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martes, 6 de septiembre de 2022 | By: Magdala

Día número 203



Mis parpados se abren y mis pupilas se dilatan, no es la tenue luz que traspasa la ventana, es un brillo incandescente que se refleja en unos gigantescos y despistados ojos color miel, advierto, no es que sea una muchacha encantadora, solo es el brillo de sus ojos el que se ha robado mi mirada; ella, lleva una chaqueta gris con un gorro lanudo que contrasta perfectamente con el frío acogedor del páramo de Sonsón, pero su baja estatura hace que pase desapercibida por todo el recinto de clase.

Ella menea sus perfectas caderas buscando el lugar indicado para posarse y mientras se pasea por el recinto le observo con atención sin que ella note la desesperación de mis ojos.

Es inevitable no dejar de observar detalladamente cada una de sus acciones, puedo ver como escucha, como observa, como abre su mandíbula para arrojar de su bella boca delgada, versos y palabras que se pierden en el espacio, puedo ver como se abren y se cierran sus parpados en cámara lenta, puedo contar sus pestañas y hasta ver su respiración.

Sus cabellos castaños no muy largos cuelgan desordenados y es el momento de admitir que desordenó todo en mí.

Es sábado, el día número 203 del año 2017, para ser un poco más exactos 22 de julio; las horas pasan y sin quererlo el día gira alrededor de ella; sigo viéndola, una, dos, tres veces, es extraño, mis ojos no se cansan de mirarla.

Son las 7 P.m. y el día culmina sin dirigirnos una sola palabra. Me voy a casa, intento improvisar verdades, pensar en realidades y sin quererlo una imagen de aquella mujer se forma en mi mente, pienso inconsciente: creo que el asunto se está complicando, ¿en verdad busco a alguien que me complemente la existencia? Es quizás lo que busco. No sé si ese complemento se encuentre en el brillo de esos ojos, tal vez en su resplandeciente sonrisa o en sus cabellos desordenados, aunque no sé si estoy preparado para estas pendejadas del amor, creo que ella tiene ese complemento que llena mi existencia.

Considero que para comprender el amor primero debo conectar cuerpo y alma y corazón y mente, esto me hace recordar la teoría de Ferdinand de Saussure, donde define al signo como una entidad psíquica de dos caras, la imagen acústica y el concepto, dos elementos íntimamente ligados que se requieren mutuamente. Es así mismo como se comprende el amor, ligando cuerpo – alma y compenetrando emociones con realidades.

Siempre he sido consciente de que el amor es un elemento esencial en la composición de todo ser humano, pero nunca llegué a dimensionar la grandeza de esta palabra, una palabra llena de significados, sensaciones, emociones, una palabra tan grande que se resume en algo tan sencillo, ella.

Ella, que sin querer llegó iluminando ese día con sus ojos y su sonrisa, ella que sin querer llegó llenando el vacío con su energía, ella, que tenía que llegar justo ese día número 203 para complementar mi vida…

Oscar Hurtado López del Blog Escribir con el alma 

:)
domingo, 15 de enero de 2017 | By: Abril

Boceto para una carta



How to Create Animated Cinemagraphs

Me gustaría estar contigo cuando estás sola y ser parte de ti cuando eres tú misma. Que mi voz pudiera repetir las palabras ocultas que susurra tu ropa, cuando te acomodas en un café, en el asiento que espía tus rutinas y tu esfuerzo, o cuando haces tu nido en el sofá de tu casa, como un hushky en la nieve, y entonces tu vestido, tu impecable traje de cinco días por semana, le cede el privilegio de cubrirte a tu viejo jersey favorito. Que mi voz pudiera repetir las palabras ocultas que susurra la tela, cuando roza tu piel y abre sus fibras al paso de tus hombros, y se deja caer como cortinas desde una estatua, como pañuelo de seda en el suelo de la tarde, sobre tus senos.

Me gustaría poder atrapar esos versos de voces sutiles y atesorarlos en mi memoria. Que de improviso me llegara una brisa desde la acogedora y latente cueva de tu pecho, cuando te dejaras caer en la cama, rendida, pero triunfante, otro día más, otros retos, alguna asignatura adelantada, y con los ojos abiertos exhalaras prolongadamente, dejando escapar el tedio de tus pulmones, dejando entrar la satisfacción en las habitaciones de tu alma.

Me gustaría ser un lecho de plumas extraviadas, de aves sin dueño, de jaulas profanadas, y velar tu sueño envolviendo tu desnudez con el calor de mis verdades aún no confesadas. Porque nos iremos diciendo las cosas con el tiempo, aunque hayan ido antes viniendo como hojas traídas por el viento.

Me gustaría, mucho, poder estar contigo justo cuando creyeras estar a solas, en ese espacio tuyo, poder sin estar ahí compartirlo. Percibirte cuando no hay idiomas ni puentes, cuando eres tan sólo tú, contigo, satisfecha, contemplativa, tranquila, o reflexiva, y no es necesario traducir sensaciones en palabras, ni cruzar desde una orilla a otra, desde emociones e ideas de tu mundo a las de otro, ni aunque sea el mío.

Me gustaría tanto poder ser un trozo tuyo, un instante propio de tu tiempo, un latido, un pensamiento desechado, un sentimiento apenas intuido, una pieza del engranaje de tu día a día, ser el espejo cuando en él te miras y te gustas en lo que no puedes ver, ser el brillo de tus ojos en tu mejor sonrisa de la jornada, la sangre cansada de tus pies, las fugaces brasas entre tus manos cuando las frotas para ahuyentar el frío, los senderos de tu cuerpo por los que resbalan el agua y la canción privada que destrozas en la ducha.

Me gustaría, más que cualquier otra cosa, habitar en ti, exiliarme en tu patria, y cuando regresaran mi piel y mi mirada serena a tu lado, tuvieras la extraña pero diáfana sensación de que nunca me hubiese ido antes.

Apenas tendríamos motivos para contarnos nuestras cosas, pues habríamos sido testigos desde las plateas más insospechadas, y aún así nos recrearíamos con placer en ello, por religar (porque tú serás mi religión, niña, y tu cuerpo mi templo) y reanudar los lazos.

Cómo me gustaría sentirte así, sin el más mínimo disfraz, sin el menor vestido. Y acaso al estar contigo, aún en la distancia, oirte decir sin hablar que también me has sentido.

(Sergi Bellver)

Conocerte



Hay demasiadas cosas que aún tengo que conocer de ti, detalles como por ejemplo si eres de los que miran con nostalgia por la ventana del autobús o si eres de esos que analizan a cada persona que entra. Si de vez en cuando juegas a mi rompecabezas de intentar averiguar cuales son las penas que acarrea cada cuerpo; de dónde vendrán, si ellos también están enamorados o si lo estarán algún día. Puede que incluso acaben prendados de tu sonrisa, pero esperemos que no, porque yo quiero ser la ocupa de tus labios por mucho tiempo.
Me gustaría saber si también caes en la tentación de tararear tu canción favorita cuando suena en la radio, o si algún día podría ser el motivo por el cual tengas dos pies derechos, y no puedas levantarte ninguna mañana con el izquierdo.
Hay tantas cosas que ahogan mi cabeza que, por un momento, quisiera escribirlas en una lista como quien escribe la lista de la compra. Pero sé que eso no es posible porque si algo he conocido de ti es que tienes una letra inteligible y que jamás te descubrirías tras tu máscara de corazón fuerte.
Pero algún día lo harás porque no se puede besar con los labios cubiertos, igual que no se puede querer a un corazón que esta a oscuras. Pero qué te voy a decir a ti, con la de damas que se han roto la falda por intentar rozar un mínimo de tu mejilla, qué te voy a decir si eres el caballero que aparece para convertir cada momento en fantasía y luego desapareces, tal y como dicta tu guión. Porque eres como un sueño, pero aún así siempre serás ese chico que se acomoda en la esquina del bar y que nunca tiene la copa vacía.
Quiero conocerte, saber de ti y que, una noche cualquiera vayamos al bar de siempre y se te olvide que solías pedir un tiro largo de Jack, porque estés tan ocupado intentando conocerme que todo se desvanece a tu alrededor.
De momento, voy a limitarme a sonreírte porque se te ve muy solo en esa esquina del bar. Quién sabe si cuando vayas a pedir la cuenta, la camarera con su falda tan corta te invita a otro trago más; o quién sabe si me acerco, te susurro todo esto y nos tomamos juntos la siguiente.
Porque hasta ahora sólo he jugado a intentar saber cómo eres, ahora es el turno de conocerte.

(Loreto Sesma)
 
domingo, 2 de agosto de 2015 | By: Abril

"Soy", del verbo "contigo"


Soy las palabras que vas a escuchar,
y tú los oídos con los que me sientes.

Soy un libro abierto ante tus ojos,
tú la página marcada de mi libro preferido.

Soy un calcetín en el cesto de la ropa sucia,
y tú su pareja esperando en el fondo del armario.

Soy un bosque teñido de marrón y verde,
tú la lluvia que me aviva desde el cielo azul.

Eres mi agua cuando tengo sed,
yo un desierto queriéndote beber.

Eres el amor que pude hacerte con las manos
yo las ganas de correrte la vida con poesía.

Soy quien esperó toda su vida por sentirte
tú el ángel que apareció sin alas volando raso por mi espalda.

Soy los arañazos de mi propio corazón
tú la saliva que cura con un millón de besos.

Eres el ojalá cumplido con el que sueñan las estrellas
yo un telescopio para encontrarte la constelación perdida.


[[Soy diccionario con faltas de ortografía,
una receta salada que termina siendo dulce,
la chica que no supo bajar del tren,
una película en blanco y negro por recortes de presupuesto.

y tú...

tú eres mis 27 letras del abecedario,
mi dieta preferida
el tren de donde no me quiero bajar,
la película de mi vida.]]


Somos una novela escrita en verso.
Somos manta y sofá,
palomitas con queso.
Somos un Nesquik y un Cola-cao.
Somos Finn y Jake en busca de aventuras.

Somos la mezcla perfecta:

un abrazo en Malasaña,
un paseo por Fuencarral,
un "no te vayas" en la puerta del metro,
una casi huida en la que acabamos de la mano.

Eres Madrid,
porque Madrid sin ti solo son calles.

Eres mi tiempo
y mi tiempo baila al son de tus latidos.

Eres mi mejor canción cuando te ríes,
mi devoción de no querer dejar de verte,

Eres los mejores días de mi vida.

Y serás mi vida, Madrid, serás mi vida,
pues esta vez estoy yendo, y solo tengo..

un billete de ida.

(Mónica Gae)
jueves, 5 de febrero de 2015 | By: Abril

Quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito


Cualquiera diría al verte que los catastrofistas fallaron: no era el fin del mundo lo que venía, eras tú.
Te veo venir por el pasillo como quien camina dos centímetros por encima del aire pensando que nadie le ve. Entras en mi casa -en mi vida- con las cartas y el ombligo boca arriba, con los brazos abiertos como si esta noche me ofrecieras barra libre de poesía en tu pecho, con las manos tan llenas de tanto que me haces sentir que es el mundo el que me toca y no la chica más guapa del barrio.

Te sientas y lo primero que haces es avisarme: No llevo ropa interior pero a mi piel la viste una armadura.

Te miro y te contesto: Me gustan tanto los hoy como miedo me dan los mañana.Y yo sonrío y te beso la espalda y te empaño los párpados y tu escudo termina donde terminan las protecciones: arrugado en el cubo de la basura.

Y tú sonríes y descubres el hormigueo de mi espalda y me dices que una vida sin valentía es un infinito camino de vuelta, y mi miedo se quita las bragas y se lanza a bailar con todos los semáforos en rojo.

Beso uno a uno todos los segundos que te quedas en mi cama para tener al reloj de nuestra parte;
hacemos de las despedidas media vuelta al mundo para que, aunque tardemos,  queramos volver.

Entras y sales siendo cualquiera pero por dentro eres la única. Te gusta mi libertad,  y a mí me gusta sentirme libre a tu lado; me gusta tu verdad y a ti te gusta volverte cierta a mi lado.

Tienes el pelo más bonito del mundo para colgarme de él hasta el invierno que viene; gastas unos ojos que hablan mejor que tu boca y una boca que me mira mejor que tus ojos. Guardas un despertar que alumbra las paredes antes que la propia luz del sol. Posees una risa capaz de rescatar al país
y la mirada de los que saben soñar con los ojos abiertos.

Y de repente pasa, sin esperarlo ha pasado. No te has ido y ya te echo de menos, te acabo de besar
y mi saliva se multiplica queriendo más. Cruzas la puerta y ya me relamo los dedos para guardarte.
Paseo por Madrid y te quiero conmigo en cada esquina.

Si la palabra es acción entonces ven a contarme el amor, que...quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito.

(Elvira Sastre)
domingo, 15 de diciembre de 2013 | By: Abril

“¿En qué piensas?”

 
Hoy me animo a decirte lo que hace rato me vienes preguntando… “¿En qué piensas?”. Me lo dices cada vez que callo mientras cenamos, me lo dices cada vez que caigo en el silencio de mis pensamientos con la mirada fija en tus ojos, en tu rostro, en tus labios… me lo dices cada vez que te estoy pensando. Es que tienes un poder sobre mí que me hipnotiza con cada uno de tus movimientos. 
 
Hace poco que nos conocemos y la intensidad que tiene el avance de nuestra relación me sorprende. Tanto nos entendemos, tanto nos electrizamos con cada encuentro, que a veces tengo la sensación de que me cuesta hasta respirar. Me encanta, lo absorbo en cada detalle y lo disfruto pensando que quizás lo estoy soñando y que pronto puede terminar. Me invade una melancolía que intento no mostrarte, sólo quiero disfrutarte.
 
Cada vez que me lo preguntas me sonrojo, es que no puedo evitarlo. Generalmente me lo preguntas en el momento justo en el que me encuentro pensándote a ti, en tus modos, en tu perfecto rostro y esa mirada que me vuelve loca y me llena de emoción a la vez. Me da miedo pensar en lo rápido que va todo y a veces mi autoestima me juega malas pasadas: me cuesta creer lo conectados que estamos en esos momentos donde las miradas lo dicen todo.
 
Pienso en lo increíble de la situación en la que nos encontramos, en que no puedo sentirme más afortunada al encontrarme de pura casualidad con quien siento es el amor de mi vida y me corresponde, en nuestros miedos compartidos y nuestro pasado que nos atormenta a cada uno por su lado, pero que gracias a lo que tenemos juntos sentimos que podremos superarlo todo.
 
Pienso en lo bello que tenemos y que no podemos dejarlo pasar, pienso en tus ojos mirándome con fuego cuando me quieres hacer el amor y en tu boca pronunciando las palabras más dulces del mundo en ese momento justo. Pienso que lo nuestro no es azar sino destino. Pienso que me estoy enamorando…

sábado, 29 de junio de 2013 | By: Abril

Déjame...


Déjame recoger las lágrimas densas que esparciste por el campo. Yo puedo represarlas en un lago muerto y nadar en él la noche larga que encierro en mi cabeza, volvernos amarillos y salados, musitarnos en secreto muy despacio nuestro amor, casi ronroneado, casi enmudeciendo. Contigo, a nuestras anchas.

Déjame perderme en tu pasto y roer en tu basura los huesos ilegales exhumados a tu ánima maldita. Yo puedo ensamblarlos a los míos, fabricarme alas y volar para alcanzarte. Para nunca más volver

Déjame respirar el polvo que orbita cerca tuyo. Yo puedo reunirlo en un planeta y fundar universos nuevos y en ellos descuartizarnos en amores furibundos y atorrantes, compelernos a expulsar el óxigeno del cuerpo y petrificarnos sempiternos, levitando en el espacio abundante.

Déjame absorber de tus ojos tus colores y teñirme de tu sangre, contagiarme con tu rabia y acabarme

(Rojosangre)
domingo, 23 de junio de 2013 | By: Abril

Por si regresas...


Saliste tan deprisa esa mañana, dejaste tantas cosas importantes olvidadas...
Las fui recogiendo una a una por si un día decides regresar.
Algunas las atesore en el relicario de mi corazón.
Tome con cuidado las dos lágrimas, esas que se escaparon de tus
ojos, el día que nos fundimos en cuerpo y alma. Colgué tu
sonrisa a la entrada de la casa, con ella quiero iluminar mis días de nostalgia.
Olvidaste también tu mirada de niño sorprendido, mirando la luna, las estrellas y el rosal amarillo cuando era acariciado por mariposas multicolores.
También encontré varias piedras, esas no quise conservarlas, las lleve hasta el río y deje que se durmieran mansas.
Aún no te he contado donde encontré tus pertenencias, fue en el camino de piedra, el que custodian los álamos. Fue justo esta mañana…

Cielo nublado
un rebaño de ovejas
malvones rojos.

Amigo,es un regalo para ti.

(Shosha)
lunes, 20 de mayo de 2013 | By: Abril

Sala de agudos


Querido Ramón:

Encerrada en un pequeño cubículo me dispongo a escribirte una carta porque si este inofensivo lapicero cayera en las manos del paciente equivocado, alguien podría terminar en la “emergencia cuerda” con un ojo vaciado o una traqueotomía innecesaria. Me desconsuela pensar que apenas comienzo el octavo semestre y que para ti, mis historias de estudiante perturbada sean una etapa hace mucho tiempo superada.

Lucía, la jefa de enfermeras, no me permite llevar el estetoscopio colgado del cuello temiendo que tras el menor descuido, me convierta en la primera bachiller estrangulada de la sala. Ni hablar de los celulares, nada que suene, vibre o emita luz es bienvenido aquí, así que recurro a esta forma obsoleta y aprovechando que los récipes ya están habituados a los garabatos, para decirte cuánto te extraño, Ramón. Tú tan serio, tan resoluto, con tu devoción y encanto de impecable galeno, obligas a que mi amor vaya in crescendo hasta rebasarme y abandonarme, dependiente e insensata cual serpiente enrollada a la vara de Esculapio.

Tuve que esconder los bombones que me regalaste el catorce. Ya sabes que el azúcar altera terriblemente la personalidad y no quisiera desatar un episodio psicótico en cadena por causa de un inocente chocolatín. Pues sí, Ramón, no soy tan orgullosa y recogí la caja de la basura después de echarte de mi casa tan desbaratado como la docena de rosas. Perdóname cariño, tu condenada ética otra vez logró sacarme de quicio, tú tan profesional y yo tan incomprensiva que aún sigo molesta porque fuiste incapaz de cambiar la guardia y preferiste ir a dejar el pellejo al hospital a quedarte conmigo, y disfrutar la velada romántica que preparé para el día de los enamorados.

Si te he dicho que a menudo me siento desamparada y culpable, me temo que este lugar no mejorará en nada mi situación. Es otro planeta. No puedes mirar a nadie directamente a los ojos y el ambiente pasa de taciturno a monstruoso en un santiamén. Los seres idos visten batas traslúcidas y no llevan ropa interior, qué siniestro… y qué desafortunados son. Un hombre de rodillas asiente con la cabeza mientras su alucinación le profiere mandatos diabólicos, un alcohólico con delírium trémens grita en falsete y una señora obesa se ríe eufórica y estrepitosamente. Con tanto ruido apenas puedo oír las indicaciones del interno.

Pero nada tan triste, amor mío, como la chica que ingresó ayer. Su mirada resignada perdió todo brillo bajo el efecto de los neurolépticos. Es una joven hermosa y espigada que lleva el brazo inmovilizado con un cabestrillo y éste a su vez se encuentra atado firmemente a la espalda.  La extremidad no la obedece y si lograra zafarse se iría por encima de su cabeza y la golpearía hasta dejarla sin sentido. Según reporta un familiar, el síndrome de la mano extraña se manifestó cuando ella se sacó del anular un precioso solitario que su novio arrepentido le pidió de vuelta. Mira en lo que puede terminar una pasión mal llevada. No como el sentimiento que tú y yo compartimos, que resiste noblemente, sosegado e invariable. Ya sé, el mérito es todo tuyo pues con inteligencia y buen juicio sabes mantener en calma mi naturaleza un poco histérica y demandante.

En los cuatro años que tengo estudiando medicina, ningún caso me había consternado tanto. Siempre logré abstraerme de las tragedias ajenas, pero aquí, en la emergencia psiquiátrica, me puse a llorar como quien no quiere consuelo, con rabia e impotencia y es que no puedo entender cómo un súbito desequilibrio químico le arrancó de cuajo la razón a esa muchacha, tan absurda y caprichosamente.
Pasé muy mala noche, amanecí con la cara apretada y pegajosa producto de una pesadilla que no puedo recordar; mi fealdad se ha hecho totalmente inmune al maquillaje, por eso te pido un poco de paciencia. De algo estoy segura, la especialidad en psiquiatría queda absolutamente descartada. Si reúnes valor para lidiar con dementes, allá tú. El cansancio me vence, ansío tanto tus besos y arrumacos de amoroso caballero como un sueño profundo y reparador.

Me robaré un par de pastillas cuando Lucía se distraiga. No es la primera vez que lo hago, creo que los verdaderos milagros existen (bien encapsulados) gracias a la industria farmacéutica. Te prometo que el próximo domingo estaré perfecta y radiante sólo para ir a tu encuentro, oliendo a Coco Mademoiselle y usando el vestido primaveral que tanto te gusta.

Me despido, Ramón, porque notarán mi ausencia en la revista matutina. Antes, entraré un momento al baño para devorar el clandestino bombón que conservo oculto en el retrete, un diminuto bocado que me recuerda el delicioso sabor de nuestro idilio. ¡Ah! y no creas que la pésima caligrafía hace parte de mis precoces ínfulas de médico pero forzosamente tengo que escribir con la zurda hasta que me quiten el cabestrillo.

María A.

(Karen Zambrano)
lunes, 18 de marzo de 2013 | By: Abril

Nuestro primer encuentro


El destino se mostró bellísimo en tu sonrisa, y me invitó a un paseo inesperado en los andenes milagrosos de tu mirada.

Me quedé suspendida en los cientos de ¿por qué? que invadieron mis razones confusas, me quedé acariciando tus palabras con pensamientos ocultos mientras jugabas con tus manos deshojando caricias que deseaba para mí...

El tiempo se me fue volviendo cómplice, tu imagen se volvió la sombra blanca de los deseos que fueron anidando tu nombre en mis silencios, te fuiste convirtiendo en un instante de alegrías, fuiste tejiendo la magia entre suspiros, consumiendo las palabras que nacían como fuego sin arder en los oídos...

Te convertiste en un cofre de pequeñas sorpresas que hicieron renacer mi vida pintando la ilusión con alas de esperanza, borraste con tus ocurrencias la tristeza de mi rostro, implantaste en mi memoria el chip del olvido, dejando sepultada la causa de mí desaliento, en aquel instante simple y especial la quietud del alma se volvió torbellino incansable que hizo florecer la ternura que ya dormía sin tregua en mi cuerpo...

Nuestras risas se encontraron en un perfecto camino de historias compartidas, la luz de las miradas se unificaron eternas, aunque aquella magia duró solo unas horas. El universo dejó de girar, en aquel instante te volviste el eje de mi mundo, nada importaba, te volviste mi héroe de cuentos de hadas, me rescataste de la rutina para situarme como la princesa de la historia en una maravillosa burbuja de cristal... Fuiste mi héroe sin saberlo...

Me regalabas tu sonrisa más bella y quitaste de inmediato la mía tan triste. Caminamos un tiempo en sentido contrario, dejando nuestras almas entrelazadas, el adiós no fue definitivo, no, porque te quedaste con mi corazón y yo con el tuyo... En nuestra siguiente cita todo fue diferente y así sigue siendo, unidos, ojala que no acabe nunca.

Es maravilloso amar, si, "mi amor tardío" pero inmenso. Gracias por devolverme a una vida llena de sentimientos. Te amo.

(Marisi)
miércoles, 20 de febrero de 2013 | By: Abril

Querido Andrés:



Cualquier día te escribo una carta.

Te escribo una carta y te saco los colores. Cualquier día te pongo en unas hojas algunas de las cosas que me haces sentir. Cualquier día.

Te escribo una carta y te digo que me haces feliz. No que me haces muy feliz o muchísimo. No. Porque si pongo un adverbio, seguro que me quedo corta. Simplemente: me haces feliz.

Cualquier día te escribo una carta y te cuento que de verte todos los días me rebosan las sonrisas. Que quizá mañana o dentro de poco deje de verte tan a menudo, pero que no me preocupa, ni me asusta. Sé que estas ahí y sabes que yo estoy. Lo sé, lo sabes. Estamos y nos tenemos.

Cualquier día te escribo una carta y te digo que te quiero. Ya te lo he susurrado algunas veces, pero tengo la firme intención de repetírtelo muchas veces y la convicción de que te gusta escucharlo.
Cualquier día de estos me siento a escribirte una carta, una carta de amor, por supuesto. Y te cuento que no tengo muy claro por qué te quiero. No sé si por cómo eres o por cómo me haces ser. No sé si por lo que siento o por lo me haces sentir. No sé si por lo feliz que me haces o por lo que haces para que yo sea feliz. No lo sé, pero la causa no es importante, si la consecuencia.

Cualquier día te pongo por carta que me he propuesto hacerte sonreír a cada momento. Me he propuesto pintar de colores las paredes de tu vida, plantar flores al margen del camino que recorres, sembrar de luces los túneles oscuros donde te pierdas y hacer que nazca música en los silencios que te agobien.

Cualquier día te escribo una carta. E intento convencerte de que si escribo esto es porque tengo la suerte de conocerte, que si puedo juntar cuatro palabras es porque me haces sentir viva , feliz y completa, que si soy capaz de escribirte una carta como esta, es porque tú, cuando sonríes, me haces mejor persona. Y te demuestro que nadie puede darme mas de lo que tú me das. Porque tú me quieres. Y no hay nada mejor que eso.

(Inés)
martes, 19 de febrero de 2013 | By: Abril

Te quiero por...


Te quiero por cuarenta buenas razones. Te quiero por tu nariz de payaso, por tus ojos multicolores y el pelo saltarín. Te quiero por tus andares de chulapa, por tus abrazos estranguladores y tus encantadores chantajes. Te quiero porque me quieres, porque te enfadaste cuando no te lo dije y porque eres tan soberbia que prefieres estar enfadada a decirme porqué estás enfadada.

Te quiero por tus ronquidos, los cuales niegas, por tus besos cuando duermo y porque nadie me roba las sábanas con tan poca dulzura como tú. Te quiero porque no me mientes, te quiero por soberbia, por lujuria, por gula (es que tu hermana cocina muy bien), por ira (quiero decir, ir a cualquier lugar siempre y cuando estés tu), porque no me dejas ser perezoso, porque soy codicioso, y no hay nada mejor que tú, y quiero dar envidia a la gente cuando me ven contigo.

Porque te adoro, porque no te ríes de mi ignorancia y sí de mis malos chistes. Te quiero porque me diste nuestro primer beso y porque besas genial. Te quiero porque te fijas en las pequeñas cosas en las que nadie más se fija, como en mí. Te quiero porque no te quejas de mi horrenda comida y no te paras quieta en la cocina cuando estoy cocinando. Te quiero porque aunque me quejo de que no me haces caso, siempre me haces caso.

Te quiero porque soy tonto y ya no se vivir sin ti. Te quiero porque, aunque las palabras se las lleve el viento, hago todo lo posible para que éstas se queden entre nosotros. Te quiero porque me has enseñado a hacer el hipopótamo, el Peter Pan y a escuchar a Manson.

Te quiero porque me advertiste que cuarenta razones eran muchas para el poco tiempo que llevamos y también porque me dejaste hacerlo. Te quiero porque estás loca. Te quiero porque nunca chillas y gracias a ti, hablo más bajo. Y ya van treinta y nueve..... La última es la más importante, te quiero, porque sí.

(José Torres)

El perro de mi amor

 
Esa que, estable, habla de reproches y halagos. De injurias y simplezas. No es fácil estar enamorado sin equivocarse. Y, ella, lo sabe perfectamente. Tanto que no duda en no contestar a múltiples cartas de versos, tal vez, vivos. Son demasiado efímeros para ser verdaderos. Son demasiado cortos para colmar un espíritu evasivo.

Ese que domingo tras sábado acude al estrado del presente a convivir. Ya que, en el pasado están todas las respuestas. Ya que, en el pasado están todas las preguntas. Incluso, las del necio que se hace pasar por sabio. Su tonta terquedad es demasiado grande. Tanto que piensa que el roce del cariño hace el amor. Cuando es al revés: es el roce del desamor el que hace el cariño. Aunque cree que todo es un lugar en el sol equivocado. Mal rehecho con el paso del tiempo.

El que juzga el blanco y negro del corazón con el mismo calor que el color de su espejo. Ese brilla en noches de luna contigua. Contigua y ceñida según los pálpitos de la oportunidad. La que, en la playa, alquiló un apartamento sin piscina por dos meses. Sabía que la cama sobraba. En el suelo nadaba la abundancia de la oquedad. Esa por la que te quiero sin saberlo. Únicamente es un sentimiento. Eterno. Como tú.

(Marcos, del programa "Es Amor")
martes, 5 de febrero de 2013 | By: Abril

Mi primera carta para ti


Pasan las horas y me encuentro con la soledad que me dejas, me pregunto si entenderás lo que trato de explicarte. Ayer muy temprano me llamaste para decir que me amabas, haciendo despertar a mi cuerpo en la más sublime alegría. Pero el teléfono después de un rato mantuvo un tono eterno, tu voz se desvaneció de mis oídos y se clavo en el alma de los recuerdos.

Te extraño y es cierto que nunca antes nos habíamos hablado así tan de cerca, pero ese encuentro fugaz de la tarde en los pastos al costado del Terminal de trenes, situó tu figura en frente y a tus voces saludando mis ojos para siempre.

Ese encuentro significó más de lo que podrían significar los años de un amor ilusionado; significa el comienzo de la comunión de las mentes; el encontrarse con la esencia de los sentimientos, el desnudarse y volar hasta el infinito en busca de las respuestas que nos darán felicidad, ahí en ese lugar, donde rodeados de bosques solo el sonido de los pájaros acompañaba nuestro silencio, te recuerdo a diario en las imágenes de mi mente.

En este instante me pregunto. ¿Cómo le explico al mundo sin desgastarme en hacerlo? Y es que prefiero y dedico todo mi tiempo a pensarte, a soñar la vida en el futuro, a ordenar las horas para encontrarme casualmente contigo. Degustar tu sonrisa y enloquecerme con tus palabras de niña. Escuchar tus anhelos y tratar de compartir tus penas. La vida nos prepara a todos para soportarla, para disfrutarla y finalmente para que dibujemos con nuestros propios gestos la amplitud de su sonrisa.

Pasan las horas y te sigo extrañando, aun cuando pienses que estoy más lejos, aun cuando lejos me encuentre, recuerda que mi corazón se desgarra en cada segundo por sentir el suave movimiento de tus labios gustosos de verme.

(Andrés Gonzhíaz )

Carta para la niña de los ojos bonitos

 
Si estás leyendo esto quiere decir que ya lo sabes todo. Bueno todo lo que puedes saber. No tengo explicaciones ni motivos, ni causa alguna para que las cosas estén así. Tal vez lo único que podría explicarlo es lo que tú eres!

Al principio, solamente creí encontrar a una niña bonita, pero con el pasar de los días fui descubriendo a una gran mujer… con unos ojos que sin necesidad de que pronuncies una palabra son capaces de mostrar la grandeza de tu alma.

No tengo nada que pueda ofrecerte y ni siquiera podría pedirte algo. Solo quiero que sepas que de alguna manera lograste hacer lo que la vida no había podido en unos cuantos años. Te metiste en mis pensamientos al punto que necesité que lo supieras! No busco nada, y aun así hay muchas cosas que me gustaría conocer… pero no estoy en condición para hablar sobre ese tema.

Todo lo que puedo decir es que sin importar lo malo, o fuera de lugar que puedan parecer las cosas, sería un tonto si quisiera ocultarlo. Me gustas mucho y aunque quería que el mundo no lo supiera, lo notó. Sé que me entiendes cuando trato de mantenerlo en secreto porque así no lo reconozcas pienso que lo ideal para ti seria que nada de esto estuviera pasando.

A veces siento que en tu mundo no cabría una persona como yo, así las circunstancias fueran otras. Pero si así fuera, valdría la pena intentarlo… pero las cosas son como deben ser!

Puede que de verdad este loco, pero me gusta tenerte rondando en mis pensamientos. Sin intenciones oscuras ni claras, sin ninguna pretensión pero con muchos pensamientos, con la plena seguridad de saber que no fue algo que estuviese buscando hoy te digo que…

…Más veces de las que te has dado cuenta, mi cabeza se me va volando a buscarte. Sin saber que me espera, pero sin esperarlo estoy a tu lado. No estoy pidiendo ni ofreciendo nada, solo quiero permanecer allí mientras sea posible.

Estoy seguro, que en algún momento vas a encontrar a un alguien que vea lo que yo veo en ti… ojala que ese alguien pueda hacértelo saber, no como yo, solo con palabras sino haciéndote feliz con sus actos.

Niña de ojos lindos, mantente a salvo. Lejos de las apariencias que llegan con los años. Mantente alegre, sonriente, con esa dedicación que te caracteriza y lo más importante no dejes de ser tú. No es necesario correr para llegar más lejos, lo mejor del camino es caminar con la certeza de que los pasos dados van en la dirección correcta. Seguramente tendrás a alguien que te acompañe… me gustaría ser ese alguien pero mi camino diverge del tuyo.

Sin embargo, y con el respeto que mi mundo me merece te puedo decir que voy a estar ahí.

Te mando un abrazo, un beso, un pensamiento y un anhelo que jamás dejaran de ser clandestinos… Pero no por eso dejan de ser verdaderos y de llevar en cada uno de ellos el recuerdo de lo que tú, la niña de los ojos lindos, me hiciste sentir de nuevo.
 
 
(Frodojc)
miércoles, 30 de enero de 2013 | By: Abril

Sueños en sueños de Luna


Me desperté una mañana clara y fresca contigo acostada a mi lado. Te abracé con fuerza, sintiendo en cada poro la suave y cálida presión de un refugio, y me acurruqué contra ti como un niño pequeño. Había tenido un sueño terrible, pero ya había pasado y tú estabas allí, con esa magia que hace que tu sola presencia ordene y dé sentido al mundo. Sin despertarte, te susurré al oído porqué te amaba y te necesitaba como lo hacía.
Había soñado que me perdía en un mundo de maldad e impureza, donde el daño y la vulgaridad sirven a la diversión más inmediata. Había soñado que todos podían justificarse cuando trataban mal a los demás y que a nadie le importaba. Soñé que la vanidad se pagaba con sangre lejana, para que las manchas no quedasen en la alfombra de nuestro salón.
En el sueño era un ángel al que arrancaron las alas y un caballero que no soportaba más el peso de su armadura y de su honor porque nadie deseaba aquellas cosas. Soñé que se reían de la bondad y ninguneaban el respeto, que el egoísmo era la regla y el valor, aunque la hipocresía hiciese perjurar lo contrario. Había soñado que el “me han hecho mucho daño” era un salvoconducto para dañar uno a los que conservaban inocencia.
Yo era ese caballero que no encontraba en qué o quién apoyar sus gestas y descubría que no había Bien que defender, ni siquiera en su corazón. Era un paladín quijotesco y cansado que hallaba la misma maldad en el mundo que en su propia conciencia y se pasaba a bandido, truhán y saqueador con un triste encogimiento de hombros: “qué más da...”.
Y, como en el Quijote, la dama era ventera y puta como el diablo, mas no me rescataba a la realidad un caballero de la Blanca Luna, sino que el paladín moría cayendo del caballo al galopar borracho a la batalla. Estaba solo y no había inocentes ni menesterosos que defender, sólo sarna y mezquindad hasta en los oprimidos y en los monjes. La pureza de la caballería, del amor, del respeto, de cuerpo y espíritu, de la sabiduría, del honor...
¿Habían desaparecido?

“Pero ahora me despierto y te tengo abrazada en una caricia a mis alas de algodón con el bálsamo de tu perfume y tu cariño. Eres eso especial que coloca el mundo en su sitio. Tengo en ti una causa para no cejar, un amor que defender, un motivo para ser noble, puro y eterno, para ser fuerte. Hay tanto de celestial en tu existencia, tanto de real, que no podrías estar en mi sueño; por eso sufría tanto.”
El alivio me llenó al pensar esto. Te abracé con más fuerza contra mí, deseando que el instante se inscribiese en el infinito sin que importase que fuese a pasar fugazmente: existías. Valdría la pena luchar. Con lágrimas en los ojos, susurré: “Qué horrible pesadilla”.
Eran lágrimas de felicidad... o quizás algo de mí sabía que acababa de dormirme a la luz de la Luna llena.

(Ulises Grant)
jueves, 24 de enero de 2013 | By: Abril

Negro, azul, plateado, dorado, blanco


Negro. Antes de que sus ojos te vieran, de que su encuentro con el tuyo revelara una verdad oculta en sus sueños, ella creía que el color que la envolvía en su eterno buscar y su esperanza era oscuro y extraño, creía que el mundo sólo era algo en lo que le había tocado estar para ver la injusticia y el mal que lo gobernaban...

Azul. Cuando por fin ella aceptó lo que le sucedía, y se dejaba llevar por ese ejército incontenible de luces invisibles, la sola imagen de su presencia le alteraba, tanto que sus sueños le llevaban hacia él, la persona con la que sin saberlo lo compartía todo.

Plateado. Cual color mágico se apodera de su espíritu y alza el vuelo hacia un nuevo destino, intrigante, sonoro y esquivo. Él le abraza en un momento de inquebrantable belleza, belleza de esas que sólo se sostienen en el pequeño tiempo que las sustentan, para quedar forjadas en las letras de una memoria compartida.

Dorado. El momento en el que sus sentimientos se miran, aquel ejército llega al a cima que creía inerte y descubre el dorado sol que alumbra los nuevos campos del destino. Todo es real, no es un sueño más, y lo más increíble, él también lo ve. La luz deja ver la sencilla verdad que llevan dentro y la unión se hace fuerte, puesto que se hace desde lo más profundo, dónde las raíces se abren paso entre la tierra y de ellas surgirán las cenizas del no olvido.

Blanco. Ahora que el tiempo ha dado paso a su cólera, caminamos por este sendero incierto entre luces y sombras, deleitándonos en nuestro caminar gracias al verdad que se hizo libre, aquella vez que nevó en Torrelodones 19 de febrero del 2003. Por eso te escribo esta carta, sólo para recordar, y para mirarte una vez más a esos ojos azules, misteriosos y valientes.

Azul es el color que buscaba y te encontré.

(Begoña N-Mera)

miércoles, 23 de enero de 2013 | By: Abril

Las cosas que nunca te dije



(Y nunca te las dije, pero te las diré esta noche)

Sabe Dios que no debiera,

pero sabe que me rompen.

Me olvidé de decirte: los besos que no te he dado,

las noches atormentadas queriendo frenar mi cuerpo de deseos y esperanza…

Me olvidé de las palabras que nunca me dijiste.

Te olvidaste los silencios prendidos en mi almohada.

Me olvidé de decirte que una vez tú me besabas,

con los ojos solamente porque el alma te temblaba.

Me olvidé de preguntarte si me querías,

y esa duda está presente en mis noches y en mis días.

Me olvidé de los recuerdos del pasado que moría,

para dar paso al futuro que ante nosotros se abría.

Y a ti te dio tanto miedo de quererme a escondidas

que se te olvidó decirme que me quieres , Vida mía.

Desde mi rincón de los sueños...


 
Porque yo dejé escondidos los sueños, los sueños que en algún momento esperaba encontrases, las esperanzas e historias que quería compartir contigo.

Yo dejé escondidas las sonrisas,  los libros, los poemas, los versos y todos aquellos recuerdos que ahora se amontonan en mi memoria.

Yo dejé escondidas las palabras que olvidamos en el cielo de la Luna, las miradas que furtivas se han marchado con el viento, los anhelos, las situaciones y las mil cartas de amor que te escribo cada noche en el rincón de los sueños.

He reservado en el último abismo de la Tierra un pequeño paraíso lleno de todos  aquellos recuerdos, de los recuerdos que escondí para ti, para nosotros.
Espero que algún amanecer me diga dónde están tus deseos, para esconderlos del mundo, de la Tierra y hasta del cielo. Para guardarlos en un rincón del alma en donde nadie pueda verlos...

(La Noche Recia)
miércoles, 24 de agosto de 2011 | By: Abril

Aun estando en la distancia...


Aun estando en la distancia percibo tufragancia. Cierro mis ojos y en el destello de la luz casi opaca te miro. Eresla noche que arrulla mis sueños y eres el sueño que arrulla mis noches.
Aldespertar, el primer recuerdo que logro tener, es el primer beso que meconcediste. Al paso de cada hora, llega tu presencia hasta mi presencia, y traeconsigo la perfección de tus caderas cual movimiento de campanas en campanariode reyes de cuentos de hadas. Eres la presencia misma de la vida devolviendorisas a tiempos marchitos. Tiempoperfecto para amar, es el minuto de pensamientos vivos que te acercan al seramado. Tiempo perfecto para amar: existe desde siempre, desde que la vidadecidió aceptarte como parte del mundo.
Me quedo mudo, el silencio invade mimente, mi cuerpo, mi ser. Vino a entregarme cual mensajero errante, dos hermososluceros: tus ojos, con el brillo que irradian cuando son mirados, cuando sonamados.
El silencio me hizo entrega de tus tiernas caricias, ocultas en elmatiz de tu cariño, sinceras, preciosas. Al pensar que estás, que prontollegaran días de gloria que serán perennes, duraderos e imperecederos, sientoque al fin, amada mía, las palomas blancas cruzaran el cielo y al fin aldespertar del sueño mágico que es tu compañía, no necesitaré seguir dormido, porque despierto: seguiré soñando contigo...

08-07-2011
(Benni Rafael Monroy Álvarez)