jueves, 21 de noviembre de 2019 | By: Alea

Make me like you



Podíamos llamarnos novios porque sabíamos que no era más que un juego. Las etiquetas solo asustan cuando son verdad. De haber sentido algo sólido, hubiéramos recurrido a eufemismos que prolongasen el misterio. Tú y yo, en cambio, nos sentíamos cómodos en esa distancia que nunca desaparecería y por eso jugábamos a preguntarnos cómo había ido el día aunque en el fondo no nos importase. No te hubiera gustado presentarme como novio oficial a tus amigos, ya lo sé. Lo más extraño llegó después, cuando encontraste a alguien y me sentí vacío por haber perdido algo que nunca fue nada.

(Alex Pler, Fuente: Hombres encontrados)



I know enough´s enough and you´re leaving


Primero se desató el rencor. 
Enseguida me aferré a las ganas de olvidarte. 
Después, no sé cómo, asomó la tentación de volver contigo, tan pronto descartada. 
Por fin empezó la fiesta interminable, y reí como la primera vez, y pude guiarme por todo lo que brotaba alrededor: todo eso me atraía, me asustaba, me curaba. 
Cuando el torbellino me devolvió a casa, yo volvía a ser yo pero de una forma nueva. 
Decidí disfrutarlo. 
Dejé que pasaran los años sin contarlos. 
Al reencontrarnos, confirmé con placer que nuestro final había sido un pequeño error y también mi mayor acierto.

(Alex Pler. fuente:  Hombres encontrados)
miércoles, 20 de noviembre de 2019 | By: Alea

Café para llevar, por favor



Ya hace tiempo de lo del café aquel que nos íbamos a tomar un día de estos para recordar con nostalgia los viejos tiempos. Aquel café nunca llegó y yo estuve esperando tu señal como una tonta, sentada en la parada de las oportunidades, a la cola de tu memoria confiando en que un día cualquiera me echaras de menos y regresaras con una especie de huevera, de esas que lleva la gente en las pelis de invierno por las calles de Nueva York, antes de empezar a trabajar, con dos o tres cafés de Starbucks para repartir por media oficina, haciendo equilibrios entre otra gente que pasea perros ajenos o monta en bicicleta por la Quinta Avenida. Me encanta esa escena que se repite en esas pelis ñoñas que veo en Navidad: cuando el protagonista entra en acción, el director cambia de plano y pide una toma de los ojos de ella cuando lo ve llegar con la huevera de los cafés calientes y amontonados en una mañana de invierno.

Esa “ella” soy yo, pero no hay huevera, ni nieve, ni cafés de Starbucks, ni gente en bicicleta. Es otoño. Llueve y tú no estás. Hoy escribo un capítulo más en mi libro de decepciones contigo. No es que duela mucho, ya no, lo malo es que me estoy acostumbrando a estos dolores pequeños, que se clavan como diminutos alfileres en  mis ganas de compartir cosas contigo. 

Es tu forma de decirme que esto se ha acabado definitivamente, que ya no sientes nada. Empiezo a dudar de si fue o no un espejismo aquello que vivimos y que no tiene nombre, pero que parecía tan, tan real...  

Sé que un día, cuando te sientas solo entre tanta gente, volverás a mí. No habrá cafés, ni nieve, ni paseadores de perros, ni amantes de la bicicleta…solo estaremos tú y yo y será un soleado día del sur, probablemente de primavera. Tú acudirás al lugar de siempre para pedirme perdón a tu manera, pero ya será tarde. En mi lugar encontrarás una nota donde leerás… “No hagas planes para el resto de tu vida, ahora te toca a ti esperarme. Lo siento querido; ahí  te quedas” .

(N.R.H.)

martes, 12 de noviembre de 2019 | By: Abril

Tengo mil cartas de amor


Alguna vez tenía que pasar. Así que lo he decidido. Estoy en una época de cambios y creo que ha llegado la hora hacerlo público:
Me gustas desde el día que naciste, me gustas cuando te ponías tierno con los perros de tus abuelos, cuando te enfadabas en los viajes por cualquier motivo tonto, me gustas porque has aprendido a vivir y a disfrutar incluso en los malos momentos, me gustas porque siempre has estado ahí, en un papel secundario pero sabiendo que en realidad eres un protagonista, me gustas cuando te miras al espejo y dices que te ves guapo, me gustas porque te pasas la vida sonriendo, me gustas por como quieres a los demás sin esperar que sea respondido de la misma forma, me gusta cada segundo que paso contigo, me gustas porque cada día te conozco un poco más y me encantas, me gustas por ser tan fuerte, me gustas porque eres capaz de caerte las veces que haga falta y volver a levantarte, me gustas porque siempre has sido mucho más optimista de lo que parecías, me gustas por esos ojazos que tienes, me gustas por lo detallista que eres, me gustas porque sigues aprendiendo cada día algo nuevo y lo compartes…
Sí, esto es así, me ha costado muchos años confesarlo y, sobre todo sentirlo, pero va siendo hora de gritarlo, de escribir mil cartas de amor diciendo:
Me quiero.
“Y extiendo la ciudad mirando al frente,
esta mañana el mundo es diferente,
descubro tantas cosas que no vi por no quererme”
(Fernando Bside,  Fuente: Hombres encontrados)

La memoria del cuerpo


Voy consiguiendo controlar la memoria y pensarte cada vez menos, acostumbrarme a la culpabilidad absurda de nuevos primeros besos con personas que ya no son tú, entregarme al sabor de los recovecos de pieles distintas, ajustar mi cuerpo al de los otros, visitar menos aquellos lugares que sé que te traen de vuelta, recordarte algo menos cuando la lluvia repiquetea en un cristal en cualquier parte…
Pero, ay, la memoria del cuerpo… la memoria del cuerpo escucha la sintonía de una serie y deja de atender a razones y secuestra al corazón y lo lleva de mi salón al nuestro y ve el episodio pero nos mira también a nosotros y el mundo vuelve a ser familiar y cómodo y cálido y fácil aunque ninguno de sus chistes me haga reír ya.
Lo que no fue desordenado por la nostalgia lo termina de arrasar la ficción.

Carlos Crespo (Fuente: Hombres encontrados)

Quedarse con lo bueno


Quizás no supe leer las señales. Seguramente estaba demasiado ocupado en mirarte e imaginar todo lo bonito que vendría después.
Puede que tu ni siquiera te dieras cuenta de todo lo que pasaba por mi cabeza. Y seguramente no te fijaste que mis ojos sólo brillaban de esa manera cuando me mirabas. Pero eso es lo de menos. No esperaba que te fijaras en esos detalles. Creí que eras despistado o que no te fijabas en cosas a las que yo si le daba importancia.
Cuando te pedí que me dejaras tu pulsera para tomar mis pulsaciones estas iban a 150. Las tuyas a un ritmo normal. Y no era porque yo viniera de correr y tu de estar sentado en el sofá viendo alguna serie de esas que te gustaban. Era porque yo sentía más de lo que tu ibas a sentir por mi. Lo acepté, por más rabia que me dio.
Siempre me dijiste que hay que quedarse con las cosas buenas.
Y me quedó claro. Y esta vez si que supe leer entre líneas.
Hay que quedarse con lo bueno.
Por eso no te quedaste conmigo.

Abuga (Fuente: Hombres encontrados)
lunes, 4 de noviembre de 2019 | By: Abril

Es lo que hay...

La vida es eso que nos va sucediendo mientras nos empeñamos en hacer otros planes” Jonh Lennon

¿Sabes? Hoy, en cierto modo, esperaba tu mensaje, pero no llegó. Y duele, aunque poco. Me has acostumbrado a ese “…esto es lo que hay”, y lo asumo con absoluta resignación, como quien espera en la cola con la cartilla de racionamiento en época de guerra y justo cuando le va a tocar, se acaba la comida. Ese, “otra vez será” me lo repito como un mantra, que me sirve de ungüento para las heridas que tu silencio me provoca a la altura del estómago. Y la guerra fría vuelve a mis rutinas y me muevo por inercia, contigo siempre pero lejos de ti.

Raya el acoso lo que hago el resto del día mirando tu perfil en el WhatsApp. Tú, ajeno a todo esto, continúas con tu vida, echando atrás días en el calendario y retrasando ese café eterno que nunca llega. Me desespero. Escribo. De ti y de mí. De lo que fuimos. De lo que pudo ser, pero no… Te pienso y te odio a ratos.

Te imagino a solas en tu trabajo, o atendiendo a alguien hasta las tantas, o tocando algunos acordes en tu guitarra, o fumando y escuchando a John Coltrane o a Charlie Parker con un whisky con hielo sobre la mesa del jardín. Cuando el resto de la casa duerme tú sueñas despierto. Haces recuento del tiempo que has invertido en ser otra persona distinta a la que pretendías… Y el balance hace que te pongas triste y añores ese garito de jazz que querías montar en un país extranjero que elegirías apuntando sin mirar en un mapa justo antes de tomar el avión… No tendrías una pareja fija, sino una cada día. Mujeres sin nombre, solo sexo, puro placer efímero y poco más. Sin compromisos, sin rutinas, sin dolor…

En cierto modo, te comprendo. Tú añoras lo que no tienes. Persigues un sueño cada vez más lejano y te resignas a vivir acorde con las decisiones que tomaste en el pasado. Como yo. No somos tan diferentes. Y en el deseo apareció el castigo.

Tal vez ninguno de los dos tuvimos elección. Y aun así, ¿sabes qué…? Pese al dolor: volvería a elegirte.

(N.R.H.)