lunes, 23 de marzo de 2015 | By: Abril

¡Vuelve!…si quieres, claro.




Te prometo que esta es la primera y última carta de amor que recibirás de mis manos. No la tires antes de leerla, porque no voy a insistir.

He cambiado, Jairo.
 
Ya no soy esa chica celosa y posesiva que pretendía a toda costa que estuvieras a mi lado. Ahora entiendo que el espacio para nosotros no era tan simple como vaciar cajones y la confianza existe si no te metes donde no te aman. ¿Tú lo haces todavía?
 
Te pido que vuelvas, sin presiones. No me verás otra vez en tu portal, no temas otro berrinche. Ya sabes que siempre fui la oveja dramática de mi familia, pero esta vez asumiré la espera el tiempo que necesites. Entiendo que dejar a esa chica con la que sales ahora no será un asunto que se pueda gestionar en pocas horas. Tómate el fin de semana, con tranquilidad.
 
Por cierto, ¿recuerdas aquel curso de pintura?, lo terminé ayer. Ha sido una terapia increíble para templar estos nervios que ya conoces, aunque he pintado tantos cuadros que podría llenar el prado. Sí, el que se escribe en minúscula.
 
He decidido hacerte caso respecto a Bruno, el pez. Tenías razón cuando me decías que, después de todo, había más peces en el mar y mares, y yo aquí, erre que erre con esa pecera diminuta; y él, tan solo, tan pez y cristal. Pero el mar me parece excesivo, Jairo, he visto en una tienda peceras enormes, tampoco vamos a exagerar.
 
Ahora me ha dado también por escribir, pero escribir de verdad, como esta carta. Papel y tinta, nada de luces, baterías y botones. ¿Viste lo del doble check azul del whatsapp?, me hubieran hecho polvo contigo. Seguro que en la próxima actualización a algún psicópata se le ocurre, además, ir graduando el color del maldito check a rojo intenso si pasa un rato y no contestan, como para darle más dramatismo al negocio este de hacernos mierda la vida. De todas formas no lo he podido volver a instalar desde el día que estrellé el teléfono contra tu coche; seguro que lo recuerdas. Solo espero que no me guardes rencor, Jairo. He cambiado.
 
Quién me iba a decir a mí que la vida era otra cosa.
 
Aquí todo está preparado para cuando vengas, sobre todo yo. No más agobios, no más celos, no más inseguridades, se acabó esa obsesión enfermiza de querer atarte a mis pies.
 
Jairo, vuelve.
 
He cambiado, he madurado por ti.  Los ciento treinta y siete mensajes que no recibiste el mes pasado, eran míos.
 
Te quiero.
Juana.
 

3 comentarios:

Romina Martín dijo...

Muchas gracias por el enlace! :) Un abrazo! Romi.

Natalin Lloyd dijo...

Me encantó ! me siento identificada con lo que escribís. Gracias

Fabricio Ramirez dijo...

Hahaha