viernes, 8 de febrero de 2013 | By: Abril

Tuyo y mío


Mi casa, mi coche, mi familia, mis libros, mis hijos. Mis deseos, mis sueños, mis fantasías. Mi dinero. Mi pasado y mi futuro. Mi vida. Todo eso es mío.
Y también está lo tuyo: tu casa, tus hijos...tus discos, tu piano, tu...Tu pasado y tu futuro. Tu vida.
Porque aunque en el amor todo lo mío sea tuyo y viceversa, nadie ya se atreve a hablar en esos términos. Ahora lo que se lleva es la división de bienes, tanto materiales como sentimentales.
Lo que arrasa es la falta de compromiso, el aquí y ahora. Amigos con derecho a roce, conocidos de una noche, relaciones eróticas, amantes de fin de semana. Sólo el presente tiene un sentido. El mañana no existe.
Sin embargo, el otro día íbamos juntos en coche y de pronto dijiste algo, no recuerdo qué, en el que se incluían estas dos palabras: nuestra habitación. Hablabas sobre una casa que es tu casa, en el sentido patrimonial del término. Esto generó en mí un efecto inesperado. Fue como si me hubieses cogido en tus brazos para darme un beso de película, jurándome amor eterno. Fue como si se borraran cientos de líneas, marcas y números de un soplo. Como si me sacaras a bailar y mis pasos fueran los tuyos. Así me sentí. Pero no dije nada. Mientras conducías, seguí mirando hacia otra parte porque si me pongo a aplaudir, de repente, no lo habrías entendido.
Decía un poeta: 'Mío y tuyo... ¡Qué extraña tontería! Si me amaras, los libros tú dirías, y el perro, y nuestras rosas'.
Y digo yo: a pesar de que sostengan que importan los hechos y no las palabras, hay que ver lo que abriga un simple pronombre. Se hace inmenso. Universal.
Como lo que siento por ti.

(Ayanta Barilli)