lunes, 14 de abril de 2014 | By: Abril

Papo


Los primeros recuerdos de mi infancia tienen que ver con escapar de la guardería dos veces, llorar al lado de una reja, no querer que te fueras en el bus que paraba justo en frente de la esquina que habías conseguido con el sudor de tu frente y tu sagacidad como hombre de negocios, me quedaba llorando mirando por la ventana como te ibas en el bus. Eras sin lugar a dudas motivo de mi alegría y vida.
Recuerdo que lo que sentía por ti era una mezcla de amor y miedo, que fue convirtiéndose al paso de los años sólo en amor.
Me encantaba recostarme sobre ti cuando era niño y jugar a contarte los lunares de la espalda, siempre admiré tus abdominales, me parecían fuertes, en modo barriga eran extraños pero muy fuertes.
Y cada vez que tenia un logro en los estudios me dabas un beso que siempre me pareció extraño, pero el último que me diste hace 20 días me pareció lo más hermoso que haya recibido de ti.
Solía pedirte los mejores zapatos, los mejores guayos, la mejor ropa, y me diste la ropa más económica y la más cómoda, me enseñabas sencillez y el aprecio por las cosas, a valorar lo poco. Me parecía bonito como te vestías, usabas palabras que otros no usaban, a pesar de que también dijeras una palabrota cada 5 minutos, fui encontrando en tí tanta sabiduría, que aún me queda por estudiar de ti.
En mi sangre ha estado inmersa la violencia que te aconteció cuando eras niño, una rebeldía agresiva, un pensamiento firme, una inteligencia llena de sentido común y unos sentimientos muy hermosos. 
Cada una de estas cosas las supiste, a pesar de tus pocos estudios, guiar y estimular, para la violencia aprendiste a controlar la tuya, para mi rebeldía me diste libertad, para mi pensamiento firme aprendiste a valorar mi opinión (faltaron detalles, pero nadie es perfecto viejo), el sentido común fue tu ejemplo y los sentimientos hermosos fueron tus ricas recetas, los jugos de infinitos sabores, tus madrugadas por mi...
Cuando la vieja falto, te quedaste al frente como un guerrero, vinieron las tías al apoyo y quedaron faltando algunas cosas que uno obtiene de la mamá y que me ha tocado obtener por los libros, y los rechazos, las lecciones que faltaron las he tomado en los cursos intensivos que nos da la vida.
Así también fuiste mi mamá, ¿Cómo se te ocurrió ser también mi mamá? ¡Qué fuerte fuiste siempre! Si soy fuerte fue porque no tuve quien me enseñara debilidad y no pretendo aprender otro arte diferente al de ser fuerte.
Si había que hacer algo lo hacías, si había que comprar algo lo comprabas, en actuar encontraba tu esencia, en actuar estás tú cada vez, ese legado lo estoy poniendo en practica, me levanto cada día desde que no estás y miro que le falta al día y voy y lo pongo, trato de adelantarme a los hechos como tú lo hacías y siento tu compañía cuando lo hago.
A tí te gustaban mucho las mujeres, no hay nada más bonito sobre la faz de la tierra, no voy a hablar de las cosas que no pudieron ser, el pasado hasta donde sé no se puede cambiar, pero quiero que sepas que voy a tener tantas experiencias como pueda y que ser un buen amante también es algo que me gusta ser.
Hacer el ridículo siempre fue algo sencillo para tí, bailabas sin saber hacerlo, nadabas sin saber y disfrutabas de la vida a tu modo único, yo el refinado me quedaba quieto, cuando la vida consiste en hacer algo así sea hacer de tonto. Así que salgo a bailar más frecuentemente aunque no sea un buen bailarín y celebro los momentos, por el simple hecho de estar vivo, esa parte de tí sigue en mí.
Pusiste tanta música romántica en tu negocio que creaste a un romántico, bohemio y algo poeta, y ya esta carta que he decidido escribirte para que sea leída en el cielo para ti, me ha robado un par de lagrimas, no te preocupes, que estoy bien solo que a veces me hago el sentimental.

(Tavo)