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martes, 6 de septiembre de 2022 | By: Magdala

Día número 203



Mis parpados se abren y mis pupilas se dilatan, no es la tenue luz que traspasa la ventana, es un brillo incandescente que se refleja en unos gigantescos y despistados ojos color miel, advierto, no es que sea una muchacha encantadora, solo es el brillo de sus ojos el que se ha robado mi mirada; ella, lleva una chaqueta gris con un gorro lanudo que contrasta perfectamente con el frío acogedor del páramo de Sonsón, pero su baja estatura hace que pase desapercibida por todo el recinto de clase.

Ella menea sus perfectas caderas buscando el lugar indicado para posarse y mientras se pasea por el recinto le observo con atención sin que ella note la desesperación de mis ojos.

Es inevitable no dejar de observar detalladamente cada una de sus acciones, puedo ver como escucha, como observa, como abre su mandíbula para arrojar de su bella boca delgada, versos y palabras que se pierden en el espacio, puedo ver como se abren y se cierran sus parpados en cámara lenta, puedo contar sus pestañas y hasta ver su respiración.

Sus cabellos castaños no muy largos cuelgan desordenados y es el momento de admitir que desordenó todo en mí.

Es sábado, el día número 203 del año 2017, para ser un poco más exactos 22 de julio; las horas pasan y sin quererlo el día gira alrededor de ella; sigo viéndola, una, dos, tres veces, es extraño, mis ojos no se cansan de mirarla.

Son las 7 P.m. y el día culmina sin dirigirnos una sola palabra. Me voy a casa, intento improvisar verdades, pensar en realidades y sin quererlo una imagen de aquella mujer se forma en mi mente, pienso inconsciente: creo que el asunto se está complicando, ¿en verdad busco a alguien que me complemente la existencia? Es quizás lo que busco. No sé si ese complemento se encuentre en el brillo de esos ojos, tal vez en su resplandeciente sonrisa o en sus cabellos desordenados, aunque no sé si estoy preparado para estas pendejadas del amor, creo que ella tiene ese complemento que llena mi existencia.

Considero que para comprender el amor primero debo conectar cuerpo y alma y corazón y mente, esto me hace recordar la teoría de Ferdinand de Saussure, donde define al signo como una entidad psíquica de dos caras, la imagen acústica y el concepto, dos elementos íntimamente ligados que se requieren mutuamente. Es así mismo como se comprende el amor, ligando cuerpo – alma y compenetrando emociones con realidades.

Siempre he sido consciente de que el amor es un elemento esencial en la composición de todo ser humano, pero nunca llegué a dimensionar la grandeza de esta palabra, una palabra llena de significados, sensaciones, emociones, una palabra tan grande que se resume en algo tan sencillo, ella.

Ella, que sin querer llegó iluminando ese día con sus ojos y su sonrisa, ella que sin querer llegó llenando el vacío con su energía, ella, que tenía que llegar justo ese día número 203 para complementar mi vida…

Oscar Hurtado López del Blog Escribir con el alma 

:)
martes, 10 de agosto de 2021 | By: Magdala

La perdemos, la perdemos...



Me estás perdiendo...como en esas películas donde se ve una sala de urgencias en la que hay alguien que está inconsciente y un grupo de sanitarios tratan de reanimarla... pero ella cada vez se aleja más de su cuerpo y lo ve todo desde arriba, como si su alma abandonara el cadáver y lo contemplase desde lo alto. Así está nuestra relación: fría, muy fría, casi congelada y bajo mínimos...

Lo cierto es que si seguimos viéndonos y enviándonos mensajes es porque yo hago lo posible y lo imposible por seguir conectada a ti, en una suerte de hilo invisible que quiero cortar desde hace tiempo, pero que no puedo...y lucho. Lucho contra ti y contra mí misma, para que desaparezcas de mis días. Para que la rutina haga que un día te olvide, pero que te olvide de verdad, no de mentirijilla...

Hace mucho tiempo que ya no somos "nosotros", sino tú y yo. De vez en cuando quedamos, porque te llamo con cualquier pretexto y tú acudes con desidia, casi por compromiso, como si me estuvieras haciendo un favor enorme, por no hacerme un feo...y ahí estás: indiferente a mis anécdotas, llenando el aire que nos separa de mal rollo, porque a sabiendas de que me hace daño, me hablas de tu otra vida, de tu trabajo, de tu apatía, de tu hastío, de tus sueños...y yo te escucho estoicamente, oigo tus quejas, te intento animar...e intento contarte algo de mi vida, pero enseguida cambias de tema y vuelves a relatarme tu día a día...y además rematas con eso de que eres muy feliz. 

Pero yo no te creo, o no quiero creerte. Prefiero recordar ese tiempo donde tú y yo éramos algo, éramos nosotros y nuestro mundo imaginario. me refugio en las palabras que quiero recordar porque salieron de tus labios. Aquellas que juntabas para decirme "te quiero". 

Ha pasado el tiempo y yo sigo aquí, albergando la esperanza de que un día quieras volver a ser quien eras conmigo. Sé que nunca vas a volver, o al menos no como yo quisiera que fueras, sin embargo también sé que nunca voy a dejar de creer que todo va a cambiar. porque soy así: romántica, ilusa, paciente, soñadora, y nunca dejaré de esperarte porque una vez fuiste el amor de mi vida...

(N.R.H)
lunes, 4 de noviembre de 2019 | By: Abril

Es lo que hay...

La vida es eso que nos va sucediendo mientras nos empeñamos en hacer otros planes” John Lennon

¿Sabes? Hoy, en cierto modo, esperaba tu mensaje, pero no llegó. Y duele, aunque poco. Me has acostumbrado a ese “…esto es lo que hay”, y lo asumo con absoluta resignación, como quien espera en la cola con la cartilla de racionamiento en época de guerra y justo cuando le va a tocar, se acaba la comida. Ese, “otra vez será” me lo repito como un mantra, que me sirve de ungüento para las heridas que tu silencio me provoca a la altura del estómago. Y la guerra fría vuelve a mis rutinas y me muevo por inercia, contigo siempre pero lejos de ti.

Raya el acoso lo que hago el resto del día mirando tu perfil en el WhatsApp. Tú, ajeno a todo esto, continúas con tu vida, echando atrás días en el calendario y retrasando ese café eterno que nunca llega. Me desespero. Escribo. De ti y de mí. De lo que fuimos. De lo que pudo ser, pero no… Te pienso y te odio a ratos.

Te imagino a solas en tu trabajo, o atendiendo a alguien hasta las tantas, o tocando algunos acordes en tu guitarra, o fumando y escuchando a John Coltrane o a Charlie Parker con un whisky con hielo sobre la mesa del jardín. Cuando el resto de la casa duerme tú sueñas despierto. Haces recuento del tiempo que has invertido en ser otra persona distinta a la que pretendías… Y el balance hace que te pongas triste y añores ese garito de jazz que querías montar en un país extranjero que elegirías apuntando sin mirar en un mapa justo antes de tomar el avión… No tendrías una pareja fija, sino una cada día. Mujeres sin nombre, solo sexo, puro placer efímero y poco más. Sin compromisos, sin rutinas, sin dolor…

En cierto modo, te comprendo. Tú añoras lo que no tienes. Persigues un sueño cada vez más lejano y te resignas a vivir acorde con las decisiones que tomaste en el pasado. Como yo. No somos tan diferentes. Y en el deseo apareció el castigo.

Tal vez ninguno de los dos tuvimos elección. Y aun así, ¿sabes qué…? Pese al dolor: volvería a elegirte.

(N.R.H.)
sábado, 26 de octubre de 2019 | By: Abril

Todos los días de mi vida



Paige: -Prometo ayudarte a amar la vida, abrazarte siempre con ternura y tener la paciencia que el amor exige, hablar cuando hagan falta palabras y compartir el silencio cuando no, consentir, disentir respecto al pastel de terciopelo rojo, vivir al abrigo de tu corazón y llamarlo siempre hogar.

Leo: -Prometo amarte locamente en todas las facetas de tu vida ahora y siempre, prometo no olvidar jamás que este es un amor único en la vida y saber siempre en lo más profundo de mi alma que no importa que desafíos puedan separarnos siempre hallaremos la forma de volver a unirnos.
(De la película "Todos los días de mi vida")


Quisiera escribirte una carta cada día, mientras estemos juntos. Porque sí, porque te lo mereces. Me haces feliz, que no es poco y me toleras los desequilibrios cotidianos. Aguantas mis mareas con la paciencia de un santo y cuando llego a casa triste, desolada, enojada o quejumbrosa tu media sonrisa aleja mis demonios y me recuerda que en nuestro pequeño universo paralelo, los desastres se quedan fuera.

No sé si te he dicho que eres lo mejor que me ha pasado en estos últimos años. Eres guapo, atento, culto, elegante, respetuoso, honesto, humilde y leal. Justo como había deseado en esas tardes de domingo en que llovía y pensaba en ti, sin conocerte aún. 

Tú me has hecho mejor y dices que yo te he hecho amar la vida y sus pequeños detalles. A la vida hemos llegado juntos, aun naciendo en diferentes momentos y lugares tan distantes. Estábamos predestinados a crear este refugio sin grietas, este hueco en el mundo donde somos dos que ocupan el lugar de uno.

Gracias por ser y por estar. Por imaginarme contigo para siempre. Y no importa si ese para siempre es de por vida o para un rato, porque cualquier tiempo a tu lado, por breve que sea, será siempre un regalo.

(N.R.H)

jueves, 19 de octubre de 2017 | By: Magdala

¿Sabes una cosa?


 Resultado de imagen de pareja abrazada



No me asusta ser la primera ni ser la última en tu vida. No me asusta tampoco que tú no seas el primero, porque ya me hayan roto antes el corazón... No me asusta nada ni nadie si sigues aquí, conmigo. Soy valiente entre tus sábanas blancas, y feliz en tus abrazos. Invencible cuando me dices que me quieres y un flan cuando pienso que puedo perderte.Soy perfecta en nuestros días imperfectos. Perfecta si hacemos del caos un arte y de esta clase de amor un estilo de vida.

Yo tampoco sé si seremos eternos, o si algún día tendremos que echarnos de menos de nuevo. Sólo sé que hoy nos hemos reencontrado para escribir un nuevo final a nuestra historia. El anterior quedó inconcluso y ambos nos moríamos de ganas por volver a ver al otro. Por eso aquel punto y final que escribimos es hoy unos puntos suspensivos.Porque sí, porque nosotros inventamos este cuento de hadas y rompemos las reglas a nuestro antojo.

Sin embargo, dure lo que dure esta historia, siempre merecerá la pena. Pase lo que pase. Porque nunca podré olvidar el día que tu sonrisa significó un "todo va bien", el día que me robaron el mejor mes de mi vida (y sin embargo desafié al Karma y me quedé a tu lado), el beso más bonito de mi vida dentro de una Tetera Azul, el sonido de tu guitarra después de hacer el amor, tu voz por encima de la música de fondo de nuestras tardes de chocolate y café, tus mensajes de madrugada, nuestros enfados (que no lo son tanto) pero  que construyeron un muro de naipes que hoy derribamos...

Estaría escribiendo días enteros, pero nunca llegaría a describir lo feliz que soy desde el 17 de octubre de hace 9 años. Con mis miedos y mis dudas, pero enamorada de ti hasta las trancas. Te quiero muchísimo. Debería decírtelo más. Ya sabes lo terca que soy... pero no lo olvides, ¿vale? No olvides que eres mi olor, mi canción y mi palabra favorita.

Y sí: me he vuelto a poner el traje de Wonderwoman para rescatarte.
Pero quédate a mi lado, sobre todo los días raros.
¿Promesa de dedo meñique? :)

Te quiero. Con olor a mandarinas y jazmín.

 (N.R.H.)

 Resultado de imagen de pareja abrazada pinterest

viernes, 9 de diciembre de 2016 | By: Abril

París bajo la lluvia

 
 Imagen relacionada
Hay un enchufe en la habitación que uso como biblioteca que está roto, y no es por casualidad. Me siento culpable. Yo he sido la causante de semejante estropicio por mi afán de colocar justo en la pared donde está el enchufe un par de cuadros a juego donde se ven dos escenas diferentes de una pareja en un café de París. Los cuadros están situados en una línea recta - o no tanto- entre la pared y la única ventana que da a la calle. Cuando vives en un piso alto, cualquier resquicio de aire se convierte en un pequeño tornado que arrasa a su paso todo lo que encuentra. Ni que decir tiene que al no pesar apenas nada, la escasa brisa que entra desplaza como si fueran un par de plumas los dos cuadros, haciendo que se suiciden una vez tras otra contra el malogrado enchufe de pared. En uno de los cuadros la pareja camina a unos metros del café, dejando atrás sobre la mesa dos copas medio vacías y una botella de vino, y en la imagen, vista a través del cristal de la cafetería, caminan de espaldas al cuadro alejándose del cristal en el que se lee el nombre del local en sentido inverso. En el otro cuadro, el que se desprende constantemente de la pared y se precipita sobre el enchufe hecho trizas, la pareja se susurra algo al oído en un acto de complicidad que sólo ellos comparten. En ambas escenas está lloviendo.
 
Me recuerda un poco a ti y a mí, cuando quedábamos en aquella cafetería donde a menudo compartíamos complicidad y café en alguna que otra sobremesa. Al igual que lo nuestro ya es historia, el cuadro intenta lanzarse una y otra vez desde el metro ochenta que lo separa del suelo, como si la suerte, el azar o la brisa intentaran hacer que me desprenda de los recuerdos que convirtieron aquel “¿y si lo intentamos…?” en un “nosotros”.
 
El cuadro de la pareja compartiendo susurros en un café de París se ha caído mil veces y otras tantas lo he vuelto a colocar en su sitio desafiando con mi testarudez el paso del tiempo, el clima del sitio en el que sobrevivo sin ti y chorrocientas leyes físicas con tal de tenerte aún a mi lado. Pero aunque siga sobreestimando el poder de los cuelga-fácil de mis cuadros e ignorando las leyes de Newton, tú ya no estás y eso duele en mi enchufe cardíaco, sin mencionar a mi interruptor mental que no quiere apagarte. Sin embargo sé que no hay remedio. Que tengo que pasar página. Que tengo que aprender que ya no hay vuelta atrás, que te has ido sí, que te has ido y esta vez es para siempre…  
Cualquier día abro la ventana y dejo entrar el tornado completo o, en un arrebato, lanzo al vacío los cuadros que tú y yo ya nunca protagonizaremos ni en París ni en ningún sitio… hasta entonces, no me resigno y cada vez que se cae, en un ritual en tu nombre y por las cenizas de lo que fuimos, vuelvo a colgar el cuadro y pienso… "qué bonito fue aquel tiempo en el que tú y yo mirábamos París bajo la misma lluvia".    
 
(N.H.R)
jueves, 1 de diciembre de 2016 | By: Abril

Carta inconclusa


Si estás leyendo esta carta, significa que lo nuestro ha llegado a su fin. No es una simple carta, sino la confesión que te debo por todas aquellas veces que respondí con largos silencios a todos tus “Te quiero”.  
Me pregunto, ¿por qué sigues ahí doliéndome tanto? No puedo seguir, sabiendo que ya no estás. Que un nosotros dejó hace un tiempo paso a un tú y a un yo sin compromisos.
Estás pero no. Intento olvidarte, pero tampoco. Mentí y dije que sí, que tus palabras eran un alivio después de tanto dolor, pero el dolor más amargo ha llegado después, cuando tocaba hacer limpieza de cajones y aparecieron tus recuerdos en no sé qué parte de mi memoria, para convertirme en una criatura sin alma y sin vida.  
Saber que existes y que ya no puedo tocarte, me mata lentamente. No sé cuándo comenzaron tus remordimientos y dejamos de hablar el mismo idioma, tú y yo que éramos la prueba viva de que las almas gemelas existen, del tal para cual, de que el amor verdadero es real y es capaz de superar todos los contratiempos.
Me muevo por inercia, pero me sigo muriendo por ti, por tocarte, por rozar tus labios, y no hay día ni noche que no regreses a mi cabeza, pero jamás a mi cuerpo, que te echa tanto de menos…. No sé cómo aprender a vivir sin ti. No tengo con quién compartirlo, a quien contarle mi pena y no puedo hacer otra cosa que malvivir con la tristeza de saber que ya no, y sin ti…yo no.
(N.H.R.)
martes, 31 de mayo de 2016 | By: Abril

Siempre


El tiempo es un solitario siempre, siempre vencedor. La inmensidad de la vida también a mí me aprieta tanto que no puedo respirar y me paso días sudando y vomitando y llorando. Pero para dentro. Sin que se nos manche la ropa, sin que se nos enrojezcan los ojos.
Y tú y yo eso lo sabíamos de sobra. Sabíamos que la angustia del sinsentido nos abrazaría sin remedio, sabíamos que pensar era nuestra condena y buscábamos libélulas entre las hojas bailarinas de los sauces porque éramos jóvenes y no íbamos a darnos por vencidos.
El amor era todo lo que nos quedaba.
Allí, acurrucado en la orilla del Guadalquivir nos esperaba tímido y prudente, nos acompañaba en nuestros juegos de niños y nos salpicaba agua clara las tardes de verano.
Estaba allí cuando apoyabas la espalda en las piedras y te cubrías los ojos del Sol con tus manos infantiles. Cuando me acercaba a ti sin hacer ruido y me quedaba mirándote la cara mojada, viendo el aire entrar por tu nariz y bajar hasta tu pecho, viendo tus pestañas largas descansar del mundo.
Estuvo vigilando cuando el de día de mi cumpleaños me regalaste el vestido amarillo que tu madre me había comprado y me dijiste al oído: “luego te doy el regalo de verdad” y me llevaste en tu bicicleta hasta el mar para darme un primer beso azul e inmenso.
El amor…
Intentaba ocultarse sin conseguirlo cuando hablábamos de filosofía de camino a la facultad, con los corazones asustados porque desde la ciudad no se veía el río. Te miré la barba incipiente y los ojos oscuros y así, de la forma más hermosa, descubrí yo el tiempo, con tu mano sobre mi rodilla.
Pasaban los años y tú y yo seguíamos siendo tú y yo. Íbamos al pueblo los fines de semana y paseábamos entre los recuerdos construyendo nuestra propia historia, revolcándonos entre los restos del otoño. Riéndonos de las estrellas, y a veces llorando con ellas, intuyendo ya que la vida tenía reservado para nosotros una almendra amarga, un abismo.
Éramos demasiado iguales, Santi. Queríamos salir, queríamos comernos el mundo, viajar, volar. Y creíamos que podríamos con todo pero no pudimos. Cuando te propusieron ir a Madrid a estudiar y a mí me ofrecieron la beca para Berlín la interrogación se hizo un hueco en el aire, nos sobrevolaba en cada conversación como una nube de polvo. Maldita. El miedo nos fue calando a los dos por igual, agriando nuestras miradas, agriando el paisaje. Miedo a convertirnos en aguas estancadas, en barrizales mediocres, miedo a acabar siendo tierra seca y muerta que lo único que puede hacer es esperar la lluvia de abril. Amábamos el pueblo y a la vez nos aterraba su quietud, sus calles llenas de viejos con boina y el mismo gallo cantando cada amanecer.
Acabó el verano y ambos desaparecimos.
Entre promesas y despedidas alentadoras, desaparecimos para siempre. La ilusión por el futuro brillante que se nos brindaba pudo con todo, se lo llevó todo.
Han pasado cuarenta años y yo ya no sé dónde está el amor. Quizá se quedó a orillas del Guadalquivir, esperando a otros chiquillos despreocupados, o quizá se ha perdido en alguna carretera de Europa, intentando hacernos llegar la carta que nunca escribimos.
Para mí tampoco fue fácil. La Europa sofisticada que esperaba se mostró distante, en bastantes ocasiones hostil. El Sol pasó de amigo compañero a padre trabajador, me daba para vivir pero nunca jugaba conmigo a derramarse en mi piel como solía hacerlo. Y me resigné igual que me resigné con tu ausencia: contando el tiempo con un reloj de muñeca que nunca había llevado hasta entonces, encerrada entre nubes y edificios grandes y grises, aprovechando el bullicio estridente y hueco como excusa para enclaustrarme a estudiar durante horas. Todos los días.
Pasaron unos años y cuando empecé a trabajar ahorré algo de dinero y viajé por Navidades a España. Recuerdo el camino hasta el pueblo en el coche viejo de mi padre, recuerdo los baches y los meneos en el asiento de atrás y recuerdo que veía tu silueta en cada curva. Pregunté por ti. Me dijeron que te iba bien, que seguías en Madrid haciendo un máster y que pasarías allí las fiestas con tu grupo de amigos.
Me pasé todo el viaje de avión de vuelta llorando a lágrima viva. La señora que estaba a mi lado me preguntó y le contesté sin mirarla: “¿Por qué no he pedido su dirección?” Y aún hoy me lo pregunto más de lo que me gustaría.
Finalmente conseguí encontrar otro sitio que hacer mío en el mundo, me he rodeado de gente buena a la que quiero y que me quiere, he aprendido a disfrutar del Sol pálido, del hervor de las calles, de los mil rostros nuevos cada día.
Santiago, no me puedes pedir que vuelva…
Contigo aprendí a vivir, descubrí el mundo en tus ojos y no lo he vuelto a ver desde ningún precipicio. Santi, jamás he amado a nadie como te amé a ti. Pero no me puedes pedir que vuelva… Tú y yo ya no existimos. Somos dos viejos desconocidos, no podemos manchar nuestra historia. Por favor. No me pidas que vuelva.
Gracias por haberme enseñado cuál es el sentido de esta alegoría imposible que llaman vida.
Hasta siempre,
Sofía.

Tarde de los lunes



Puedo imaginar, después de tantos años,  el gesto displicente de tu boca, ese que siempre hacías cuando te decía algo que no te gustaba. Lo imagino, como también imagino que en cuanto termines de leer éstas líneas tomarás el teléfono y escribirás  lo de siempre, solo que esta vez, con enojo y rencor.
Te estarás, en este momento,  sirviendo un vaso de aguardiente añejado pensando en que palabras elegir para ser contundente, preciso y en tan solo un mensaje hacerme pensar que estoy equivocada, que hay un mundo que nos pertenece muy cerca en el tiempo, tan solo con estirar un poco la vida.
La  cita era a las tres, por eso pienso que en quince minutos volaras alguna copa, o vaso o adorno donde puedas apoyar tu furia clandestina. Como si el estallido en la pared te hiciera sentir un alivio inmediato. Un placebo inmensurable. A las tres, como cada lunes de verano, de primavera, de otoño e invierno también. La cita era en el lugar de siempre, lejos del trabajo, de los amigos, de los afectos. Pero esta vez, no estarán allí más que estás líneas en las que mis sentimientos, decisiones y acciones se harán tan presentes como la ausencia de mi cuerpo en el calor de tu almohada.
A las tres de cada lunes, cuando nos encontraba rasgando investiduras, explorando caminos vírgenes y sensaciones desconocidas.  Solo vos, yo, y los las tardes de los lunes. Eso fuimos tantos años. Tantos malditos años en los cuales esperé el milagro de que llegues a mi oficina y me cuentes que estabas listo…
Evité tu mirada tantas veces, tus ojos entornados que me decían en pocos segundos justo lo que necesitaba leer. Evité pasar por las vidrieras y comprarte un regalo. No, comprarte no, sino dártelo. Compré corbatas que imagine atadas a tu cuello, bolígrafos para que firmes los contratos con un accesorio acorde a tu puesto, a tu jerarquía de hombre inalcanzable para todos -creo que ahora siento, que para mí también lo fuiste-. Evite el exabrupto de una llamada a las diez de la noche para decirte que sueñes conmigo. Evite la dicha de caminar por la calle tan solo con tu mano apoyada en mi hombro como cuando viajábamos, siempre por trabajo.
Te creí perfecto, con la palabra justa en los labios, el buen humor continuado y la energía siempre de cara al cielo. Caballero, atento a mis necesidades, coherente con mis ideas y creencias. Carismático, caritativo y justo con las desavenencias.
Eras perfecto, de hecho,  tu retórica me ayudaba a pensar que tenías razón, que la verdad estaba en tus manos. Te seguí, te confié mi vida, te amé con esmero, te extrañe cada noche y añore lo que nunca tuve tan solo esperando las tardes de los lunes.
Por eso entiendo que no será fácil. Desocupar mi escritorio como yo desocupe ayer el cajón de la mesita de luz que te había comprado, solo para que cuando durmieras a mi lado tuvieras tu lugar. Explicaciones a  Gutiérrez del por qué de mi renuncia  -insospechada después de lo que la empresa invirtió en mi carrera-. Explicaciones a mis compañeros de una noticia tan absurda y repentina. Pienso quién te llevara el café a media mañana, te hará masajes en los hombros después de una reunión con el directorio. Quién te ayudará a vislumbrar las mejores alternativas para seguir acumulando un prontuario de  alta rentabilidad y decisiones acertadas.
Si has llegado a leer éstas últimas palabras, te estarás enterando de que voy camino hacia una nueva vida.  Es extraño pero a veces el destino nos sitúa en lugares que nunca pensamos que servirían de morada.
¿Buscando qué? ¿Felicidad? No creo que esa palabra me encuentre algún día. Plenitud, tal vez, sentir haber hecho lo justo, lo correcto.
Pensar en una casa, un perro, en lo común de hacer las compras en la esquina, pero hacerlas con alguien. Decidir que mermelada comprar de a dos.   Encargar empanadas frisadas  y lasaña para más de uno. Un buen vino que no sea malbec –el único que me gusta-. Tener en la alacena galletas de maicena y alfajores para otro que no esté cuidando el cuerpo de manera vitalicia como yo. Tan pocas cosas, tan simples.
¿Dolor? Mucho. Indescriptible. Un agujero en el pecho que trato de tapar con la palma de mi mano presionada, pero es tan grande…
¿Esperanza? Mucha. ¿Fuerza? De haberla tenido, me hubiera marchado tiempo antes.
¿Amor? Demasiado. Pasión, entrega. Nunca reproches, nunca rencor. En tal caso, yo también decidía.
Ahora, después que la furia le dió paso al dolor, te imagino sentado en el sillón de cuero de tu despacho, con la carta en tus manos, la mirada abatida y el no saber hacia dónde ir.
No me busques, sé que no podrás encontrarme.
Huir siempre fue el mejor de tus verbos. Entonces creo que algo, en todos estos años, pudiste enseñarme.

(Gabito)
domingo, 20 de diciembre de 2015 | By: Abril

Súplica al cielo

 
Mirarnos, abrazarnos, reírnos, besarnos, amarnos, extrañarnos y volver a buscarnos... así era cada día: los dos juntos y felices, soñando lo mejor.
Hasta que un día el destino te arrancó de mis brazos. Es cierto que ambos sabíamos que esto podía pasar, pero ¿tenía que ser tan pronto?
En tan poco tiempo hicimos, vivimos y disfrutamos... tantas cosas..., pero nos quedaron tantas otras por realizar tanto que soñamos.
Me he quedado solo, de nuevo…y ahora… ¿qué hago?
 
-“Tienes que aprender a olvidarla”, me dijo una psicóloga
 
¡¡No!!, no quiero olvidarla. No es que no pueda, si quisiera tal vez podría, pero no quiero. ¿Como voy a olvidar a la persona que cambió completamente mi vida?, ¿cómo olvidar a quien me enseñó el verdadero y más puro amor, el que ni siquiera de niño tuve?, ¿como olvidar a quien me llenó de cariño, ternura, caricias, confianza, pasión...? No. No quiero olvidarla, y no lo haré nunca.
 
-“Debes rehacer tu vida” , me dijo la segunda vez -y última- que pasé por su consulta
 
Menos aun; eso sería traicionarla. Y, si bien ella me lo pidió, no lo he hecho y no lo haré, porque sería lastimar a otra persona empezar una relación. Y cuando me preguntase si la amo le tendría que mentir sistemáticamente porque sé que nunca la querré como a Jennifer, y tarde o temprano le diría: “no, no te quiero ni te amo. Lo siento, pero es la verdad”, y le rompería el corazón a alguien que no se lo merece.
Nadie jamás podrá entender cuánto nos amamos; cuan absurdamente enamorados estábamos. Podíamos pasarnos horas sentados en tu jardín simplemente mirándonos, abrazados, disfrutando de un dulce e infinito beso durante el cual el universo se podría haber congelado y no nos habría importado
A veces caminando veo las parejas junto a sus hijos pequeños y se me hace un nudo en la garganta al pensar que podíamos haber sido nosotros. Habría sido el hombre más feliz de la historia si hubiera tenido la dicha de tener familia contigo. Luego me doy vuelta y se me escapan las lagrimas tras mis lentes oscuras.
¿Por qué tú, mi vida?, ¿por qué no otra persona? ...Y no me importa sonar como un egoísta. No es justo lo que nos pasó, no es justo que nos hayan separado así
Lo que más tristeza me da es que ni siquiera puedo reclamarle a nadie. Me he sentido tan impotente...sin poder más que llorar, sabiendo que te ibas al cielo y ya no podría volver a besarte...
Es aquí cuando me surge la única pregunta y al único a quien se la puedo hacer:
 
¿Por qué si en el cielo había tantos ángeles Dios te tenía que llevar a ti?
 
Jenny vos eras mí ángel personal, mi princesa, mi niña adorada, mi único amor, mi razón para existir y sentir.
Así que aquí estoy, de rodillas, con tu crucifijo dorado en mis manos, ese que tanto significaba para ti y que me entregaste confiando en que me ayudaría; su brillo me recuerda el brillo de tus ojos y los míos empiezan a llorar... y mis lagrimas caen de nuevo sobre él; entonces levanto la vista y miro al cielo, al oscuro y profundo espacio, más allá de todo hasta donde mi vista llega, en esta noche en que siento que mi alma se deshace en un llanto demasiado doloroso y angustiante y mi corazón se desangra; y en un último deseo busco a un  Dios en el que dejé de creer hace mucho cuando te separó de mi y sólo le suplico una cosa:
 
¡Señor, por favor , por favor… DEVUÉLMELA!
 
domingo, 2 de agosto de 2015 | By: Abril

Bésame si me equivoco


Esta vez me toca ser quien diga las cosas bonitas, quien admita que en este juego no ha perdido nadie, que ha sido una doble victoria. Y es que te escribo esta carta para darte las gracias por eso, por nuestros momentos y porque las promesas que un día hice no las va a romper ni el tiempo ni la distancia, esto no es más que un par de promesas medio camufladas entre palabras y un intento de recordarte lo genial que puedes llegar a ser, y es que a ti te miro de un modo distinto. Que no hay otra cosa más bonita que despertar a tu lado y con tus besos. Que los despertares ya no merecen la pena si no son contigo, y sabes que me pasaría años recorriendo todas tus pecas, memorizando cada una de ellas con la punta de mis dedos. Y andar por tus labios, y dejar que nunca, nadie te haga daño. Que no soportaría ver tus lágrimas en esos ojos aunque he de admitir que tu belleza aún existe cuando estás triste. Aún sigo preguntándome si de algún modo puedes verte horrible y todavía no he encontrado ninguna solución posible. Nunca nadie había conseguido tales cosas en mi, como lo has hecho tú; yo no sabía que esto del amor fuera tan maravilloso si es compartido y es recíproco, pero ya veo que sí lo es. Tan inverosímil a veces, tan genial que tengo miedo de perderte, de que esto vuelve a ser una historia que termina como otra cualquiera, que cada uno sigue su camino y deja que el otro, se vaya, sin hacer nada al respecto, aunque algo me dice que esta vez no será igual...

Bésame si me equivoco, pero creo que esta vez es mejor que todas las demás anteriores. Esta vez las cosas van de paciencia y aguante. Brindaste por el camino conjunto y ahora ya no sé si soy yo sin ti o eres tú sin mí. Las cosas cambian y sí, nosotros también. Yo cambié y tú me recogiste después del cambio. Ahora lo único que quiero es despertar a tu lado, después de largas noches de conversación y susurrarte muy bajito que no es que no quiera estar contigo, es que no me imagino no estándolo. Maldito el día en que probé tus labios, ¿quién me ayuda a mí ahora con esta adicción? Porque yo ya no soy capaz de tenerte cerca y no desear besarte...

Ha pasado el tiempo y yo sólo prometo que algún día lo pararé y nos quedaremos a vivir en la cama.

Posdata: lo sabes de sobra pero por si acaso se me olvida, te quiero.


(Celia Otos
)
martes, 6 de enero de 2015 | By: Abril

Por si mañana...

 
Querida Julia:
 
Te escribo ahora, mientras duermes, por si mañana ya no fuera yo el que amanece a tu lado. En estos viajes de ida y vuelta cada vez paso más tiempo al otro lado y en uno de ellos, ¿quién sabe?, temo que ya no habrá regreso.
 
Por si mañana ya no soy capaz de entender esto que me ocurre. Por si mañana ya no puedo decirte cómo admiro y valoro tu entereza, este empeño tuyo por estar a mi lado, tratando de hacerme feliz a pesar de todo, como siempre.
 
Por si mañana ya no fuera consciente de lo que haces. Cuando colocas papelitos en cada puerta para que no confunda la cocina con el baño; cuando consigues que acabemos riéndonos después de ponerme los zapatos sin calcetines; cuando te empeñas en mantener viva la conversación aunque yo me pierda en cada frase; cuando te acercas disimuladamente y me susurras al oído el nombre de uno de nuestros nietos; cuando respondes con ternura a estos arranques míos de ira que me asaltan, como si algo en mi interior se rebelase contra este destino que me atrapa.
 
Por esas y por tantas cosas. Por si mañana no recuerdo tu nombre, o el mío.
 
Por si mañana ya no pudiera darte las gracias. Por si mañana, Julia, no fuera capaz de decirte, aunque sea una última vez, que te quiero.
 
Tuyo siempre
 
T.A.M.R.
 
(Jesús Espada resultó ganador del III Concurso de Cartas de Amor de Cobisa )
martes, 11 de febrero de 2014 | By: Abril

La última carta

Barcelona, 14 de febrero de 2013

Querida Celina:

Esta es la décima carta que te escribo desde que dejé de verte… y, creo, será la última.
No sé por dónde empezar. Reconozco que me siento perturbado y aún lleno de rabia por cómo pasaron las cosas. Espero que mi valor no me abandone en este instante y me lleve a hacer lo de siempre: apagar el computador y olvidarlo todo. La verdad no me importaría. A fin de cuentas, eso es lo que he hecho también todos estos años con esa novela que quiero terminar de escribir. Pero cada vez que intento retomarla me detengo cual estatua en el mismo capítulo: la parte en la que escribo sobre ti, porque tú formas parte de ella.

Supongo te causará risa, pero créeme que es así. La trama está en mi mente de principio a fin, e intuyo que si la plasmo en el papel sería una historia fascinante. Pero tengo temor de experimentar el efecto que causará en mí escribir sobre ti. Relatar tu vida que fue mi vida.

Te imagino en este instante reclamándome: ¿Por qué escribir sobre eso? Es un asunto íntimo que sólo les concierne a nosotros dos. Y la verdad es que llevo todo este tiempo intentando responder esa pregunta, pero al final otra interrogante me invade: ¿Por qué no?  O quizás deba ser honesto y terminar de aceptar que lo haría simplemente porque lo necesito. De todas formas, si decido continuarla, tú serás la primera en saberlo.

Pero ese no es el motivo de mi carta. Es algo más complejo y difícil de manifestar.
Ahora soy yo quien se ríe imaginando tu reacción: ¿Cómo es posible que a un hombre como usted, tan elocuente, profesor universitario, conferencista, cuarto bate y novio de la madrina, le cueste tanto trabajo decir lo que tiene que decir?

Pues sí, así es. Y lo noto en mis dedos sudorosos, en esta involuntaria aceleración de mi corazón y hasta en este vértigo incómodo que invade mi estómago. Pero tú me entiendes, estoy seguro, y sabes que no soy bueno para decir asuntos difíciles de un solo golpe.

Hoy, sin proponérmelo, hablé de ti en tres oportunidades. Me resultó extraño luego de 10 años. Y no es que no hable de ti, lo hago de vez en cuando, pero hacía tiempo que no lo había hecho con tanta frecuencia en un mismo día.

Muy temprano en la oficina te nombré por primera vez. Le explicaba a la gerente sobre mi plan de inversiones que haría este año en mi empresa. Le manifestaba que me llenaba de incertidumbre saber si dichos proyectos serían una decisión acertada según y cómo estaba el país, y de repente dije en voz alta: “Celina siempre me decía que lo que yo soñaba se cumplía y que debía tener un ángel de la guarda a tiempo completo trabajando para mí, así que no debía dudar de mi instinto”. Te confieso que al decir aquello mis dudas se disiparon y seguí adelante con mis planes. Aún extraño la magia que tus palabras de aliento irradiaban sobre mis propósitos, ¡Y vaya que los impulsaban!

La segunda vez que te nombré fue en la tarde, con mi psiquiatra. ¡Ah, bueno, esa es otra historia! Porque no sé si te había dicho que acudo a terapia con una psiquiatra desde hace algún tiempo. Para serte sincero me avergüenza revelártelo. No quiero que pienses que ando un poco loco, pero la verdad es que con ella he explorado un modo diferente de ver las cosas y me siento aliviado cada vez que salgo de su consulta.

No sé por qué me provocó contarle sobre aquella vez que fuimos al cine cuando éramos novios de estudiantes y que al salir nos agarró aquel chaparrón de agua.  ¿Lo recuerdas?, sin vehículo ni un bolívar en el bolsillo, simplemente decidimos caminar abrazados rumbo a casa sin importar que la lluvia mojara nuestros cuerpos. ¡Cómo reímos hasta más no poder durante todo el trayecto! ¿Sabes algo? A veces extraño esa época cargada de carencias, pero llena de sencillez y amor incondicional.
Por último, te nombré en la noche cuando decidí llamar a tu madre… ¡Sí, la llamé! Mantengo mucho contacto con ella. ¿No te lo ha dicho?

Quise pedirle su bendición para lo que estoy a punto de hacer. Cuando se lo dije noté cómo su voz se quebraba, pero tras una breve pausa de silencio me dijo que estaba bien y que era lo mejor para mí. Sus palabras me reconfortaron enormemente.

Luego nos reímos un rato recordando la que fue tu profecía exacta cuando afirmaste antes de abandonarme que yo quedaría después de ti como un “Papagayo sin cola”. Una predicción que se ha cumplido todos estos años, hasta ahora.

Creo que ya supones lo que intento decirte.

Hace 4 años conocí a otra mujer. Ha sido mi ángel desde entonces. Con ella retomé el camino del amor puro que sólo contigo había paladeado, y aunque ha debido llegar a tus oídos que después de ti he vivido muchos idilios locos, esta vez es diferente. En ella encontré el oasis que calmó la sed que tu partida me dejó.

¡Voy a casarme de nuevo! Y no sé explicarlo, pero siento que tu presencia me invade con intensidad por estos días. Cuánto anhelo que me pudieses hablar. ¿Sería posible? Necesito escuchar tu voz. O quizás me puedas visitar un día de estos, y así saber lo que piensas. Es lo único que me faltaría para sentirme completamente en paz. ¿Es pedir un imposible, verdad?

Al principio de esta carta te escribí que creía sería la última. Ahora estoy seguro de ello. Intentaré continuar viviendo esta vida de la mejor manera posible, contigo y sin ti.
Flaca, esta es mi despedida… esa que nunca pude hacer en vida cuando el cáncer poco a poco te arrancaba de mis brazos, esa que mi inconsciente desea gritarte a través de una novela, esa que apenas hoy, 10 años después de tu muerte, tengo el coraje de hacer.

Quizás tú sí intentaste despedirte de mí cuando me pediste que escuchara con atención aquella canción, “No me ames” de Marc Anthony y Jennifer López. Una balada cargada de solicitudes imposibles cuando en verdad se ama. Qué distinta me suena ahora. Mi rabia se alborota cuando la escucho pero pronto se aplaca, no hay opción. No puedo cambiar el destino.

Mi pasión por ti quedó en deuda por la oportunidad que le brindaste al disfrutar de un primer amor inolvidable. Yo te doy las gracias por todo lo vivido. ¿Qué pasará con aquel epitafio?
Tu recuerdo irá siempre dentro de mí y rezaré por ti hasta el final de mis días, mi querida Celina… ¿Nos volveremos a ver?

Juan Carlos

(Juan Carlos Federico Álvarez Sánchez)
sábado, 28 de diciembre de 2013 | By: Abril

Carta de amor para él


"Ella se miró en los mil pedazos rotos del espejo, su piel iluminada por las velas, tenía el color irreal de las figuras de cera. Miguel comenzó a acariciarla y ella vió transformarse su rostro en el calidoscopio del espejo y acepto al fin que era la más bella de todo el universo, porque pudo verse con los ojos que la miraba Miguel."

'La casa de los espiritus', Isabel Allende.

Tiempo de silencio, tiempo de espera, si tengo que admitir que volver a oír tu voz me trajo sensaciones olvidadas, te imaginaba dormido, como un príncipe de cuento, esperando que viniera alguien a darte un beso para volver a ser real, mientras solo eras un sueño, alguien del pasado que se marchó a un país lejano, pero dentro de mi sigues estando y eres real, tu voz me quema y tus palabras me traen recuerdos de besos y ron, pero debes de seguir durmiendo.

Volcar mis sentimientos y mis actos en unas palabras a veces duele, este es un momento de mi vida muy difícil, muy importante, nada fácil, en el que cuando me quedo a solas conmigo misma me viene una película que no quiero volver a ver, la película de todos los meses pasados contigo, las palabras que me  dijiste, lo que yo  te dije, una y otra vez van pasando delante de mi como una pesadilla, lo que hizo, lo que me dijo, lo que le dije, todo tiene un tiente amargo, y luego por encima de todo eso, o por debajo, está el día a día, el trabajo, hacer la comida, mi casa, y es que nadie sabe que llevo conmigo un fantasma, que se sienta en mi mesa y se acuesta en mi cama , y por la noche me dice cosas y me abraza, pero cuando me despierto me clava a martillazos sentimientos en mi corazón, pero tengo que luchar contra todo esto, y quizás toda la felicidad de antes, ahora está pasando la factura.

(María Jesús)
miércoles, 12 de junio de 2013 | By: Abril

Final


Al final se ha acabado ese estado extraño en el que se juntaban los últimos minutos de tus besos y los primeros de tu ausencia. Ya sólo quedan de los segundos, que no son segundos, sino horas comprimidas en un minuto. Y yo, que nunca he sabido llorar bien, he venido en el autobús y en el metro con los ojos humedecidos a ratos, cuando he olido sin querer mi camiseta que olía al sudor de tu último abrazo, cuando he pasado por tu parada de Metro, vacía ya para siempre de ti.

He ido recordando momentos indefinidos en tu habitación, en la que ayer dormíamos como si nada pudiera pasar, ajenos al fin de nuestros días juntos, aun pensando que nuestra piel seguiría pegada, porque es nuestra, ni tuya ni mía; y en eso, se me cayeron un par de “te quiero”s.

Esos momentos de cuentos a oscuras compartiendo una almohada para uno, momentos de sudor entrelazado entre nuestros pechos y a viajes al sur de nuestras almas, momentos de noche congelada tras los cristales que nos hacían los reyes de la noche santiaguina.

Y ya no estás, no estás para siempre. Aunque no es así del todo, estás aún en mi almohada, en mis sábanas, en mis dedos que aún te tocan, en mi nariz que aún te huele, mi piel que aún te saborea, mis oídos que aun te oyen reír y mis ojos que te ven llorar por mí.

(Del blog: "Días sin horas")
lunes, 4 de marzo de 2013 | By: Abril

Carta de Despedida


Ahora que sé que pronto me iré para siempre, amor mío, pienso cómo será tu vida sin mi ... y se me despiertan miles de versos de amor por ti ...

Se me amontonan instantes que hemos vivido juntos, tiemblo adolescente cuando recuerdo cómo me acariciabas ...

Tu mano suave como pétalo de una flor rara y hermosa. Mis ojos cerrados ... mi respiración entrecortada. Tu risa, mi amor, tu risa .... Reir hasta llorar de risa. ¡Cómo me ha gustado siempre hacerte reir!

El reto de amarte de una forma distinta cada vez. Amarte, mi vida, amarte. Amarte hasta sentir dolor ... Dolor de no tener más vida después de ti, de llorar por dentro.

Quisiera aprender a olvidarte, caminar solo, pero no consigo olvidar tus besos. Sería fácil si no te amara, si mis caminos no me hubieran llevado una y otra vez a tu puerta.

Supongo que todo se lava con lágrimas que brotarán de mi corazón roto y agonizante. ¡¡¡Maldita enfermedad!!!

¿Por qué Dios es tan cruel para darme este castigo, si mi único pecado fue haber amado tanto contigo? Amado ... me he sentido tan amado que no te dejaré nunca.

Me diste tanto, me sentí tan colmado ...

No me olvides jamás ... Yo no podría.

¡TE QUIERO!!
sábado, 16 de febrero de 2013 | By: Abril

La madrugada era otra cosa...


De eso.
Del verso y la harina, de un grillo exacto, de un tiempo breve.
De eso -tan poca cosa- vengo a hablarte.
De eso vengo a hablarte.
Era la noche quieta. Era el aire caliente y la luz a medias. Eran los grillos buscándose a gritos. Era la luna una mitad. Era un hotel mustio y un patio y sus paredes. Era una tierra ajena, las horas lentas, algún insomnio. Éramos todavía dos extraños. Éramos todavía invulnerables.
Me miras toda, te miro entero: maneras de reconocerse.
Y ése, así, pudo haber sido el principio.
Tú eres panadero y yo junto palabras, y la madrugada -el espacio donde crecen poemas y panes- nos vino a reunir en un patio de hotel.
El patio es alargado. Las puertas son diez y ocho están cerradas. Adentro, criaturas duermen, sueñan, aman: nada raro. Afuera hay un calor cansado. Y plantas. Y un grillo insistente entre el calor y las plantas. Desafina tanto que nos hace gracia. La risa se derrama y sentimos algo que -tal vez- sea un cosquilleo. Las plantas respiran. Transpiramos. El patio es un horno manso en el que -ambos sabemos- se está cocinando algo.
No es lo mismo la harina de trigo que la de centeno. Su pan es más oscuro, más denso, más amargo -explicas- y el pan de centeno parece de pronto un animal lastimado. Lo trago con cierta compasión; pienso en toda su oscuridad, su densidad, en toda su amargura.
Pienso además -sin que te enteres- que Lihn tenía razón, que no debe ser lo mismo estar sola que estar sola en una habitación de la que acabas de salir. Que seguramente tú no sabes quién es Lihn ni quién salió de su habitación para que él repitiese, como un mantra: no es lo mismo estar solo que estar sin ti. Que tampoco yo sé cuánto tiempo hay que amasar la harina de maíz para transformarla en aquello que cruza de tu mano a la mía: una empanada.
Yo nunca metí las manos en la masa.
Tú nunca leíste a Lihn.
Pero eso, supongo, no tiene ninguna importancia.
La distancia de tu mano a la mía es un trayecto menor: allí donde suelen ocurrir los accidentes.
A veces sucede simple: una mano tropieza en otra y pone la noche quieta en movimiento, vuelve ligeras las horas.
La madrugada puede ser eso: compartir una empanada y entender la ligereza del tiempo, el orden del mundo, el peso de todas las piedras; rendirse al pan y a la poesía como lo que son: placeres primarios; trabajar la masa y las palabras: ablandarlas, molerlas, variar el molde, retorcerlas hasta su forma definitiva, bailar con ellas en la pirueta final.
La madrugada puede ser eso: mezclar agua, harina y levadura como un nombre, un verbo y un adverbio, enfrentar un balance de ingredientes a un revoltijo de versos, deslindar lo intrascendente de lo fundamental, hablar de cosas simples y elementales y dejar que el resto suceda lejos:
-Que ni poco ni demasiado: amasar hasta el punto justo, obtener una textura lisa como plastilina y ven, hagamos el amor así se acorta la noche.-Que hay que apretar con la parte de la mano que se une a la muñeca y ven, guardemos esta noche para cuando no haya.-Que la levadura es un hongo, un organismo vivo y también, si quieres, podemos tener hijos.-Que un exceso de sal endurece la corteza y que no, no volverá nunca al mundo una noche como esta noche.No vuelven al mundo las noches así.
No cantarán los grillos otra vez.
Y quizás -sólo quizás- sea mejor así. Pero ahora, en un patio largo, entre el calor y las plantas y un grillo terco, el milagro toma esta forma; instala un silencio estricto.
Me dices poco, te digo nada: maneras de decirse todo.
Me miras -panadero- como un aullido.
Y eso, supongo, debe tener algún significado.
Nuestro pan último es una marraqueta que rompes en dos. Para entonces, la madrugada ya es sólo un resto frágil, algo que agoniza demasido rápido. Se va dejando la mañana a nuestros pies, envueltos en migajas.
Te miro -panadero- como un aullido.
Tal vez la madrugada sea eso: la fuerza con la que aúllan los lobos.
La palabra «compañía» proviene del latin panis: se refiere a la acción de comer de un mismo pan. Un compañero es, etimológicamente, «aquél con quien se comparte el pan».
La mañana llega como una frontera.
Y ahora dime -compañero- qué hacemos con todo esto. Quiero decir: qué hacemos con la frontera, la línea cruel entre seis horas livianas y la mediocridad del resto de los días. El se acabó la suerte y cada uno se va por donde vino: tú con los panes a otra parte y yo a recitarle a nadie, a caer de tu cuerpo al precipicio, a creer que la ternura es impropia y que sí, que es posible regresar de ti a cualquier parte, como si el amor no fuera una cosa cierta y nosotros hubiéramos nacido en vano.

("Moraima Piaggio". Martina Bastos. Primer premio del XIX Certamen de Cartas de Amor y Desamor de Almuñécar)
jueves, 14 de febrero de 2013 | By: Abril

Carta de amor de Adán a Eva



Paraiso Perdido, dia uno, del mes uno del año uno.


Querida Eva:

No te escribo para reclamarte la costilla que me falta. En realidad es la mejor inversión que hice en mi vida, finita a partir de este momento. Si yo hubiera sabido la finalidad de esta extirpación, Dios no hubiera tenido que sorprenderme dormido, yo se la hubiera cedido de mil amores. Hemos dado de una sola vez inicio a la pareja humana y a la cirugía mayor.

Naturalmente esto nos deja a los hombres la siguiente enseñanza: si queremos obtener a la mujer de nuestros sueños es posible que primero debamos sacrificar algo. Pero no dudo que cualquier hombre en cualquier tiempo, renunciara gustoso a una de sus costillas a cambio de una mujer como tú: UNICA. Porque costillas tenemos muchas, pero amor de verdad...  !quién sabe!. Bien podríamos optar por recuperar la bendita costilla y restablecer nuestra integridad anatómica, pero a costa de quedar con un vacío mayor en el corazón, y está visto que un hombre puede vivir con una costilla menos pero dudo que pueda hacerlo sin corazón.

Por eso debe ser que me siento incompleto cuando no estás a mi lado. No es cosa de ir por la vida con una de nuestras costillas dando vueltas por ahí a merced de cualquier oportunista.

Otra de las cuestiones de nuestro nuevo estado es la institución de la seducción. Porque hasta hoy éramos lo mismo que dos plantas. A partir de hoy deberé conquistarte cada día. Tendré que ganarme el pan de tus besos con el sudor de mi alma. Este juego nos ha dado en descubrir la profundidad de una mirada, la importancia de las caricias y el lenguaje del cuerpo. Lo que hemos perdido de inocencia lo hemos ganado en humanidad.

También me he dado cuenta que el paraíso no es un lugar exacto, sino un lugar relativo.

Tiene que ver más con los sentimientos que con los mapas. He aquí un claro ejemplo de paraísos e infiernos relativos. Relativos ¿a qué? A la presencia del amor. A partir de hoy el hombre asume que el paraíso o el infierno pueden ubicarse en el interior de su naturaleza humana más allá de la bondad o crudeza del paisaje que lo contiene. Puedo estar rodeado de riquezas y en medio del más bello palacio pero sentirme en el infierno si estoy solo, y por el contrario, si estoy a tu lado me sentiré en el Edén aunque este parado en medio de un páramo inhóspito.

Tampoco voy a reprocharte el tema de la manzana del árbol de la sabiduria. Dios te ha dado una naturaleza curiosa y en el futuro nuestros descendientes dirán con toda razón que la curiosidad mata al gato y embaraza a la mujer, de modo que no has hecho otra cosa que justificar la historia.

Quiera Dios en su inmensurable sabiduría que nunca nos falten las manzanas en nuestro viaje temporal, ni los pámpanos que me permiten imaginar y redescubrir tu perfecta y blanca desnudez.

Sólo por ti confluyen en mi sentimientos que serán propios de todos los hombres pero que hasta ahora estaban confundidos en el fondo de nuestros corazones. Estos son la ternura, la ilusión, la esperanza, el miedo, el dolor, el frenesí, la locura, la lascivia, los celos. Ahora somos personas ricas en espíritu y no juguetes de la Divinidad. Por muchos de estos sentimientos deberemos pedir perdón a Dios, pero esa es parte de su misión de Creador.

Deberemos prepararnos para esta nueva etapa. Yo debo conseguir un empleo para mantener el nuevo hogar, tu debes aprender a cocinar, a lavar la ropa, implemento recientemente adquirido y a cantar nanas para acallar a los niños. Piensa que estamos sentando las bases de la humanidad futura donde habrá restaurantes, lavaderos y guarderias... pero por ahora, contentémonos con hacer todo a mano. Ya nos caerán gratuitamente a nuestros pies los frutos que nos servirán de alimento, ahora habrá que arrancárselos a la tierra a fuerza de trabajo. Y tu sufrirás al parir a nuestros hijos y ellos mismos te traerán más preocupaciones y dolores.

En resumen, querida Eva, esta carta que de movida parece un libro de quejas no es más que un testimonio de eterna gratitud, de imperecedera declaración de amor, de base para que a partir de ella, nuestros descendientes adquieran la buena costumbre de sentir y de escribir esos sentimientos.
 
Por siempre tuyo.


Adán, hombre mortal.

(Raúl Oscar Ifran. Carta ganadora del Concurso "Pablo Neruda", Ayto. de Coria, 2008)