miércoles, 8 de diciembre de 2010 | By: Abril

En el mar imaginario de tu recuerdo...


Aquí sigo, detrás de mis atardeceres de ventanas a un mar imaginario con lluvia, esperando a que des alguna señal de vida. Te echo de menos, pero se ve que el sentimiento hoy no es bidireccional.

No, no quiero caer en la estúpida defensa del reproche. Nuestro amor no se lo merece y en memoria de él y de todo lo que hemos vivido, sólo quiero saber que estás bien; que tu ausencia no acaba en una tragedia de esas con las que siempre has bromeado; sólo dime que vives una vida maravillosa en otra compañía y aceptaré definitivamente la derrota, pero no me dejes en la incertidumbre, no la soporto. Odio los misterios. No sé seguir las pistas y lo sabes. Soy lineal y simple. Sólo tengo dos dimensiones y en una de ella sigues habitando tú. No tengo recovecos en los que guardarte rencor, pero no calles ahora, porque tu silencio me hiere.

No encuentro palabras con las que organizar la despedida que te mereces, sólo pensamientos desordenados que se atropellan sobre el teclado porque quieren irrumpir todos a la vez, amor.

Y a partir de ahora…volver a empezar. Debería de estar acostumbrada, pero creo que hay cosas a las que el corazón nunca se acostumbra lo bastante y todas las veces se parecen a la primera vez. Cambian los nombres y los objetos que nos atan los recuerdos a las costuras del pensamiento, pero los sentimientos son idénticos a pesar de la experiencia que tiene ya en rupturas y abandonos la imagen que me acompaña en el espejo…Tendré que hacer recuento de barcos hundidos y salvar lo que me queda de este nuevo naufragio sentimental.

Me llevo conmigo nuestro primer encuentro. Tengo tu imagen congelada sobre la barra de la cafetería donde nos vimos y allí te quedarás para siempre, pase el tiempo que pase, como si me esperaras todos los días de mi vida en aquella cafetería del centro. Ese será tu lugar, como si me esperases siempre impaciente, con esos ojos tristes tan bonitos que no se atrevían a mirar los míos. Y yo que acudí tan segura de que lo nuestro iba a ser sólo amistad, y ya ves…aquí ando desde una ventana del mundo que mira a la lluvia, contemplando un mar imaginario sobre el que se dibuja tu recuerdo y se hunden mis ganas de ti…

(La Dama)