.  
(N.H.R.)
jueves, 15 de diciembre de 2016 | By: Abril

Despedida de soltera

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Buenas noches a todas las amigas que vinieron hoy a alegrar a la novia un día antes de su matricidio. Ojalá se hayan divertido en esta fiesta y lo sigan pasando bien. Para quienes no me conocen, soy la hermana de la novia y, por lo tanto, se me atribuyó la responsabilidad de ser madrina en su matrimonio. Como yo suponía que era un mero título, acepté por amor a la familia. Luego, la novia se convirtió en Godzilla y mandaba a quién se le cruzase en su camino. De esa forma, me presento ante ustedes bajo la amenaza de “hazlo bien”. No me malinterpreten, mi hermana merece ser feliz como quiera y la apoyaré pero no sin antes patalear un poco.
            Cuando mi hermana menor me contó que se casaba, lo primero que le dije fue “Despídete de lo bueno”. Le preguntaba insistentemente porqué alguien se amarraba de esa forma a otra persona, su respuesta, tan sencilla y complicada a la vez fue: “por amor”, con una seriedad y ojos de enamorada que iluminaban la pieza; aunque yo, sigo sospechando que debe haber algo más. Ella y el infame llevan casi 5 años de pololeo y convivencia con grandes sobresaltos, según mi hermana: “los clásicos altibajos pero nada que con el infinito amor que nos tenemos no pueda solucionar”. ¿Por qué? ¿Será el placer de sentir la libreta de matrimonio o tal vez decir “mi mujer” o “mi marido”? ¿Dónde queda la metáfora de la jaula que tanto defiende Holly Golightly?
            Como supondrán, nunca me casaré. El matrimonio significa la imposibilidad de terminar rápido una relación en caso de emergencia, como una infidelidad o el odio hacia la suegra, y un contrato así, no se acaba sino se firma el engorroso divorcio, lo que es una lata, por lo que me han dicho. Hermana, ¿para qué entras en el mundo de donde todos quieren salir?
            No todo es tan malo, te agradecemos por librarnos de un novio como el que tienes, que es como Pablo Macaya pero sin el Pablo y sin el Macaya. A ese hombre le crece la panza a una velocidad que no creía posible y que sólo es comparable con la aceleración de la caída de su pelo multiplicado por los litros de cerveza que es capaz de tomar. Es, además, un romántico empedernido; aunque tú le sigas dedicando las canciones más empalagosas de Yuri, él siempre continuará dedicándote el reggaetón más denigrante que encuentre.
            No puedo pensar que es el dinero lo que te llama la atención, puesto que no tiene y a ti no te va nada mal. Eres muy osada, no sabía que te gustaran los deportes extremos. Ese varón que tanto amas y veneras, no es capaz de comprar un kilo de arroz y no porque no sepa elegir entre las distintas variedades sino que no tiene dinero para hacerlo.  Recuerdo que de pequeñas, mientras yo soñaba con viajar por el mundo, tú preferías hondar tu imaginación en algún apuesto príncipe que te rescatara del colegio y tareas hogareñas. Hoy un príncipe y mañana un sapo.
            Habiendo tanto hombre que te amaría y te entregaría tanto, caíste en el último de la lista, que no duda en tener un “pequeño desliz” cada cierto tiempo, ya que, como me dijiste: “reaviva la llama”. Cegada, mi pequeña hermana. Disfruta del último día feliz de tu vida.
            Recalco quienes son las que más sufren  con esta tragedia: tus amigas. Nos dejas por un hombre, conservando tan sólo los recuerdos de tantas borracheras y locuras y con la desesperanza de que no se volverán a repetir. Nosotras te queremos más y se nota. Si dejamos de ir a verte a tu casa no es que el problema sea contigo, es con el desastre que elegiste de marido. Odiamos su forma de vestir, de hablar y de referirse a ti. ¿Has pensando en el día después? Será como una gran resaca de la que no te podrás librar fácilmente.            
            Para no quitarles más tiempo y puedan disfrutar de los vedetos, finalizo deseándote la mejor de las suertes y que ésta noche, tu última noche, la aproveches al máximo que de aquí no sale. No te tomes esto como una humillación, es un desesperado llamado de atención. La soltería da alegría y no debemos enjaular algo que es contra natura, porque la naturaleza es sabia, no se casaría con nadie. Perdónala señor, no sabe lo que hace. Aquí te estaremos esperando para tu despedida de casada.

(Del blog: Cuando se cierran puertas)
viernes, 9 de diciembre de 2016 | By: Abril

París bajo la lluvia

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Hay un enchufe en la habitación que uso como biblioteca que está roto, y no es por casualidad. Me siento culpable. Yo he sido la causante de semejante estropicio por mi afán de colocar justo en la pared donde está el enchufe un par de cuadros a juego donde se ven dos escenas diferentes de una pareja en un café de París. Los cuadros están situados en una línea recta - o no tanto- entre la pared y la única ventana que da a la calle. Cuando vives en un piso alto, cualquier resquicio de aire se convierte en un pequeño tornado que arrasa a su paso todo lo que encuentra. Ni que decir tiene que al no pesar apenas nada, la escasa brisa que entra desplaza como si fueran un par de plumas los dos cuadros, haciendo que se suiciden una vez tras otra contra el malogrado enchufe de pared. En uno de los cuadros la pareja camina a unos metros del café, dejando atrás sobre la mesa dos copas medio vacías y una botella de vino, y en la imagen, vista a través del cristal de la cafetería, caminan de espaldas al cuadro alejándose del cristal en el que se lee el nombre del local en sentido inverso. En el otro cuadro, el que se desprende constantemente de la pared y se precipita sobre el enchufe hecho trizas, la pareja se susurra algo al oído en un acto de complicidad que sólo ellos comparten. En ambas escenas está lloviendo.
 
Me recuerda un poco a ti y a mí, cuando quedábamos en aquella cafetería donde a menudo compartíamos complicidad y café en alguna que otra sobremesa. Al igual que lo nuestro ya es historia, el cuadro intenta lanzarse una y otra vez desde el metro ochenta que lo separa del suelo, como si la suerte, el azar o la brisa intentaran hacer que me desprenda de los recuerdos que convirtieron aquel “¿y si lo intentamos…?” en un “nosotros”.
 
El cuadro de la pareja compartiendo susurros en un café de París se ha caído mil veces y otras tantas lo he vuelto a colocar en su sitio desafiando con mi testarudez el paso del tiempo, el clima del sitio en el que sobrevivo sin ti y chorrocientas leyes físicas con tal de tenerte aún a mi lado. Pero aunque siga sobreestimando el poder de los cuelga-fácil de mis cuadros e ignorando las leyes de Newton, tú ya no estás y eso duele en mi enchufe cardíaco, sin mencionar a mi interruptor mental que no quiere apagarte. Sin embargo sé que no hay remedio. Que tengo que pasar página. Que tengo que aprender que ya no hay vuelta atrás, que te has ido sí, que te has ido y esta vez es para siempre…  
Cualquier día abro la ventana y dejo entrar el tornado completo o, en un arrebato, lanzo al vacío los cuadros que tú y yo ya nunca protagonizaremos ni en París ni en ningún sitio… hasta entonces, no me resigno y cada vez que se cae, en un ritual en tu nombre y por las cenizas de lo que fuimos, vuelvo a colgar el cuadro y pienso… "qué bonito fue aquel tiempo en el que tú y yo mirábamos París bajo la misma lluvia".    
 
(N.H.R)
jueves, 1 de diciembre de 2016 | By: Abril

Carta inconclusa


Si estás leyendo esta carta, significa que lo nuestro ha llegado a su fin. No es una simple carta, sino la confesión que te debo por todas aquellas veces que respondí con largos silencios a todos tus “Te quiero”.  
Me pregunto, ¿por qué sigues ahí doliéndome tanto? No puedo seguir, sabiendo que ya no estás. Que un nosotros dejó hace un tiempo paso a un tú y a un yo sin compromisos.
Estás pero no. Intento olvidarte, pero tampoco. Mentí y dije que sí, que tus palabras eran un alivio después de tanto dolor, pero el dolor más amargo ha llegado después, cuando tocaba hacer limpieza de cajones y aparecieron tus recuerdos en no sé qué parte de mi memoria, para convertirme en una criatura sin alma y sin vida.  
Saber que existes y que ya no puedo tocarte, me mata lentamente. No sé cuándo comenzaron tus remordimientos y dejamos de hablar el mismo idioma, tú y yo que éramos la prueba viva de que las almas gemelas existen, del tal para cual, de que el amor verdadero es real y es capaz de superar todos los contratiempos.
Me muevo por inercia, pero me sigo muriendo por ti, por tocarte, por rozar tus labios, y no hay día ni noche que no regreses a mi cabeza, pero jamás a mi cuerpo, que te echa tanto de menos…. No sé cómo aprender a vivir sin ti. No tengo con quién compartirlo, a quien contarle mi pena y no puedo hacer otra cosa que malvivir con la tristeza de saber que ya no, y sin ti…yo no.
(N.H.R.)