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domingo, 8 de marzo de 2020 | By: Magdala

Amor por las rutinas


Hemos caído en la rutina, amor.
Llevamos días despertándonos sin los buenos días. Sin soles que se cuelen entre sonrisas y nos hagan brillar en la oscuridad.
Las buenas noches se han mudado a otra ciudad y nos dormimos pensando en si la noche estará mejor sin nosotros.
Ya no nos echamos de menos; ya no pronunciamos un y yo a tiMás.
Ocultamos respuestas por no herir a las preguntas, y no sabes el daño que nos hacemos así.
Hemos dejado de hacernos heridas para dejar la huella de las cicatrices. Que quedan bonitas, dices.
Ya no cruzamos límites peligrosos ni el corazón nos va a 200 km/h. Y qué aburrido esto de viajar sin estrellarnos. Juntos, digo.
Nos preocupamos de si el cielo llora hoy en vez de si ha llovido en nuestros ojos.
Ya no nos escuchamos, sólo oímos y a saber cuántos silencios nos hemos tragado ya.
Lo del orgullo creo que lo llevamos bastante bien, sólo nos hemos tragado nueve desde ayer.
Las fotos han pasado a ser sustituidas por recuerdos. Que se borran, que se escapan y vuelan. Lejos, creo.

Y que si probamos a querernos, digo, por esto de salir de la rutina.


(Del blog: Mírame cuando no te hablo)
miércoles, 13 de marzo de 2013 | By: Abril

Océanos de amor


A mi esposa María:

Hoy me he reído de corazón. Te habías subido con nuestra hija a una barca en el parque de atracciones. Yo no os seguí porque sabes que me mareo con facilidad. Aunque tú tampoco estás para mucho ajetreo, te montaste en la infernal nave y aguantaste el tipo hasta el final. Pero tu cara te delataba y mientras la niña reía y reía, tú palidecías por momentos, a pesar de ese intento de sonrisa que tus labios no conseguían fraguar.

Me reí de corazón contigo y al verme empezaste también a reír. Cuánto tiempo sin compartir algo, aunque fuese una sonrisa.

Nuestra vida, como balanza en continuo tintineo, hace años que perdió su equilibrio y nuestro amor, ese amor omnipresente, exuberante, apasionado, incondicional, cedió su lugar a una convivencia decadente, monótona y falta de ilusión.

Qué cerca de ti cada noche, pero qué lejos estás de mi. Rodeada de murallas, no encuentro la llave que abra la puerta. Intento escalar tu suave piel, abordar tu nave con dulzura y delicadeza como si manejase porcelana fina pero, una y otra vez, esas olas que llegan a tu orilla, regresan vacías. Mueren en el fondo del océano y con ellas mi vida se apaga, mi deseo se diluye y mis ojos se secan.

Estoy tan solo, tan perdido, que no sé qué hacer. No sé cuándo terminará este invierno que hiela mi sangre, que corta mis alas y mina mis fuerzas.

Y, sin embargo, sigo a tu lado. Aferrado a un pequeño rescoldo que dentro de mí no se apaga, que se alimenta de una risa tuya en el parque y que aviva el amor que aún siento por ti.

(Manuel)
lunes, 4 de marzo de 2013 | By: Abril

Buenos días, mujer


Hoy surgieron mis primeras dudas,

Dudas de si emprendí el buen camino hacia tu olvido, o debí perseverar en el mundo de los mortales en tu continuo recuerdo en mis actos y pensamientos.

Dicen que la duda es la mala, la que no nos permite el paso firme, la que nos embrolla, la que nos roba sueños y nos siembra desconcierto... pero a mi, la duda, esa capaz de generarme desequilibrio me seduce. Los y si, los peros y los sin embargos, las vueltas al principio... son los artilugios que utilizó mi mente para tratar de mantenerme vivo allí, en aquel mundo por el que tu caminas.

Y todas estas dudas, en su cara oculta, agitaron en demasía a mi persona, tal vez, descubriéndome como una pésima película, de esas subtituladas del original idioma estridente, que la curiosidad invita a empezar a ver, pero que la pesadez hace que nunca se llegue más allá de la media hora. Después, a nadie le diremos que no nos gustó, pues las cosas mal vistas siguen siendo las cosas bien inconfesables.

Y en este maridaje, entre la duda y tu recuerdo, mantengo mi cabeza equidistante tratando de arbitrarlo. Hoy caminé sin dirección alguna, porque como sabes, aquí no la hay. Pero también caminé sin destino, porque aquí el único destino es tu olvido... y como ves, sigo todavía muy distante...

Me despido, por hoy, enviándote el tarareo de una de tus canciones, porque como sabes, acá no traje besos...

(Carlos)