miércoles, 30 de enero de 2013 | By: Abril

Sueños en sueños de Luna


Me desperté una mañana clara y fresca contigo acostada a mi lado. Te abracé con fuerza, sintiendo en cada poro la suave y cálida presión de un refugio, y me acurruqué contra ti como un niño pequeño. Había tenido un sueño terrible, pero ya había pasado y tú estabas allí, con esa magia que hace que tu sola presencia ordene y dé sentido al mundo. Sin despertarte, te susurré al oído porqué te amaba y te necesitaba como lo hacía.
Había soñado que me perdía en un mundo de maldad e impureza, donde el daño y la vulgaridad sirven a la diversión más inmediata. Había soñado que todos podían justificarse cuando trataban mal a los demás y que a nadie le importaba. Soñé que la vanidad se pagaba con sangre lejana, para que las manchas no quedasen en la alfombra de nuestro salón.
En el sueño era un ángel al que arrancaron las alas y un caballero que no soportaba más el peso de su armadura y de su honor porque nadie deseaba aquellas cosas. Soñé que se reían de la bondad y ninguneaban el respeto, que el egoísmo era la regla y el valor, aunque la hipocresía hiciese perjurar lo contrario. Había soñado que el “me han hecho mucho daño” era un salvoconducto para dañar uno a los que conservaban inocencia.
Yo era ese caballero que no encontraba en qué o quién apoyar sus gestas y descubría que no había Bien que defender, ni siquiera en su corazón. Era un paladín quijotesco y cansado que hallaba la misma maldad en el mundo que en su propia conciencia y se pasaba a bandido, truhán y saqueador con un triste encogimiento de hombros: “qué más da...”.
Y, como en el Quijote, la dama era ventera y puta como el diablo, mas no me rescataba a la realidad un caballero de la Blanca Luna, sino que el paladín moría cayendo del caballo al galopar borracho a la batalla. Estaba solo y no había inocentes ni menesterosos que defender, sólo sarna y mezquindad hasta en los oprimidos y en los monjes. La pureza de la caballería, del amor, del respeto, de cuerpo y espíritu, de la sabiduría, del honor...
¿Habían desaparecido?

“Pero ahora me despierto y te tengo abrazada en una caricia a mis alas de algodón con el bálsamo de tu perfume y tu cariño. Eres eso especial que coloca el mundo en su sitio. Tengo en ti una causa para no cejar, un amor que defender, un motivo para ser noble, puro y eterno, para ser fuerte. Hay tanto de celestial en tu existencia, tanto de real, que no podrías estar en mi sueño; por eso sufría tanto.”
El alivio me llenó al pensar esto. Te abracé con más fuerza contra mí, deseando que el instante se inscribiese en el infinito sin que importase que fuese a pasar fugazmente: existías. Valdría la pena luchar. Con lágrimas en los ojos, susurré: “Qué horrible pesadilla”.
Eran lágrimas de felicidad... o quizás algo de mí sabía que acababa de dormirme a la luz de la Luna llena.

(Ulises Grant)

1 comentarios:

Marylin LaGata dijo...

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