Mostrando entradas con la etiqueta Apasionadas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Apasionadas. Mostrar todas las entradas
sábado, 26 de octubre de 2019 | By: Abril

Todos los días de mi vida



Paige: -Prometo ayudarte a amar la vida, abrazarte siempre con ternura y tener la paciencia que el amor exige, hablar cuando hagan falta palabras y compartir el silencio cuando no, consentir, disentir respecto al pastel de terciopelo rojo, vivir al abrigo de tu corazón y llamarlo siempre hogar.

Leo: -Prometo amarte locamente en todas las facetas de tu vida ahora y siempre, prometo no olvidar jamás que este es un amor único en la vida y saber siempre en lo más profundo de mi alma que no importa que desafíos puedan separarnos siempre hallaremos la forma de volver a unirnos.
(De la película "Todos los días de mi vida")


Quisiera escribirte una carta cada día, mientras estemos juntos. Porque sí, porque te lo mereces. Me haces feliz, que no es poco y me toleras los desequilibrios cotidianos. Aguantas mis mareas con la paciencia de un santo y cuando llego a casa triste, desolada, enojada o quejumbrosa tu media sonrisa aleja mis demonios y me recuerda que en nuestro pequeño universo paralelo, los desastres se quedan fuera.

No sé si te he dicho que eres lo mejor que me ha pasado en estos últimos años. Eres guapo, atento, culto, elegante, respetuoso, honesto, humilde y leal. Justo como había deseado en esas tardes de domingo en que llovía y pensaba en ti, sin conocerte aún. 

Tú me has hecho mejor y dices que yo te he hecho amar la vida y sus pequeños detalles. A la vida hemos llegado juntos, aun naciendo en diferentes momentos y lugares tan distantes. Estábamos predestinados a crear este refugio sin grietas, este hueco en el mundo donde somos dos que ocupan el lugar de uno.

Gracias por ser y por estar. Por imaginarme contigo para siempre. Y no importa si ese para siempre es de por vida o para un rato, porque cualquier tiempo a tu lado, por breve que sea, será siempre un regalo.

(N.R.H)

jueves, 19 de octubre de 2017 | By: Magdala

¿Sabes una cosa?


 Resultado de imagen de pareja abrazada



No me asusta ser la primera ni ser la última en tu vida. No me asusta tampoco que tú no seas el primero, porque ya me hayan roto antes el corazón... No me asusta nada ni nadie si sigues aquí, conmigo. Soy valiente entre tus sábanas blancas, y feliz en tus abrazos. Invencible cuando me dices que me quieres y un flan cuando pienso que puedo perderte.Soy perfecta en nuestros días imperfectos. Perfecta si hacemos del caos un arte y de esta clase de amor un estilo de vida.

Yo tampoco sé si seremos eternos, o si algún día tendremos que echarnos de menos de nuevo. Sólo sé que hoy nos hemos reencontrado para escribir un nuevo final a nuestra historia. El anterior quedó inconcluso y ambos nos moríamos de ganas por volver a ver al otro. Por eso aquel punto y final que escribimos es hoy unos puntos suspensivos.Porque sí, porque nosotros inventamos este cuento de hadas y rompemos las reglas a nuestro antojo.

Sin embargo, dure lo que dure esta historia, siempre merecerá la pena. Pase lo que pase. Porque nunca podré olvidar el día que tu sonrisa significó un "todo va bien", el día que me robaron el mejor mes de mi vida (y sin embargo desafié al Karma y me quedé a tu lado), el beso más bonito de mi vida dentro de una Tetera Azul, el sonido de tu guitarra después de hacer el amor, tu voz por encima de la música de fondo de nuestras tardes de chocolate y café, tus mensajes de madrugada, nuestros enfados (que no lo son tanto) pero  que construyeron un muro de naipes que hoy derribamos...

Estaría escribiendo días enteros, pero nunca llegaría a describir lo feliz que soy desde el 17 de octubre de hace 9 años. Con mis miedos y mis dudas, pero enamorada de ti hasta las trancas. Te quiero muchísimo. Debería decírtelo más. Ya sabes lo terca que soy... pero no lo olvides, ¿vale? No olvides que eres mi olor, mi canción y mi palabra favorita.

Y sí: me he vuelto a poner el traje de Wonderwoman para rescatarte.
Pero quédate a mi lado, sobre todo los días raros.
¿Promesa de dedo meñique? :)

Te quiero. Con olor a mandarinas y jazmín.

 (N.R.H.)

 Resultado de imagen de pareja abrazada pinterest

sábado, 6 de mayo de 2017 | By: Abril

Amén


 
Acabo de caer en la tentación de recordarte… y mira ¿eh?,  que ya te tenía olvidado, pero vuelves siempre y no sé cómo lo haces. Ya no estabas y de repente apareciste de nuevo, con tus gestos de niño malcriado, con tu mirada inocente, con tu dolor crónico y tu cinismo ambiguo... Siempre te querré, tal como fuimos. Yo me hice a tu lado, a tu imagen y semejanza, por eso ahora  -sin ti- ya no me reconozco.
Ya no estás y hace mucho tiempo que lo dejamos. O eso me parece a mí, que hace mucho, mucho tiempo. Pero es que estás ahí. Sigues ahí, haciéndome daño en la memoria. Y no puedo -y no sé si de verdad quiero- borrarte de mi recuerdo.  
Espero que algún día ames a alguien como yo te amo ahora, para que te pongas en mi piel y veas que mendigar el amor no es de mediocres, como me decías, sino de amantes sinceros, de esos que como yo, aman con el alma y se dejan los huesos en el intento.
No puedo dejar de pensarte. Mírame, escribiéndote ahora, que ya se suponía que eras mi pasado. Mírame, ni siquiera soy digna de tu lástima, aunque me gusta pensar, con el poco amor propio que me queda, que tú tampoco me has olvidado. Por eso confío en que tarde o temprano volverás a buscarme.
Te debo lo mejor y lo peor de mi vida. Contigo fui yo misma, yo sincera y entregada. Sin ti ya no sé ni en quién me he convertido; tan sólo escribo poco, tarde y mal lo que no me atrevo a decirte a la cara: que te echo de menos, que no te he olvidado, que te quiero todavía, que me dueles, que te amo… ¿por qué no reconocerlo?
¿Qué más da? Estás lejos. No me oyes. No me sientes. No te acuerdas… No te creo.
Por eso y más: no me dejes caer en la tentación de volver a nombrarte y líbrame de tu recuerdo.

(N.R.H.)
martes, 31 de mayo de 2016 | By: Abril

Siempre


El tiempo es un solitario siempre, siempre vencedor. La inmensidad de la vida también a mí me aprieta tanto que no puedo respirar y me paso días sudando y vomitando y llorando. Pero para dentro. Sin que se nos manche la ropa, sin que se nos enrojezcan los ojos.
Y tú y yo eso lo sabíamos de sobra. Sabíamos que la angustia del sinsentido nos abrazaría sin remedio, sabíamos que pensar era nuestra condena y buscábamos libélulas entre las hojas bailarinas de los sauces porque éramos jóvenes y no íbamos a darnos por vencidos.
El amor era todo lo que nos quedaba.
Allí, acurrucado en la orilla del Guadalquivir nos esperaba tímido y prudente, nos acompañaba en nuestros juegos de niños y nos salpicaba agua clara las tardes de verano.
Estaba allí cuando apoyabas la espalda en las piedras y te cubrías los ojos del Sol con tus manos infantiles. Cuando me acercaba a ti sin hacer ruido y me quedaba mirándote la cara mojada, viendo el aire entrar por tu nariz y bajar hasta tu pecho, viendo tus pestañas largas descansar del mundo.
Estuvo vigilando cuando el de día de mi cumpleaños me regalaste el vestido amarillo que tu madre me había comprado y me dijiste al oído: “luego te doy el regalo de verdad” y me llevaste en tu bicicleta hasta el mar para darme un primer beso azul e inmenso.
El amor…
Intentaba ocultarse sin conseguirlo cuando hablábamos de filosofía de camino a la facultad, con los corazones asustados porque desde la ciudad no se veía el río. Te miré la barba incipiente y los ojos oscuros y así, de la forma más hermosa, descubrí yo el tiempo, con tu mano sobre mi rodilla.
Pasaban los años y tú y yo seguíamos siendo tú y yo. Íbamos al pueblo los fines de semana y paseábamos entre los recuerdos construyendo nuestra propia historia, revolcándonos entre los restos del otoño. Riéndonos de las estrellas, y a veces llorando con ellas, intuyendo ya que la vida tenía reservado para nosotros una almendra amarga, un abismo.
Éramos demasiado iguales, Santi. Queríamos salir, queríamos comernos el mundo, viajar, volar. Y creíamos que podríamos con todo pero no pudimos. Cuando te propusieron ir a Madrid a estudiar y a mí me ofrecieron la beca para Berlín la interrogación se hizo un hueco en el aire, nos sobrevolaba en cada conversación como una nube de polvo. Maldita. El miedo nos fue calando a los dos por igual, agriando nuestras miradas, agriando el paisaje. Miedo a convertirnos en aguas estancadas, en barrizales mediocres, miedo a acabar siendo tierra seca y muerta que lo único que puede hacer es esperar la lluvia de abril. Amábamos el pueblo y a la vez nos aterraba su quietud, sus calles llenas de viejos con boina y el mismo gallo cantando cada amanecer.
Acabó el verano y ambos desaparecimos.
Entre promesas y despedidas alentadoras, desaparecimos para siempre. La ilusión por el futuro brillante que se nos brindaba pudo con todo, se lo llevó todo.
Han pasado cuarenta años y yo ya no sé dónde está el amor. Quizá se quedó a orillas del Guadalquivir, esperando a otros chiquillos despreocupados, o quizá se ha perdido en alguna carretera de Europa, intentando hacernos llegar la carta que nunca escribimos.
Para mí tampoco fue fácil. La Europa sofisticada que esperaba se mostró distante, en bastantes ocasiones hostil. El Sol pasó de amigo compañero a padre trabajador, me daba para vivir pero nunca jugaba conmigo a derramarse en mi piel como solía hacerlo. Y me resigné igual que me resigné con tu ausencia: contando el tiempo con un reloj de muñeca que nunca había llevado hasta entonces, encerrada entre nubes y edificios grandes y grises, aprovechando el bullicio estridente y hueco como excusa para enclaustrarme a estudiar durante horas. Todos los días.
Pasaron unos años y cuando empecé a trabajar ahorré algo de dinero y viajé por Navidades a España. Recuerdo el camino hasta el pueblo en el coche viejo de mi padre, recuerdo los baches y los meneos en el asiento de atrás y recuerdo que veía tu silueta en cada curva. Pregunté por ti. Me dijeron que te iba bien, que seguías en Madrid haciendo un máster y que pasarías allí las fiestas con tu grupo de amigos.
Me pasé todo el viaje de avión de vuelta llorando a lágrima viva. La señora que estaba a mi lado me preguntó y le contesté sin mirarla: “¿Por qué no he pedido su dirección?” Y aún hoy me lo pregunto más de lo que me gustaría.
Finalmente conseguí encontrar otro sitio que hacer mío en el mundo, me he rodeado de gente buena a la que quiero y que me quiere, he aprendido a disfrutar del Sol pálido, del hervor de las calles, de los mil rostros nuevos cada día.
Santiago, no me puedes pedir que vuelva…
Contigo aprendí a vivir, descubrí el mundo en tus ojos y no lo he vuelto a ver desde ningún precipicio. Santi, jamás he amado a nadie como te amé a ti. Pero no me puedes pedir que vuelva… Tú y yo ya no existimos. Somos dos viejos desconocidos, no podemos manchar nuestra historia. Por favor. No me pidas que vuelva.
Gracias por haberme enseñado cuál es el sentido de esta alegoría imposible que llaman vida.
Hasta siempre,
Sofía.
lunes, 19 de octubre de 2015 | By: Abril

Besos con sonrisa intercalada



Besos con sonrisa intercalada, testigos de miradas cómplices
Esos que ya no me das, esos que tanto me gustaban
Dulces y a la vez sazonados, lentos en su rapidez de ejecución
 
Caricias que vienen y van
Se sabe donde empiezan pero nunca donde terminan
Placer, relajación, todo fruto del poder de tus dedos

Abrazos por la espalda, de esos que no te dejan mirar atrás
Guiando tus pasos, abrigando de la fría soledad
Sin miedo a caer, sin miedo al pasado

 
Los buenos días princesa, las buenas noches con extra de besos
El principio y el final de un día de cuento sin moraleja
La grandeza de los detalles y la simplicidad de las palabras

Del "te quiero" al "te amo"
Del "quiero estar contigo" al “no puedo vivir sin ti”
Del “tu y yo” al “nosotros"
 
(Leyre Iturralde)
viernes, 11 de septiembre de 2015 | By: Abril

Siempre que te apetezca…


A veces, cuando te veo dormir
pienso en la justicia
y me viene a la cabeza la idea de grabarte
mientras duermes
por aquello de que la paz mundial se esconde
en tus bostezos
y con una sola de tus muecas o de las veces
que te rascas la nariz sin darte cuenta
podrían acabar con la guerra en cualquiera
de sus formas;
las tuyas,
son mi punto de partida,
son la combinación con la que pierdo la contraseña
de mi caja fuerte
en donde guardaba congelado.. mi corazón
hasta que llegaste tú.

Tú con tus manos calientes
curando cicatrices por todo mi cuerpo
tú con tu sonrisa tímida
por si en un descuido, te la robaba y la sacaba a bailar,
tú con tu manía de negarme los besos
solo para hacerme rabiar.

Tú contigo,
al fin de al cabo,
al principio del fin.

Porque cuando se trata de ti,
todo vuelve, nada acaba.

Voy a hacer una lista con las veces
que me callo los te quiero
para que la tengas siempre a mano
y la escuches siempre que te apetezca:


Te quiero sin saberlo un 28 de enero,
intuyo el verbo en futuro 18 días más tarde,
cuando te veo por primera vez
tras los 45 minutos de retraso más largos de toda mi vida.
Te quiero en Marzo, cuando me ves cumplir un año más de
mi historia, pero esta vez a tu lado, un perfecto nueve, en donde
siento, y presiento, que voy a querer hacerte el amor cada día
desde entonces. Te quiero por primera vez en
voz alta un 28 de Abril en donde le robé el valor al
mundo para armarme de tus besos
aunque te fueras por la puerta sin decir nada.

También te quise entonces, por extraño que parezca.

Te he querido sin saberlo, sabiéndolo, y en todas las formas
verbales que existen. Te he querido de noche, de día y a deshoras.
Te he querido de espaldas, de frente y debajo,
te he querido encima y de lado a lado
y tengo que confesarte
que donde mejor me quedas,

....es dentro.

Ahora déjame probar cómo me queda quererte

...de cerca.

Que algo me dice, que es a medida.

Déjame decírtelo todas las mañanas
cuando te despiertas y te pasas la mano por los ojos
como si no estuviera ya enamorada de tus legañas
como si no estuviera ya enamorada de tus ojeras.

Ojalá algún día consiga que te veas con mis ojos,
pero no te preocupes,
que mientras tanto, tengo la intención de no dejar
de mirarte nunca.

Ojalá algún día consiga que te escuches con mis oídos
así entenderías por qué a ciertas cosas solo sé
contestarte a besos.

Créeme, te enamorarías de ti, cada día,
si fueras yo,
y pudieses sentir lo que siento incluso...

...mientras te grabo esto.


(Mónica Gae).
domingo, 2 de agosto de 2015 | By: Abril

Bésame si me equivoco


Esta vez me toca ser quien diga las cosas bonitas, quien admita que en este juego no ha perdido nadie, que ha sido una doble victoria. Y es que te escribo esta carta para darte las gracias por eso, por nuestros momentos y porque las promesas que un día hice no las va a romper ni el tiempo ni la distancia, esto no es más que un par de promesas medio camufladas entre palabras y un intento de recordarte lo genial que puedes llegar a ser, y es que a ti te miro de un modo distinto. Que no hay otra cosa más bonita que despertar a tu lado y con tus besos. Que los despertares ya no merecen la pena si no son contigo, y sabes que me pasaría años recorriendo todas tus pecas, memorizando cada una de ellas con la punta de mis dedos. Y andar por tus labios, y dejar que nunca, nadie te haga daño. Que no soportaría ver tus lágrimas en esos ojos aunque he de admitir que tu belleza aún existe cuando estás triste. Aún sigo preguntándome si de algún modo puedes verte horrible y todavía no he encontrado ninguna solución posible. Nunca nadie había conseguido tales cosas en mi, como lo has hecho tú; yo no sabía que esto del amor fuera tan maravilloso si es compartido y es recíproco, pero ya veo que sí lo es. Tan inverosímil a veces, tan genial que tengo miedo de perderte, de que esto vuelve a ser una historia que termina como otra cualquiera, que cada uno sigue su camino y deja que el otro, se vaya, sin hacer nada al respecto, aunque algo me dice que esta vez no será igual...

Bésame si me equivoco, pero creo que esta vez es mejor que todas las demás anteriores. Esta vez las cosas van de paciencia y aguante. Brindaste por el camino conjunto y ahora ya no sé si soy yo sin ti o eres tú sin mí. Las cosas cambian y sí, nosotros también. Yo cambié y tú me recogiste después del cambio. Ahora lo único que quiero es despertar a tu lado, después de largas noches de conversación y susurrarte muy bajito que no es que no quiera estar contigo, es que no me imagino no estándolo. Maldito el día en que probé tus labios, ¿quién me ayuda a mí ahora con esta adicción? Porque yo ya no soy capaz de tenerte cerca y no desear besarte...

Ha pasado el tiempo y yo sólo prometo que algún día lo pararé y nos quedaremos a vivir en la cama.

Posdata: lo sabes de sobra pero por si acaso se me olvida, te quiero.


(Celia Otos
)

"Soy", del verbo "contigo"


Soy las palabras que vas a escuchar,
y tú los oídos con los que me sientes.

Soy un libro abierto ante tus ojos,
tú la página marcada de mi libro preferido.

Soy un calcetín en el cesto de la ropa sucia,
y tú su pareja esperando en el fondo del armario.

Soy un bosque teñido de marrón y verde,
tú la lluvia que me aviva desde el cielo azul.

Eres mi agua cuando tengo sed,
yo un desierto queriéndote beber.

Eres el amor que pude hacerte con las manos
yo las ganas de correrte la vida con poesía.

Soy quien esperó toda su vida por sentirte
tú el ángel que apareció sin alas volando raso por mi espalda.

Soy los arañazos de mi propio corazón
tú la saliva que cura con un millón de besos.

Eres el ojalá cumplido con el que sueñan las estrellas
yo un telescopio para encontrarte la constelación perdida.


[[Soy diccionario con faltas de ortografía,
una receta salada que termina siendo dulce,
la chica que no supo bajar del tren,
una película en blanco y negro por recortes de presupuesto.

y tú...

tú eres mis 27 letras del abecedario,
mi dieta preferida
el tren de donde no me quiero bajar,
la película de mi vida.]]


Somos una novela escrita en verso.
Somos manta y sofá,
palomitas con queso.
Somos un Nesquik y un Cola-cao.
Somos Finn y Jake en busca de aventuras.

Somos la mezcla perfecta:

un abrazo en Malasaña,
un paseo por Fuencarral,
un "no te vayas" en la puerta del metro,
una casi huida en la que acabamos de la mano.

Eres Madrid,
porque Madrid sin ti solo son calles.

Eres mi tiempo
y mi tiempo baila al son de tus latidos.

Eres mi mejor canción cuando te ríes,
mi devoción de no querer dejar de verte,

Eres los mejores días de mi vida.

Y serás mi vida, Madrid, serás mi vida,
pues esta vez estoy yendo, y solo tengo..

un billete de ida.

(Mónica Gae)
jueves, 5 de febrero de 2015 | By: Abril

Quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito


Cualquiera diría al verte que los catastrofistas fallaron: no era el fin del mundo lo que venía, eras tú.
Te veo venir por el pasillo como quien camina dos centímetros por encima del aire pensando que nadie le ve. Entras en mi casa -en mi vida- con las cartas y el ombligo boca arriba, con los brazos abiertos como si esta noche me ofrecieras barra libre de poesía en tu pecho, con las manos tan llenas de tanto que me haces sentir que es el mundo el que me toca y no la chica más guapa del barrio.

Te sientas y lo primero que haces es avisarme: No llevo ropa interior pero a mi piel la viste una armadura.

Te miro y te contesto: Me gustan tanto los hoy como miedo me dan los mañana.Y yo sonrío y te beso la espalda y te empaño los párpados y tu escudo termina donde terminan las protecciones: arrugado en el cubo de la basura.

Y tú sonríes y descubres el hormigueo de mi espalda y me dices que una vida sin valentía es un infinito camino de vuelta, y mi miedo se quita las bragas y se lanza a bailar con todos los semáforos en rojo.

Beso uno a uno todos los segundos que te quedas en mi cama para tener al reloj de nuestra parte;
hacemos de las despedidas media vuelta al mundo para que, aunque tardemos,  queramos volver.

Entras y sales siendo cualquiera pero por dentro eres la única. Te gusta mi libertad,  y a mí me gusta sentirme libre a tu lado; me gusta tu verdad y a ti te gusta volverte cierta a mi lado.

Tienes el pelo más bonito del mundo para colgarme de él hasta el invierno que viene; gastas unos ojos que hablan mejor que tu boca y una boca que me mira mejor que tus ojos. Guardas un despertar que alumbra las paredes antes que la propia luz del sol. Posees una risa capaz de rescatar al país
y la mirada de los que saben soñar con los ojos abiertos.

Y de repente pasa, sin esperarlo ha pasado. No te has ido y ya te echo de menos, te acabo de besar
y mi saliva se multiplica queriendo más. Cruzas la puerta y ya me relamo los dedos para guardarte.
Paseo por Madrid y te quiero conmigo en cada esquina.

Si la palabra es acción entonces ven a contarme el amor, que...quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito.

(Elvira Sastre)
miércoles, 22 de octubre de 2014 | By: Abril

Amores que matan (la pregunta)

 
Cuando hayas recibido esta carta, sé que encogerás la nariz en señal de protesta. Sí, yo de nuevo, después de un año y algo más de haber tapiado la puerta que unía nuestras casas.

No he dejado de adivinarte. No puedes leer sin tomar café, por lo que imagino una atmósfera sensual de café colombiano, quizás incluso suene Falete o la Niña Pastori de fondo… Y estás luchando con tu curiosidad y con la distancia que aún percibo como estela. Léeme. Hoy sólo léeme y juzga lo que te relato.

La historia toynbeeana me persigue, la historia como una espiral que siempre regresa un punto más arriba que la partida; pero que vuelve, infinitamente retorna, como una bailarina que se balancea y se sostiene sobre su pie diminuto, todo su cuerpo sobre sus cinco dedos atormentados, todo su peso sobre la gracia de su tobillo, toda su singularidad multicolor llorando sobre su empeine.

Te sé. Te conozco como uno conoce los recovecos de su propia guarida, sé cuál rincón de tu cuerpo me otorga más luz y en cuál de ellos pasar el calor de las tardes de verano; cuál de los mohines de tu boca, capta mejor la ligereza de mi malhumor y mi cansancio; con cuál de ellos torcerás el labio superior haciendo egoísta tu boca de ofrenda. (Sé también que mientras me lees, pasas tu mano lentamente sobre tu pelo, como si amansaras un gato inquieto).

Te intuyo. Sin necesidad que me expliques, sé por qué te refugias en el silencio: las palabras sobran. Las palabras cansan la luna de tu cuerpo claro, no quiero que existan entre ellas y tú ni un solo ruido, ni un eco que atosigue tu reserva, la paz contenida en tu afonía.

A pesar que son meses de ausencia y que cuando me nombran haces ademanes de fastidio, aún me extrañas. Quizás por eso he vuelto: por la invisible soga que me ata a tu cadera alocada, a tu cadera que se volvía golondrina. Vuelvo por tu boca también, por la boca que me dejó un día anclado a tus treguas quebrantadas, la que me acalló con una maestría que intimida y que marca.

Es tu cumpleaños. No creas que no me acuerdo. Soy el que no lo ha olvidado nunca. Pero también soy éste, el que te sigue pensando a pesar de haberme ido sin despedidas, sin decirte lo que el tiempo contigo hizo con mis días, el que cerró egoístamente la puerta entre nuestros dos mundos, el que un día decidió que todo era más íntimo de lo que esperaba y simplemente cerró el libro en el mejor capítulo, dejándolo luego en la repisa de siempre. Me odias a veces. Sin duda que sí, con tu pasión invariable, intensamente, con tu alma enardecida y traicionada, con tu ímpetu colegial que ya no le vienen a tus treinta años, con ese calor que no encuentra sosiego nunca. Pero más son los momentos en que crees amarme y por eso me continúas leyendo, ávida y fanática, arrebatada y violenta.

Regreso a quedarme, si quieres, si me aceptas, si te atreves, si tu otoño ya homenajeó suficientemente a mis manos sin flores, si la furia de tu verano chillanejo me deja. Regreso porque te amo, tontamente, furtivamente, como un trompo, bailando en el fragor de tu tierra húmeda y dejando marcas en tu cara… Regreso a festejar tus pechos de luna, a agasajar tu pubis mojado de ganas que no aflojan, a rendirle tributos a tus pies helados, a tus manos finas, a tu boca sin dueño, a la brava que desafía los oleajes más fuertes, a la constructora, a la que magulla en silencios sus rabias o las lanza como si fueran un ciclón sobre los malecones de otros… Te quiero, mi áspera, mi arisca, mi indómita, por ser la indomable en la que no remiten los fuegos, por ser la mujer que durante las largas noches de un año, no pude sacarme del alma. Te quiero: Me quedo, si me dejas…
 
miércoles, 15 de octubre de 2014 | By: Abril

Cerrar la ventana todas las veces que llueva...

 
...y quedar empapados sólo del puro placer.
Tu sudor, tu hombros, tus pecas y la cicatriz que vive al ras de tu espalda. Mis uñas, mis besos, mis versos y las groserías que te canto al oído.
No nos estamos tranquilos. No podemos ser correctos. Pero define correcto y no es más que hacer el amor con la persona indicada. Pero define indicada y en el diccionario aparece como antónimo tu nombre.
Que nos disfrute la vida mientras los dos la jodemos. Que nos observe pasar y nos tenga mucha envidia. Que se piense al encontrarnos que somos unos cabrones. Que apueste por separarnos y que termine sin nada. Que se canse de que siempre le ganemos las jugadas. Y que no le quede de otra que dejarnos agotados, medio rotos, despeinados, pegajosos, alterados, excitados, como locos, y queriendo.
Aduéñate, sí, de todos sus pensamientos, luego de su corazón, y el cuerpo entero trabajará por sí solo. El amor es la historia de todos nuestros rincones: la casa de los amantes, las bragas de los cajones, la cama de los hoteles, algunas habitaciones, la regadera del baño, la última parte del cine, el auto fuera del bar, el árbol más escondido. Nuestras huellas dactilares se quedarán para siempre en la lista de lugares que ni locos nos perdimos.
Tendrás mi mano acariciando la tuya aunque no la sientas cerca y mis ojos cuidando tu camino aunque tú no puedas verlos. Estaré ahí. Estaremos juntos incluso cuando no estemos. Cuando beses otros labios y te laves la boca. Cuando yo diga “te quiero” y al instante sienta náuseas. Cuando ya no seas antónimo. Cuando por fin, sin notarlo, podamos ser correctos al lado de otras personas.
 
domingo, 29 de junio de 2014 | By: Abril

Me gustaría...


Me hallo buscándote en cada rincón de mi cama sin poder conciliar el sueño, dando vueltas en el colchón, abrazando la almohada, arañando las sábanas, maldiciendo cada minuto que pasa y que tú no estás aquí, acompañándome esta noche. Cierro los ojos con la esperanza de verte en mis sueños y los vuelvo a abrir esperando encontrarte en mi realidad.

Me gustaría ser esa claridad que entra por tu ventana para despertarte cada mañana y esos últimos rayos de luz para despedirte en cada atardecer.
Me gustaría ser tu mesilla de noche para ver cómo te sumerges en el mundo de los sueños.
Me gustaría ser tu sábana para arroparte en cada madrugada fría.
Me gustaría ser tu espejo para convencerte de todo aquello en lo que dudes.
Me gustaría ser tu perfume para investigar cada uno de los poros de tu piel.
Me gustaría ser tu peine para enredarme en tu pelo.
Me gustaría ser tu colchón para que descansaras en mí todo el peso del día y me gustaría ser tu almohada para aconsejarte en todos tus pensamientos.

Pero por desgracia, ni soy esa claridad, ni esos rayos, ni tu mesilla de noche, ni tu sábana, ni tu espejo, ni tu colchón, ni tu almohada, sólo soy alguien que  te espera en su cama todas las noches en vela con la esperanza de que en una de esas, aparezcas.

(NGR)
sábado, 15 de marzo de 2014 | By: Abril

Curvo


Señorita, ¿me concede este beso?Sólo quiero restregarme contra usted un par de veces por semana durante diez o doce meses a lo sumo, prometo no molestarla más, no inmiscuirme en sus asuntos, como mucho la llamaré un par de veces de madrugada, hurtando sus ojos al sueño, para decirle cuánto la amo y cómo la echo de menos, por lo demás no se preocupe, de las noches en que no nos veamos, prometo suicidarme sólo la mitad de ellas, la otra mitad estaré tranquilo.
Miraré sereno cómo la tarde plomiza se posa sobre la ciudad, veré los coches ladrar furiosos sobre el asfalto, buscaré sus facciones en las caras anónimas que pululan por el centro y ellos me tomarán por un estúpido al ver mi sonrisa (de estúpido) no se preocupe por mí, ya le digo, estaré bien, entraré en uno de esos restaurantes del centro y pediré una ración de pulpo y una botella de vino tinto, el camarero también me tomará por estúpido cuando vea mi cara de felicidad al hincarle el diente al cefalópodo, el camarero sonreirá, le digo, porque ignora el pobre que como pulpo porque yo también quiero ser pulpo, señorita, yo también quiero ser pulpo, para acariciarla a usted y abrazarla con mis tentaculitos, y poseerla con ellos, y después me sentaría al piano y le tocaría jazz como sólo los pulpos pueden tocarlo, porque, ¿sabe, señorita?, si yo fuese pulpo aprendería a tocar el piano sólo por complacerla, pero el camarero no lo entiende, y me mira y sonríe cuando yo rebusco entre las patatas los tentáculos para saber si son tentáculos de pianista, y pienso en los momentos de felicidad y pasión que pudo tener, y le recito las palabras del poeta: pulpo será, mas ¿pulpo enamorado?, y al final suele ocurrir que me entristezco por ese pobre pianista a la gallega, con su anárquica melodía emergiendo entre las patatas y el pimentón, y me bebo el vino y me voy del restaurante, y vago un rato por las calles, pero ya ve, señorita, que no soy peligroso en esas noches, no lo soy porque aún llevaré pegado al cuello el aroma de usted desde la noche anterior, los pulpos somos muy tranquilos, aunque debo confesarle, señorita, que otra cosa será al día siguiente, en esos días enloquezco desde la mañana, ser pulpo me deja una resaca espantosa, noto un demonio dentro de mí, y consigo aplacarlo al principio, con mucho esfuerzo lo mantengo a raya, pero latente, crece, se alimenta de los restos del pulpo, y va ganando terreno poco a poco, hasta que, cuando empieza a caer la tarde ya no puedo contenerlo, sale de mí y me esclaviza, me fustiga, me hace odiarla a usted y odiarme a mí mismo por odiarla y odiar al pulpo por amarla, y empiezo a arrastrarme y se me hiela el corazón y soy una víbora, y salgo a la calle y repto por la ciudad, y no la busco a usted, porque la odio, ya se lo he dicho, la odio, porque miro a los ojos del demonio que me sodomiza y veo su mirada limpia, y creo que usted me odia por ser una víbora, pero luego pienso que simplemente le soy indiferente, le doy exactamente igual, y eso me horroriza aún más, ser una víbora indiferente, porque puedo comprender su odio, ya que su cuerpo no está hecho para ser tocado por una víbora, pero su indiferencia me hiere, y lo que haré, señorita, será buscar consuelo en el hombro del demonio, que me hará beber mil y un whiskies para engañarme, porque sus labios, señorita, lo sé, tienen el regusto amargo del whisky, y en mitad de la noche, con mis escamas de whisky y mis colmillos de odio, el diablo me acompañará hasta la calle de las putas y allí me dejará cómo una presa fácil, y, lo siento, señorita, buscaré sus labios entre los labios de las putas para inyectarles mi veneno, si es que aún tengo veneno, pobre viborilla de madrugada, y por un instante creeré haberla hallado a usted, cuando en realidad son mis colmillos los que hieden a whisky, no los labios de las putas, y mi corazón de sangre fría volverá a arrastrarse por la calle, ya ve, señorita, eso será todo lo que haré el tiempo que no pase con usted, quizá no sea muy ortodoxo, quizá espera usted algo más, lo comprendo, pero piense que yo la necesito para no perder la cabeza, porque yo la amo, y por eso, concédame usted este beso, por favor.

Bruno García

(Carta de Gabriel Rodríguez, ganadora de la II Edición del certamen de cartas de amor Antonio Villalba, organizado por la Escuela de Escritores).
martes, 11 de febrero de 2014 | By: Abril

La Loba



LOBO(A) Canis lupus signatus: Nombre común de diversos mamíferos carnívoros cánidos de pelaje gris oscuro cabeza aguda orejas tiesas mandíbula fuerte y cola larga con mucho pelo.
La Loba (famosa por las Chicas del Can), la sinvergüenza, la de cascos ligeros, la depredadora, indomable, malquerida por esposas, temida por novias y bien recibida entre hombres que como tú, que buscan un escape a la monotonía del trillado misionero.

Te cuento que si la gente se sentara a hablar con las señoritas licántropas entenderían que en muchas ocasiones no somos nosotras las malas de la partida. Nosotras también sentimos; bajo nuestro “pelaje oscuro y pardo” hay mucho más que ninfomanía e indiferencia. Las lobas también somos capaces de amar. Y me incluyo en la categoría porque sin pena y con mucha gloria he desempeñado el rol de aquella carnívora insaciable que espera la noche para desplegar mis garras sobre tu espalda.
Contigo hice muchas cosas, conocí lo hermoso de nuestra carrera. Me llenaste de infinita paciencia, me fortalecí, deje de fumar, le agarre un gustico al eugenol que ni te imaginas y sobre todo tuve que aprender a vivir cada momento contigo como si fuera el único que tuviera.

Perfeccioné infinitas artes amatorias y aprendí cosas que no le enseñan a ninguna niña de casa, memoricé tu cuerpo, tus lunares y me hice veterana en tus indecencias favoritas solo para conservar tu devoción esporádica… Solo para poder tenerte un ratito más a mi lado y disminuirme un poco la inminencia de tu partida.

Aun con la inocencia en el corazón construí demasiadas ilusiones, viajes juntos a la playa y  cenas románticas con desayunos incluidos, tardes de lluvia juntos y besos interminables; me inventé encuentros y una que otra fantasía de tu agrado, cada minuto era incomparable al anterior: Me propuse ser la Novia perfecta, aquella que pudieras pavonear delante de tus amigos y de la cual sentirte orgulloso, la mejor amiga de tu secretaria (POR SI ACASO), la ama de casa (aunque no supiera cocinar), la nuera perfecta, la cuñada predilecta, la dama y la puta, todo en el mismo paquete. Pensé que era cuestión de tiempo.

Pero el tiempo pasaba y empecé a intuir con mi instinto de loba que algo estaba cambiando, ya no me mirabas a los ojos, no nos veíamos con frecuencia, el vacío que existía fue ocupado por un muro de Berlín imposible de escalar el cual desaparecía cuando nos revolcamos juntos en la cama: siempre te sobró la pasión pero nunca la palabras. Las palabras las espantas como moscas inútiles pegajosas indeseadas, y la realidad como siempre llega a mi vereda, sin tu intervención, sin derecho a mis excusas sin derecho a tus explicaciones, sin derecho a nada!

Tras años de auto castigo e hipocresía ya no me quedan dudas; siempre al margen de tu vida sin poder obtener pasaporte de entrada descubrí que soy una loba de mandíbula fuerte. La transición fue dolorosa y sin lugar para delicadezas, fue como arrancar a milímetros una curita bien adherida a la piel, como el sabor avinagrado de un jugo rancio en la boca, como abrazar una bola de alambre de púas, como la Naranja Mecánica de Stanley Kubrick: caer de un piso 4 y sobrevivir para contar la historia.

Todos los días te amé, no solo los de luna llena y sexo.
Te amé con mis dientes afilados, con mi hocico y mi nariz húmeda, con mi pelaje gris y hasta con el disfraz de colegiala que sé que te vuelve loco.
Te amé para quedarme contigo después del sexo interminable.
Te amé en futuro y en pasado pretérito, sin esperar momentos precisos ni oportunidades.
Te amé justo como eres, con todos tus triunfos y tus imperfecciones.
Te amé como solo las lobas sabemos amar: sin ataduras, con descaro, apasionadamente y de manera insaciable.

 Te amé con ronquidos incluidos (aunque no me dejaran dormir), te amé con tus fantasías perversas y aunque amarte significara mi desdicha y mi muerte interior.

¿Qué hacen las Lobas cuando se descubren enamoradas?, sangrar por la herida recien abierta, despedazar y volver añicos ese sentimiento, eventualmente deja de doler aunque se muera una en el frenesí de violencia auto infligida.

¿Dime dónde escondemos la vergüenza que se siente cuando el engaño se tropieza de frente con la ilusión moribunda? ¿Dime cómo acompañamos hasta el cementerio de lo intangible el cadáver del sueño mientras calzamos stiletos y la boca pintada de rojo?. Finalmente el amor muere famélico y olvidado. No existe dolor más grande que ir matando una a una las ilusiones, desmembrarlas y esconder los huesos en el lado más oscuro e infértil de la mente… Sueño y amo como una Loba.

(Rommie Merino)
viernes, 10 de enero de 2014 | By: Abril

Me encantaría...


Me encantaría ser capaz de escribir a través de mi puño, a través de mi letra, unos renglones torcidos robados al cielo del suelo por el que pisas...Beberme los labios que se hundieron en tu copa y hacerle una oda al regalo que el Jack Daniel´s nos hizo aquella noche.

Me encantaría quedarme ronca de gritar lo que siento, que es tanto que deja reducido un "te quiero", a la vergüenza y a los miedos que hicimos desaparecer sobre los muelles de aquel colchón.

Me encantaría hacer de tus abrazos mis sábanas, porque yo no sé de guerras, ni de luchas, solo sé que la que tenía contra mí misma, la han ganado ellos. Solo sé que lo que creía derrota, ahora juraría, que se ha convertido en victoria. Solo sé que soy demasiado joven como para afirmar que algo es remoto, pero siento que he vivido lo suficiente, como para atreverme a decir "para siempre" cuando de ti se trata.

ADVERTISEMENT
Me encantaría volver a sentarme en tu arena, a tomar de tu sol, a bañarme en tu mar, a jugar con tus olas. No temo hundirme o quedarme ciega. Hace mucho que dejé de pensar que el cielo está demasiado alto como para lograr alcanzar las nubes.

Me encantaría dejar sordo con mi risa a todo aquel que se atreva a retar la verdad, juzgándonos por no ser un libro abierto. Porque nosotros sobrepasamos cualquier expectativa, pero no vivimos para ellos. Nosotros somos de los grandes, de los auténticos, de ésos que sienten mucho pero hablan poco, de ésos que jamás se cansarán y dirán basta, de ésos que no hacen de lo especial algo vulgar de tanto gastarlo. Somos de ésos que no son de ésos ni de ningún otro. Nosotros somos nuestros y de nadie más.

(Alejandra López)