jueves, 19 de febrero de 2015 | By: Abril

Sin título



Llevo casi dos horas y media escribiendo y borrando todo lo que sangro por miedo a salpicarte con mis miedos, y es irónico, pues creo que estas ya demasiado lejos incluso para darte cuenta de que sigues siendo parte de las líneas que te escribo.
Y es que huir sin mirar atrás sería menos complicado si no fuese justamente atrás donde se está quedando todo lo que pudimos ser. Yo no tengo ni tuve ni tendré tanta fuerza como tienes tú. Yo no puedo mirar tus fotografías sin tiritar de ganas de sumergirme en cada una de ellas. En esa sonrisa que me mata y me dio la vida tantas veces.
Yo no puedo leerte sabiendo que cada verso está más y más lejos de acercarse a mí. Que lo que duele no es saber que ahora le escribes a ella, sino ser consciente de que lo haces con las mismas manos con las que un día me escribiste a mí.
Ojalá hubiésemos inventado un idioma que sólo entendiésemos tú y yo, un lenguaje que pudiera gritar en plena noche cuando me despierta tu recuerdo y deslizo cuidadosamente mi mano hasta el otro lado de la cama con la intención de encontrarte, y luego morir muy poco a poco al volver a la realidad y ver, que ahí es justamente donde ya no quieres estar.
Jamás hubiese imaginado que el silencio pudiese llegar a hacer tanto ruido a las cuatro de la madrugada.
Deberías preguntarme por qué no duermo al caer la noche, por qué no cierro jamás los ojos hasta bien pasado el amanecer.  Pregúntamelo. Te diré que tengo miedo de soñar contigo. Te diré que por el día hay demasiado ruido como para caer de lleno en ese mundo en donde te sueles colar y de momento, no cerrar los ojos es la única manera que tengo de poder dejar de verte.
Pregúntame por qué temo a mi subconsciente. Te diré que eres tú quien vive en él y te diré que duele, no te imaginas cuánto duele darle la libertad para soñarte y despertarme y ver que todo lo que acaban de tocar mis manos no es más que parte de una mentira demasiado amarga.
No, no duermo de noche por miedo a soñarte. No lo hago porque sé que no estarás ahí al abrir los ojos, porque sé que ya no quieres volver a estar.
Este tramo de la huida está acabando con lo poco que quedaba ya de mí. Apenas soy una hoja arrugada con un millón de tachones cobardes por miedo a no poder leerte una vez derramado tu recuerdo sobre el papel. Quizás por miedo a que tú no quieras volver a leerme a mí. Ni a escucharme tan siquiera. Duele(s).
Aún no sé cómo lo has hecho, pero me has convertido en una marioneta encadenada a tus hilos y has conseguido sublevarme a cada uno de tus movimientos. Córtamelos, o haz que vuelva a bailar al son de tus deseos.
Mira al cielo y dime cuántas estrellas ven tus ojos. Así quizás se a más fácil. Cuéntalas, y dime el número exacto porque desde donde yo estoy sólo puedo verte a ti haciéndole sombra a cualquier constelación. Me has robado la ruta a todos los planetas a donde solía huir y me has dejado sin oxígeno en una atmósfera completamente desconocida. Aquí no estas tú despeinando mis mañanas, mi pelo largo entre tus manos. No estás tú para decirme que las ojeras son la huella que dejan los sueños en los que se besa mucho. Aquí no estás tú y no te imaginas cuánto duele.
No puedo describirte cuánto dueles.
Apenas me quedan fuerzas para lanzarte esta última bengala y ni siquiera sé si estarás mirando al cielo. Necesito que mires al cielo. Estoy tirada en cualquier rincón de tu cuerpo esperando a que me encuentres para poder decirte que jamás me he alejado de ti.
Que- jamás- me- he- alejado- de- ti-.
Que he intentado engañarme, una y otra vez pensando que si escribía un cuento repleto de mentiras, alguna acabaría volviéndose verdad, y lejos de eso, temo que cada uno de esos cuentos hayan destruido por completo cualquier esperanza de volver a leernos.
No te imaginas cuánto lo siento, ya no tengo fuerzas para volver a coger un tren. Y es que ya no queda sitio en mi piel donde guardar los billetes, sigo repleta de tus huellas dactilares. Han inundado por completo mi cuerpo y prefiero tenerlas a ellas si por más que vaya allí… tú jamás vas a volver a estar.
Sigo anclada en la estación en donde nos dejamos los sueños. Me pregunto si aún seguirán allí, si alguien los habrá adoptado y les estará cantando bajito para que se duerman cada noche o estarán muertos de frio, y miedo, sabiendo que llega el invierno y no dormiremos en la misma cama para acunarlos. Ni serán nuestros labios sus bufandas nunca más.
Ojalá estuvieras tú aquí ahora, estoy tirada en cualquier calle de Madrid esperando que la casualidad o el destino que un día nos unió nos cruce de nuevo en su camino...pero llueve y no apareces… El tren llegará en apenas unas horas y daría lo que fuera por saber si dejé mi perfume en tu almohada cuando me marché. Al menos mi corazón, si sé con seguridad que lo dejé contigo.Y ojalá lo veas, y ojalá lo arropes, y ojalá me lo devuelvas en forma de "vuelve", que llegan días de lluvia y deberías saber que es un friolero. Tápalo bien, Primavera, tápalo bien. Y háblale bajito o escríbele suave (que sólo así sabe dormir.) Me dijo que lo dejase allí, en tu espalda. Me dijo algo de tu pelo, de tu piel, algo de que quería besarte en la nuca cada vez que te viera temblar. Y allí lo dejé.
(y allí debe estar)

Dale tú las buenas noches de mi parte
Esta vez te toca a ti cuidarlo a él.

(Mónica Gae)
miércoles, 18 de febrero de 2015 | By: Abril

Mi cuerpo y yo






A pesar de estar juntos de toda la vida, siempre hemos sido como dos extraños, ajenos entre nosotros. Te veía y pensaba “Esa no soy yo, yo no puedo ser así”, era como verme desde afuera, sin sentirme nunca dentro mío, dejándote siempre a la deriva. 
Siempre me jacté de mi mente y mi razón, me decía que no necesitaba un cuerpo (y menos uno bonito) si tenía una mente por encima de la media. Me creía tan original, tan auténtica, tan por encima de todos y la verdad es que algo me faltaba. Pasamos épocas oscuras en las que vivía en una constante guerra contigo, en la que te miraba con desdén, con lástima, con odio y no era capaz de apreciar todo lo que hacías por mi. Esos años ahora me parecen un limbo, pero me permiten ahora darte todavía más valor.
Tuve que pasar por mucho para estar consciente de ti, para percibirte, conocerte, sentirte… De repente los ojos no eran la única manera de relacionarnos como había sido para mi hasta ese momento, y a pesar de querer reconciliarme contigo, me fue muy difícil, incluso en mis épocas más optimistas.
Siempre pensé que sólo servías, pero ahora sé que más que eso, eres. Soy. Somos. Me diste la experiencia de sentir con cada fibra tuya como otro cuerpo se formaba, crecía, se movía. Te transformaste y no tuviste miedo. Floreciste, gritaste muy fuerte, me gritaste a mi que ese eras tú, que somos tú y yo. Y aún en esos momentos de salvaje y total naturalidad e instinto, me daba miedo verte, no sabía qué sentir frente a ti.
Ha pasado poco más de un año desde entonces, y con ello me has demostrado tu fuerza, tu poder; eres el único que no me deja caer jamás, aunque mi ánimo esté por los suelos, aunque a veces el corazón deseara salir huyendo, siempre fuiste fuerte, siempre respondiste al deber. Hoy te siento, te veo, te percibo, hoy te acepto como eres, con cada línea, cada pliego de piel, cada vello, lunar, cicatriz…y hoy después de darme cuenta de todo lo que hemos vivido juntos, te acepto y te amo. Hoy me veo grande, orgullosa, fuerte, elegante, majestuosa, hoy siento con cada poro y soy feliz. Hoy soy capaz de tomar mejores decisiones para mi, porque ya no me siento excluida. Ya tengo una voz, ya estoy completa. Ya vivo a plenitud.
 
(Milagros Ríos)

Carta a mi cuerpo



Cuerpo:Es cierto que en el momento que comencé a pensar en todo lo que quería decirte vinieron a mi mente montones de cosas por las que quería pedirte perdón, como todas esas veces en las que me avergoncé de ti y te avasalle con palabras cuchillo, creyendo que hiriéndote me sentiría mejor o, peor aún, creyendo que eso, por fin, me llevaría a hacer algo para cambiarte… pedirte perdón ahora por esas cosas me resulta tan superficial como prometerte que voy a cambiar, porque lo que tú necesitas, y lo que viene desde lo más profundo de mí, no son promesas ni perdones, sino amor, mi amor.
Por eso, cuerpo, hoy te celebro. Celebro cada uno de los pasos grandes y pequeños que hemos dado, celebro con infinita alegría que estés aquí para llenarme de experiencias, para hacerme saber el sabor de una manzana, para poder sentir la lluvia en mi piel, celebro todo el placer del que he gozado, celebro la música que gracias a ti puedo escuchar, celebro todo lo que he sido capaz de leer, los colores que soy capaz de admirar.
Celebro, con muchas más alegría, tus imperfecciones porque me hacen única y especial, celebro tu belleza, que siempre está ahí, me ponga lo que me ponga, haga lo que haga. Celebro tu fuerza, tu elasticidad, la suavidad de tu piel.
Celebro la energía que nos invade al bailar, la alegría que somos capaces de transmitir, toda la vida que me das…
Gracias cuerpo por todas las sorpresas con las que llenas mis días. Y gracias, gracias infinitas por la otra vida que diste, por llevarla dentro de ti y alimentarla y cuidarla y haberla hecho sentir amada desde que fue concebida, gracias por abrirte y dejarla salir al mundo, gracias por haber creado su pequeño cuerpo que, como tú a mí, la llena de experiencias cada día.
No voy parar nunca de celebrarte, hoy sé que tú eres el gran amor de mi vida, quiero vivir siempre en armonía contigo, y enseñarle a mi pequeña hija a amar el cuerpo que posee, porque sólo el amor la llevará tan lejos como quiera llegar…

(Luz)
viernes, 13 de febrero de 2015 | By: Abril

Pequeña carta para que sonrías…


 
Llegó a mi vida un 28 de enero, y seguramente mentiría si ahora mismo dijera que no me enamoré en el primer segundo en que le tuve enfrente.
¿Sabéis ese momento en las películas en que todo va a cámara muy muy lenta, y suena una música de fondo bajita y suave? Mirarle es siempre así, como si nada existiera, como si tuviera delante de mis narices a la mismísima razón del sentido de la vista.
Hoy hace cuatro días que borré con un deseo más de 360 kms de distancia y como si de ángulos se tratase, mi vida ha dado un giro que ha venido a parar a su espalda. Deberías ver su espalda... es sin duda el mejor cuento para dormir que conozco...
Una vez me hablaron de la complejidad de los abrazos, de lo difícil que resultaba que dos personas encajasen perfectamente en uno de ellos, y no sé muy bien cómo explicar esta parte pero los puzzles nos miran desde la mesa embobados, envidiando tanta complicidad.
Madrid...superas a cada segundo las expectativas que tenía en ti.

(Mónica Gae)
miércoles, 11 de febrero de 2015 | By: Abril

Ignacio

 

Ignacio:

Ayer te vi desde el carro. Cruzaste la avenida sin mirar para los lados. Tuve ganas de lanzarte el carro y aplastarte con su peso y con mi rabia, por verte tan tranquilo como si el mundo te perteneciera solo a ti.

Debo confesar que me pasó algo raro porque luego del ataque de rabia, me conmovió tu corbata ladeada y esa manera única de cargar tu maletín, tu bolso, no se sabe muy bien que es esa cosa que cuelga de tus hombros. Pero sí sé que llevarás revistas de cine, libros de política, “cachivaches” para tu computadora y por supuesto, algunas cosas para tu nueva mujer.

Me enfurecí al pensar que sacarías del bolso ése, un anillo egipcio o turco, una libreta de papel exquisito o un artículo de una tienda gourmet recién abierta, para seducir a alguien.

Pero no será para mí porque no te soporto. Si pudiera, te lo haría escuchar cien veces, como te lo dije hace tres meses.

Te haré llegar esta carta para que sepas como he cambiado, ya no me convencen tus excusas ni conmueven tus argumentos.

Descubrí como eres y estoy feliz de apartarme de tu perturbadora influencia.

A veces te añoro y hasta te deseo algunas noches, por eso te quiero bien lejos. Bien lejos y para siempre, quería continuar pero no estoy segura de aguantar sin ti mucho tiempo.

Quería humillarte y ahora te pido que regreses a mí. Parece que caí otra vez en esa cosa que no sé como llamarla, desgracia, pasión, amor, enfermedad, no lo sé. Estoy concluyendo como lo haría una bolerista cualquiera, porque la vida sin ti, no la puedo vivir. Enamorada y ansiosa, te espero pronto.

Ana Belisa

(Mercedes Rojas)
jueves, 5 de febrero de 2015 | By: Abril

Irene


¿Sabes eso de abrazar a alguien y sentir que el entrelazamiento es perfecto? Que no sobran manos, que el tamaño de los brazos es el ideal, incluso la altura de los corazones se ajusta y parece que todo se resuelve en un latido. Pues algo así eres para mí: la compenetración perfecta, la cara de todas mis monedas, y en quien pienso cuando alguien habla de la suerte (qué sabrán ellos de la suerte, si no te conocen).

Cómo explicarlo... nunca me ha asustado llorar, porque tú siempre estás. Eres todos los peros que le pongo a mis miedos. Y si soy valiente, es porque en cada paso que doy, mi meñique va enlazado al tuyo. Y si me caigo, siempre es sobre tus manos, (se está tan a gusto en ellas...)

Sí, la vida es complicada, y a veces se pasa de triste, pero yo veo tus hoyuelos cuando sonríes así, como si trataras de llevarme a tus mejillas, y te juro que entiendo a los poetas cuando hablan de amor.

Me quedo pensando qué diablos hace el mundo tan enfadado, tan ciego, ¿por qué da tanto miedo enamorarse?, ¿cómo puede haber gente que prefiera caminar con la luz apagada?, si sólo hay que abrir los ojos y verte para llenarse de luz (y de la hostia de belleza que supone mirarte). Y luego, cuando te vas (es cuando se puede mirar a otro sitio), contemplo al cielo hacerte reverencias, a las aceras bailar al ritmo de tus pasos, a la mirada de la gente llenarse de brillo e interrogación (entiéndelos, verte es lo más parecido a soñar que se puede hacer con los ojos abiertos),  y a las sonrisas empañarse al escribirte “ojalá todas fuera como tú” en el vaho de tus huellas por si consiguen que les mires de vuelta. En definitiva, contemplo al mundo enamorarse de ti, y el amor, es decir, la vida cobra sentido.

A veces, me gustaría salvarte de todo lo que hiere, fosilizar tus lágrimas y cortar el alma de todo aquel que se atreva a romperte. Pero, amor, es que eres tan guapa... Hasta cuando te golpea la rabia y no entiendes qué pasa. Es que es tan bonito verte levantar, contemplarte sobrevivir y ver cómo te rescatas a ti misma; es que el universo tiene tanto que aprender de tus cicatrices y tu forma de sanar los daños, que sería egoísta por mi parte privarles de tu parte frágil.

Porque, amor, la única verdad es que tienes los ojos más valientes del mundo, y el mundo es más valiente cuando te mira a los ojos.

Y yo te quiero. No porque siempre estés conmigo, para mí, por mí… No porque sea imposible no hacerlo, y se dispersen mil motivos (todos ciertos) por las manos al pensarlo, sino porque has nacido para que te quieran, y yo he nacido para quererte, con toda el alma y toda la piel, toda mi vida.

(Elvira Sastre)

Quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito


Cualquiera diría al verte que los catastrofistas fallaron: no era el fin del mundo lo que venía, eras tú.
Te veo venir por el pasillo como quien camina dos centímetros por encima del aire pensando que nadie le ve. Entras en mi casa -en mi vida- con las cartas y el ombligo boca arriba, con los brazos abiertos como si esta noche me ofrecieras barra libre de poesía en tu pecho, con las manos tan llenas de tanto que me haces sentir que es el mundo el que me toca y no la chica más guapa del barrio.

Te sientas y lo primero que haces es avisarme: No llevo ropa interior pero a mi piel la viste una armadura.

Te miro y te contesto: Me gustan tanto los hoy como miedo me dan los mañana.Y yo sonrío y te beso la espalda y te empaño los párpados y tu escudo termina donde terminan las protecciones: arrugado en el cubo de la basura.

Y tú sonríes y descubres el hormigueo de mi espalda y me dices que una vida sin valentía es un infinito camino de vuelta, y mi miedo se quita las bragas y se lanza a bailar con todos los semáforos en rojo.

Beso uno a uno todos los segundos que te quedas en mi cama para tener al reloj de nuestra parte;
hacemos de las despedidas media vuelta al mundo para que, aunque tardemos,  queramos volver.

Entras y sales siendo cualquiera pero por dentro eres la única. Te gusta mi libertad,  y a mí me gusta sentirme libre a tu lado; me gusta tu verdad y a ti te gusta volverte cierta a mi lado.

Tienes el pelo más bonito del mundo para colgarme de él hasta el invierno que viene; gastas unos ojos que hablan mejor que tu boca y una boca que me mira mejor que tus ojos. Guardas un despertar que alumbra las paredes antes que la propia luz del sol. Posees una risa capaz de rescatar al país
y la mirada de los que saben soñar con los ojos abiertos.

Y de repente pasa, sin esperarlo ha pasado. No te has ido y ya te echo de menos, te acabo de besar
y mi saliva se multiplica queriendo más. Cruzas la puerta y ya me relamo los dedos para guardarte.
Paseo por Madrid y te quiero conmigo en cada esquina.

Si la palabra es acción entonces ven a contarme el amor, que...quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito.

(Elvira Sastre)