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domingo, 8 de marzo de 2020 | By: Magdala

Amor por las rutinas


Hemos caído en la rutina, amor.
Llevamos días despertándonos sin los buenos días. Sin soles que se cuelen entre sonrisas y nos hagan brillar en la oscuridad.
Las buenas noches se han mudado a otra ciudad y nos dormimos pensando en si la noche estará mejor sin nosotros.
Ya no nos echamos de menos; ya no pronunciamos un y yo a tiMás.
Ocultamos respuestas por no herir a las preguntas, y no sabes el daño que nos hacemos así.
Hemos dejado de hacernos heridas para dejar la huella de las cicatrices. Que quedan bonitas, dices.
Ya no cruzamos límites peligrosos ni el corazón nos va a 200 km/h. Y qué aburrido esto de viajar sin estrellarnos. Juntos, digo.
Nos preocupamos de si el cielo llora hoy en vez de si ha llovido en nuestros ojos.
Ya no nos escuchamos, sólo oímos y a saber cuántos silencios nos hemos tragado ya.
Lo del orgullo creo que lo llevamos bastante bien, sólo nos hemos tragado nueve desde ayer.
Las fotos han pasado a ser sustituidas por recuerdos. Que se borran, que se escapan y vuelan. Lejos, creo.

Y que si probamos a querernos, digo, por esto de salir de la rutina.


(Del blog: Mírame cuando no te hablo)
domingo, 31 de agosto de 2014 | By: Abril

Lo que pudo ser...

 
Lo que hubiera podido ser....
 
Y llegan esos días en que piensas las cosas que pudieron ser y no fueron... Quizás por inmadurez, inexperiencia, una pizca de ego...O quizás por no amar de la forma correcta, pero quién sabe la forma correcta de amar, ¿no?...
 
...Cierras los ojos, te visualizas en el futuro de ese pasado, y piensas tantas cosas bonitas que hubieras querido compartir SÓLO CON ESA PERSONA: una mirada profunda, un despertar a su lado, un chiste colmado de risas tontas de dos personas que a pesar de los años se encuentra enamorados.
 
Y piensas en ese sentimiento que te pertenece, pero a la misma vez es ajeno; porque si esa persona no existiera, ese sentimiento tampoco.
 
...Y ese momento justo de arrepentimiento, pero a la vez de satisfacción por haber aprendido tantas cosas que sólo fueron posibles al momento de su partida... y es justo ahí cuando quisieras tener una máquina del tiempo y enmendar todos esos errores, y mostrar ese amor que estuvo escondido; sólo porque nos olvidamos de las pequeñas cosas que significan tanto para una relación...
 
Lo más triste es sentir esa ligera palpitación que te dice que las cosas llegaron a su fin, pero que a través de ellas pudiste ser mejor persona... hasta crecer como ser humano; sólo por el vacío provocado por la partida de esa persona. Te envuelves en una burbuja de pensamiento bonitos de los cuales no quisieras salir; porque sólo imaginas esos lindos ojos brillosos que reflejaban tu rostro y esa tierna sonrisa al verte, que quizás para los demás no era nada, pero para ti lo era TODO...
 
...luego te preguntas si valió la pena o no, o si quizás malgastas tu tiempo escribiendo sobre eso... pero al fin y al cabo qué más da... si el amor no tiene nada que ver con la lógica, sólo existe.
 
(Teandy Acosta)
domingo, 22 de junio de 2014 | By: Abril

Si aún me quieres, aléjate.


Querido Tú,
Hemos llegado a un punto de no retorno. Cada cita, cada conversación para intentar arreglar las cosas es una puñalada más cuando nos despedimos, cada uno con la sensación de que el otro no lo comprende; con el hastío de hablar lenguajes diferentes y echando de menos aquel tiempo en que nos bastaba una mirada para decirlo todo…
Sé que no estoy en mi mejor momento, pero tú, querido Tú, no me lo pones nada fácil. Por encima de mí pasan todas tus circunstancias como una apisonadora. Y yo me quedo ahí, al margen de tu vida, aplastada como un insecto contra un cristal y me siento diminuta.Diminuta y ridícula, intentando imaginar que esta situación es un bache pasajero en la relación que hay entre nosotros y que, por lo visto, tengo idealizada. Pero no, esto es el pozo del Juego de la Oca. Me toca esperar a que lances los dados. Y me repito como una letanía que una palabra tuya bastará para sanarme. Pero tú no te manifiestas. De un tiempo a esta parte estás ausente en los momentos más importantes. Y en los menos. En todos. Estás a años-luz de mí y de mi vida. Entre tú y yo de la noche al día, surgió una montaña tras el último cataclismo. Y yo ya soy mayor para salir a buscarte. Soy mayor y estoy cansada para dar rodeos a esta montaña en la que pronuncio tu nombre y sólo obtengo el eco estéril de mi voz.
Me gustaría volver atrás. En la era previa a tu llegada. No es que fuera más feliz, pero al menos no sentía el vacío inmenso que tengo ahora, por tu presencia ausente. El día que dimos el paso te lo comenté, que era un paso sin retorno, sin vuelta atrás, como el que estamos dando ahora. Bueno, como el que estoy dando yo, porque tú, querido Tú, lo diste hace tiempo aunque lo disfraces de otra cosa.
Me da pena decir adiós y, si pudiera, seguiría como hasta hace dos días, buscando excusas para autoengañarme y pensar que si no estás es porque no puedes estar. Que si no puedes es porque algo te lo impide. Tus obligaciones, tu otra vida, tu otra historia… en la que yo no pinto absolutamente nada. Pero ya estoy cansada. Para darte prioridad en mi vida, he ido poco a poco abandonándome, olvidándome de mí misma, hasta el punto en que no me reconozco al mirarme en el espejo. Mi sonrisa ha mutado en una mueca apática e inexpresiva y mis ojeras son la señal externa de lo sombría que se ha vuelto mi vida.
Te quiero de una forma de la que tú, querido Tú, no tienes la culpa. Necesito que pase el tiempo para conseguir lo que me pides: que sigamos siendo amigos y no puedo prometerte que sea así algún día. Por ahora no. Me resulta imposible verte de otra manera.
Si aún sientes algo por mí, respeta mi dolor y aléjate de mi vida.
Se despide: la mujer que aún te ama.
NRP
lunes, 16 de diciembre de 2013 | By: Abril

Tópicos y otras certezas



He intentado olvidarlo, decirte que te quiero con toda la sinceridad que las palabras me permitan, cerrar los ojos y así recordar lo que tiempo atrás hacía que me mordiera los labios al verte.
He intentado ensayar frente al espejo mi sonrisa más neutra para que no puedas cerciorar lo que ambos sabemos que está pasado.
He tocado tus manos como siempre, pero no he reconocido esta lejanía que en mí se manifiesta, ni el letargo de un abrazo que me sabe incómodo.
Y todo para darme cuenta, que yo soy el error.
No quiero caer en el tópico y decirte, cariño, no eres tú, soy yo.
No te mereces palabras tan marchitas por la rutina de quien está en guerra con la sinceridad y valentía
No te mereces que te haya hecho esto, pero ha ocurrido.
Y no quiero reconocerlo, porque a pesar de todo, sé que te quiero, quiero ese ladeo de tu cabeza cuando me miras con dulzura, quiero esos suspiros que denotan incredulidad cuando digo alguna bobería, quiero esa seguridad que solo tú has sido capaz de devolverme, la seguridad de sentirse querida.
Es por ello que me pregunto qué ha pasado, y en qué momento repetí una vez más: a veces, el amor no es suficiente...

Fuente: http://memoriasdeunadesconocida.megustaescribir.com
jueves, 21 de noviembre de 2013 | By: Abril

Y aún te amo...



Me gustaría pensar que todo está bien, que soy adulta, y por ende, lo suficientemente madura como para verte desde otra perspectiva, ya como a un amigo. Pero por más que lo intento no puedo engañarme. Sigo viéndote como la persona de la que un día me enamoré. La persona que me hizo sentirme viva y guapa de nuevo.

Me sentí amada por alguien. Alguien que me escribía cartas de amor. Alguien que me deseaba en secreto. Alguien que deseaba estar conmigo a todas horas y buscaba los encuentros, como los buscaba yo, a pesar de que ni el tiempo ni las circunstancias estaban de nuestra parte.

Pero todo eso cambió un día. No sabría precisar cuál; poco a poco empezaste a alejarte de mi con excusas no demasiado elaboradas.Yo te quería, como te sigo queriendo aún, y por eso lo justificaba todo y me decía a mí misma que estabas demasiado ocupado, que tu otra vida pesaba como un lastre en tu día a día y que todo el tiempo que pasábamos juntos, por poco que fuera, era un regalo...

No sé cuándo pasé de no verte a empezar a hacerme invisible en tu vida. Tus mensajes eran continuas despedidas que decorabas con las mismas excusas mil veces, y yo te creía, o tan sólo quería creerte.

Y así, ha pasado este último año, El amor no se va de un día para otro, no. El amor intenta aferrarse a lo poco que le queda de otro tiempo en el que nos hacía felices a ambos. No me hagas pensar que no existió, que todo fue una invención mía, porque fue real aunque tú lo intentes negar ahora. Yo te amaba. No, no voy a hablar en pasado porque bastaría que volvieras a descolgar el teléfono para que fuese corriendo de nuevo a tu lado, como un perrillo sin amo. Así me siento; desvalida y falta de abrazos, porque sé que haga lo que haga, nunca serás para mí. Y porque lo llame como lo llame, aún te amo...

Me quedo con una frase que he leído hoy. Definitivamente no eres la persona que merezco porque según reza en una pintada "la persona que mereces es aquella que, teniendo la libertad de hacer lo que quiera, te elige a ti en todo momento". Y ése, cariño, nunca has sido tú...

Cuídate.

(Lola)
domingo, 20 de octubre de 2013 | By: Abril

Cuántas veces...



 
Cuántas veces escribí y borré... con tal de no decir nada que te dañe...
cuántas veces pienso en lo que digo antes de decirlo...
cuántas veces he llorado por ti...
 
Cuántas veces siento que muero...
cuántas veces siento que me matas...
cuántas veces se me ha partido el corazón...
cuántas veces trato de volver a pegar los pedazos ...
cuántas veces he caído y me he levantado...
cuántas veces he creído lo que dices y cuántas veces más he visto que todo se viene abajo...
 
Cuántas veces me convenzo de que nada cambiarás...
cuántas veces quiero volver a confiar en ti...
cuántas veces me he esforzado por que tú estés bien...
cuántas veces he sentido tu desprecio a mis esfuerzos...
cuántas veces me he sentido presionada...
cuántas veces siento que ya no me quieres...
cuántas veces siento que ya no te importo...
 
Cuántas veces he odiado tu orgullo y cuántas veces más he querido sentir que todo va a estar bien...
cuántas veces he querido sentir tu amor y cuántas veces lo único que siento es dolor...
cuántas veces me he odiado por amarte así...
cuántas veces me he mentido a mí misma, creyendo que no me has lastimado...
cuántas veces he olvidado todo por querer empezar de nuevo y cuántas veces me detienes...
 
Y sin embargo sigo aquí, como la tonta más grande del mundo... todo porque te amo más que a mí misma, más que a nada y más que a nadie...
 
Supongo que habrá más veces por delante, sólo espero no morir en el camino. Sigo aquí con todo esto, en silencio para evitar que tú sientas dolor. Y así seguirá, hasta que entiendas y veas todo lo que me está causando tus errores. Hasta que veas cuántas heridas tengo. Entonces, probablemente entiendas que es algo injusto. Sólo espero que no sea demasiado tarde. Y si lo es, ten por seguro que aqui seguire amándote, como lo hice desde el principio..

M.V
martes, 27 de agosto de 2013 | By: Abril

Primera Carta

 
Amor,
 
veras  empecé a escribir con la idea de hacerte una carta de amor, algo así muy dulce,  romántico y poético, pero ya sabes que esas cosas no se me dan tan bien como pretendo y como vos quisieras…no puedo ordenar mis ideas de una manera coherente cuando se trata de mis sentimientos hacia vos, se me hace difícil…pero quiero intentarlo
Esta carta que te dejare sobre la almohada al salir del cuarto y que encontraras cuando vengas de dejarme del aeropuerto será la primera de las muchas que pienso escribirte mientras estemos lejos…cada una de ellas ira matizada de detalles sobre cómo va mi vida y el trabajo y las cosas nuevas de cada día, pero en esencia todas dirán lo mismo que te diré en esta:
Que me duele mucho dejarte, me duele tener que estar lejos de vos para lograr este sueño de superación personal, pero lo hago no solo por mi, vos lo sabes, me has convencido que es por nosotros, por un futuro mejor cuando volvamos a estar juntos, me ha encantado la forma en que has impulsado mis luchas y me has acompañado en todo el proceso, no sé como agradecerte que me quieras tanto, que me des tanto, me diste el valor de volar aun cuando sabias que me iría lejos de tu abrazo, por eso quiero decirte sin adornos y sin preámbulos que te amo, en el más amplio significado que esas palabras puedan alcanzar, que no me he ido y ya espero volver a tus brazos, a nuestra casa, a nuestras manías y peleas tontas de cada día, que ya te extraño, que prometo volver…así que guárdame calientito mi lado de la cama..no desesperes amor por que me has enseñado que el tiempo es relativo y yo ajuste los relojes de la casa para que vayan más rápido que de costumbre
Amor te dejo esta carta en un sobre perfumado, para que de vez en cuando puedas olerlo y recuerdes como huele mi abrazo..hasta pronto amor..dos años se van volando
 
Con amor..
 
Sandra.
 
PD. No me salió tan mal para ser la primera verdad?
viernes, 9 de agosto de 2013 | By: Abril

A quien corresponda...



Querido tú:

No sé como decirte que no me gusta esta extraña continuidad, sabes que tengo un serio problema con los finales. Finales en todas las dimensiones en que estos aparezcan; no me gusta terminar de escribir cuentos, no me gusta llegar al final de ellos cuando los leo, no me gusta despedirme de la gente con la que trabajo a fin de año, me aterra el término de los viajes, odio cómo quedan las casas vacías, o los cuartos vacíos cuando te toca despedirte de ellos, no me gusta que se bajen o me toque bajarme del micro cuando estoy al costado de alguien que conozco, no me gusta cuando las conversaciones terminan abruptamente.

Tengo un serio problema con todo lo que significa dejar atrás, no me molesta avanzar sin ello, el problema se da cuando me doy cuenta que el significado que esos momentos o experiencias, tienen para mí, va a cambiar. Sé que no me gusta decir adiós, pero sé también que no me cuesta tanto avanzar, lo difícil quizás no está en ver hacia delante, sino más bien en él voltear la mirada y darme cuenta que hasta ese momento lo que era presente se convierte en pasado.

No sé porque te explico estas cosas, si tú ya las sabes y es por eso quizás que nunca te atreves a dar por terminado nuestros proyectos, pero aun así no sé…

Me extraña no poder sentir la tristeza de un término, no me gusta sentir aquella esperanza que no me deja avanzar, me hablas de un continuará completamente indeterminado y no puedo quedarme contenta ni tranquila sin tener la certeza de que esto todavía no es pasado. No quiero aferrarme a tus palabras, no quiero tenerte confianza no quiero sentirme triste.

Es tan raro lo que me pasa contigo no puedo recordar tu cara, sé como son tus rasgos pero no puedo ordenarlos o ponerlos de tal forma que hagan un todo, lo mismo me pasa con la conversación que tuvimos, no sé cómo puedo articular tus palabras si no tengo ningún recuerdo claro, no tengo la certeza de que eres real o no.

Escucho de nuevo tus frases, veo tus manos, te siento cerca, te escucho de nuevo –no te quiero dejar de ver- frase que casi me robaste telepáticamente… pero aún así no pude decirte nada, te escuchaba y pensaba en qué decirte sin poder articular frases coherentes… ¿Qué decirte? ¿Todo esto realmente sucedió? ¿Qué debo hacer con todo esto? ¿Por qué simplemente no me dijiste que aquí terminaba todo?

Aunque odie y le tema a las despedidas creo que les tengo miedo porque sé que puedo avanzar sin mirar atrás, pero dime, ahora, en este caso ¿hacia dónde debo mirar?

¿Me explicas?

Pequeña Mostra (desde Croacia)
 
jueves, 13 de junio de 2013 | By: Abril

Hay días...


Hay días que te quiebran la cintura, que te superan. Se van deshaciendo entre tus dedos y aunque ves que pasan, dejan un recuerdo sobre tu piel, manchada.

Supongo que por pura idealización me acuerdo de ti estos días, me dan ganas de llamarte y contarte lo que me pasa, lo que hace que se me desajuste el ritmo.

Pero no puedo hacerlo.

Y me recreo en mis recuerdos para reconstruirte y contártelo aunque no me escuches. Quemé las fotos y ahora te voy recreando y buscando por donde se me ocurre.

Supongo que en el fondo no me lamento de estar así, ni de desearte, aun tanto. Es algo que decidí yo, y ahora me pasa factura.

Este texto es sencillo, simple, sin giros, a veces sin sentido, pero quizá en su simpleza se esconda alguna esencia, que hasta a mi se me escapa.

Seguiré arañando el cielo de la noche para sentir otra vez el tacto entrelazado de tus dedos con los míos. No la quites.

(Del Blog: Días sin horas)
lunes, 20 de mayo de 2013 | By: Abril

Para cuando olvides y ya no recuerdes...


Sé que tienes miedo y que no tienes la práctica o la gracia que se requieren para escribirte una carta a ti misma, pero tienes que hacerlo, Corina, tienes que hacerlo hoy que recuerdas, hoy que es aterradoramente obvio que con el paso del tiempo incluso tu reflejo perderá familiaridad.

Es martes 27 de febrero de 2013, tu nombre es Corina y te diagnosticaron Alzheimer hace diez años. Esta es una carta a tu reflejo, un intento desesperado por evitar lo inevitable, por evitar que te borres a ti misma por completo. Cuando mires al espejo te toparás, de buenas a primeras, con unos ojos descaradamente grandes, se los debes a la familia de tu madre. Fueron, siempre, motivo de halagos a los que nunca supiste cómo responder. Encantaron a tu esposo cuando él tenía 16 años y tú 14, cuando aún no sabías bien cómo usarlos. Controlaron a tus hijos, retaron a tus superiores y lloraron de felicidad, frustración y tristeza cada vez que la vida les dio oportunidad. Tu nariz jamás te gustó, eso puedes olvidarlo. Tus labios los mordías para darles color. No eras muy entusiasta con los labiales. Besaron por primera vez a los 13 años y solían ser la parte más expresiva y menos controlable del rostro que ves, tan incontrolable como las palabras que pronunciaban. Fueron muchas, por cierto, era poco lo que dejabas de decir. No por nada te casaste con la única persona que conseguía callarte la boca. Tu cabello significó tu primer campo de batalla, una guerra que sin duda alguna él ganó. Pocas veces te has sentido tan libre como el día en que aceptaste su soberanía y entendiste que estar siempre despeinada no era malo, era divertido, y que una cabellera con personalidad propia era un misterio que te sorprendería cada mañana de tu vida. Tus orejas no te preocuparon hasta que leíste que es de las partes del cuerpo que nunca cesa de crecer. Entonces, sufriste por una Corina anciana y las orejas con las que tendría que lidiar. Supongo que eso ya no será un problema. Por algún razón contaste los lunares de tu cara un día, eran 33, un número manejable que fue creciendo hasta que contarlos se convirtió en una tarea de ocio que no pretendía obtener resultados. Como contar estrellas.

Entrar en detalles sobre tu cuerpo sería extenderme más de lo que me atrevo a esperar que seas capaz de leer. Confórmate con saber que tenías el cuerpo ideal para tu personalidad. Tu carácter no habría sabido qué hacer con más voluptuosidad o menos altura. Lo sentías como un regalo, una facilidad, un dilema menos. Te procuró admiración al igual que respeto y se mantuvo estable a través del tiempo. Todo lo que tu mente no supo hacer. Te gustaban mucho tus manos, abraza ese sentimiento, respíralo, procésalo, antes de que empieces a levantarlas a la altura de tus ojos, a rotarlas de lado a lado como hacía tu abuelo, a mirarlas con extrañeza. Al parecer esperando una razón, algo, lo que sea, que las justifique. Tal cual como un bebé, excepto que tu expresión no se traducirá en curiosidad, sino en incertidumbre y quizá, incluso, en rechazo.

Olvidarás, está claro, escrito, sellado. Los nombres, las calles, los libros. Olvidarás lo que te gustaba y lo que no, olvidarás los quienes, los grandes y los pequeños quienes. Al amor de tu vida, a tu primer gato, el olor de tu padre al abrazarte, pero nada de eso se compara siquiera con la falta de olvidarte a ti. Tú, que ya te habías perdido alguna vez entre obsesiones y melancolías; tú, que contra el mundo lograste recuperarte a ti misma; tú, que dejaste de temerle a casi todo, pero nunca a la posibilidad de perderte nuevamente; tú, estás aquí, hoy, frente al olvido, y a lo único que no me resigno es a que olvides que te amas.

Corina, lo hiciste, conseguiste ser de las pocas personas que después de ver lo más feo de sí misma, se perdonó y se amó profunda y totalmente. De todos tus éxitos, ese es el mayor.

Te amo, te amo.

Recuérdalo.

Recuérdate.

(Maura Sulbarán Rivadeiro)
lunes, 29 de abril de 2013 | By: Abril

Carta para mi amor ausente




Otro amanecer frío y nublado. Hace varios días que ha amanecido así. A diferencia de ti, a mi me agradan los días grises. La brisa helada en la cara, el rocío. Sería la excusa perfecta para quedarme en casa, contigo. Pero hoy no será posible pues hace meses que ya no estás aquí. Infinidad de días nublados han pasado y tú, ausente. Pero igual sigo mirando por la ventana hacia ninguna parte. Cada vez que siento este dolor en el pecho miro hacia afuera, esperándote. Ese es mi estado permanente. La espera.
¿La distancia hace más grande el amor? Podría decirse que sí. Yo siento que te amo mucho más desde que estás ausente. Las circunstancias de la vida son extrañas, misteriosas. Cuando te conocí no tenía idea de que te convertirías en el amor de mi vida. Me caías un poco pesado, ¿sabías? No te soportaba tan chistoso, tan espontáneo. Me molestaba toparme con tus gracias. Con esa gran sonrisa. Recuerdo aquel día en que llegaste por detrás de mí, poniendo tu cabeza sobre mi hombro te acercaste a mi oído y me dijiste: “El cabello más bonito que he visto en mi vida.” Me paralicé. Al volverme y mirarte ya no pude hacer nada. Tus ojos enormes se me clavaron en el alma. Y comencé en ese mismo instante a quererte. Hace tantos años de eso y aún recuerdo la sensación que me recorrió todo el cuerpo cuando entendí que me estaba enamorando de ti.
Recuerdos. Pequeños instantes cuando todo el pasado revive, cuando volvemos a sentir lo sentido. Mi vida sin ti está llena de recuerdos, mi cielo. Sé que la mayoría son buenos, tú te encargaste de colmarme la vida de buenos momentos, de despertarme con un beso, a veces dos. Sentir tu nariz rozando mis mejillas, la calidez de tu piel en la mía. Saber que estabas ahí sin haber abierto los ojos, era una señal de que ese sería un buen día. Hace tanto que me despierto sola, sin besos, sin ti. Nunca pensé que me acostumbraría. Creo que no lo he hecho. Sólo estoy resignada a que ya son distintas mis mañanas. Mis tardes. Mis días. Mi vida.
¿Sabes cuánto tiempo va desde que te alejaste, amor mío? Siempre te reías de esa costumbre obsesiva que tengo de llevar cuenta de todas las fechas: El primer día que salimos, el primer beso, la primera noche juntos, el aniversario de cuando nos hicimos novios. Pero cuando nos casamos me dijiste: “Esta fecha déjamela a mí. Porque te juro por todo lo que tengo, por todo lo que soy que nunca podré olvidar el día más feliz de toda mi vida. Gracias por tanto, amor, princesa.” Y ahí tuve la certeza de que no sólo me casaba contigo, sino de que te entregaba la vida. Nunca creí que podía llegar a sentir un amor tan grande. Lo vivíamos todos los días, éramos tan felices, mi cielo, ¡tan pero tan felices! ¿Cuántos días van desde que te alejaste mi vida? Son casi 100, 97 para ser más exacta.
Seguro que no te gustaría que llevase esta cuenta, porque nunca te gustaron las cosas tristes. Pero ¿qué puedo hacer, mi vida, si hace 97 noches que estoy desierta? Además, tratando de ser optimista, como lo querrías tú, pienso que hoy estoy más cerca de volverte a ver entrando de nuevo por la puerta, con una flor en la mano o sin ella. Con un torontico en el bolsillo para mí. Con tu inmensa sonrisa, con el abrazo furtivo y apretado con el que siempre me sorprendías en la cocina besándome el cuello, diciéndome que me amabas. Ojalá que la vida sea generosa conmigo y eso de nuevo suceda.
Sabes que no fue tu culpa, mi amor. Tú no hubieses permitido nunca que esto sucediera. Tú nunca hubieses querido dejarme sola. Por días y días me sentí llena de ira, de dolor. Me negaba a todo. Porque no podía entenderlo, aceptarlo. ¿Qué hicimos de malo? Sólo fuimos al cine y luego nos tomamos una cerveza donde siempre. Cuando nos íbamos, sin saber de dónde, apareció este hombre horrible que nos dijo que no nos moviéramos. Quería el dinero, el celular, el carro. Desde ese momento tengo este susto clavado en el pecho. Yo sé que trataste de protegerme mi cielo, por eso te moviste, para cubrirme. Cerré los ojos. Un solo disparo. Sentí como te desplomabas sobre mí, no quería mirar pero lo hice, ahí estabas. No sabía si vivo o muerto, no sé cómo tuve valor, pero al fin pude gritar para pedir ayuda, para tratar de salvarte. Dios fue bueno conmigo y aunque esa bala no me arrebató la vida, me destrozó el alma.
Tú todavía estás aquí, o allá, no sé dónde estás, porque hace 97 días que no despiertas
¿De quién es la culpa, mi cielo? El hombre que disparó está entre rejas, pero eso no me alivia, eso no repara la pérdida. Lo peor es que esto sigue pasando todos los días, lo veo en los diarios. Y aunque tu vida, la mía, la de tantas personas más se va destruyendo cada día, no pasa nada. No hay nada ni nadie que los detenga.
Estoy en la ventana, esperándote. Esperando un milagro. Esperando que abras los ojos, que te levantes de esa cama y vuelvas a tu casa, a tu sofá, a tus libros, a tu música, a mí. El perrito también se echa en la puerta y cuando siente ruidos se levanta y mueve la cola como cuando tú llegabas. Pero se queda como yo, mirando hacia ninguna parte y de nuevo se echa. Somos cómplices en la espera.
Empezó a salir el sol. Hoy no vas a regresar, me parece. Tomaré un poco de café y me obligaré a comer algo; está bien, lo haré por ti, porque me necesitas. Recogeré las cosas que el perro siempre desordena. Llevaré el mismo libro que empiezo a leer y nunca termino porque paso los ojos por encima de las letras para verte, para desear con toda mi alma que muevas un dedo, que hagas una mueca. Que abras los ojos y me digas “hola, princesa”. Voy saliendo para el hospital, amor mío. Otro día menos para esperar a que vuelvas.

(Rosa Fabiola Páez González)
lunes, 18 de marzo de 2013 | By: Abril

A tu llanto



Hay un sabor a sal conformado con gélidos gemidos que pasean su tristeza por las arenas de las playas mudas de muchedumbre.

Imbuido de esa tristeza tu mar llora sobre la tierra aludes de crestas nevadas, de espuma volátil que ablandan mi ser. Tu angustia geométrica envuelta en mí. Bucólica perpetuidad que hoy te habla otra vez: ansío una brizna de poder que ponga letra a este canto, a tu llanto, que me ayude en mi lucha al desaliento.

Mi soledad, el mar y ojala tú. Mi voz y mi sometimiento están presentes en la manifestación de tu silencio porque una lágrima tuya encierra la esencia de todo el océano, siendo como es, la mas firme expresión de tu sentimiento. Llora si así lo deseas, invoca la húmeda transparencia e intentaré navegar, como ahora, por tu mejilla hasta tu boca, buscando palabras de amor.

En digna lucha contra las mareas driblaré erosionadas rocas heridas y si encallo en tu llanto naufragaré por los huracanes del desencanto hasta ahogarme de recuerdos con el sabor de tu juventud en mis labios.

Fluida alquimia en la naturaleza del ser es la sal del amor, del llanto y del mar. La sal que se deja al partir, la sal que recoges al volver y bebiendo luz va apareciendo el día.

Seca pues esa lágrima personal e intransferible en su interno origen y por favor, sonríeme porque sobre todas las nubes te amo.

(José Luis Fernández)