lunes, 1 de junio de 2015 | By: Abril

Por si mañana...


Te escribo ahora por si mañana no formo parte de tu vida.
Por si mañana no puedo entender "esto" que haces por los dos.
Por si mañana se me distorsionan los recuerdos y olvido que no puedo estar sin ti.
Por si mañana no puedo decirte que te admiro y aprecio tu empeño en permanecer a mi lado, tratando de hacerme feliz a pesar de todo.
Por si mañana me pega la nostalgia de tenerte lejos y no soy consciente de lo que haces y por qué lo haces.
También te escribo por si mañana se te olvida que te amo.
Por si mañana no puedes aguantar más mis arranques de locura.
Por si mañana dudas de mi amor.
Pero sobretodo. por si mañana se te olvida que fui tu vida. -

(Luz Atàche)
miércoles, 27 de mayo de 2015 | By: Abril

El durante...

 
Lo más difícil es empezar. Y terminar. Dicen que lo que va en medio, las líneas que componen el cuerpo del texto, es lo más sencillo, lo más fácil de llevar, lo que más se disfruta. No sé, eso dicen.
Los comienzos. Los finales. Tú y yo siempre olvidamos que el texto también tiene cuerpo, que las historias también tienen un “durante”. Fuimos unos olvidadizos, unos pobres irresponsables. No comprendimos que los grandes poderes conllevan grandes responsabilidades. Que los grandes amores merecen un maldito desarrollo.
 
Lo peor que nos pasó fue que nos hicimos adictos a esos pequeños momentos de felicidad que nos brindaban los inicios. Todos nuestros inicios. Nos enganchamos a andar juntos cogidos de la mano, a abrazarnos hasta traspasarnos el alma, a besarnos hasta rompernos los huesos. Nos enganchamos a no saber, aún sabiendo. A hacernos los tontos mirando para otro lado, haciéndole creer al cosmos que podríamos juntos y no separados. Pero al cosmos no se le engaña, y tú lo sabes. Y yo lo sé. Pero tú más. Tú lo supiste mucho mejor que yo. Llevaste mis riendas sin quererlas ni coger, te colgaste mi corazón a la espalda y recorriste la ciudad impregnándome las calles de recuerdos.
 
Y ahora qué. Dime qué puedo hacer. Porque a día de hoy, a veces, aunque ya no deba hacerlo, sigo repasando los momentos que viví a tu lado. No fueron demasiados. Ni muchos ni pocos. Sólo fueron los justos y necesarios para hacerte imborrable. A veces sigo pensando en los principios, en todos nuestros principios y en la falta de ellos. Nos sobraron y nos faltaron a partes iguales. Nos sobraron, como nos sobraron los anocheceres. Nos faltaron, como nos faltaron los amaneceres. 
 
Nunca fuimos de esos que hacen las cosas como se han de hacer. Nunca fuimos juntos a Mercadona. Nunca fuimos juntos a lavar el coche. Nunca estuvimos juntos en ninguna boda. Nunca nos dijimos “para siempre”, pero tampoco “para nunca”. Yo siempre fui tu puerta abierta. Tu vida y tus arrugas de expresión. Tú fuiste mi último primer amor. Mi cara más bonita sin pintar. Mi precipicio emocional. Pero no recordemos nuestras carencias. No hagas que piense de nuevo en las vidas que podría haber vivido mientras esperaba a que la tuya arrancara. No me mires como sé que harías si estuvieras delante ahora. Y no, tampoco me toques la mejilla como si fuera de cristal. Te aseguro que si no me he roto ya, ahora ya no es el momento.
 
Te lo dije hace tiempo. Me copié de quien lo dijo, ya sabes, que “puedo vivir sin ti, pero no quiero”. Te lo dije mil veces. Y tú lo escuchaste asintiendo. Lo escuchaste sabiendo que el café se enfriaba, que tu corazón se cerraba. De nuevo. Otro final.
 
Hasta el nuevo comienzo.
 
jueves, 7 de mayo de 2015 | By: Abril

La Fortaleza Dañada (Epístola de amor perdido).

 
 
Nada me aprovecha en tu ausencia 
y nada puede servirme de consolación.  
Porque mi alma como el latino Coliseo 
teniendo una regia edad dorada 
en que los pájaros y la briosa floresta 
invadían las estancias de su dura piedra, 
hoy sirve de postal para ignorante turista. 

Iniciático fue tu amor, hoy quedo capitulando,  
más asistan los tiempos expectantes a este duelo 
y arrastren residuo de palabras mis lloros. 
Recuerden las blancas fortalezas de los hombres 
y cómo fueron hechas ceniza tras ceniza. 
Recordar tiempos malditos mi pérdida,  
¡recordad os clamo en bronco grito!, 
recordad esas recias ciudades carbonizadas,  
recordad Numancia,                                               
                          recordad Cartago                                  
                                             y recordad Corinto. 

¡Oh Urania,  tanto se perdió
tanta sal fue añadida a mi edad! 
 
(Juan López González)
lunes, 20 de abril de 2015 | By: Abril

Vuelve

 
Tú. Sí, tú, chico de pelo castaño corto, de espaldas anchas y voz enloquecedora... Tú, que con tus pasos abres camino en la nada y con tus manos rompes esquemas. Tú, chico prudente, perezoso y orgulloso, de sonrisa pícara y radiante. Esta carta es para ti.
 
No creas que te he olvidado. Desde que te fuiste, mi vida esta vacía de significados; ya no sé expresarme con palabras ni con actos....¿Dónde se quedaron esos abrazos calidos cuando hacía frío?... ¿Y esos besos frios por la mañana?
 
No sabes lo que te echo de menos, pequeño. La vida que me has dado todo este tiempo, a la que me has acostumbrado, porque me has acostumbrado a ti.Echo de menos lo que me has hecho sentir, pensar aprender y, sobretodo: vivir.
 
Recuerdo cuando pensaba en qué sería de mí sin tenerte a mi lado, sin que me quisieras... Y después de pasar noches en vela deseando que no pasase, al final tuvo que ocurrir. Tuvo que llegar el momento en el que no estuvieras a mi lado; el momento de no quererme, e incluso odiarme.
 
Esta carta te la escribo para que sepas que sigo aquí: luchando por un "nosotros", para poder volver a hacernos felices el uno al otro, para quererte más fuerte que nunca y nunca más volver a dejarte ir.
Hemos pasado tantos momentos juntos, que al recordarlo me es imposible guardar las lágrimas. Te he hecho sentir feliz, lo sé, y eso me hacía estar feliz también a mí, porque con tu sonrisa, tengo todo lo que necesito. Eres una persona maravillosa, la única capaz de hacerme sentir lo que siento.
¿Piensas volver algun día?Anhelo ser tu mundo, tu pequeño mundillo lleno de locuras.
Mira atrás.¿Que ves? ¿Me ves a mí? Ahí estoy. Esperándote con los brazos abiertos, las mejillas rosadas, los ojos iluminados, deseando verte...
 
No quiero que te alejes de mí para siempre. Necesito/quiero que vuelvas aquí, a mi lado, a abrazarme, a besarme, a susurrarme un ''te quiero'', de esos que sólo en tus labios suenan tan bien. Tú sé feliz. Mientras tanto, aquí estaré, cielo: para darte los buenos días y las buenas noches, para llenarte de caricias, porque simplemente...Te quiero, Carlos.
 
VI.V.MMXIV
(SSC)
domingo, 29 de marzo de 2015 | By: Abril

One day


¿Se puede querer a alguien tanto que desees que sea feliz aun cuando no esté junto a ti...? Eso me pasa contigo. Te quiero, aunque ya no me gustes, porque me rompiste el corazón y juré que dejaría de amarte. Casi lo consigo, pero no, -qué idiota- aún te amo. Tanto, que lo dejaría todo si tú me llamases a tu lado.

Algo no funcionó, y no fue porque no lo intentáramos. Pero tú tenias razón: las relaciones se rompen porque uno de los dos ama tanto al otro que no acepta las reglas del juego, no se conforma con ser un actor secundario en la vida del otro, y se rebela... y vive confuso y se choca una y otra vez con las mismas piedras.

Necesitaba hablar esta noche con alguien. Bueno, con alguien no, contigo... por eso te escribo lo que no te puedo decir mirándote a los ojos, porque ya no me quedan excusas para quedar contigo. Tú me llamas amiga y no sabes el dolor que una palabra tan bonita puede llegar a producir en el estómago si la dice la persona equivocada.

No quiero perderte y por eso, cuando ya no puedo más, descuelgo el teléfono y te llamo por cualquier motivo, solo para oír tu voz, por si un día se te escapa un "te quiero" cualquiera... y me haces feliz un instante.

Y tú sigues con tu vida, que tampoco te llena, pero es la que tienes y de la que no puedes salir. Te quiero de igual manera... Y odio esta forma ridícula que tengo de quererte porque no me hace feliz. Pero no quiero que desaparezcas. Porque no quiero que te vayas. He roto contigo mil veces y otras mil he corrido a tu lado antes de doblar la esquina para pedirte que no te vayas, porque lo siento, pero te has convertido en alguien indispensable para mí en estos últimos siete años. Y me duele sentír lo que siento porque tú me quieres de otra forma y no tienes la culpa por eso.

Ayer ví esa película de nuevo. One day. Esa con la que me identifico tanto, de Anne Hathaway... esa en la que una pareja lleva enamorada toda la vida y por alguna razón hay algo que siempre los separa. Pienso que retrata muy bien lo nuestro... no, no me hagas caso. Yo no soy Emma y tú no eres Dexter.

Pues eso, que necesitaba hablar hoy especialmente contigo.

Un beso

TQ

(NRH)

lunes, 23 de marzo de 2015 | By: Abril

¡Vuelve!…si quieres, claro.




Te prometo que esta es la primera y última carta de amor que recibirás de mis manos. No la tires antes de leerla, porque no voy a insistir.

He cambiado, Jairo.
 
Ya no soy esa chica celosa y posesiva que pretendía a toda costa que estuvieras a mi lado. Ahora entiendo que el espacio para nosotros no era tan simple como vaciar cajones y la confianza existe si no te metes donde no te aman. ¿Tú lo haces todavía?
 
Te pido que vuelvas, sin presiones. No me verás otra vez en tu portal, no temas otro berrinche. Ya sabes que siempre fui la oveja dramática de mi familia, pero esta vez asumiré la espera el tiempo que necesites. Entiendo que dejar a esa chica con la que sales ahora no será un asunto que se pueda gestionar en pocas horas. Tómate el fin de semana, con tranquilidad.
 
Por cierto, ¿recuerdas aquel curso de pintura?, lo terminé ayer. Ha sido una terapia increíble para templar estos nervios que ya conoces, aunque he pintado tantos cuadros que podría llenar el prado. Sí, el que se escribe en minúscula.
 
He decidido hacerte caso respecto a Bruno, el pez. Tenías razón cuando me decías que, después de todo, había más peces en el mar y mares, y yo aquí, erre que erre con esa pecera diminuta; y él, tan solo, tan pez y cristal. Pero el mar me parece excesivo, Jairo, he visto en una tienda peceras enormes, tampoco vamos a exagerar.
 
Ahora me ha dado también por escribir, pero escribir de verdad, como esta carta. Papel y tinta, nada de luces, baterías y botones. ¿Viste lo del doble check azul del whatsapp?, me hubieran hecho polvo contigo. Seguro que en la próxima actualización a algún psicópata se le ocurre, además, ir graduando el color del maldito check a rojo intenso si pasa un rato y no contestan, como para darle más dramatismo al negocio este de hacernos mierda la vida. De todas formas no lo he podido volver a instalar desde el día que estrellé el teléfono contra tu coche; seguro que lo recuerdas. Solo espero que no me guardes rencor, Jairo. He cambiado.
 
Quién me iba a decir a mí que la vida era otra cosa.
 
Aquí todo está preparado para cuando vengas, sobre todo yo. No más agobios, no más celos, no más inseguridades, se acabó esa obsesión enfermiza de querer atarte a mis pies.
 
Jairo, vuelve.
 
He cambiado, he madurado por ti.  Los ciento treinta y siete mensajes que no recibiste el mes pasado, eran míos.
 
Te quiero.
Juana.
 
jueves, 19 de febrero de 2015 | By: Abril

Sin título



Llevo casi dos horas y media escribiendo y borrando todo lo que sangro por miedo a salpicarte con mis miedos, y es irónico, pues creo que estas ya demasiado lejos incluso para darte cuenta de que sigues siendo parte de las líneas que te escribo.
Y es que huir sin mirar atrás sería menos complicado si no fuese justamente atrás donde se está quedando todo lo que pudimos ser. Yo no tengo ni tuve ni tendré tanta fuerza como tienes tú. Yo no puedo mirar tus fotografías sin tiritar de ganas de sumergirme en cada una de ellas. En esa sonrisa que me mata y me dio la vida tantas veces.
Yo no puedo leerte sabiendo que cada verso está más y más lejos de acercarse a mí. Que lo que duele no es saber que ahora le escribes a ella, sino ser consciente de que lo haces con las mismas manos con las que un día me escribiste a mí.
Ojalá hubiésemos inventado un idioma que sólo entendiésemos tú y yo, un lenguaje que pudiera gritar en plena noche cuando me despierta tu recuerdo y deslizo cuidadosamente mi mano hasta el otro lado de la cama con la intención de encontrarte, y luego morir muy poco a poco al volver a la realidad y ver, que ahí es justamente donde ya no quieres estar.
Jamás hubiese imaginado que el silencio pudiese llegar a hacer tanto ruido a las cuatro de la madrugada.
Deberías preguntarme por qué no duermo al caer la noche, por qué no cierro jamás los ojos hasta bien pasado el amanecer.  Pregúntamelo. Te diré que tengo miedo de soñar contigo. Te diré que por el día hay demasiado ruido como para caer de lleno en ese mundo en donde te sueles colar y de momento, no cerrar los ojos es la única manera que tengo de poder dejar de verte.
Pregúntame por qué temo a mi subconsciente. Te diré que eres tú quien vive en él y te diré que duele, no te imaginas cuánto duele darle la libertad para soñarte y despertarme y ver que todo lo que acaban de tocar mis manos no es más que parte de una mentira demasiado amarga.
No, no duermo de noche por miedo a soñarte. No lo hago porque sé que no estarás ahí al abrir los ojos, porque sé que ya no quieres volver a estar.
Este tramo de la huida está acabando con lo poco que quedaba ya de mí. Apenas soy una hoja arrugada con un millón de tachones cobardes por miedo a no poder leerte una vez derramado tu recuerdo sobre el papel. Quizás por miedo a que tú no quieras volver a leerme a mí. Ni a escucharme tan siquiera. Duele(s).
Aún no sé cómo lo has hecho, pero me has convertido en una marioneta encadenada a tus hilos y has conseguido sublevarme a cada uno de tus movimientos. Córtamelos, o haz que vuelva a bailar al son de tus deseos.
Mira al cielo y dime cuántas estrellas ven tus ojos. Así quizás se a más fácil. Cuéntalas, y dime el número exacto porque desde donde yo estoy sólo puedo verte a ti haciéndole sombra a cualquier constelación. Me has robado la ruta a todos los planetas a donde solía huir y me has dejado sin oxígeno en una atmósfera completamente desconocida. Aquí no estas tú despeinando mis mañanas, mi pelo largo entre tus manos. No estás tú para decirme que las ojeras son la huella que dejan los sueños en los que se besa mucho. Aquí no estás tú y no te imaginas cuánto duele.
No puedo describirte cuánto dueles.
Apenas me quedan fuerzas para lanzarte esta última bengala y ni siquiera sé si estarás mirando al cielo. Necesito que mires al cielo. Estoy tirada en cualquier rincón de tu cuerpo esperando a que me encuentres para poder decirte que jamás me he alejado de ti.
Que- jamás- me- he- alejado- de- ti-.
Que he intentado engañarme, una y otra vez pensando que si escribía un cuento repleto de mentiras, alguna acabaría volviéndose verdad, y lejos de eso, temo que cada uno de esos cuentos hayan destruido por completo cualquier esperanza de volver a leernos.
No te imaginas cuánto lo siento, ya no tengo fuerzas para volver a coger un tren. Y es que ya no queda sitio en mi piel donde guardar los billetes, sigo repleta de tus huellas dactilares. Han inundado por completo mi cuerpo y prefiero tenerlas a ellas si por más que vaya allí… tú jamás vas a volver a estar.
Sigo anclada en la estación en donde nos dejamos los sueños. Me pregunto si aún seguirán allí, si alguien los habrá adoptado y les estará cantando bajito para que se duerman cada noche o estarán muertos de frio, y miedo, sabiendo que llega el invierno y no dormiremos en la misma cama para acunarlos. Ni serán nuestros labios sus bufandas nunca más.
Ojalá estuvieras tú aquí ahora, estoy tirada en cualquier calle de Madrid esperando que la casualidad o el destino que un día nos unió nos cruce de nuevo en su camino...pero llueve y no apareces… El tren llegará en apenas unas horas y daría lo que fuera por saber si dejé mi perfume en tu almohada cuando me marché. Al menos mi corazón, si sé con seguridad que lo dejé contigo.Y ojalá lo veas, y ojalá lo arropes, y ojalá me lo devuelvas en forma de "vuelve", que llegan días de lluvia y deberías saber que es un friolero. Tápalo bien, Primavera, tápalo bien. Y háblale bajito o escríbele suave (que sólo así sabe dormir.) Me dijo que lo dejase allí, en tu espalda. Me dijo algo de tu pelo, de tu piel, algo de que quería besarte en la nuca cada vez que te viera temblar. Y allí lo dejé.
(y allí debe estar)

Dale tú las buenas noches de mi parte
Esta vez te toca a ti cuidarlo a él.

(Mónica Gae)