Mostrando entradas con la etiqueta Sinceridad y otros destellos.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sinceridad y otros destellos.... Mostrar todas las entradas
domingo, 8 de marzo de 2020 | By: Magdala

Amor por las rutinas


Hemos caído en la rutina, amor.
Llevamos días despertándonos sin los buenos días. Sin soles que se cuelen entre sonrisas y nos hagan brillar en la oscuridad.
Las buenas noches se han mudado a otra ciudad y nos dormimos pensando en si la noche estará mejor sin nosotros.
Ya no nos echamos de menos; ya no pronunciamos un y yo a tiMás.
Ocultamos respuestas por no herir a las preguntas, y no sabes el daño que nos hacemos así.
Hemos dejado de hacernos heridas para dejar la huella de las cicatrices. Que quedan bonitas, dices.
Ya no cruzamos límites peligrosos ni el corazón nos va a 200 km/h. Y qué aburrido esto de viajar sin estrellarnos. Juntos, digo.
Nos preocupamos de si el cielo llora hoy en vez de si ha llovido en nuestros ojos.
Ya no nos escuchamos, sólo oímos y a saber cuántos silencios nos hemos tragado ya.
Lo del orgullo creo que lo llevamos bastante bien, sólo nos hemos tragado nueve desde ayer.
Las fotos han pasado a ser sustituidas por recuerdos. Que se borran, que se escapan y vuelan. Lejos, creo.

Y que si probamos a querernos, digo, por esto de salir de la rutina.


(Del blog: Mírame cuando no te hablo)
viernes, 1 de noviembre de 2019 | By: Abril

Sumisión

(…)Suena de fondo “Earned it” de Weekend
…On that lonely night (lonely night)
We said it wouldn't be love
But we felt the rush
It made us believe it was only us (it was only us)
Convinced we were broken inside (yeah)
Inside (yeah)…

Resultado de imagen de 50 sombras

Sin prisas y a destiempo hoy me has hecho una señal. Yo recojo el guante y te escucho. A veces desearía ser sorda, pero con una sordera selectiva exclusivamente para ti. No quiero escuchar de nuevo tus cantos de sirena. Me pierdo en los recuerdos y parece que no me has hecho tanto daño. Tengo el don de olvidar mi hastío y mis fracasos contigo, en el intento de devolverte a mi vida.

Tú eres justamente como yo quería. Encajas en ese perfil de tipo educado, elegante, con la ambición justa para salir de la mediocridad sin parecer un snob. Eres de esos que conquistan porque adoptan un papel protector, y yo me siento sumisa, a ratos.

Soy de la antigua escuela, ¿y qué? A estas alturas, sin sorpresas y consciente de lo que deseo, no voy a cambiar. Ni quiero, que conste. Así, como suena, sin pedir perdón a nadie. Soy lo que soy: tuya. Una mística Anastasia de mirada ingenua y pícara, para el Grey equivocado.

Nunca te he pedido nada. Nunca he querido irrumpir en una vida que no era la mía. Y así me ha ido: mal, muy mal, porque este contigo pero sin ti, me mata cada día. Y es tanto lo que siento, que me parece mentira seguir en este callejón sin salida viviendo de las migajas que me ofreces de tu tiempo.

Esta vida inconsistente. Este ser pero no. Este estar, pero tampoco… Eres cruel. Y tal vez eso sea lo que más me atrae de ti: la pasión desbocada que se respira en cada encuentro, que siempre amenaza con ser el último, que me golpea como un látigo, aunque algo vuelve a hacer que no lo sea… Ese empezar desde cero y vivir en bucle. Este juego estúpido, pero necesario, que mantiene viva nuestra no-relación.

Una palabra tuya, bastará para sanarme, porque tú decides mis desastres, tú desatas mis sirocos y en ti descansa el mismo veneno que me da la vida…

¡Qué poder tienes sobre mí, maldita sea!

(N.R.H)
viernes, 1 de enero de 2016 | By: Abril

El cofre de la memoria


Me decidí a escribirte porque me parece que en los últimos años he olvidado darte las gracias y decirte que te amo. Al redactar esta carta estoy haciendo caso omiso a las recomendaciones de mis amigas, quienes consideran que presentarse en un concurso público con una carta de amor para el ex-marido, produce en el mejor de los casos, caspa. Pero yo siento que con toda esta historia del divorcio y el trajín que significó hacerlo realidad, se han ido pasando los meses y no quisiera perder esta oportunidad. Quería decirte que somos mucho más que un hombre y una mujer que ya no lograban vivir juntos.

Ya van a ser dos años desde que empecé a embalar nuestras vidas para poder cumplirle a la pareja que decidió montar su paraíso de amor sobre las cenizas del nuestro. De todo aquello, como de un naufragio voluntario, todavía siguen apareciendo objetos que daba por perdidos.
 

De poco valieron los rollos de tirro, papel y plástico; las interminables horas dedicada a envolver meticulosamente cada libro, cada juguete, cada recuerdo y meterlos en cajas identificadas; o las cifras tan exorbitantes como injustificadas que se le cancelaron a la compañía guardamuebles. Con la misma persistencia con la que el óxido y el moho se apoderaron de nuestras cosas, así mismo la tristeza inmensa y una sensación plomiza de fracaso, se filtraron como un líquido espeso a través del papel de burbujas, que pretendía ingenuamente, amortiguar la caída y hacernos protagonistas de una separación posmoderna: sin traumas y sin dolor.
 De esos meses perdidos en los que, en efecto, dejamos para siempre de ser “nosotros cuatro” y nos convertimos en otra gente, sólo me atrevo a recordar la última tarde antes de la mudanza en el apartamento de La Castellana, cuando todos bailamos dentro de nuestro cuarto, reducido a un rectángulo semi-vacío con piso de madera: un colchón inflable tamaño King, una laptop y dos cornetas en las que un dúo formado por Juan Luis Guerra y Maná nos recordaba que fue una bendición encontrarnos en el camino. Lo demás me resulta todavía demasiado filoso y permanece confinado bajo llave, en una gaveta bien escondida en lo más profundo del alma, esperando que el tiempo y el psicoanálisis de Margarita hagan su magia. Un día quizás, esos archivos puedan ser decodificados sin causar estragos.
 
Así como aparecieron la colección de juguetes de madera y los adornos de navidad; así han venido re-flotando muchos de los recuerdos maravillosos de esos casi 16 años que compartimos bajo un mismo techo (aunque tú bien sabes que fueron en realidad muchos techos sucesivos, y cuatro los años finales en los que, como suspendidos en el tiempo, compartimos petrificados techo, pero no alcoba).

Y si bien es cierto que no todos los años fueron buenos y que las razones para no estar juntos siguen estando clarísimas, también es verdad que fuiste mi amor. El de los besos dulces y suavecitos, mi compañero, mi cómplice y el co-autor, impulsor y defensor desde siempre de Camila y Daniela, que son hoy todo lo que me importa. La buena noticia ha sido descubrir que esas memorias cálidas siguen intactas y son la cantera de nuestra relación de ahora, que aunque al añadirle el “ex” por delante machaca siempre lo que ya no somos, tiene, paradójicamente, un presente mucho más plácido que el pasado.
 
Te confieso que en las malas noches, cuando la culpa y los miedos que me habitan salen de sus cavernas y me atrapan, el saber que cuento contigo me ayuda a liberarme. Porque tú sigues siendo mi aliado, mi único socio en la empresa de la paternidad y tu presencia le añade otra red de seguridad a la peripecia de vivir en esta Caracas contemporánea. Acto que resulta a veces inconscientemente suicida, a ratos tedioso o caótico; pero siempre protegido por una magia imperceptible: como nuestro destino. Qué suerte, Marmotón, la de encontrarte justo ahí, en frente de la cartelera de aquel curso de inglés. Y de verdad, bendita la coincidencia.

(Del blog: Mil cartas de amor)

domingo, 29 de marzo de 2015 | By: Abril

One day


¿Se puede querer a alguien tanto que desees que sea feliz aun cuando no esté junto a ti...? Eso me pasa contigo. Te quiero, aunque ya no me gustes, porque me rompiste el corazón y juré que dejaría de amarte. Casi lo consigo, pero no, -qué idiota- aún te amo. Tanto, que lo dejaría todo si tú me llamases a tu lado.

Algo no funcionó, y no fue porque no lo intentáramos. Pero tú tenias razón: las relaciones se rompen porque uno de los dos ama tanto al otro que no acepta las reglas del juego, no se conforma con ser un actor secundario en la vida del otro, y se rebela... y vive confuso y se choca una y otra vez con las mismas piedras.

Necesitaba hablar esta noche con alguien. Bueno, con alguien no, contigo... por eso te escribo lo que no te puedo decir mirándote a los ojos, porque ya no me quedan excusas para quedar contigo. Tú me llamas amiga y no sabes el dolor que una palabra tan bonita puede llegar a producir en el estómago si la dice la persona equivocada.

No quiero perderte y por eso, cuando ya no puedo más, descuelgo el teléfono y te llamo por cualquier motivo, solo para oír tu voz, por si un día se te escapa un "te quiero" cualquiera... y me haces feliz un instante.

Y tú sigues con tu vida, que tampoco te llena, pero es la que tienes y de la que no puedes salir. Te quiero de igual manera... Y odio esta forma ridícula que tengo de quererte porque no me hace feliz. Pero no quiero que desaparezcas. Porque no quiero que te vayas. He roto contigo mil veces y otras mil he corrido a tu lado antes de doblar la esquina para pedirte que no te vayas, porque lo siento, pero te has convertido en alguien indispensable para mí en estos últimos siete años. Y me duele sentír lo que siento porque tú me quieres de otra forma y no tienes la culpa por eso.

Ayer ví esa película de nuevo. One day. Esa con la que me identifico tanto, de Anne Hathaway... esa en la que una pareja lleva enamorada toda la vida y por alguna razón hay algo que siempre los separa. Pienso que retrata muy bien lo nuestro... no, no me hagas caso. Yo no soy Emma y tú no eres Dexter.

Pues eso, que necesitaba hablar hoy especialmente contigo.

Un beso

TQ

(NRH)

jueves, 19 de febrero de 2015 | By: Abril

Sin título



Llevo casi dos horas y media escribiendo y borrando todo lo que sangro por miedo a salpicarte con mis miedos, y es irónico, pues creo que estas ya demasiado lejos incluso para darte cuenta de que sigues siendo parte de las líneas que te escribo.
Y es que huir sin mirar atrás sería menos complicado si no fuese justamente atrás donde se está quedando todo lo que pudimos ser. Yo no tengo ni tuve ni tendré tanta fuerza como tienes tú. Yo no puedo mirar tus fotografías sin tiritar de ganas de sumergirme en cada una de ellas. En esa sonrisa que me mata y me dio la vida tantas veces.
Yo no puedo leerte sabiendo que cada verso está más y más lejos de acercarse a mí. Que lo que duele no es saber que ahora le escribes a ella, sino ser consciente de que lo haces con las mismas manos con las que un día me escribiste a mí.
Ojalá hubiésemos inventado un idioma que sólo entendiésemos tú y yo, un lenguaje que pudiera gritar en plena noche cuando me despierta tu recuerdo y deslizo cuidadosamente mi mano hasta el otro lado de la cama con la intención de encontrarte, y luego morir muy poco a poco al volver a la realidad y ver, que ahí es justamente donde ya no quieres estar.
Jamás hubiese imaginado que el silencio pudiese llegar a hacer tanto ruido a las cuatro de la madrugada.
Deberías preguntarme por qué no duermo al caer la noche, por qué no cierro jamás los ojos hasta bien pasado el amanecer.  Pregúntamelo. Te diré que tengo miedo de soñar contigo. Te diré que por el día hay demasiado ruido como para caer de lleno en ese mundo en donde te sueles colar y de momento, no cerrar los ojos es la única manera que tengo de poder dejar de verte.
Pregúntame por qué temo a mi subconsciente. Te diré que eres tú quien vive en él y te diré que duele, no te imaginas cuánto duele darle la libertad para soñarte y despertarme y ver que todo lo que acaban de tocar mis manos no es más que parte de una mentira demasiado amarga.
No, no duermo de noche por miedo a soñarte. No lo hago porque sé que no estarás ahí al abrir los ojos, porque sé que ya no quieres volver a estar.
Este tramo de la huida está acabando con lo poco que quedaba ya de mí. Apenas soy una hoja arrugada con un millón de tachones cobardes por miedo a no poder leerte una vez derramado tu recuerdo sobre el papel. Quizás por miedo a que tú no quieras volver a leerme a mí. Ni a escucharme tan siquiera. Duele(s).
Aún no sé cómo lo has hecho, pero me has convertido en una marioneta encadenada a tus hilos y has conseguido sublevarme a cada uno de tus movimientos. Córtamelos, o haz que vuelva a bailar al son de tus deseos.
Mira al cielo y dime cuántas estrellas ven tus ojos. Así quizás se a más fácil. Cuéntalas, y dime el número exacto porque desde donde yo estoy sólo puedo verte a ti haciéndole sombra a cualquier constelación. Me has robado la ruta a todos los planetas a donde solía huir y me has dejado sin oxígeno en una atmósfera completamente desconocida. Aquí no estas tú despeinando mis mañanas, mi pelo largo entre tus manos. No estás tú para decirme que las ojeras son la huella que dejan los sueños en los que se besa mucho. Aquí no estás tú y no te imaginas cuánto duele.
No puedo describirte cuánto dueles.
Apenas me quedan fuerzas para lanzarte esta última bengala y ni siquiera sé si estarás mirando al cielo. Necesito que mires al cielo. Estoy tirada en cualquier rincón de tu cuerpo esperando a que me encuentres para poder decirte que jamás me he alejado de ti.
Que- jamás- me- he- alejado- de- ti-.
Que he intentado engañarme, una y otra vez pensando que si escribía un cuento repleto de mentiras, alguna acabaría volviéndose verdad, y lejos de eso, temo que cada uno de esos cuentos hayan destruido por completo cualquier esperanza de volver a leernos.
No te imaginas cuánto lo siento, ya no tengo fuerzas para volver a coger un tren. Y es que ya no queda sitio en mi piel donde guardar los billetes, sigo repleta de tus huellas dactilares. Han inundado por completo mi cuerpo y prefiero tenerlas a ellas si por más que vaya allí… tú jamás vas a volver a estar.
Sigo anclada en la estación en donde nos dejamos los sueños. Me pregunto si aún seguirán allí, si alguien los habrá adoptado y les estará cantando bajito para que se duerman cada noche o estarán muertos de frio, y miedo, sabiendo que llega el invierno y no dormiremos en la misma cama para acunarlos. Ni serán nuestros labios sus bufandas nunca más.
Ojalá estuvieras tú aquí ahora, estoy tirada en cualquier calle de Madrid esperando que la casualidad o el destino que un día nos unió nos cruce de nuevo en su camino...pero llueve y no apareces… El tren llegará en apenas unas horas y daría lo que fuera por saber si dejé mi perfume en tu almohada cuando me marché. Al menos mi corazón, si sé con seguridad que lo dejé contigo.Y ojalá lo veas, y ojalá lo arropes, y ojalá me lo devuelvas en forma de "vuelve", que llegan días de lluvia y deberías saber que es un friolero. Tápalo bien, Primavera, tápalo bien. Y háblale bajito o escríbele suave (que sólo así sabe dormir.) Me dijo que lo dejase allí, en tu espalda. Me dijo algo de tu pelo, de tu piel, algo de que quería besarte en la nuca cada vez que te viera temblar. Y allí lo dejé.
(y allí debe estar)

Dale tú las buenas noches de mi parte
Esta vez te toca a ti cuidarlo a él.

(Mónica Gae)
domingo, 1 de febrero de 2015 | By: Abril

Supongamos que te echo de menos...




Supongamos que te echo de menos...

¿Volverías?

Supongamos que...no hay día en que no me acuerde de ti, y cada vez que te pienso tenga que distraerme para poder parar. Supongamos que me atrevo a decirte algo.

¿Reaccionarías?

¿Crees que merece la pena empeñar mi orgullo? ¿Empeñar la poesía?

Supongamos.. que desaparece aquel mes, aquel fin de semana. Supongamos que aquello no acabó conmigo. Supongamos que quiero ir de nuevo a la estación e intentar captar una imagen mientras llega el tren.. y tú con el.

Y ahora... ahora yo supondré que tú aún no me has olvidado, que no has borrado ni una sola fotografía mía, ni un solo mensaje.. ni una sola carta.. que tu intención no era la de alejarme matándome poco a poco. Que aun queda esperanza, que no la hemos desperdiciado toda..

¿Marcarías mi número?

Son las cuatro de la mañana de cualquier día de enero y es tu silencio el único que ahora me despierta al caer la noche. Es tan difícil conciliar el sueño después de habértelo regalado a ti. A veces pienso en llamarte, o escribirte para que me lo devuelvas. Echo tanto de menos a la persona que solia ser antes de conocerte, antes de convertirme en la mitad de todo, de nada.

Sin ti me sobran la mitad de todos mis cigarrillos, los cinco minutos de más después de apagar el despertador, una cucharada doble de azúcar en el café, media botella de butano al ducharme. Me sobra la mitad de la cama, de la almohada, del sofá. Sin ti las películas las veo enteras y leer antes de cerrar los ojos ha dejado de ser mi estrategia para que me quitaras el libro, y siguiéramos con la poesía debajo de las sábanas.

Y sin embargo, te fuiste.

Y a mí solo me queda suponer que a ti también te sobran las mismas mitades que a mí, que tú también echas de menos mis manos cuando tienes frío, y que Madrid es la mitad de bonito sin nuestros besos en mitad de la Gran Vía.

Sigo parándome delante de cada tienda de libros viejos, pero ahora sin ti, por si te viera pasar. Sigo notando tu nombre en mi nuca cada vez que me recojo el pelo y sigo notando tus dientes en la cicatriz que me dejaste en la clavícula.

Ojalá decir que te grabaste en mi piel a fuego fuera solo una metáfora más.

Ojalá decir que te llevaste mi corazón... no fuese tan real.

Lo echo de menos, ¿sabes? echo de menos oírlo latir al otro lado de mi pecho. Acunarlo por la noche y leerle a Salinas para que cogiera el sueño.

Mi amor, léele a Salinas, que solo él sabe describir en verso, lo mucho que a ti... también te echo de
menos..

(Mónica Gae)
martes, 2 de diciembre de 2014 | By: Abril

Frío




Hola,

...Tienes razón. Me debiste de leer los pensamientos en la cara. No tenía frío la última vez que nos despedimos después de almorzar juntos. No era frío, al menos físico. Era dolor. El dolor a veces hace daño, como el frío, cuando es intenso.

Nos despedimos, como siempre, como lo hacemos desde hace ya dos años. Con un "que te vaya bien, cuídate", acompañando a dos besos que más que de cariño son una mueca que forman parte de esta representación que hacemos en público.

Luego, a solas, nos escribimos todo lo que sentimos... a veces, hasta me sueltas un "te quiero" con el que me aferro a lo nuestro hasta el próximo encuentro, siempre a solas y siempre en público.

Y la historia se repite, porque soy incapaz de dejar de querer (te), porque me ahoga la esperanza que no pierdo, de volver a ser lo que fuimos; porque te quiero y deseo que todo vuelva atrás, a ese instante en que te hacía ilusión verme y en que nos procurábamos los recovecos de esta ciudad para hacerlos nuestros, para dar rienda suelta a nuestro amor, que era como de película... de esos amores imposibles, en los que dos personas que están destinadas a quererse, se encuentran al cabo de los años y saben que son ellos lo que ambos estaban buscando, pero cuando se encuentran ya lo hacen a destiempo porque cada uno es la mitad de otra relación que no pueden romper.

Eso éramos tú y yo. La mitad de una aventura con un pacto no firmado. Y así nos iba bien, porque tú me amabas y yo estaba loca por ti. Porque por fin encontrábamos sentido a todo el dolor, porque la espera había merecido la pena. Y tratamos de adaptarnos a las circunstancias del otro y de lamernos las heridas.

Al principio nos fue bien, no sin remordimientos. Pero un día empezaste a llamarme "amiga" (¿puede haber dolor en ese palabra? para una amante sí, lo hay) y a espaciar los encuentros con excusas de todo tipo: que si el trabajo, que si los niños... Y yo me ahogaba y trataba de buscar la salida menos dolorosa para nuestro final infeliz. Habíamos superado tantos obstáculos para llegar hasta aquí...

Pero tú no me dejas irme, Amor, y tampoco me escuchas ya. Soy sólo tu paño de lágrimas... y me siento fatal. Y nuestros encuentros son tan fríos, que eso es lo que viste en mi cara la ultima vez que nos despedimos. Ya no me necesitas. Nuestra historia pasó. Por favor, si no me quieres, deja que me vaya...

(NRM)
domingo, 31 de agosto de 2014 | By: Abril

Hora de despertar

 

Me arrepiento de todo, no sé nada y a la vez lo sé todo.

Fue culpa mía no te debería haber dejado ir, no tendría que haber escuchado lo que decían los demás, no tendría que intentar haberme parecido a los demás, no tendría que haberme arrepentido de lo que no hice por miedo a ser rechazado, no tendría. La gente piensa demasiado y siente muy poco. La vida es mas sencilla de lo que nos creemos; lo difícil es lo único a lo que no le pones ganas. La suerte es un cuento de niños y la fe es otro libro... Si realmente me preguntasen qué quiero ser de aquí a unos años, con sinceridad, diría: ser querido. Probablemente me gustaría vivir en una casa frente al mar, un mar precioso, limpio, desde donde se pueda ver la mirada del amanecer, los recuerdos vividos y los no vividos. Es extraño, yo sé que la vida hablará sola. Tal vez tenga que descubrirla o tal vez me venga de repente, sea un cuento de hadas o sea la historia más bonita jamás contada. Realmente escribo así cuando me encuentro mal, cuando es amor lo que siento y cuando lo único que quiero es sentarme enfrente del escritorio y escribir. Escribir enseñanzas, experiencias, o simplemente cantar, llenarme de energías poner la música tan alto que no pueda impedirme levantarme a bailar. Mientras que observo desde lo alto, el paisaje, con el que tendré que vivir el resto de mis días y que me llenará de energía para ser lo que algún día seré, que en realidad no lo sabe nadie, nadie excepto el futuro...

(Alberto)
 

Lo que pudo ser...

 
Lo que hubiera podido ser....
 
Y llegan esos días en que piensas las cosas que pudieron ser y no fueron... Quizás por inmadurez, inexperiencia, una pizca de ego...O quizás por no amar de la forma correcta, pero quién sabe la forma correcta de amar, ¿no?...
 
...Cierras los ojos, te visualizas en el futuro de ese pasado, y piensas tantas cosas bonitas que hubieras querido compartir SÓLO CON ESA PERSONA: una mirada profunda, un despertar a su lado, un chiste colmado de risas tontas de dos personas que a pesar de los años se encuentra enamorados.
 
Y piensas en ese sentimiento que te pertenece, pero a la misma vez es ajeno; porque si esa persona no existiera, ese sentimiento tampoco.
 
...Y ese momento justo de arrepentimiento, pero a la vez de satisfacción por haber aprendido tantas cosas que sólo fueron posibles al momento de su partida... y es justo ahí cuando quisieras tener una máquina del tiempo y enmendar todos esos errores, y mostrar ese amor que estuvo escondido; sólo porque nos olvidamos de las pequeñas cosas que significan tanto para una relación...
 
Lo más triste es sentir esa ligera palpitación que te dice que las cosas llegaron a su fin, pero que a través de ellas pudiste ser mejor persona... hasta crecer como ser humano; sólo por el vacío provocado por la partida de esa persona. Te envuelves en una burbuja de pensamiento bonitos de los cuales no quisieras salir; porque sólo imaginas esos lindos ojos brillosos que reflejaban tu rostro y esa tierna sonrisa al verte, que quizás para los demás no era nada, pero para ti lo era TODO...
 
...luego te preguntas si valió la pena o no, o si quizás malgastas tu tiempo escribiendo sobre eso... pero al fin y al cabo qué más da... si el amor no tiene nada que ver con la lógica, sólo existe.
 
(Teandy Acosta)
domingo, 22 de junio de 2014 | By: Abril

Si aún me quieres, aléjate.


Querido Tú,
Hemos llegado a un punto de no retorno. Cada cita, cada conversación para intentar arreglar las cosas es una puñalada más cuando nos despedimos, cada uno con la sensación de que el otro no lo comprende; con el hastío de hablar lenguajes diferentes y echando de menos aquel tiempo en que nos bastaba una mirada para decirlo todo…
Sé que no estoy en mi mejor momento, pero tú, querido Tú, no me lo pones nada fácil. Por encima de mí pasan todas tus circunstancias como una apisonadora. Y yo me quedo ahí, al margen de tu vida, aplastada como un insecto contra un cristal y me siento diminuta.Diminuta y ridícula, intentando imaginar que esta situación es un bache pasajero en la relación que hay entre nosotros y que, por lo visto, tengo idealizada. Pero no, esto es el pozo del Juego de la Oca. Me toca esperar a que lances los dados. Y me repito como una letanía que una palabra tuya bastará para sanarme. Pero tú no te manifiestas. De un tiempo a esta parte estás ausente en los momentos más importantes. Y en los menos. En todos. Estás a años-luz de mí y de mi vida. Entre tú y yo de la noche al día, surgió una montaña tras el último cataclismo. Y yo ya soy mayor para salir a buscarte. Soy mayor y estoy cansada para dar rodeos a esta montaña en la que pronuncio tu nombre y sólo obtengo el eco estéril de mi voz.
Me gustaría volver atrás. En la era previa a tu llegada. No es que fuera más feliz, pero al menos no sentía el vacío inmenso que tengo ahora, por tu presencia ausente. El día que dimos el paso te lo comenté, que era un paso sin retorno, sin vuelta atrás, como el que estamos dando ahora. Bueno, como el que estoy dando yo, porque tú, querido Tú, lo diste hace tiempo aunque lo disfraces de otra cosa.
Me da pena decir adiós y, si pudiera, seguiría como hasta hace dos días, buscando excusas para autoengañarme y pensar que si no estás es porque no puedes estar. Que si no puedes es porque algo te lo impide. Tus obligaciones, tu otra vida, tu otra historia… en la que yo no pinto absolutamente nada. Pero ya estoy cansada. Para darte prioridad en mi vida, he ido poco a poco abandonándome, olvidándome de mí misma, hasta el punto en que no me reconozco al mirarme en el espejo. Mi sonrisa ha mutado en una mueca apática e inexpresiva y mis ojeras son la señal externa de lo sombría que se ha vuelto mi vida.
Te quiero de una forma de la que tú, querido Tú, no tienes la culpa. Necesito que pase el tiempo para conseguir lo que me pides: que sigamos siendo amigos y no puedo prometerte que sea así algún día. Por ahora no. Me resulta imposible verte de otra manera.
Si aún sientes algo por mí, respeta mi dolor y aléjate de mi vida.
Se despide: la mujer que aún te ama.
NRP
sábado, 15 de marzo de 2014 | By: Abril

Curvo


Señorita, ¿me concede este beso?Sólo quiero restregarme contra usted un par de veces por semana durante diez o doce meses a lo sumo, prometo no molestarla más, no inmiscuirme en sus asuntos, como mucho la llamaré un par de veces de madrugada, hurtando sus ojos al sueño, para decirle cuánto la amo y cómo la echo de menos, por lo demás no se preocupe, de las noches en que no nos veamos, prometo suicidarme sólo la mitad de ellas, la otra mitad estaré tranquilo.
Miraré sereno cómo la tarde plomiza se posa sobre la ciudad, veré los coches ladrar furiosos sobre el asfalto, buscaré sus facciones en las caras anónimas que pululan por el centro y ellos me tomarán por un estúpido al ver mi sonrisa (de estúpido) no se preocupe por mí, ya le digo, estaré bien, entraré en uno de esos restaurantes del centro y pediré una ración de pulpo y una botella de vino tinto, el camarero también me tomará por estúpido cuando vea mi cara de felicidad al hincarle el diente al cefalópodo, el camarero sonreirá, le digo, porque ignora el pobre que como pulpo porque yo también quiero ser pulpo, señorita, yo también quiero ser pulpo, para acariciarla a usted y abrazarla con mis tentaculitos, y poseerla con ellos, y después me sentaría al piano y le tocaría jazz como sólo los pulpos pueden tocarlo, porque, ¿sabe, señorita?, si yo fuese pulpo aprendería a tocar el piano sólo por complacerla, pero el camarero no lo entiende, y me mira y sonríe cuando yo rebusco entre las patatas los tentáculos para saber si son tentáculos de pianista, y pienso en los momentos de felicidad y pasión que pudo tener, y le recito las palabras del poeta: pulpo será, mas ¿pulpo enamorado?, y al final suele ocurrir que me entristezco por ese pobre pianista a la gallega, con su anárquica melodía emergiendo entre las patatas y el pimentón, y me bebo el vino y me voy del restaurante, y vago un rato por las calles, pero ya ve, señorita, que no soy peligroso en esas noches, no lo soy porque aún llevaré pegado al cuello el aroma de usted desde la noche anterior, los pulpos somos muy tranquilos, aunque debo confesarle, señorita, que otra cosa será al día siguiente, en esos días enloquezco desde la mañana, ser pulpo me deja una resaca espantosa, noto un demonio dentro de mí, y consigo aplacarlo al principio, con mucho esfuerzo lo mantengo a raya, pero latente, crece, se alimenta de los restos del pulpo, y va ganando terreno poco a poco, hasta que, cuando empieza a caer la tarde ya no puedo contenerlo, sale de mí y me esclaviza, me fustiga, me hace odiarla a usted y odiarme a mí mismo por odiarla y odiar al pulpo por amarla, y empiezo a arrastrarme y se me hiela el corazón y soy una víbora, y salgo a la calle y repto por la ciudad, y no la busco a usted, porque la odio, ya se lo he dicho, la odio, porque miro a los ojos del demonio que me sodomiza y veo su mirada limpia, y creo que usted me odia por ser una víbora, pero luego pienso que simplemente le soy indiferente, le doy exactamente igual, y eso me horroriza aún más, ser una víbora indiferente, porque puedo comprender su odio, ya que su cuerpo no está hecho para ser tocado por una víbora, pero su indiferencia me hiere, y lo que haré, señorita, será buscar consuelo en el hombro del demonio, que me hará beber mil y un whiskies para engañarme, porque sus labios, señorita, lo sé, tienen el regusto amargo del whisky, y en mitad de la noche, con mis escamas de whisky y mis colmillos de odio, el diablo me acompañará hasta la calle de las putas y allí me dejará cómo una presa fácil, y, lo siento, señorita, buscaré sus labios entre los labios de las putas para inyectarles mi veneno, si es que aún tengo veneno, pobre viborilla de madrugada, y por un instante creeré haberla hallado a usted, cuando en realidad son mis colmillos los que hieden a whisky, no los labios de las putas, y mi corazón de sangre fría volverá a arrastrarse por la calle, ya ve, señorita, eso será todo lo que haré el tiempo que no pase con usted, quizá no sea muy ortodoxo, quizá espera usted algo más, lo comprendo, pero piense que yo la necesito para no perder la cabeza, porque yo la amo, y por eso, concédame usted este beso, por favor.

Bruno García

(Carta de Gabriel Rodríguez, ganadora de la II Edición del certamen de cartas de amor Antonio Villalba, organizado por la Escuela de Escritores).
miércoles, 5 de febrero de 2014 | By: Abril

El ombligo del mundo

REVERSOpostalEBOHM.jpg

Querida Lilith:

Al fin he alzado el vuelo. Adán protestó y se irritó mucho con mi partida, pero en su mirada ya no había amor. Solo posesión. Demasiados años de yugo. Quiero un hombre o una mujer, ¡qué más da!, que cabalgue junto a mí. Demasiado tiempo siendo montura...
En mi maleta tan solo recuerdos. Dejo atrás más de un trillón de hijos que no saben que soy su madre. No sabía adónde ir. ¿Dónde estará el paraíso perdido?
Recuerdo tu voz y cómo me hablabas de ese lugar: el ombligo del mundo. El origen, el fin. Ahora veo esa pupila infinita donde el tiempo se desvanece. Siento los pétalos que arañan mi piel y bebo de ríos de vino dulce. Las moscas bailan tangos con los mosquitos, aunque las mariquitas se decantan por la salsa de los arces. Del cielo llueven sonrisas y el eco de mi voz suena a terciopelo.
Fui a la laguna prohibida y me di unos barros. Se acabó el ser costilla. Me siento una mujer nueva, diferente, única.
Gracias, hermana.
Besos a tus diablillos.

Eva

Dirección:
Lilith Soeur Mysterieuse
Rue du Plaisir, 69
69096 Venus

(1er premio I Concurso Microrrelato Postal, Elena Böhm Rodríguez)
sábado, 28 de diciembre de 2013 | By: Abril

Prefijos en el amor


La culpa fue de los prefijos. Dejamos que se fueran posando en algunas palabras de nuestro idioma, y acabaron adueñándose de lo más íntimo del diccionario que habíamos creado juntos.
Permitimos que se escapara la emoción que sentíamos al escucharnos, conseguimos que nuestras miradas llegaran a encontrarse diferentes.
Cambiamos la ilusión por la des-ilusión. Dejamos la puerta abierta a la monotonía. Nos conformamos con un sucedáneo de romanticismo, convertimos lo nuestro en simulacro.
Cambiamos el vivir por el sobre-vivir. Nuestros sentidos se volvieron perezosos, tu cuerpo y el mío se convirtieron en extraños, la lastima vino a acompañarnos.
Cambiamos la pasión por la com-pasión. Y llegó la hora del reproche, intercambiamos nuestras culpas. Nos quedó el consuelo para tontos, el rencor.
Cambiamos el sentimiento por el re-sentimiento. Asistimos impasibles a la catástrofe y, cuando quisimos darnos cuenta, nuestra lámpara maravillosa se había apagado.
Cambiamos el amor por el des-amor.
Nos queda este texto, que no es más que un pre-texto...para tantas cosas.
La culpa fue de los prefijos.
(Josefina. Del programa de radio: Es Amor)
lunes, 9 de diciembre de 2013 | By: Abril

Recibí tu declaración de amor con fecha del viernes 23...



Estimado Alberto: recibí tu declaración de amor con fecha del viernes 23, misma que paso a responder.
Primero que me pareció medio larga. Ni sabías en qué andaba, entonces te mandaste más por entusiasmo tuyo que por otra razón.
En la parte que ponés “que me amás desde el primer día que me viste”, ¿a vos te parece?, para empezar no indicás qué día fue, no puedo saber si yo también te vi o me llevás ventaja. Sí recuerdo cuando nos presentaron, y ahora entiendo la sonrisa que traías, porque ya venías emocionado, por así decirlo.
Cuando afirmás que “he nacido para hacerte feliz”. No puede ser cierto, ahora no sé cuántos años tenés, pero desde que naciste hasta ahora, ni un poco mejoraste mi vida. O llevás un atraso que ni te cuento o es una de esas frases que se dicen por decir.
¿Que pasás noches sin dormir? No sé si estás tomando algo, ¿qué querés que haga? Podría cantarte una canción tranquila, pero no soy de cantar en público, no sé, me da vergüenza. Probá ir al médico.
Después decís que las estrellas te dicen mi nombre. ¡Estaría todo el mundo llamándome por teléfono si fuera cierto! Móviles de televisión a la puerta de mi casa, la NASA. “¡Ani, las estrellas le dicen tu nombre a un flaco!”. Nada que ver.
Que pasás las horas lánguidamente. ¿Vos buscaste qué quiere decir esa palabra? Para mí que quisiste decir otra cosa.
Por último me pedís que te dé una respuesta y que la vas a esperar con ansiedad. Calmadito, por favor, porque lo que menos quiero es andar con gente nerviosita.
Te voy a ser sincera, me llegaron tres o cuatro cartas de amor más, ¡a cuál más disparatada y boba! Así que la tuya, dentro de todo, fue la mejorcita.
De modo que acepto tu propuesta, vení con flores mañana a partir de las cinco y seremos felices para siempre, mi amor.
Tuya de todo corazón
Anita

(Luis Pescetti)
domingo, 20 de octubre de 2013 | By: Abril

Cuántas veces...



 
Cuántas veces escribí y borré... con tal de no decir nada que te dañe...
cuántas veces pienso en lo que digo antes de decirlo...
cuántas veces he llorado por ti...
 
Cuántas veces siento que muero...
cuántas veces siento que me matas...
cuántas veces se me ha partido el corazón...
cuántas veces trato de volver a pegar los pedazos ...
cuántas veces he caído y me he levantado...
cuántas veces he creído lo que dices y cuántas veces más he visto que todo se viene abajo...
 
Cuántas veces me convenzo de que nada cambiarás...
cuántas veces quiero volver a confiar en ti...
cuántas veces me he esforzado por que tú estés bien...
cuántas veces he sentido tu desprecio a mis esfuerzos...
cuántas veces me he sentido presionada...
cuántas veces siento que ya no me quieres...
cuántas veces siento que ya no te importo...
 
Cuántas veces he odiado tu orgullo y cuántas veces más he querido sentir que todo va a estar bien...
cuántas veces he querido sentir tu amor y cuántas veces lo único que siento es dolor...
cuántas veces me he odiado por amarte así...
cuántas veces me he mentido a mí misma, creyendo que no me has lastimado...
cuántas veces he olvidado todo por querer empezar de nuevo y cuántas veces me detienes...
 
Y sin embargo sigo aquí, como la tonta más grande del mundo... todo porque te amo más que a mí misma, más que a nada y más que a nadie...
 
Supongo que habrá más veces por delante, sólo espero no morir en el camino. Sigo aquí con todo esto, en silencio para evitar que tú sientas dolor. Y así seguirá, hasta que entiendas y veas todo lo que me está causando tus errores. Hasta que veas cuántas heridas tengo. Entonces, probablemente entiendas que es algo injusto. Sólo espero que no sea demasiado tarde. Y si lo es, ten por seguro que aqui seguire amándote, como lo hice desde el principio..

M.V
lunes, 23 de septiembre de 2013 | By: Abril

Te he mentido



Querida Cristina: 

He decidido hacerte esta carta porque mereces saber que nada es culpa tuya, simplemente todo ha cambiado y no sé decirme por qué.

Te adoro pero no, no puedo seguir contigo. Lo cierto es que te he mentido y eso no es lo peor, lo peor es que llevo haciéndolo desde el primer dia y lo más ridiculo es que también me he mentido a mí mismo creyendo que por fin te habia encontrado.

Adoraba como pasabas de enfadada a enamorada en cuestión de segundos. Me encantaba tu piel y el olor a crema hidratante cada vez que me abrazabas. Adoraba el modo en que decías si a todas mis locuras. No podia vivir sin tus abrazos constantes. Me encantaba cuando te burlabas de mis tonterías y eso te hacía estallar en mil sonrisas. Disfrutaba sin hacer nada, matando el tiempo, paseando, besándonos. Adoraba tantas cosas de ti...

En cambio, ahora odio tus cambios repentinos de humor, detesto cuando te pones esa crema hidratante y me tocas con la piel pegajosa. Odio tu poca iniciativa y que digas sí a todo. Me agobia que quieras estar siempre pegada a mí y me enfurece que te burles de mis cosas y encima te rías. Me aburre estar sin hacer nada perdiendo el tiempo.

Por eso no puedo seguir contigo, porque cometi ese error que comete todo el mundo de creer que eras quien yo quería que fueras; de, sin conocerte, decirte que eras la mujer de mi vida. De pensar que eras mi una entre un millón, porque eran más mis ganas de encontrarte que las de estar contigo.

Pero no has sido tú la unica engañada; yo también me crei que eras para siempre, que serías mi antes y mi después, lo que siempre habia soñado.

Sé que me volverá a pasar, me volveré a mentir. Volveréis a parecerme todas las anteriores en insight y volverá a parecerme todo increíble. Me veo mintiéndome otra vez, equivocándome, pero ya no contigo, ya no contra ti.

Lo siento mucho.
 
Te deseo lo mejor.
 
(Alexander)
 
Transcripción de un cortometraje de Dulcineastudios
martes, 27 de agosto de 2013 | By: Abril

Primera Carta

 
Amor,
 
veras  empecé a escribir con la idea de hacerte una carta de amor, algo así muy dulce,  romántico y poético, pero ya sabes que esas cosas no se me dan tan bien como pretendo y como vos quisieras…no puedo ordenar mis ideas de una manera coherente cuando se trata de mis sentimientos hacia vos, se me hace difícil…pero quiero intentarlo
Esta carta que te dejare sobre la almohada al salir del cuarto y que encontraras cuando vengas de dejarme del aeropuerto será la primera de las muchas que pienso escribirte mientras estemos lejos…cada una de ellas ira matizada de detalles sobre cómo va mi vida y el trabajo y las cosas nuevas de cada día, pero en esencia todas dirán lo mismo que te diré en esta:
Que me duele mucho dejarte, me duele tener que estar lejos de vos para lograr este sueño de superación personal, pero lo hago no solo por mi, vos lo sabes, me has convencido que es por nosotros, por un futuro mejor cuando volvamos a estar juntos, me ha encantado la forma en que has impulsado mis luchas y me has acompañado en todo el proceso, no sé como agradecerte que me quieras tanto, que me des tanto, me diste el valor de volar aun cuando sabias que me iría lejos de tu abrazo, por eso quiero decirte sin adornos y sin preámbulos que te amo, en el más amplio significado que esas palabras puedan alcanzar, que no me he ido y ya espero volver a tus brazos, a nuestra casa, a nuestras manías y peleas tontas de cada día, que ya te extraño, que prometo volver…así que guárdame calientito mi lado de la cama..no desesperes amor por que me has enseñado que el tiempo es relativo y yo ajuste los relojes de la casa para que vayan más rápido que de costumbre
Amor te dejo esta carta en un sobre perfumado, para que de vez en cuando puedas olerlo y recuerdes como huele mi abrazo..hasta pronto amor..dos años se van volando
 
Con amor..
 
Sandra.
 
PD. No me salió tan mal para ser la primera verdad?
lunes, 8 de julio de 2013 | By: Abril

Absurda Cenicienta


...Y mi carta llena de explicaciones, reproches y deudas pendientes esta aquí.

Puedes leerme, quemarme -una vez mas-, hundirme en una copa de vino como la que estoy tomando. Pero eso no evitara que te exprese todo lo que he callado. Quiero que me cuentes qué pasó ¿Qué pasó con todo lo vivido? ¿Qué pasó con el jardín que prometiste? ¿Qué pasó con los cuatro niños que correrían por el? ¿Qué pasó con nosotros? ¿En qué momento deje de ser tu princesa para convertirme en esta absurda Cenicienta?¿En qué momento cambiaste tanto?

No siempre fue de esta manera. Esta "forma" en la que eres abruptamente bestia conmigo. No me escuchas más de dos minutos; no me dices qué te pasa. Huyes cuando intento rozar tu mano. Tu aliento cada vez esta mas lejos. Ya no logro atrapar tu sonrisa ni siquiera esforzándome al máximo.

¿Qué nos paso? Supongo que el tiempo termina siendo desgastante ¿En qué punto te das cuenta de que el amor se convierte en monotonía? Supongo que aquí. Supongo que en el momento en el que dejas de susurrarme "Cami quédate un poco más". Quizás en ese momento en que ya no me abrazas por la cintura y me das vueltas hasta caer; desde ése en que no jugamos como niños, que no contamos estrellas, que no me atrapas por la espalda, que no me invitas a planear el futuro a tu lado...

Y ahora me dices que sólo sientes cariño, que no quieres que estemos juntos, que la relación no puede continuar. No logro entenderlo Manuel, explícame qué hago con todo el ayer.

Quisiera entender cómo puedo sacarme de la cabeza la idea de que nací solamente para ti, y que tú naciste sólo para mi. ¿No lo ves? Te amo tanto y te extraño aún más. Ese dia que viniste y me dijiste que podíamos estar juntos, que aún me querías, sentí volar, sentí estar llena nuevamente por unos minutos, por unas horas. Pero al volver a la realidad me di cuenta que pase de ser de princesa amada a una absurda Cenicienta y no cometí ni un solo error para merecerlo.

Y sabes que lo digo por tu nueva pareja. Fui incondicional contigo, acepté tus malos humores, acepté tus derrotas, te apoyé.

Manuel ¿En que momento salí de tu vida? ¿Por qué no me besabas como antes cuando estábamos juntos?.

Quisiera que todo fuera como antes y posiblemente ése sea mi principal reproche. Te reprocho el silencio, reprocho el abandono, reprocho las citas falladas, lo sueños no cumplidos, las promesas de "no volverá a suceder" rotas, los besos fríos en la frente que evadian mis labios. Te reprocho toda y cada una de esas peleas en las que decías "soy yo quien tiene la razón".

Te reprocho firmemente que me aceptaras tal cual soy y que luego te dieras cuenta que ya no te gustaba tanto. Te reprocho que no lucharas un poco más, sólo un poquito más. Como yo, que sigo luchando por ti. Explicaré por qué: Yo te amo y me niego rotundamente a dejarte sin luchar.

Me niego a creer que todos nuestros sueños los abolieras, o que estés dispuesto a realizarlos con ella ¿Es justo? Manuel, estoy aquí tragándome el orgullo y la dignidad. Pero sé que no me tomarás, por lo tanto déjame seguir siendo princesa, ayúdame a no sentirme Cenicienta. Entiende que este pobre corazón solo conoció tu amor. De ti aprendí todo: la forma de besar, de mirar, esos abrazos, las señales... ¿Cómo hago para sentir solo cariño? ¿Eso se puede hacer?  Si es así, perdona mi ignorancia y enséñame. Quizás si te toca ser mi maestro nuevamente, puede que te enamores de la alumna y esto podamos salvarlo. Piénsatelo. Puede que después de todo no sea tan tarde como ambos pensamos. Puede que yo logre cambiar en un par de cosas para que vuelvas a quererme.

Y si simplemente estamos negados a esta vida: jódete. Seré feliz con o sin ti, porque a través de esta situación he logrado amar cada una de mis virtudes y mis defectos y me he levantado con fuerza. Puedo vivir sin ti, tú me enseñaste. Quiero vivir junto a ti, también me lo enseñaste. Pero también recuerdo tu filosofía de... "nadie es indispensable". Así que si vienes a quererme, estaré aquí, dispuesta a salvar este sueño, nuestro sueño. Y si no, terminaré de quemarme en este pasado y dejaré que el tiempo se encargue de cerrar el ciclo. De las cenizas siempre surge una nueva mujer.

Piénsatelo y escríbeme, como cuando me amabas más que a tu vida. Como cuando tenías ese carpeta con el titulo "Cartas a Camila". Después de todo, este absurdo hábito de escribir también lo aprendí de ti.

-Siempre tuya, siempre mío Manuel.
                   Con amor: Camila.

(Patricia Pineda)
domingo, 19 de mayo de 2013 | By: Abril

Para el amor de mi vida


Me levanté con las ganas de andar desnuda, con la vida desteñida y de espaldas a la indiferencia, me levanté y entendí muchas cosas: Te entendí, entendí  a mamá y me entendí, sí, después de mucho me entendí, siento haber tardado demasiado, pero se supone que esto venía con un manual de instrucciones y una garantía por si surgía algún daño, pero nunca me llegó nada al correo, también se supone que la crisis adolescente sanaba con alcohol y los recuerdos se borraban con el paso de la rebeldía, lo probé todo y todo siguió lleno de grietas; después de muchos cafés con sal en las mañanas y de resanar grietas, me puse a pensar en  ¿hace cuánto no escribo una carta de amor?, ¿cuál fue la última carta que te escribí?, por eso escribo, esta carta la título: Para el amor de mi vida, porque sí, el primer amor de toda mujer es su padre…

Papá, de tantas cosas que me enseñaste: El caminar y el amar sin duda fueron unas de las mejores; ahora vendría una lista enorme de las cosas que te agradezco y te agradeceré siempre pero mejor voy directo al vacío antes de quedarme sin tinta; debes entender que me rondan muchas preguntas, ahora cuando ya entiendo más, quisiera saber si ¿En algún momento toqué tu corazón con las manos sucias?,  ¿Era necesario salir por la puerta trasera de esa manera tan vil?, y  ¿Por qué te fuiste sin terminar de leerme todos y cada uno de los cuentos de los Hermanos Grimm o antes de que me enseñaras a patinar?, pero lo que más pesa, papá, lo que más duele es ¿Por qué no he tocado los recuerdos suficientes para que vuelvas a casa? Preguntarás que ha sido de mí en este tiempo, por eso envío esta carta, que no pretende ser un susurro ahogado,  aunque es muy probable que se estanque en la oficina de correos junto a otras cosas por decir…

Pero si has de recibirla, has de saberlo todo, empezando por el nudo, empezando por la pérdida, Papá, me desconozco frente a cualquier espejo, he cambiado por tiempo y necesidad, sin querer, sin elegir, me vine a dar cuenta muy tarde de que estoy rota y con cada caída se me entierran los pedazos, he fecundando relaciones muertas y he renacido con tejidos cada vez más inservibles dentro de mí.

Lloro porque me pesa, porque me duele, lloro porque hace frío aquí dentro y no paro de derramar pedacitos de hielo, lloro porque ese es el precio de tener alma. Y  Lloro de nuevo porque se supone que esta es una carta de amor y no de reproche, aunque supongo que todo eso viene atado al amor…
Sin pretender escribir más de una carta, hoy quiero que sepas, así por este medio, de buena manera y a escondidas de tus orejas, que elijo el perdón, lo elijo por encima del resentimiento que parece perpetuo, elijo la tranquilidad que brinda un buen funeral, porque como dice mamá: ‘’Para poder curarme este dolor del alma tengo que irme a un funeral y llorarlo, llorarlo como a un muerto.’’ Y por eso mismo elijo lo que sea mejor para el alma amarga y los años venideros.

Te perdonaré, hablando en un futuro, quizás lejano, como amiga, como hermana, como humano, pero tal vez, no te perdone  como hija, porque la sangre me duele y supongo que las explicaciones sobran.
Te preguntarás: ¿Y ahora qué?, lo que queda es sanar, hallar cada pedazo y bañarlo en desinfectante y perdón, enhebrar la aguja y coserme por dentro. No comí mucho dulce hoy y prometo no quedarme despierta hasta muy tarde.

Te amo, papá.

(Laura Guerrero)
martes, 19 de marzo de 2013 | By: Abril

Carta a mi padre


¿Sabes? No había tenido tiempo de escribirte antes, pero la ocasión lo amerita. Mientras buscaba algo entre mis libros, dí con algo que pensé que se había perdido o que se había quedado olvidado entre las cosas del entretecho de nuestra primera casa.

Era un papel amarillento y algo ajado, pero estaba perfectamente doblado, con las orillas algo roídas y con ese inconfundible olor a antiguo. Ese aroma me evocaba recuerdos que la mente se encargó de dejar forjados en mí y me invitó a desdoblar aquel trozo de papel y pude reconocer en él una caligrafía grande y redonda, algo temblorosa y llena de pequeños borrones y manchas.

No pude evitar sonreír al darme cuenta de que era mi propia letra de niño estampada ahí. Una letra que maduró con el tiempo gracias a las aburridas horas de caligrafía que nos forzaban a hacer en el colegio. La leía una y otra vez y no paraba de recordarme la edad que tenía cuando la escribí, los juegos, el colegio, la casa y la energía y el cariño que había puesto en cada sube y baja del lápiz grafito y los lápices de colores -ya desteñidos hoy por el avance del tiempo-.

Recordé el momento en que te la dí. Era un domingo soleado y frío. Tratábamos con mi mamá de no levantar sospechas de lo que hacíamos en la cocina, aún cuando ya sabías. En mi inocencia, creí que sería una sorpresa. Pero, hoy pienso que si a mí me pasara exactamente lo mismo, tendría la misma expresión que tuviste cuando entramos en la habitación con el desayuno, mamá y yo, y ambos te decíamos "¡Feliz día, papá!".

Y mientras todos esos recuerdos fluían por mi cabeza, no pude evitar que las lágrimas me corrieran por el rostro y me sintiera con el corazón oprimido, clavado al pecho con un fierro candente.
Mi hijo me descubrió de pie frente a mi biblioteca llorando y se acercó preguntando qué me pasaba y por qué estaba llorando. Despacio, intentó rodearme con sus brazos y sólo logró abrazar una de mis piernas. Me decía que dejara de llorar porque él se ponía triste cuando a mí me veía llorar.

Al escucharlo, sentí como se me partía el alma y me hizo pensar en que yo jamás te vi a ti emocionado y al borde de las lágrimas por algo. Siempre fuiste un bloque de piedra frío por dentro y nunca aceptaste la ayuda que pudimos entregarte mi mamá, mis hermanos y yo. Quisiste ser duro y tu dureza te resquebrajó.

Y te odié. Te sentí tan lejano en mi vida y en cada paso que dí hasta llegar aquí. Te sentí tan impasible y tan falso como tu sorpresa de aquella mañana de domingo cuando leías el papel que te entregaba: "Te amo, papá. Feliz día. Te quiere, tu hijo".

Abracé a mi hijo y le dije que desde ahora, sería mejor padre de lo que tú fuiste para mí y que entre él y yo no existiría más brecha que nuestras edades.

Felicidades, papá: me has enseñado, después de tantos años, a ser mejor padre de lo que jamás tú pudiste ser. Qué pena que tenga que ser ahora que tú ya no estás aquí para verlo.
(Santiago Paz)