Mostrando entradas con la etiqueta Del odio al amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Del odio al amor. Mostrar todas las entradas
viernes, 25 de octubre de 2019 | By: Abril

Cómplices en desamor





"No sé en qué momento me alejé de ti
Ni cuando nos giramos para ser
El caso es que ahora somos dos extraños
En el bar del desengaño y nos falta hasta la sed"
                                                 (Vanesa Martín)


¿Qué hacemos aún juntos? Nada nos une. Cuántas veces lo hemos comentado sin llegar a un acuerdo que nos deje a ambos conformes. Sin llegar a esa tregua que nos permita un momento de calma, a esa paz interior que, con el tiempo, nos hemos resignado a perder y a donar a cambio de evitar la soledad que nos lleve al olvido.

Estamos, más que solos, mal acompañados el uno del otro. Nos toleramos, pero nada queda de aquel motivo que nos unió, que quiero seguir pensando que no fue otro más que el cariño. Pero no, sé que me engaño, porque fue tan solo una forma más de espantar el miedo al abandono.

Sé que me quieres de una manera muy particular y probablemente egoísta. Yo no te quiero y te lo demuestro cada día con señales que prefieres ignorar. Pero sigo aquí porque tengo miedo a no tener nada, a desaparecer, a volverme aún más invisible de lo que ya soy para todos, incluso para mí misma. Tú controlas los tiempos y sabes qué hacer  y cómo comportarte ante los demás para seguir pareciendo lo que no somos: felices. Pero mírame. Mírame a los ojos y dime qué queda de la pareja perfecta que éramos al principio de este cuento de hadas.

No tuvimos hijos, ni perro que nos ladre. Y eso contribuyó a acumular ese miedo que hoy anega esta tensa calma. Mi única vía de escape es pensar en él, mi amante. Pensar en el único hombre que me ha robado el corazón. Desde que se fue de mi vida camino como un alma en pena, con la insólita idea de que un día de estos abandone a su mujer y a sus hijos y vuelva a buscarme.

Yo estaba muerta a tu sombra. Él me dio la vida, pero también me la quitó. Y desde entonces sobrevivo con un hueco en el estómago que no puedo llenar con nada. Sigue en mí, pero de otra manera y me llama amiga, que es lo peor que se le puede llamar a una amante que no ha dejado de sentir aquello que le hizo volver a la vida.

Tú no sabes nada de él. Me miras con la mirada vacía del cordero que va al matadero, como si no me vieras, aunque estás acostumbrado a que mi calor caliente esta casa. Solo somos dos extraños que comparten apartamento. A veces hacemos el amor, por no hacernos la guerra y luego nos damos la vuelta. Tú para no pensar en nada y dejar que otro día se convierta en cenizas, como si todo te diese igual, caminando inexorablemente hacia el momento en que dejes de respirar. Y yo, pensando en que acabo de entregarle mi pasión fingida al hombre equivocado.

(N.H.R)
jueves, 13 de junio de 2013 | By: Abril

Y sin querer...


Y sin querer, y poco a poco, has sembrado la semilla de tu recuerdo.
Ahora te empiezo a echar de menos aunque aún estés aquí.
Ahora me quema el saber que te vas y que nada sucederá para que deje de suceder.
Ahora me enfado conmigo mismo echándome en cara que no tiene nada de especial, que es otra flor del jardín.
Ahora me enfado contigo cuando me dices que esta noche no quieres quedar, porque me aflora la necesidad de tu piel y de tus besos, y no los tengo.
Ahora me odio un poco por no querer jugar al juego del cínico irreverente, porque no me sale, porque quiero dedicarte tiempo; y pienso que eso te va a cansar, ya no te confundiré.
¿Amor, relaciones? ¡Qué es eso!
No, que muera porque no puedo matarlo. Que empieza a arder entre mis manos lo que veo que me va a estallar en la cara dejándome en la calle de rodillas echando de menos sus sábanas.

(Del Blog: Días sin horas)
lunes, 20 de mayo de 2013 | By: Abril

Ya tebia lublu


Por fin vamos a volver a vernos después de tres años, pensaba mientras iba en el avión. Tenía más de 20 horas para recordar que la primera vez que te vi mis ojos no dejaban de perseguirte, que la primera vez que te oí no podía escuchar otra cosa y que la primera vez que te besé ni yo mismo sabía que podía besar tan bien. Me enamoré hasta de tu nombre: Anastasia.

Londres fue cómplice de nuestra aventura. Podíamos pasar todo un día caminando por la ciudad machucando el inglés para entendernos. Nuestras citas eran en la misma estación de tren, Wall Street, que quedaba cerca de la escuela. Yo aprovechaba para pedirte disculpas por llegar siempre una hora tarde. Nunca entendiste que la impuntualidad es algo muy venezolano.

Allí iba yo, emocionado, pensando en la vez que fuimos a Escocia y no conocimos nada porque decidimos quedarnos encerrados conociéndonos a nosotros mismos. Ese invierno fue muy caliente, lo único que no te quité fue la bufanda, por si te daba gripe, tú sabes… Se nos pasaron los meses más que perfeccionando el inglés. Tú aprendías español y yo trataba de aprender ruso. Te expliqué lo que significaba: “No es pelúo ese idioma, es peluísimo”. Lo único que aprendí en ruso es que “te amo” se dice “ya tebia liubliu”. No me importaba nada más.

El día que tuve que regresar a mi país te prometí que volveríamos a vernos. Fue una tortura pasar tanto tiempo escribiéndote mails, hablándote por Messenger, viéndote por Skype y escondiéndole las facturas de CANTV a mi papá. El día que me llamaste y me dijiste “¡Vente a Rusia ya!”, no lo dudé, no me dio tiempo. Compré mi pasaje inmediatamente y arreglé mis maletas, ni siquiera me acordé del cupo CADIVI (eso tampoco lo has entendido, lo sé).

La cosa es que estaba en el aire esperando llegar a Moscú para luego subirme a otro avión que me llevaría a Krasnodar, que es como decir Tucupita aquí en Venezuela. Durante el vuelo imaginaba nuestro reencuentro, hasta estaba preparando un discurso, eran muchas mis interrogantes: ¿Qué tan fuerte iba a abrazarte? ¿Qué tan largo iba a besarte? ¿Qué era lo primero que debía decirte? Por cierto, tampoco sabía en qué momento darte el boleto adicional que llevaba para que regresaras conmigo a Venezuela.

S7 se llamaba la aerolínea que me llevaría a Krasnodar, yo era el único pasajero de pelo negro, y el más oscuro; nadie hablaba español y una sola azafata medio hablaba inglés. Fue en ese momento que decidí llamarte, antes de despegar: “Anastasia, en dos horas estoy allá contigo”. Tu respuesta fue: “No te puedo buscar, me caso el sábado”. Era miércoles, y colgaste. Me quedé tan frío como cualquier otro ruso. Pensé: “Esto tiene que ser una broma” y volví a llamarte. Me dijiste que ibas a buscarme, respiré.  Salí del aeropuerto y ahí estabas, hermosa, toda una princesa, causabas el mismo efecto en mí que la primera vez. Me acerqué y no hubo abrazo, no hubo “hola” o “privet”, como se dice en ruso. Lo que salió de tu boca fue: “Te voy a dejar en un hotel y mañana te regresas a Venezuela, que aquí no tienes nada que hacer”. Me acompañaste hasta la habitación y antes de que abriera la puerta te fuiste. Esa fue la última vez que te vi.

Ahí me quedé yo, viendo el techo y pensando que mi mamá tenía razón cuando me dijo: “Kenny, ¿qué vas a ir a buscar tú tan lejos por allá?”

Aún te recuerdo, no con odio; no me alegré cuando me escribiste, un año después, que te habías divorciado; disculpa por no responderte ese mail. Confieso que hasta ahora no te he llorado, es más, si quieres puedes venir a Venezuela para que veas que no hay rencores. Yo te estaré esperando. Dile al taxista que te deje en el centro de Caracas. Procura llegar de noche, que es más interesante.

Ya tebia liubliu.

(Kenny Cerna)
domingo, 19 de mayo de 2013 | By: Abril

Querido "Niño Jesús"


Querido Niño Jesús:

Aún recuerdo tus figuras abstractas y tus siluetas deformes, aunque cuando vivía entre tus calles, y transitaba por tus escaleras, prefería mirar al cielo porque era lo único que me gustaba ver a tu alrededor. Era un idiota.

Quizás no me recuerdes, pues solía ser uno de esos muchos que todavía viven en tus casitas iluminadas y descoloridas, tan juntitas todas que siempre se me hizo difícil saber en dónde comenzaba una y en dónde terminaba otra.

No sé de dónde sacaste tu nombre, pero es fácil imaginarlo. Eres un barrio. Un pesebre caraqueño. Tienes un montón de muñequitos que nadie quita cuando termina diciembre. Están allí todo el año, inmóviles, presos, con miedo. Deseando que los tiros que escuchan todas las noches no fuesen más que fosforitos. Pero sonrientes, siempre. No tienes arroyitos ni puentes bonitos. Ni a Jesús ni a María. Sí recuerdo a los mismos tres pranes magos, al que le decían mula, y al que le decían buey. Y estaba yo, José, pero me fui.

No tenías la culpa de nada. Pero quería estar lejos de ti. Odiaba despertar a las cuatro de la mañana para pelear un puesto en el jeep y poder llegar temprano al trabajo. Odiaba subir o bajar cada uno de tus malditos escalones. Odiaba los techos de zinc que no detenían ni las piedras, ni las gotas de lluvia, ni las balas. Odiaba las sábanas desplegadas sobre cuerpos helados que ya no podían sentir ni el frío del asfalto. Te odiaba.

Ahora te extraño. Extraño mirar el cielo que te servía de sombrero. Extraño ver a los papagayos serpentear entre las nubes como espermatozoides errantes. Extraño el verde de tus árboles, al lado del naranja de tus ladrillos, acariciando el azul de los tanques de agua. Extraño la impertinencia de los gallos al amanecer y la elocuencia de los gatos al anochecer. Extraño todas y cada una de tus lucecitas, las amarillas y las blancas. Te extraño.

Aunque entiendo lo importante que has sido para erigir mi vida, siempre me avergoncé de ti. Negué conocerte. Dije cosas horribles de tus muñequitos asustados pero sonrientes, de tus casitas iluminadas y descoloridas, de tus formas, de tus virtudes. De ti. De mí. Y lo siento. Nunca antes te había pertenecido como ahora que estás sin mí y yo sin ti. Nunca antes me había dado cuenta de que amaba algo cuando ya estaba perdido. Nunca antes te había pedido algo, pero esta vez te pido que me perdones. Descubrí tu belleza y ahora la quiero. La defiendo. La anhelo.

Cambié. Vengo de ti. Y seré siempre tuyo.

(José G. Márquez, Carta ganadora del Concurso Cartas de Amor de Montblanc, 2013).
viernes, 8 de marzo de 2013 | By: Abril

Sin título


 
Malditas sean todas las cartas de amor, maldito Neruda, por no escribir esos versos tan tristes, maldito Bécquer, por ese lugar para los amores olvidados, maldito Lorca, ¡malditos!, malditos todos los poetas que no acabaron con esto, y maldito, porque ahora, son los que me ayudan, en medio de esta sinrazón de muertes, a pensar que ese sentimiento aún perdura en muchos hombres, que no son precisamente poetas, y que tal vez, yo sea la próxima.

Aún recuerdo cuando nos conocimos. Éramos dos críos. Tú, siempre pensando en trabajar cuanto antes, tener un coche, una casa.... y ...ahora me doy cuenta....a mi encerrada en ella...Ay, qué fue del hombre que quería estar conmigo a todas horas, siempre salías conmigo porque no podías vivir sin mí. Los celos y el alcohol lo desvanecieron todo...

Y yo, dejándome llevar, pensando que dejar la facultad para casarnos no era perder nada, sino ganar una familia, un marido, un hogar...que casi se convierte en mi tumba...

Ahora, desde esta casa de acogida me pregunto, cuándo empecé a temblar al oír la puerta, cuando dejé de visitar a mi familia, de salir con mis amigos, de estudiar...aunque total, ya nada importa, a finde cuentas, siempre has tenido razón, no sé hacer nada bien, y menos hablar correctamente. Será mejor que calle, que oculte este miedo que me corroe las entrañas, que nadie sepa lo que me pasa...aunque, si estás leyendo esta carta, al menos te hicieron llegar mis últimas palabras de amor, pero también que te cogieron, te encarcelaron, o tal vez estés libre, aunque eso signifique que fui la siguiente de esa interminable lista, en la que, de nada sirven los poetas, las cartas de amor, los “te quiero”, y que tampoco esta vez el 016 pudo llegar a tiempo....

Siempre tuya...


Don Fernando Izquiero Aguado
Centro Penitenciario Cáceres II
Ctra. Trujillo s/n
10005, Cáceres


Badajoz, 14 de febrero de 2008

Sr. Izquierdo:

Una vez resueltos los trámites administrativos de su esposa, se le hace llegar documento depositado en esta notaría a su nombre.

Sin otro particular, reciba un cordial saludo.

Fdo: Ignacio Haro

Notario


Eva Mª Romero Rivero.
San Vicente de Alcántara (Badajoz)
Carta Finalista en el I Concurso de Cartas de Amor "Pablo Neruda" del Ayto. de Coria, (Cáceres), 2008

lunes, 4 de marzo de 2013 | By: Abril

Buenos días, mujer


Hoy surgieron mis primeras dudas,

Dudas de si emprendí el buen camino hacia tu olvido, o debí perseverar en el mundo de los mortales en tu continuo recuerdo en mis actos y pensamientos.

Dicen que la duda es la mala, la que no nos permite el paso firme, la que nos embrolla, la que nos roba sueños y nos siembra desconcierto... pero a mi, la duda, esa capaz de generarme desequilibrio me seduce. Los y si, los peros y los sin embargos, las vueltas al principio... son los artilugios que utilizó mi mente para tratar de mantenerme vivo allí, en aquel mundo por el que tu caminas.

Y todas estas dudas, en su cara oculta, agitaron en demasía a mi persona, tal vez, descubriéndome como una pésima película, de esas subtituladas del original idioma estridente, que la curiosidad invita a empezar a ver, pero que la pesadez hace que nunca se llegue más allá de la media hora. Después, a nadie le diremos que no nos gustó, pues las cosas mal vistas siguen siendo las cosas bien inconfesables.

Y en este maridaje, entre la duda y tu recuerdo, mantengo mi cabeza equidistante tratando de arbitrarlo. Hoy caminé sin dirección alguna, porque como sabes, aquí no la hay. Pero también caminé sin destino, porque aquí el único destino es tu olvido... y como ves, sigo todavía muy distante...

Me despido, por hoy, enviándote el tarareo de una de tus canciones, porque como sabes, acá no traje besos...

(Carlos)
miércoles, 20 de febrero de 2013 | By: Abril

El hombre perfecto para ti

Solía escuchar con atención cada palabra que decías; aunque fueran vacías y sin importancia. Solía quitar el cabello de tu rostro; pero siempre dejaba uno en tus labios, a propósito; sólo porque me gustaba como te veías así. Solía decirte todo el tiempo lo bien que hueles. Solía apoyar mi cabeza suavemente sobre tu terso brazo cuando estabas ocupada escribiendo algo, porque me gusta lo suave que es tu piel. Solía besarte jugetonamente en la mejilla cuando te sentías mal; porque nadie más lo hace.

¿Y querías alguien dulce?

Cuando estaba cerca de ti, mis amigas solían mirarme con rabia. Cuando te alejabas; con lástima. Cuando me ponía de pie, alguien susurraba a mi oído las cosas más horribles de ti. Cuando daba un paso, sentía como tus pretendientes soñaban conmigo muerto. Cuando llegaba a mi asiento, mi propia conciencia empezaba a decirme que debía alejarme de ti. Cuando tomaba mi esfero, encontraba centenares de anotaciones que no recordaba haber hecho; todas decían que no debía caer en tu trampa. Cuando me cubría el rostro para pensar; algo imposible bajo el ataque de todos los que me rodeaban, decidía una vez más, igual que cada día, que debía darte... darnos.. una última oportunidad... una última más..., sin importar con cuantos tuviera que pelear; a cuantos tuviera que ignorar; cuantos amigos tendría que traicionar, sólo con la esperanza de estar contigo.

¿Y querías alguien fuerte?

Un día viniste a mí emocionada, porque alguien acababa de decirte que te amaba en francés. ¡Ja!
No sé si te lo mencioné; pero aprendí a decirte lo que siento en más de seis idiomas, mi favorito, en latín. Te lo dije una vez; respondiste que no entendías ni una palabra. Lo escribí para ti. Seguías sin entender. Te dije lo que era, palabra por palabra, y arruinaste la magia. Probablemente ya no lo recuerdas, pero yo sí. “Ab imo pectore amo te...” Tú nombre iba al final; pero no lo voy a poner. Intento olvidarte después de todo.

¿Y querías alguien inteligente?

Tú, Calíope, la musa de bella voz. Yo, Tántalo, el titán condenado para toda la eternidad a una tentación que no puede tener.
Tampoco me sorprendería si no lo recuerdas.
Es una historia que pensé para nosotros. No, claro que no. Nunca la escribí; hubiera sido un pecado hacerlo, pero la susurré a tú oído, escribí pasajes en tu mano, la vivimos cada uno por nuestro lado. El escenario principal fue la oscuridad de nuestro curso; la frialdad de tu banca y el café de tus ojos.
Cuando creía estar cerca de ti, pasaba algo y salías de mi alcance. Lo que me hacías sentir, siempre me inspiraba a escribir las cosas más sombrías... Curioso; pues la mayoría del tiempo sentía exactamente lo opuesto por ti; siempre te quise. Aquellas dos situaciones se repetían sin cesar una y otra vez. Todos podían ver claramente la monotonía, menos los personajes, menos nosotros.
Tú y yo fuimos una más de mis historias, mi favorita si me preguntas.

¿Y querías alguien visionario?

Siempre estaba ahí cuando necesitabas alguien con quien llorar; con quien desahogarte, a quien decirle que el nosecuantino es un idiota. Por ti hubiera frenado el infierno de ser necesario.

Cuando no sabías qué hacer, cuando debías tomar una decisión, o simplemente cuando estabas aburrida, era yo quien susurraba a tu oído que faltaras a clase, que copiaras en la prueba, que fueras novia de ambos, que falsificaras la firma, o que lo haría por ti.

¿Querías un caballero en armadura brillante o querías un ladrón envuelto en sombras?

Decidí que sería todo para ti. Y sin embargo, todo lo que tú veías en mí, era un juguete, ¿no?

Terminé sin ser nada, pero fue una historia divertida, que tal vez algún día escriba y que ahora quiero olvidar.

Espero que encuentres... lo que sea que quieres.

 (Joshua Aguayo)
sábado, 8 de diciembre de 2012 | By: Abril


26 Noviembre 2012
1:51am

Darwin Brian N.R.:

Si tú, el que hizo mi vida tan gratamente feliz, el que me robaste todos mis sueños, y todas mis ilusiones. Tú quien se llevo toda mi vida en ti, y todas las lagrimas que han salido, y todos las horas que por montones he pensado en ti..

Sí tú, aquel que me arrancó la inocencia, quien me enseño que el amor es solo una ilusión óptica, y que solo se siente no con el tacto, sino con el corazón… Tú, aquel que me llena de dolores de cabeza las mañanas, por haber pensado tanto la noche anterior,..tú quien me promete regresar con el alma en las manos; tú, quien me dice que seremos felices, que me hace imaginar un futuro cada noche que me recuesto; tú, quien me llama y me busca diciéndome que eres un estúpido por haberme perdido, y sin embargo no hace nada por recuperarnos!

Tú, quien en mi vida, ha sido lo mas puro y absoluto, tan limpio, y tan sucio al mismo tiempo…tú, tan romántico y tan frío; ¡¡tú tan lindo y tan brusco!!

Carajo, tú, eres a quien amo, aquella persona donde quisiera amanecer cada día a tu lado. Tú, quien quiero que seas padre de mis hijos, y abuelo de mis nietos. Tú, quien quiero ver a cada mañana a mi lado izquierdo al despertar. Tú, quien quiero que me abrase cada vez que me ve. Tú, quien quiero que me estrujes la piel con sólo mirarte. Tú, quien me pone inmensamente nerviosa.Tú, a quien quiero cocinar.Tú, de quien quiero aprender. Tú, donde quiero el resto de mi vida juntos...

Tú, quien me hace daño. Tú, quien me envuelve en sus palabras más tontas. Tú,¡quien me mientes! Tú, quien es la sonrisa que me imagino todos los días.Tú, la provocación de mis ataques. Tú, quien hace que beba un poco de alcohol, sólo para llorar despechadamente. Tú, quien anda en otros labios, donde sé que no volverás, y donde también sabes que estoy tan irremediablemente dispuesta para ti…

Tú, quien hace mis días tan largos y tan cortos al mismo tiempo. Tú, la inspiración de mis palabras. Tú, quien siento celos. Tú y tu hombría que me enamora. Tú y tu cuerpo tan imperfectamente perfectos. Tú y tus palabras tan lindas y tiernas, y tan frías y sin amor. Tú, quien no le tiene miedo a nada, más que a ti mismo..

Tú, a quien quiero cuidar: proteger, amar, provocar, tener, admirar, tocar, y besar...

Tú, la inspiración más profunda, ¡la persona más repugnante en mi vida! Tú, a quien he esperado más de mil lunas, tú tan…..tú!!


Tú eres a quien amo
A quien espero….

(Lili Lizbeth H.C)
domingo, 10 de junio de 2012 | By: Abril

Te odio


Te odio
Estoy intentando escribirte una carta de amor pero soy incapaz. ¿Y si lo que pasa es que 'te odio', como tantas veces te he repetido por teléfono, mirándote a la cara o acurrucada entre tus brazos?
Te odio porque me haces reír cuando no quiero. Porque sabes evitar esa tonta discusión que luego hace que me duela la tripa.
Te odio porque eres capaz de soportar mis llamadas telefónicas para... nada, sólo quería hablar, ¿de qué? ... de nada... hablar por hablar.
Te odio porque no eres romántico y cuando ya no espero nada, apareces  con flores.
Te odio porque hasta durmiendo, tu mano encuentra lo que tiene que encontrar.
Te odio cuando me echas de menos.
Te odio porque me haces sentir flojera (y que me tiemblen las piernas), cuando me dices que me deseas.
Te odio porque mis legañas 'son perfectas', porque estoy 'divina sin maquillar' y porque 'recién despierta' estoy preciosa.
Sobretodo te odio porque haces que me muera de ganas por besarte.
Si quieres más 'te odios' ya te los digo por teléfono, mirándote a la  cara o acurrucada entre tus brazos.
¿Por qué 'te quiero'? Pues... no lo sé, porque en realidad como ves, tengo muchos motivos para odiarte. 
(Cristina)
martes, 21 de febrero de 2012 | By: Abril

Te odio, te amo


Nunca se me dio bien escribir, tengo faltas de ortografía y con frecuencia confundo las palabras, me cuesta expresar mis sentimientos y jamás le di valor a las cartas, ni si quiera sé cómo empezarlas… Siempre he pensando que las palabras bonitas, las de amor, las elaboradas, aquellas que se escriben los amantes en las cartas, solo tiene cabida en los comienzos, las despedidas y las disculpas falsas y quizá por ello pienses que si ahora te escribo es solo por este miedo a perderte, este miedo que no me dejar comer, ni vivir, ni respirar… y quizá tengas razón.
Porque sí, es cierto, te odio, odio tu forma de cantar y que jamas tengas frío, odio cómo sonríes al equivocarte y hasta que me pidas perdón, detesto que seas sincero, incluso cuando te lo pido, no soporto tu forma de secarme las lágrimas, sobre todo cuando eres tú el que me hace llorar, no me gusta que me grites y tampoco que me des la razón sin batallar… Y sí, es cierto, a veces me enfado y grito y te hago daño, a veces discuto por el simple placer de pelear, a veces juego con tus sentimientos y los rompo y me siento poderosa recogiendo los pedazos… Pero también es cierto que por mucho que lo intento jamás consigo odiarte, que cada vez que me alejo de tu lado, rezo por que vuelvas a buscarme, que con cada lágrima me enamoro un poco más de ti, que con cada palabra consciente de hacer daño me arrepiento más de lo que digo… que a veces soy cruel, egoísta y caprichosa, que me equivoco una y mil veces y que jamás te doy las gracias aunque tú siempre estás ahí para salvarme…
Siempre me preguntaste si lo nuestro era de verdad, si era posible que se hicieran tanto daño dos personas que se aman, antes nunca supe contestarte pero ahora sí, ahora puedo decirte que lo nuestro sí es real y que si dudamos tanto tiempo fue porque nunca nadie nos habló del amor, de ese amor que quiere y hace daño, que te cuida y te maltrata, del amor soberbio, del amor tirano…, nadie nos contó que no siempre es primavera y que las mentiras y los celos son a veces quienes tienen la palabra… Pero el amor nunca es de película, no es ficción, ni fantasía, el amor cuando es real duele tanto como ama. Y aun así no importa lo que duela si es a tu lado donde curo mis heridas, no importan las mentiras, ni los celos, ni la rabia… porque contigo el sentimiento es más fuerte que todas las palabras, porque daría cualquier cosa, lo que fuera, por poder hacerte sonreír, por hacerte sonreír todos y cada uno de los días de mi vida, porque sí… porque, pese a todo, eres lo mejor que me ha pasado y no quiero que te vayas, que me dejes, ni dejarte, no quiero perderte… Porque todavía no sé cómo he tenido tanta suerte de encontrarte.
Por todo eso y más necesito que sepas que te amo, con lágrimas y con sonrisas, con amor y con llanto… pero te amo.
(Marta Cardó Guerra)