martes, 9 de enero de 2018 | By: Abril

Equivocados

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Se me escapó ese: “Sí, quiero”. Al verte de nuevo. Y joder, que mis adentros parecían querer estallar a la vez que mi garganta estaba seca como el desierto de nuestras intenciones, por no decir “Colorado” porque siempre fuimos de grises.

Nunca imaginé que sentiría el olor de tu piel otra vez entre las sábanas de mis sentimientos y es que los dos nos largamos cerrando la puerta, sin dejar una sola ventana por la que colarse.

Fuimos tan mediocres en nuestra huída, que nos dejamos la mitad del alma en la casa del otro, pero eso sí:

-Mis cosas me las llevo yo -aunque solo sea para hacerte daño-.

Y después de unos segundos donde a la muerte le dio un ataque al corazón, tragué saliva y volví a respirar.

Era el mundo real y tú te estabas vistiendo aún sin ser las doce de la noche, para marcharte en tu carroza mágica sin dejarte más zapatos de cristal por el camino.

Me mirabas, como un gato asustado y a mí solo me apetecía abrazarte, pero tu silencio era el infierno a todas las dudas que había tenido.

Y ahora estaba pasando condena, recitando en voz alta tu número de lunares, deseando que volvieras a colarte por los barrotes del orgullo para jugar al escondite con la indiferencia y despedirnos del amargo sabor a despedida, que manchó nuestro cuento de hadas a medio terminar.

Y nada, decirte que: Sí, quiero. Y que todavía me queda tinta para una trilogía.

 (Memorias de un Joven Escritor)

2 comentarios:

cris_haz dijo...

Me gustó este escrito!

Ala Delta dijo...

Maravillosa cartas