sábado, 6 de mayo de 2017 | By: Abril

Amén


 
Acabo de caer en la tentación de recordarte… y mira ¿eh?,  que ya te tenía olvidado, pero vuelves siempre y no sé cómo lo haces. Ya no estabas y de repente apareciste de nuevo, con tus gestos de niño malcriado, con tu mirada inocente, con tu dolor crónico y tu cinismo ambiguo... Siempre te querré, tal como fuimos. Yo me hice a tu lado, a tu imagen y semejanza, por eso ahora  -sin ti- ya no me reconozco.
Ya no estás y hace mucho tiempo que lo dejamos. O eso me parece a mí, que hace mucho, mucho tiempo. Pero es que estás ahí. Sigues ahí, haciéndome daño en la memoria. Y no puedo -y no sé si de verdad quiero- borrarte de mi recuerdo.  
Espero que algún día ames a alguien como yo te amo ahora, para que te pongas en mi piel y veas que mendigar el amor no es de mediocres, como me decías, sino de amantes sinceros, de esos que como yo, aman con el alma y se dejan los huesos en el intento.
No puedo dejar de pensarte. Mírame, escribiéndote ahora, que ya se suponía que eras mi pasado. Mírame, ni siquiera soy digna de tu lástima, aunque me gusta pensar, con el poco amor propio que me queda, que tú tampoco me has olvidado. Por eso confío en que tarde o temprano volverás a buscarme.
Te debo lo mejor y lo peor de mi vida. Contigo fui yo misma, yo sincera y entregada. Sin ti ya no sé ni en quién me he convertido; tan sólo escribo poco, tarde y mal lo que no me atrevo a decirte a la cara: que te echo de menos, que no te he olvidado, que te quiero todavía, que me dueles, que te amo… ¿por qué no reconocerlo?
¿Qué más da? Estás lejos. No me oyes. No me sientes. No te acuerdas… No te creo.
Por eso y más: no me dejes caer en la tentación de volver a nombrarte y líbrame de tu recuerdo.

(N.R.H.)
miércoles, 22 de febrero de 2017 | By: Abril

Rafa

Imagen relacionada
Rafa:

Después de tanta meditadera, que sirva esta carta desgraciada para ponerle punto final a este amor sin esperanzas, porque hoy ya sé que no las habrá jamás. Maldito cibermundo que me volvió trizas la existencia. Porque gracias a la computadora de Albertico, mi hijo de quince, fue que me desgracié la vida. En mala hora anda una haciéndole caso a los muchachos, dizque para parecer moderna. Moderna es la lloradera que cargo ahora. Y todo por culpa del dichoso feisbuc. Me iba todos los días más temprano al trabajo para tener tiempito extra en mi oficina antes de que empezara el ajetreo. Entonces prendía la diabólica máquina y me entregaba sin freno: estaba obsesionada con aquella cosa. Y no porque pudiera mandarle tres birras a Tulio, mi marido, y conseguir que al fin me escribiera algo amable. Nada de eso. La fiebre empezó cuando te encontré, Rafa. Mi amor perdido. Mi pasión juvenil! Mi deseo aún latente. El renacer de mi interés por ese juguetito informático fue como un cataclismo, cuando la enviadera de ositos a mi hija de doce, los croissants a la suegra y los hugs a la tía Dorita ya me tenían podrida. Un mensajito de mi comadre Luisa me había vuelto a la vida.. “Tengo a Rafa Vergara en mi feisbuc” me había escrito. Boom. Sólo ella, el sucio de esta uña desde  tiempos inmemoriales, sabía que esa frase me iba a sacar de órbita. Entonces fui a su perfil a entrepitearle los amigos y allí estabas tú. Mi amor de siempre.

Busqué una lupa y me regodeé en aquella fotito minúscula que me revolvió los adentros. No me importaron ni tus canas ni tus kilos. No me importó tampoco el por qué me habías dejado. Me importó – y mucho- el recuerdo de tantos recuerdos inolvidables. Tu viejo Chevy, mis rizos rebeldes, la Panamericana. Todo estaba ahí plasmado en aquella imagen. Desde entonces, se apoderó de mí una energía sin precedentes. De purito agradecimiento le mandé a la comadrita unas cholas Manolo Blatnik y dos arepas dominó. Luego cambié la foto horrible de mi perfil por aquella de mi luna de miel en Margarita., donde aún lucía delgada y bonita. Claro que tuve que cortar a Tulio y al vendedor de ostras, ni más faltaba. Oculté mi status de casada, bloqueé las fotos de mis hijos y eliminé de mi muro aquellos ridículos mensajitos de mi marido, siempre de lambucio preguntando que había para la cena. Quería sentirme libre para ti. Ya luego me ocuparía de las excusas para tanto cambio. Seguidamente procedía  crear un grupo “Excompañeros ucevistas” para meterte ahí junto con los panas del pasado y no exponerme al “quién es ese” de los muchachos. Sólo quedaba una última cosa y gracias al guai-fai me metí en el garaje a agregarte como amigo. Temblaba como una hojita. “Espero que te acuerdes de mi”, te escribí. Carajo, como si fuera posible olvidar tanto fuego en aquella relación de otrora. Los días pasaban y no me aceptabas y cuando ya estaba a punto de volverme esclava del Prozac apareciste en mi muro. Un simple “cómo te va” que puso mi mundo patas arriba. Desde entonces mi locura no me dio tregua: usando la mensajería privada te inundé de chocolates savoy, playas de Morrocoy y una que otra cachapa. Tú me lo agradeciste todo con palabras hermosas y un par de Martinis. Aún se me aguan los ojos cuando pienso en aquel arbolito navideño tan hermoso donde me tagueaste junto a mil personas más. ¿Qué importaba? Sabía que me lo dedicabas enteramente a mí. Entonces tagueé de vuelta: aquella foto viejísima en el Estadio Olímpico junto al equipo de fútbol donde apenas te distinguías entre tanta tomusa y tanto bigote. Y yo detrás abrazándote muy fuerte, pero tan borrosa que nadie me nota. No la recordabas, ¿verdad? Pues la he guardado con mucho celo todos estos años. “¿Y para qué?, me digo. Craso error fue publicar la dichosa foto. Porque te asustó mi amor, Rafa Vergara. Y arrugaste. Vil y cobardemente no volviste a escribirme, después de todo lo que hice por ti. De nada sirvieron los mil boleros que te envié, los tequeños, los cafés, los muñequitos de “Amor es…” Tu silencio me hirió de muerte. Hasta que la cuaima de tu mujer me escribió en aquél muro público el más despreciable de los epítetos “robamaridos”. Y todos lo vieron. Mis amigos, mi marido, mis muchachos. Sin embargo el escarnio público no fue tan devastador como darme cuenta que un hombre que le entrega la contraseña a su mujer es un patético pendejo. Y a este Rafa no lo quiero ni en pintura. No, señor. Me quedo con el otro tú el del viejo Chevy y las canciones de Yordano, aún sabiendo que más nunca volverás. Así que aquí me despido, te borro de un click de mis contactos, no sin antes advertirte que mi marido creó un evento para divorciarnos y seguro te envía una invitación sólo para fregarme la vida. No vayas a aceptar, por favor, y mucho menos hacerte fan. Guárdate un poco de decencia  y no me amargues el bello recuerdo que he tenido de ti todos estos años.

Hasta nunca

YO

(Rosa Acevedo)

Deberías haberte muerto


Resultado de imagen de mujer enfadada tumblr

Deberías haberte muerto. La gente no debería tener otra forma de irse que morirse, porque cuando alguien se muere se lleva toda la esperanza, todos los sueños y los recuerdos se purifican, como si el acto mismo de abandonar este mundo fuese parte de una santificación.
En cambio, te has ido de la forma más cruel que existe: dejando de ser la persona que conocía. Irse así lo deja a uno desarmado porque no existen causales de divorcio que especifiquen que uno puede dejar de amar a alguien porque le cambió la mirada y ahora le importa más el sexo aventurero que los domingos por la mañana.
Es un descaro. Si lo piensas bien, morirte habría sido tan elegante, para ti y para mí. Yo podría guardarte luto por tiempo indefinido y nadie andaría apurándome para que siga adelante. Mis amigos comprenderían que no pueda dejar de pensarte y no te tendrían rabia. ¿Comprendes que distinto sería a verte con la sonrisita ridícula de conquistador de barrio y esas ropas que no te sientan bien? Sería muy diferente, querido.
Otra gran ventaja es que los muertos no hablan y las palabras que nunca dijeron se recuerdan en tono solemne, investidas de un tono de sabiduría y unicidad.Como si nunca jamás un mejor ser humano hubiese pisado la tierra. El duelo es generoso. Los que se quedan vivos dejando de ser quiénes eran, se convierten en una caricatura triste a la sombra de sí mismos. Es como si el castigo por marcharse fuese perder el don de lenguas y sólo pudiesen decir pendejadas sin sentido.
Además andar por ahí vivo es invasivo, porque le roban a uno sus lugares favoritos. Uno pierde el placer de irse a desayunar en el restaurante de siempre o de andar en el parque. Pasamos a ser eternos perseguidos que no sabemos caminar sin mirar sobre el hombro, ni sin ver en todo mundo al que se fue.
Realmente tu forma de irte es bastante inconveniente, para los dos. Si en este punto ya has comprendido lo perentorio que era morirte, no vayas a morirte ahora porque seguro lo harías de una forma ridícula, para morirse hay que tener sentido de la oportunidad y bien que te falta.
Si algo te queda de vergüenza, por lo menos dedícate a ser miserable y vete desapareciendo. No hagas como el recuerdo tuyo que no sabe sino mejorar cada día.
Muérete por lo menos en sentido figurado para que yo encuentre alguna forma de seguir viviendo.

(Mariana Gámez)
lunes, 13 de febrero de 2017 | By: Abril

A solas...


Resultado de imagen de a solas

Hace tiempo que te fuiste, ya perdí la cuenta de los meses. Hoy he decidido hacer repaso, ya sabes de vez en cuando me gusta observar lo que ocurre en mi mundo desde la perspectiva que te da el tiempo, y me apetecía hacerlo escribiéndote esta carta.
¿Cuánto hace? Ocho o nueve meses. Recuerdo el día que te fuiste y cómo te fuiste. Cuando recogías lo imprescindible para abandonar aquel nido de discusiones. Te observaba sentado sobre la cama, con la angustia apretándome la nuez, la esperanza, un tanto ingenua, que me decía que aquello no era definitivo y el pánico, mucho pánico, pánico en los rincones donde nos besábamos, en todos los lugares donde habitaba tu recuerdo y no sólo el tuyo si no el mío, de mi yo contigo que iba a desaparecer cuando cerrases la puerta. Puede que los dos aborreciésemos nuestras vidas, lo que éramos juntos, pero en el momento de esa muerte tuve miedo, terror a estar solo, ataque de pánico.

¿Por qué tenemos tanto miedo a estar solos?. Pero no tú ni yo, en general. No sé si te habrás fijado, pero he visto demasiada gente a mi alrededor que prefiere resignarse a ser infeliz, que arriesgarse a estar solo. ¿Será que es lo más cercano a estar muerto, es lo más cercano al olvido, a que creas que no existes por no tener proyección en nadie?

La cabeza es curiosa. ¡Sabes si me he duchado veces estando sólo en casa, cuando aún vivías conmigo!. Disfrutaba del momento, que era mi momento, con mi música, con el bao, era el proceso en el que me esforzaba en parecerte más atractivo, ya sabes que siempre he sido un presumido. Desde que no estás, me obsesiona caerme mientras me ducho, quedarme inmovilizado por el golpe en el fondo de la bañera, que nadie escuche los gritos de auxilio y morir de inanición. Cuando me atropellan estos pensamientos ilógicos, es cuando más conciencia de la soledad tengo, cuando escucho lo ecos del pasillo.

Insisto, el ser humano tiene mucho miedo a vivir solo, no está preparado. Cuando dejas a tus padres, es porque te has ido a vivir con tu pareja. Si te separas de la pareja, normalmente lo haces por el amante y si eres el abandonado, con ansiedad buscas un sustituto.

La sociedad tampoco está preparada. La gente “normal” no entiende que uno sea uno y no dos o tres. Tu vecina te mira torcido porque siempre vas solo, la taquillera del cine con lástima cuando le pides una entrada, o si sales a cenar, las mesas de alrededor siempre están ocupadas con familias numerosas, llenas de niños que corretean alrededor, mientras uno clava los ojos en ese bicho tan raro que eres tú.

Las hipotecas tampoco están preparadas para subyugar individualmente….ni tampoco en pareja, pero no quería hablarte de este tema.

Y al hacerte mayor, mayor es el miedo, mayores las dependencias y las querencias hacia la rutina de la compañía, que es el rescoldo de lo que fue la pasión. Nuestra pasión no se apagó, pero nos hacíamos muy mala compañía. Estando contigo ya me sentí solo, me imagino que a ti te pasaba lo mismo. Tan sólo nos buscábamos para besarnos con furia o enfurecernos con rabia. Subimos tantas veces a la cumbre, para luego bajar rodando que nos olvidamos de caminar erguidos.

Hoy te confieso, que fuiste valiente y te marchaste, yo fui cobarde y te abandoné sin irme, sin quedarme, esperando a que te fueras. Te obligué y me dejaste con tres palmos de narices.
Por primera vez en mi vida, he decidido estar a solas. Será que le estoy cogiendo gusto a lo del onanismo.

Por cierto, el gato, que es tuyo y es mío, de un tiempo a esta parte pone cara de querer abandonarme, se lo noto en sus maullidos. Ayer afronté la situación y le dije que si quiere irse tiene las puertas abiertas………Como se vaya adopto un perro……

Tú...

Resultado de imagen de te encontré tumblr
Si tú, el que hizo mi vida tan gratamente feliz, el que me robaste todos mis sueños, y todas mis ilusiones. Tú quien se llevo toda mi vida en ti, y todas las lagrimas que han salido, y todos las horas que por montones he pensado en ti...
Sí tú, aquel que me arrancó la inocencia, quien me enseño que el amor es solo una ilusión óptica, y que solo se siente no con el tacto, sino con el corazón… Tú, aquel que me llena de dolores de cabeza las mañanas, por haber pensado tanto la noche anterior... tú quien me promete regresar con el alma en las manos; tú, quien me dice que seremos felices, que me hace imaginar un futuro cada noche que me recuesto; tú, quien me llama y me busca diciéndome que eres un estúpido por haberme perdido, y sin embargo no hace nada por recuperarnos! 
Tú, quien en mi vida, ha sido lo mas puro y absoluto, tan limpio, y tan sucio al mismo tiempo…tú, tan romántico y tan frío; ¡¡tú tan lindo y tan brusco!! 
Carajo, tú, eres a quien amo, aquella persona donde quisiera amanecer cada día a tu lado. Tú, quien quiero que seas padre de mis hijos, y abuelo de mis nietos. Tú, quien quiero ver a cada mañana a mi lado izquierdo al despertar. Tú, quien quiero que me abrase cada vez que me ve. Tú, quien quiero que me estrujes la piel con sólo mirarte. Tú, quien me pone inmensamente nerviosa. Tú, a quien quiero cocinar. Tú, de quien quiero aprender. Tú, donde quiero el resto de mi vida juntos... 
Tú, quien me hace daño. Tú, quien me envuelve en sus palabras más tontas. Tú, ¡quien me mientes! Tú, quien es la sonrisa que me imagino todos los días. Tú, la provocación de mis ataques. Tú, quien hace que beba un poco de alcohol, sólo para llorar despechadamente. Tú, quien anda en otros labios, donde sé que no volverás, y donde también sabes que estoy tan irremediablemente dispuesta para ti… 
Tú, quien hace mis días tan largos y tan cortos al mismo tiempo. Tú, la inspiración de mis palabras. Tú, quien siento celos. Tú y tu hombría que me enamora. Tú y tu cuerpo tan imperfectamente perfectos. Tú y tus palabras tan lindas y tiernas, y tan frías y sin amor. Tú, quien no le tiene miedo a nada, más que a ti mismo.. 
Tú, a quien quiero cuidar: proteger, amar, provocar, tener, admirar, tocar, y besar... 
Tú, la inspiración más profunda, ¡la persona más repugnante en mi vida! Tú, a quien he esperado más de mil lunas, tú tan…..tú!! 
 
Tú eres a quien amo 

A quien espero…. 


Te encontré en mi cuarto

Resultado de imagen de te encontré en mi cuarto
Anoche quise escribirte, pero ya era tarde. Pasaba de la medianoche y yo me debatía si debía mandarte un mensaje o no. Me reí por las noches en las que no lo pensé y simplemente lo hice. 
Pero las cosas cambiaron. ¿Cambiaron, verdad? 
  Al final me dije que te escribiera, que no habría problema porque ya sabes lo terriblemente espontánea que soy, pero pensé -incluso con el mensaje escrito- que ya no tenía ese derecho, que ya no podía escribirte a mitad de la noche sólo para decirte que te quiero, que ya no era la dueña de tus sueños para irrumpir en ellos, que no debía quitarte horas de descanso sólo por un antojo de mi corazón. 
De mi caprichoso corazón. Anoche quise escribirte, dibujarte una sonrisa en los labios y -quizás, sólo quizás- alegrar tu día, pero entre el jurado, protagonizado por la razón, y el juez que resultó ser mi conciencia, me han negado tan atrevida petición. Para resistir mis impulsos y satisfacer mis caprichos: hurgué en mis recuerdos. Me paré de la cama y encendí la luz, recogí esa caja de madera que guardo en el closet y tomé un viaje en el tiempo; habían fotos, tantas que se me hizo imposible contarlas, notitas de mis amigas, regalos de amores pasados y tú. Si, tú estabas en una pequeña caja en mi armario. 
Estaban tus sonrisas regadas en todos lados, un botón de tu camisa que había encontrado entre mi cabello alguna vez, estaba esa foto que te tomé mientras creías que jugaba con mi teléfono. Luego miré alrededor y me levanté exaltada: no sólo estabas en mi cápsula del tiempo, estabas disperso en toda mi habitación. Encontré tus miradas acostadas en mi cama, tus cosquillas en el suelo -junto a mí-, tus sueños en mi almohada, tus palabras rebotando en las paredes, los atisbos de tus risas guindados en mi espejo y tus besos aún persiguiéndome en el armario. 
La cinta que ataste a mi muñeca, esa que aun no sé de donde sacaste, el día que nos conocimos estaba colgada en el borde de mi cama, recordándome que los sueños se pueden hacer realidad y que la ficción puede llegar a ser real. 
El pasaje de tren de esa vez que pensaste que la primera cita en un viaje de cuatro horas a una ciudad que ninguno de los dos conocía no podía ser más que perfecta, estaba pegado en mi cartelera, en esa zona reservada para los lugares que amo y a los que me encantaría volver.
Todas las notas que me pasabas cuando estábamos rodeados de gente -y cuando estábamos solos- estaban apiladas en un compartimiento especial de la caja, recordándome que alguna vez me dijiste que me dabas escritos porque tus palabras eran demasiado reales y sinceras como para decirlas en voz alta y que jamás las recordara, que de esta forma siempre que lo quisiera estarían allí para mí. 
Guardé el reloj roto que me diste cuando me dijiste que junto a mi no pasaba el tiempo y que por eso siempre seríamos eternos. También estaba la hoja de verano que reposaba en tu cabello la primera vez que nos besamos y el anillo de goma que me diste cuando entre risas y bromas me aseguraste que nos casaríamos. 
Encontré los secretos que nunca te conté, la grapa que me diste cuando te dije que mi corazón estaba roto y las baterías que me lanzaste cuando te dije que no podía más. Amontoné en un rincón tus abrazos en las noches y tus besos de buenos días, tus melodías y tus risas, tus rabietas y caricias. 
También estaban los dobles ejemplares de muchas novelas, esos que comprabas para leer junto a mí o para recitar juntos los diálogos. Por último hallé el mapa que me diste para que eligiera a donde quería ir y el boomerang que venía con el como una promesa de siempre volver a ti. 
Mi cuarto se plagó con palabras no dichas, pero entendidas. Con sentimientos no expresados, pero sentidos. Con abrazos no al cuerpo, sino al alma. Y con un extraño sentimiento que vagamente se parecía a la felicidad y a la aceptación. 
Si, anoche quise escribirte, pero no dejaba de sonreír y de pensar lo ilógico que es que haya guardado tanto de ti y tú no estés aquí; así que con una sonrisa tonta en los labios, albergada allí por tantos recuerdos, y un desastre extravagante en mi cuarto me fui con un Morfeo sospechosamente parecido a ti a la tierra donde todavía gozo de tus abrazos y te robo besos, a la tierra donde siempre seremos eternos. 
jueves, 9 de febrero de 2017 | By: Abril

Freedom




El día en que empecé a ser libre fue el día en que dejé de pensar  en ti, el día en que empecé a escribir sólo para mí. No he dejado nunca de echarte de menos, y supongo que nunca lo haré,  pero ya no le pongo tanto empeño ni se traduce en tanto desgaste mental y físico. Simplemente estás en ese lugar de mi memoria donde guardo con cariño los amores pasados. Vives tras una vitrina donde he colocado nuestros momentos felices; los otros los tiré a la papelera apenas saliste de mi vida.

¿Qué no te olvidaré jamás? Probablemente. Tengo una nostalgia caníbal que me consume en pequeños momentos de debilidad y no tengo más que escuchar una melodía u oler el perfume que me regalaste, para volver a echarte de menos. Alguien entre mis vecinas usa Narciso Rodríguez. No sé quién es, pero por las mañanas, cuando me voy a trabajar, esa persona se me ha adelantado y ha dejado la esencia atrapada en el ascensor. Abrirse la puerta, sentir ese aroma y recordarte, todo es uno.
Me pregunto cuánto tiempo tardará ese olor que me lleva  a ti en cortar el cordón umbilical de mi memoria. Sé que me piensas como yo a ti, cuando todos se han ido y el silencio en medio de la oscuridad de la noche te hace pensar en lo que fuimos, en lo que tuvimos y en lo que nos amamos a esas horas tan extrañas de la tarde en las que yacen los amantes. Nunca supe por qué hay que esconder el amor cuando es tan perfecto. No importa, ya no espero ni pido respuestas. Sólo quiero recordar lo mejor de lo que fue nuestro.
Nada es lo mismo desde que no estás, te juro que es cierto, pero déjame vivir mi duelo, reponerme del dolor y tomar conciencia de nunca más volveré a verte.

(N.H.R.)
miércoles, 1 de febrero de 2017 | By: Abril

...los te quiero que no te dije


Así me siento, y todavía no te he vuelto a ver. He desaprendido a querer, no he vuelto a decir te quiero porque te llevaste mis ganas de querer. Ahora… bueno, ahora huyo. Huyo de querer, huyo porque me agobio, porque me asfixio, porque tengo miedo, porque sigo siendo tan frágil como siempre, porque yo no soy yo. Porque ya no existe yo, porque tengo que reconstruirme de cero, de los pedacitos que dejaste cuando te fuiste con ese “no quiero que nos volvamos desconocidos” que se llevó el viento. Porque finjo como si no me importase nada, como si no estuviese rota, como si no buscase tu pecho para apoyar mi cabeza y tu brazo rodeándome. Como si no me doliese que quieras a otra, como si pudiese tragarme esos te quiero que eran tuyos y ahora no me dejan respirar.
“He olvidado como se duerme sin ti”  “Lo peor fueron los te quiero. Aún los sigo llevando escondidos en diferentes rincones de mi cuerpo. Porque esos no se pueden tragar, no se merecen ser escupidos y no son intercambiables, no se los puedes decir a nadie más.” “Quizá ya he aprendido a vivir con todos los te quiero que no te dije”.
domingo, 15 de enero de 2017 | By: Abril

Boceto para una carta



How to Create Animated Cinemagraphs

Me gustaría estar contigo cuando estás sola y ser parte de ti cuando eres tú misma. Que mi voz pudiera repetir las palabras ocultas que susurra tu ropa, cuando te acomodas en un café, en el asiento que espía tus rutinas y tu esfuerzo, o cuando haces tu nido en el sofá de tu casa, como un hushky en la nieve, y entonces tu vestido, tu impecable traje de cinco días por semana, le cede el privilegio de cubrirte a tu viejo jersey favorito. Que mi voz pudiera repetir las palabras ocultas que susurra la tela, cuando roza tu piel y abre sus fibras al paso de tus hombros, y se deja caer como cortinas desde una estatua, como pañuelo de seda en el suelo de la tarde, sobre tus senos.

Me gustaría poder atrapar esos versos de voces sutiles y atesorarlos en mi memoria. Que de improviso me llegara una brisa desde la acogedora y latente cueva de tu pecho, cuando te dejaras caer en la cama, rendida, pero triunfante, otro día más, otros retos, alguna asignatura adelantada, y con los ojos abiertos exhalaras prolongadamente, dejando escapar el tedio de tus pulmones, dejando entrar la satisfacción en las habitaciones de tu alma.

Me gustaría ser un lecho de plumas extraviadas, de aves sin dueño, de jaulas profanadas, y velar tu sueño envolviendo tu desnudez con el calor de mis verdades aún no confesadas. Porque nos iremos diciendo las cosas con el tiempo, aunque hayan ido antes viniendo como hojas traídas por el viento.

Me gustaría, mucho, poder estar contigo justo cuando creyeras estar a solas, en ese espacio tuyo, poder sin estar ahí compartirlo. Percibirte cuando no hay idiomas ni puentes, cuando eres tan sólo tú, contigo, satisfecha, contemplativa, tranquila, o reflexiva, y no es necesario traducir sensaciones en palabras, ni cruzar desde una orilla a otra, desde emociones e ideas de tu mundo a las de otro, ni aunque sea el mío.

Me gustaría tanto poder ser un trozo tuyo, un instante propio de tu tiempo, un latido, un pensamiento desechado, un sentimiento apenas intuido, una pieza del engranaje de tu día a día, ser el espejo cuando en él te miras y te gustas en lo que no puedes ver, ser el brillo de tus ojos en tu mejor sonrisa de la jornada, la sangre cansada de tus pies, las fugaces brasas entre tus manos cuando las frotas para ahuyentar el frío, los senderos de tu cuerpo por los que resbalan el agua y la canción privada que destrozas en la ducha.

Me gustaría, más que cualquier otra cosa, habitar en ti, exiliarme en tu patria, y cuando regresaran mi piel y mi mirada serena a tu lado, tuvieras la extraña pero diáfana sensación de que nunca me hubiese ido antes.

Apenas tendríamos motivos para contarnos nuestras cosas, pues habríamos sido testigos desde las plateas más insospechadas, y aún así nos recrearíamos con placer en ello, por religar (porque tú serás mi religión, niña, y tu cuerpo mi templo) y reanudar los lazos.

Cómo me gustaría sentirte así, sin el más mínimo disfraz, sin el menor vestido. Y acaso al estar contigo, aún en la distancia, oirte decir sin hablar que también me has sentido.

(Sergi Bellver)

Conocerte


videos


Hay demasiadas cosas que aún tengo que conocer de ti, detalles como por ejemplo si eres de los que miran con nostalgia por la ventana del autobús o si eres de esos que analizan a cada persona que entra. Si de vez en cuando juegas a mi rompecabezas de intentar averiguar cuales son las penas que acarrea cada cuerpo; de dónde vendrán, si ellos también están enamorados o si lo estarán algún día. Puede que incluso acaben prendados de tu sonrisa, pero esperemos que no, porque yo quiero ser la ocupa de tus labios por mucho tiempo.
Me gustaría saber si también caes en la tentación de tararear tu canción favorita cuando suena en la radio, o si algún día podría ser el motivo por el cual tengas dos pies derechos, y no puedas levantarte ninguna mañana con el izquierdo.
Hay tantas cosas que ahogan mi cabeza que, por un momento, quisiera escribirlas en una lista como quien escribe la lista de la compra. Pero sé que eso no es posible porque si algo he conocido de ti es que tienes una letra inteligible y que jamás te descubrirías tras tu máscara de corazón fuerte.
Pero algún día lo harás porque no se puede besar con los labios cubiertos, igual que no se puede querer a un corazón que esta a oscuras. Pero qué te voy a decir a ti, con la de damas que se han roto la falda por intentar rozar un mínimo de tu mejilla, qué te voy a decir si eres el caballero que aparece para convertir cada momento en fantasía y luego desapareces, tal y como dicta tu guión. Porque eres como un sueño, pero aún así siempre serás ese chico que se acomoda en la esquina del bar y que nunca tiene la copa vacía.
Quiero conocerte, saber de ti y que, una noche cualquiera vayamos al bar de siempre y se te olvide que solías pedir un tiro largo de Jack, porque estés tan ocupado intentando conocerme que todo se desvanece a tu alrededor.
De momento, voy a limitarme a sonreírte porque se te ve muy solo en esa esquina del bar. Quién sabe si cuando vayas a pedir la cuenta, la camarera con su falda tan corta te invita a otro trago más; o quién sabe si me acerco, te susurro todo esto y nos tomamos juntos la siguiente.
Porque hasta ahora sólo he jugado a intentar saber cómo eres, ahora es el turno de conocerte.

(Loreto Sesma)
 

Tu carta

 

Hace ya varías horas que ha anochecido y no hará mucho tiempo desde que yo creía que el sol no iba a volver a salir de nuevo mañana, pero mira, parece que no lo hará. Para esto Benedetti, Neruda y Bécquer inventaron la manera de asfixiar palabras, para recobrar el aliento de unos versos que lloraban sangre cuando ellos en realidad querían llorar tinta.
Y mírame a mi, que hace unos días escribía cómo era la comisura de tus labios y ahora me tienes escribiéndolo en una carta de despedida, aunque ya no se si es para esos ojos tuyos o para todos esos momentos que no habremos vivido. Que hoy era día para besarte y hoy iban a ser todos los días. Estas carta quiere decirte que todos los días me ponía mis mejores galas y mi mejor sonrisa para intentar conquistarte y que incluso cambié de corte de pelo porque algo me decía que te iba a gustar más. También, que cuando escuchaba tu nombre siempre una pequeña risa me hilaba la garganta y no podía evitar que mis ojos adquirieran un brillo especial.
Dicen que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, pero también esta la cara de la otra moneda en esta historia que dicta que yo siempre supe lo especial que eras cuando ni siquiera te tuve. Aunque si es cuestión de confesar, he de reconocer que siempre he sabido que estoy hecha para esta sola, con ninguna compañía que no sean los desgarrados versos de Carlos Salem que me recuerdan lo jodida que puedo llegar a estar a veces.
El final de esta carta te quiere dar las gracias porque al fin y al cabo has sido una de mis mejores inspiraciones que he tenido, ojalá otros muchos puedan recitarles todas las palabras que hablan de ti en mis escritos, y que su historia tenga un final inolvidable.

(Loreto Sesma)