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viernes, 10 de enero de 2014 | By: Abril

Querida enemiga


Sentada en nuestra cama, ésa que hemos dejado de compartir, me quedé esperando que volviera, esperando que sintiera.

Tardé tiempo en darme cuenta de que no iba a volver, que nunca estuvo aquí, que su mente estaba lejos mientras paseaba el esqueleto de su alma por mi vida.

Intenté inútilmente ser lo que necesitaba, olvidando por completo quién era yo. Cómo iba a quererme, si deje de conocerme...

Aún no se si puedo volver a ser yo, por más que busco dentro no consigo reconocerme. Me gustaría despedirme de él, tal vez así pueda presentarme de nuevo o reencontrarme conmigo.

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Sólo me queda darte las gracias por cuidarlo, por hacerle feliz, por ser lo que yo nunca logré. Ten en cuenta que no querrá quererte, no quiere compartir; ten paciencia, si logras eliminar sus reservas te hará la mujer más feliz del mundo.

Sólo me queda desearte toda la suerte del mundo, querida enemiga. Enemiga porque nunca podremos ser amigas y querida porque no puedo odiar nada que él pueda llegar a querer.

(Annabell)
martes, 5 de marzo de 2013 | By: Abril

¡Al español!


Caracas, 14 de febrero de 2011

Querido español:

¿Querido? ¡Qué cínica soy! Considerando la fecha y lo que voy a contarte, sólo a mí se me ocurre empezar soltándote un “querido”, así, de entrada, sin mayor reflexión. Sí te quiero –y con locura–, pero no siempre fue así. Aunque ya llevamos mejor mis aventuras con tus colegas, siento que debo explicarte cómo te metí en esto de las relaciones múltiples. Leerás la carta, está en tu naturaleza. Sí, puede que seas altivo, pasional, imponente, pero nadie administra mejor que tú esos adjetivos, en el fondo, eres más bien modesto, sereno, elegante. Eres perfecto. ¿Por qué tardé tanto en darme cuenta?

Mi madre tuvo algo de culpa. Hace unos años, me dijo: –el español no tiene futuro, búscate otro. ¡Su madre! Justo cuando empezaba a quererte. Te defendí, luego investigué y los números parecían darle la razón. Seguí contigo y decidí probar con otro.

Sí, español, te fui infiel. Créeme que elegir a ese otro con quien serte infiel no fue fácil, tal vez por eso no hubo un otro, sino varios otros. ¡Mi madre! Todo empezó con un inglés simple, algo gris, previsible, que con el tiempo se me hizo interesante, fino, elegante. Me aburrí de él. Siguió un francés que me volvió loca –¡literalmente!–. Era exquisito, correcto, culto y complicadísimo. Adoraba las reglas –las suyas–, pero no paraba de imponer excepciones. Terminé exhausta, tuve que dejarlo. Es adictivo, de los pocos con los que sigo flirteando. ¡Créeme! Apareció el italiano, justo lo que buscaba: un espíritu bohemio, apasionado, dulce. Me hizo feliz, pero su espíritu aventurero terminó por superarme. A mi madre comenzó a incomodarle tanto cambio –a mí, a desesperarme–. Me tachó de promiscua. ¡Promiscua!

No sé por qué me indigna. Lo fui. Al italiano le siguieron encuentros furtivos con un alemán demasiado serio, un portugués bipolar y un ruso. No sé si fue porque se enteró de esos últimos devaneos o porque sus ojos decidieron revelarse a sus maratónicas sesiones de lectura, pero en marzo de 2010 mi madre colapsó. Fue fantástico. Me permitió redescubrirte, me obligó a alejarme de los otros y a concentrarme en ti.

Tenía que pasarse un mes y medio sin leer. Las primeras tardes de tedio debieron haberle estimulado la creatividad, porque se le ocurrió algo tan terapéutico como el reposo visual: –¿por qué no vienes a leerme un libro? No recuerdo el título, quizás no era lo importante, lo importante era la historia –enredadísima–, el ambiente –detalladísimo–, la atmósfera –tan latinoamericana–, los personajes –tan pintorescos–. Lo importante es que con aquella sesión de lectura descubrí que no hay como tú, español, para contar bien una historia enredada, que al inglés le falta ese no sé qué que tienes tú para los detalles, que el francés es muy francés para contarnos un relato latinoamericano y que eres mucho más divertido que el italiano cuando te lo propones. En fin, español, como tú, ninguno.

–Debí haberte apoyado con lo de la filología española. Jamás pensé que ser traductora era tan complicado. ¡Complicadísimo! Si no se está realmente enamorado del idioma propio, se entra en crisis al aprender uno ajeno, en una relación tormentosa múltiple. Al principio todo te parece interesante sobre el nuevo; pronto descubres que no va a ser fácil, pero estás tan ilusionado que sigues hasta que logras comprenderlo; luego la cuestión se torna densa, compleja, pero ya te atrapó. ¡Y tú a él! ¿Cómo resistirse? El nuevo es el que te acerca a lo exótico, te vuelve un privilegiado. Hora de traducir, de las comparaciones. Empiezas a encontrarle miles de defectos al de toda la vida, casi siempre gana el nuevo, por nuevo, por nada más, pero de eso no te das cuenta hasta que algo te hace ver que hay uno que espera que notes que los demás sólo están de paso y que sólo ese te eligió a ti, sin siquiera conocerte, para acompañarte toda la vida. Ese eres tú: mi español.

Tras mes y medio de iberoamericanos, el 23 de abril de 2010, terminamos las sesiones con algo distinto: la prensa. ¡Día del idioma español! Lo mejor fue leer las cifras. Seguirán mejorando, como lo hizo mi relación contigo, ya sabes que eres único, que estaremos juntos toda la vida, que con los otros sólo flirteo de vez en cuando, pero que como tú, ninguno.

Con amor,
Tu traductora

(Carmen Elena Pereiro Villar )
martes, 26 de febrero de 2013 | By: Abril

Sellos, tapers y calzoncillos


Hola, Arcadio: ¿Qué tal el congreso? Espero que hayas conseguido el sello birmano. Te escribo para decirte un par de cosas.

Antes de nada, tranquilo, no me he movido de casa en toda la mañana. A eso de las diez ha llegado tu madre. Bueno, ha abierto ella la puerta mientras yo estaba sentada en la taza del váter, ya sabes cómo es. Ha gritado "¡hola!, ¿hay alguien?" y he gritado "¡ya voy, Enriqueta!", pero ella se ha plantado en el baño, claro. Te ha puesto en el vaso un cepillo de dientes nuevo y ha dicho eso de "espero que no te moleste que haya entrado con la llave, es la costumbre, como la casa es mía" (¿cuántas veces ha recalcado eso desde que nos casamos?). Mientras yo buscaba un rollo de papel higiénico, me ha dicho que venía a plancharte la ropa en condiciones, que vaya camisa llevabas el otro día en la cena. Cuando he salido del baño, ella estaba planchándote los calzoncillos, así que por fin los tienes como te gusta, planchados y ordenados por colores en tu cajón.

A lo que iba, lo del paquete: me dijiste que llegaría a primera hora pero el de Seur ha llegado sobre la una (ya podías haberte aficionado a coleccionar azucarillos de las cafeterías). Cuando estaba pagando, tu madre ha dicho "mi Arcadio es estiloso hasta para los hobbies, ¿verdad, Merchi?". Tú dirás lo que quieras, pero me llama Merchi para joder. Y Arcadio, podrías haberme dicho que era contra-reembolso y que la cajita con el sello costaba doscientos euros, ¿no? Menos mal que he podido pagar con tarjeta. Por cierto, qué observador el chico de Seur: cuando le he dado el DNI me ha felicitado por mi cumpleaños, qué simpático. En fin, que te digo esto porque me ha dicho que si quieres una copia de la factura, vayas a la oficina, que se le había olvidado traerla. Tu madre me ha dicho que vaya yo, pero no he podido, ahora te cuento por qué.

¡Ah!, y no te preocupes, he abierto el paquete con cuidado, he llevado la cajita a tu despacho y he quitado la luz al momento, como me dijiste. Tu madre, mientras te quitaba las pelusas de los jerseys, me miraba todo el rato desde el salón diciendo "te cuidado, Merchi, a ver si se va a estropear". Por cierto, Arcadio, si no lo digo reviento: ese despacho cada vez da más pena. Entiendo lo de la ventana cerrada y los humidificadores en las esquinas; entiendo el termostato, la lupa aséptica y las vitrinas opacas; entiendo que es tu lugar y que los matrimonios tienen que saber tener un espacio individual. Pero ese despacho, Arcadio, ese despacho es una tumba monocromática de sellos. Además de las vitrinas con sellos, sólo hay cinco libros (de sellos) y la enciclopedia filatélica. ¿No crees que podría estar bien poner una foto de cuando pescaste aquel barbo en el embalse de Orellana? O una foto del Rey, no sé, algo que le dé color. Piénsatelo.

Tu madre ha dejado en el frigorífico albóndigas en salsa y cocido, que dice que vendrás cansado esta noche del congreso filatélico y que no te apetecerá la sopa que yo hago, "que no tiene ninguna sustancia". Dice que las albóndigas son para la cena de hoy y el cocido, para mañana en la oficina: ya tienes separados en dos tuppers el caldo y la carne con los garbanzos, primero y segundo (me ha insistido en que te recuerde que son dos tuppers).

Hace un rato ha salido tu madre, dice que a comprarte el champú que te gusta y un pijama de franela, que viene el frío. No te puedes imaginar la paz que he sentido en cuanto se ha ido, Arcadio. Además, ha sido salir por la puerta ella y llamarme mi amiga Mari Carmen para felicitarme por mi cumpleaños. ¿Te acuerdas de Mari Carmen? Mi vecina de cuando yo estaba soltera y vivía en Carabanchel. ¡Menuda era Mari Carmen! Y menuda es, porque se ha teñido el pelo de fucsia y ahora viaja en moto a todos sitios. Cuando vivía en Carabanchel, todos los jueves por la noche quedábamos para hacer cata de vinos. No teníamos ni puñetera idea de vinos, claro, pero Mari Carmen compró dos copas de esas gordas y así cualquiera es catador. Cada una llevaba una botella de vino, la que fuera, y lo catábamos. Lo echábamos como los profesionales, con giro de muñeca incluido (a mí nunca me salía, pero a Mari Carmen no se le caía ni una gota). Lo mejor era la cara de Mari Carmen al olerlo, sobre todo al oler la tercera o cuarta copa. "Tropicalmente afrutado en barrica de quince años de roble salvaje con toques de canela", decía. Cuando soltaba esas cosas, yo me reía tanto que acababa echándole canela al vino. ¿Has probado el vino con canela?

Total, que Mari Carmen me ha dicho que acaba de dejar a su marido. Yo le he contado por encima mi vida y se ha plantado en casa con la moto en veinte minutos. Por lo visto, hay un congreso de cata de vinos en Albacete, creo, y nos ha apuntado por internet como expertas. Te digo esto por escrito, Arcadio, para que sepas que tienes el sello de doscientos euros en el despacho, la comida en el frigorífico, la ropa (incluidos calzoncillos) planchada y yo me voy en moto a Albacete, creo, a catar vino. Lo digo por si notas que falta mi ropa.

Un abrazo.

Mercedes
(Lola Morales)

Nota: Carta finalista de la XII Edición del certamen de cartas de amor Antonio Villalba, organizado por la Escuela de Escritores.