sábado, 15 de noviembre de 2014 | By: Abril

Perdóname


Antes que nada, perdona si huele un poco a cerrado, hacía mucho tiempo que nadie se alojaba aquí, y menos aún con la intención de quedarse. Ábreme bien de puertas y ventanas. Que corra el aire, que entre tu luz, que pinten algo los colores, que a este azul se le suba el rojo, que hoy nos vamos a poner moraos. 
Y hablando de ponerse, vete poniendo cómoda, que estás en tu casa. Yo, por mi parte, lo he dejado todo dispuesto para que no quieras mudarte ya más. Puedes dejar tus cosas aquí, entre los años que te busqué y los que te pienso seguir encontrando. Los primeros están llenos de errores, los segundos, teñidos de ganas de no equivocarme otra vez. 
El espacio es tan acogedor como me permite mi honestidad. Ni muy pequeño para sentirse incomodo, ni demasiado grande como para meter mentiras. Mis recuerdos, los dejé todos esparcidos por ahí, en cajas de zapatos gastados y cansados de merodear por vidas ajenas.
No pises aún, que está fregado con lágrimas recientes, y podrías resbalar. Yo te aviso. 
El interruptor general de corriente está conectado a cada una de tus sonrisas. Intenta administrarlas bien y no reirte demasiado a carcajadas, no vayas a fundirlo de sopetón. 
No sé si te lo había comentado antes, pero la estufa la pones tú. Y hablando del tema, he intentado que la temperatura del agua siempre estuviera a tu gusto, pero si de vez en cuando notas un jarro de agua fría, eso es que se me ha ido la mano con el calentador. Sal y vuelve a entrar pasados unos minutos. Discúlpame si es la única solución, es lo que tenemos los de la vieja escuela, que a estas alturas ya no nos fabrican ni los recambios. 
Tampoco acaba de funcionarme bien la lavadora. Hay cosas del pasado que necesitarán más de un lavado, es inevitable. Y hay cosas del futuro que, como es normal, se acabarán gastando de tanto lavarlas. La recomendación, ensuciarse a su ritmo y en su grado justo. Eso sí, no te preocupes por lo que pase con las sábanas, que las mías lo aguantan todo. 
Para acabar, te he dejado un baño de princesa, una cama de bella durmiente, un sofa de puta de lujo y algo de pollo hecho en la nevera. Para que los disfrutes a tu gusto, eso sí, siempre que sigas reservando el derecho de admisión. Aquí no vienes a rendir cuentas, sino a rendirte tú. Aquí no vienes a competir con nadie, sino a compartirme a mi. Y lo de dar explicaciones, déjalo para el señor Stevenson. 
El resto, no sé, supongo que está todo por hacer. Encontrarás que sobra algún tabique emocional, que falta alguna neurona por amueblar y que echas de menos, sobre todo al principio alguna reforma en fachada y estructura. Dime que tienes toda la vida, y voy pidiendo presupuestos. Dime que intentaremos toda una vida e iré encofrando mis nunca más.

(R. Mejide)

No, así no...


No me mires así. A mí tampoco me gusta esto. Yo también creí que estaríamos juntos toda la vida. A mí también me vendieron un sí quiero envuelto de para siempre. Yo también nos conjugué hasta que la muerte nos separe, y tampoco me planteé hasta la muerte de qué.

Así que ahora no me vengas preguntando en qué fallamos. Porque fallamos y punto. Recoge tus cosas y sal de mi vida. Ah, no, espera, que siempre eres tú la que se queda. No te preocupes, en cuanto pueda seré yo el que desaparezca. Pero quiero que sepas que esto acaba aquí y ahora. Ni paréntesis, ni treguas, ni plazos. No tiene sentido hacerlo durar más.

Quizás podríamos seguir intentándolo y alargar el sufrimiento, pero creo que ni tú ni yo nos merecemos ver cómo agoniza esta relación, algo que ha sido lo más maravilloso que ha ocurrido jamás en la historia del universo, algo que tiene el mal gusto de acabarse así.

De hecho, te recuerdo que este daño hasta nos fuimos a Bali para intentar arreglarlo y para llegar de nuevo a ese triste punto muerto, ése en el que tú consideras que mi actitud te provoca dolor, y yo te contesto que necesito hacer lo que hago para sentir que estamos progresando. Entiendo que se te haga cada vez más insoportable. Pero cariño, por más que lo intente, a estas alturas muy poco voy a poder cambiar.

Para este daño que empieza, entre mis buenos despropósitos, ya te anuncio varios que, te guste o no, van seguir ahí. Pienso seguir quemando millones de hectolitros de crudo en esos conciertos para motores a los que llamamos atascos, pienso encender cientos de miles de lucecitas por toda la ciudad cada vez que me ponga flamenco y consumista, voy a bajar el aire acondicionado un par de grados más para compensar tus cada vez más frecuentes y caprichosos sofocos, y pienso seguir duchándome y bañándome como si nada de todo eso estuviese pasando.

Eso por no hablar de los absurdos macrocasinos temáticos que voy a abrir en medio del desierto, precedidos de exposiciones millonarias dedicadas a la escasez de agua, o de otros vicios de contaminación y producción desenfrenada que ya son imposibles de quitar, sobre todo cuando mi otro yo, el emergente, necesita destruirte a mayor ritmo y menor coste para salir lo antes posible de tan incómoda emergencia.

Ahora que ya había dejado de pisarte para empezar a pisotearte en toda regla, ahora va y tenemos que decir adiós. En fin. Espero que el próximo te cuide mejor que yo.

Por mi parte, no te preocupes, que ya me hago cargo de que no encontraré a otra como tú. Que ya no habrá más paseos por el parque rodeados de miles de hojas multicolor, ni viajes en trineo a la luz de la aurora boreal, que no volveré a contemplar tus glaciares, ni tus lagos ni tus pantanos rebosantes de energía acumulada, ni tus especies sin peligro de extinción.

A cambio, seguramente tendré que hacer frente a tu rabiosa venganza en forma de calentones absurdos, devastadores huracanes, estaciones imprevisibles y alguna que otra restricción en mis suministros básicos.

Pero qué le vamos a hacer, esto de la convivencia es lo que tiene.

Que cuando no es imposible, se lo vuelve.

Que cuando más la necesitas, ya no está.

(R. Mejide)
miércoles, 22 de octubre de 2014 | By: Abril

Amores que matan (la pregunta)

 
Cuando hayas recibido esta carta, sé que encogerás la nariz en señal de protesta. Sí, yo de nuevo, después de un año y algo más de haber tapiado la puerta que unía nuestras casas.

No he dejado de adivinarte. No puedes leer sin tomar café, por lo que imagino una atmósfera sensual de café colombiano, quizás incluso suene Falete o la Niña Pastori de fondo… Y estás luchando con tu curiosidad y con la distancia que aún percibo como estela. Léeme. Hoy sólo léeme y juzga lo que te relato.

La historia toynbeeana me persigue, la historia como una espiral que siempre regresa un punto más arriba que la partida; pero que vuelve, infinitamente retorna, como una bailarina que se balancea y se sostiene sobre su pie diminuto, todo su cuerpo sobre sus cinco dedos atormentados, todo su peso sobre la gracia de su tobillo, toda su singularidad multicolor llorando sobre su empeine.

Te sé. Te conozco como uno conoce los recovecos de su propia guarida, sé cuál rincón de tu cuerpo me otorga más luz y en cuál de ellos pasar el calor de las tardes de verano; cuál de los mohines de tu boca, capta mejor la ligereza de mi malhumor y mi cansancio; con cuál de ellos torcerás el labio superior haciendo egoísta tu boca de ofrenda. (Sé también que mientras me lees, pasas tu mano lentamente sobre tu pelo, como si amansaras un gato inquieto).

Te intuyo. Sin necesidad que me expliques, sé por qué te refugias en el silencio: las palabras sobran. Las palabras cansan la luna de tu cuerpo claro, no quiero que existan entre ellas y tú ni un solo ruido, ni un eco que atosigue tu reserva, la paz contenida en tu afonía.

A pesar que son meses de ausencia y que cuando me nombran haces ademanes de fastidio, aún me extrañas. Quizás por eso he vuelto: por la invisible soga que me ata a tu cadera alocada, a tu cadera que se volvía golondrina. Vuelvo por tu boca también, por la boca que me dejó un día anclado a tus treguas quebrantadas, la que me acalló con una maestría que intimida y que marca.

Es tu cumpleaños. No creas que no me acuerdo. Soy el que no lo ha olvidado nunca. Pero también soy éste, el que te sigue pensando a pesar de haberme ido sin despedidas, sin decirte lo que el tiempo contigo hizo con mis días, el que cerró egoístamente la puerta entre nuestros dos mundos, el que un día decidió que todo era más íntimo de lo que esperaba y simplemente cerró el libro en el mejor capítulo, dejándolo luego en la repisa de siempre. Me odias a veces. Sin duda que sí, con tu pasión invariable, intensamente, con tu alma enardecida y traicionada, con tu ímpetu colegial que ya no le vienen a tus treinta años, con ese calor que no encuentra sosiego nunca. Pero más son los momentos en que crees amarme y por eso me continúas leyendo, ávida y fanática, arrebatada y violenta.

Regreso a quedarme, si quieres, si me aceptas, si te atreves, si tu otoño ya homenajeó suficientemente a mis manos sin flores, si la furia de tu verano chillanejo me deja. Regreso porque te amo, tontamente, furtivamente, como un trompo, bailando en el fragor de tu tierra húmeda y dejando marcas en tu cara… Regreso a festejar tus pechos de luna, a agasajar tu pubis mojado de ganas que no aflojan, a rendirle tributos a tus pies helados, a tus manos finas, a tu boca sin dueño, a la brava que desafía los oleajes más fuertes, a la constructora, a la que magulla en silencios sus rabias o las lanza como si fueran un ciclón sobre los malecones de otros… Te quiero, mi áspera, mi arisca, mi indómita, por ser la indomable en la que no remiten los fuegos, por ser la mujer que durante las largas noches de un año, no pude sacarme del alma. Te quiero: Me quedo, si me dejas…
 
miércoles, 15 de octubre de 2014 | By: Abril

Cerrar la ventana todas las veces que llueva...

 
...y quedar empapados sólo del puro placer.
Tu sudor, tu hombros, tus pecas y la cicatriz que vive al ras de tu espalda. Mis uñas, mis besos, mis versos y las groserías que te canto al oído.
No nos estamos tranquilos. No podemos ser correctos. Pero define correcto y no es más que hacer el amor con la persona indicada. Pero define indicada y en el diccionario aparece como antónimo tu nombre.
Que nos disfrute la vida mientras los dos la jodemos. Que nos observe pasar y nos tenga mucha envidia. Que se piense al encontrarnos que somos unos cabrones. Que apueste por separarnos y que termine sin nada. Que se canse de que siempre le ganemos las jugadas. Y que no le quede de otra que dejarnos agotados, medio rotos, despeinados, pegajosos, alterados, excitados, como locos, y queriendo.
Aduéñate, sí, de todos sus pensamientos, luego de su corazón, y el cuerpo entero trabajará por sí solo. El amor es la historia de todos nuestros rincones: la casa de los amantes, las bragas de los cajones, la cama de los hoteles, algunas habitaciones, la regadera del baño, la última parte del cine, el auto fuera del bar, el árbol más escondido. Nuestras huellas dactilares se quedarán para siempre en la lista de lugares que ni locos nos perdimos.
Tendrás mi mano acariciando la tuya aunque no la sientas cerca y mis ojos cuidando tu camino aunque tú no puedas verlos. Estaré ahí. Estaremos juntos incluso cuando no estemos. Cuando beses otros labios y te laves la boca. Cuando yo diga “te quiero” y al instante sienta náuseas. Cuando ya no seas antónimo. Cuando por fin, sin notarlo, podamos ser correctos al lado de otras personas.
 
domingo, 31 de agosto de 2014 | By: Abril

Hora de despertar

 

Me arrepiento de todo, no sé nada y a la vez lo sé todo.

Fue culpa mía no te debería haber dejado ir, no tendría que haber escuchado lo que decían los demás, no tendría que intentar haberme parecido a los demás, no tendría que haberme arrepentido de lo que no hice por miedo a ser rechazado, no tendría. La gente piensa demasiado y siente muy poco. La vida es mas sencilla de lo que nos creemos; lo difícil es lo único a lo que no le pones ganas. La suerte es un cuento de niños y la fe es otro libro... Si realmente me preguntasen qué quiero ser de aquí a unos años, con sinceridad, diría: ser querido. Probablemente me gustaría vivir en una casa frente al mar, un mar precioso, limpio, desde donde se pueda ver la mirada del amanecer, los recuerdos vividos y los no vividos. Es extraño, yo sé que la vida hablará sola. Tal vez tenga que descubrirla o tal vez me venga de repente, sea un cuento de hadas o sea la historia más bonita jamás contada. Realmente escribo así cuando me encuentro mal, cuando es amor lo que siento y cuando lo único que quiero es sentarme enfrente del escritorio y escribir. Escribir enseñanzas, experiencias, o simplemente cantar, llenarme de energías poner la música tan alto que no pueda impedirme levantarme a bailar. Mientras que observo desde lo alto, el paisaje, con el que tendré que vivir el resto de mis días y que me llenará de energía para ser lo que algún día seré, que en realidad no lo sabe nadie, nadie excepto el futuro...

(Alberto)
 

Lo que pudo ser...

 
Lo que hubiera podido ser....
 
Y llegan esos días en que piensas las cosas que pudieron ser y no fueron... Quizás por inmadurez, inexperiencia, una pizca de ego...O quizás por no amar de la forma correcta, pero quién sabe la forma correcta de amar, ¿no?...
 
...Cierras los ojos, te visualizas en el futuro de ese pasado, y piensas tantas cosas bonitas que hubieras querido compartir SÓLO CON ESA PERSONA: una mirada profunda, un despertar a su lado, un chiste colmado de risas tontas de dos personas que a pesar de los años se encuentra enamorados.
 
Y piensas en ese sentimiento que te pertenece, pero a la misma vez es ajeno; porque si esa persona no existiera, ese sentimiento tampoco.
 
...Y ese momento justo de arrepentimiento, pero a la vez de satisfacción por haber aprendido tantas cosas que sólo fueron posibles al momento de su partida... y es justo ahí cuando quisieras tener una máquina del tiempo y enmendar todos esos errores, y mostrar ese amor que estuvo escondido; sólo porque nos olvidamos de las pequeñas cosas que significan tanto para una relación...
 
Lo más triste es sentir esa ligera palpitación que te dice que las cosas llegaron a su fin, pero que a través de ellas pudiste ser mejor persona... hasta crecer como ser humano; sólo por el vacío provocado por la partida de esa persona. Te envuelves en una burbuja de pensamiento bonitos de los cuales no quisieras salir; porque sólo imaginas esos lindos ojos brillosos que reflejaban tu rostro y esa tierna sonrisa al verte, que quizás para los demás no era nada, pero para ti lo era TODO...
 
...luego te preguntas si valió la pena o no, o si quizás malgastas tu tiempo escribiendo sobre eso... pero al fin y al cabo qué más da... si el amor no tiene nada que ver con la lógica, sólo existe.
 
(Teandy Acosta)
jueves, 14 de agosto de 2014 | By: Abril

...Y escribir un "TE QUIERO" en el Metro de Madrid.


 
TE QUIERO.
Porque sí.
Porque eres guay.
Porque tu pelo alborotado no es siniestro, sino maravilloso. Adoro ese rizo que cae sobre tus ojos cuando estás cortando las verduras en la cocina.
Tus ojos. Me encantan tus ojos de felino enjaulado.
No sé decirlo de otra manera, sólo así: TE QUIERO.  Y voy a escribirlo donde se me ocurra. He pensado hacerlo en la arena de la playa en la que nos conocimos. Pero el mar es impredecible y bromista, como tú y sospecho que me va a borrar cualquier tontería que escriba, como por ejemplo “Te Quiero”. 
Y en el lomo de un león de la Cibeles. ¿Qué te parece? Yo, haciendo una locura, cometiendo un delito contra el patrimonio público, para ti. Imagino tu cara al leer tu nombre en el lomo de un león de la Cibeles y Telemadrid dándolo en el informativo de la noche mientras cenas. Tú que siempre has pensado que no puedo ser intrépido ni espontáneo por trabajar en una biblioteca pública...
Aunque... lo mismo lo escribo en la ventana del metro en el que hicimos nuestra primera escapada romántica, con tinta indeleble, pero como me pillen… he oído que hace unos días cogieron a unos grafiteros dibujando en las paredes del metro de Madrid y les han metido una multa alucinante. Y creo que ninguno de ellos escribía mensajes de amor, no. Además los condenaron a limpiarlos y a hacer trabajos sociales. Así que los grafitteros se ven ahora paseando abuelos en el Retiro. Son como los nietos pródigos de los ancianos de todo Madrid. Si a mí me obligaran a pasear con los abuelos, no me molestaría, es más, lo haría con mucho gusto porque siempre te hablan de otro tiempo y me agrada escuchar esas historias,  pero borrar tus “Te quiero Marta” me humillaría de por vida. Porque tus tequiero, los tequieros que yo te escribo, en mi corazón o en la ventana de un tren son imborrables. Porque yo creo que te voy a querer toda la vida, Marta.
Creo que nunca me voy a olvidar de ti. Y por eso es tan importante apuntarlo en las calles de Madrid, en las playas de Alicante, o en el polvo del capó del coche rojo de mi vecino, por si algún día mi memoria no da para más y me traiciona. Porque cuando pase el tiempo puede ser que me vaya acostumbrando a tu ausencia y un día me levante y el primer pensamiento que tenga no sea “TE QUIERO”.
Hoy no será desde luego ese día, pero puede ser que olvide que ayer me llamaron para decirme lo tuyo, lo que ha salido hoy en los periódicos, donde tú eres la protagonista, Marta. Sé que no querías hacerlo, porque me quieres. Sí, tú también, aunque nunca me lo hayas dicho ni escrito en las paredes y los metros de Madrid. Sé que sólo pretendías volar, desde hace años soñabas con desplegar tus alas y salir volando de esa vida que no te gustaba. Estabas enferma y tenías un miedo horrible al dolor. Por eso ayer, cuando me llamaron para decírmelo, sé que no saltaste porque sí, sino para demostrar que eras un ángel, que tenías alas y las desplegaste para volar.
Me gustaría escribir un enorme “TE QUIERO” en el vagón de aquel metro de Madrid que me llevaba a tu encuentro todos los viernes por la tarde durante seis años o mejor en una nube, para que sea lo primero que veas cada día que te despiertes, allá donde ahora estés. Y no olvides que siempre te querré aunque no me hayas llevado contigo en este vuelo.

Miguel
(NRP)