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Quizás te diga un día
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que, aunque el amor nos une,
nos separa la vida.
Quizás te diga un día que se me fue el amor,
y cerraré los ojos para amarte mejor,
porque el amor nos ciega, pero, vivos o muertos,
nuestros ojos cerrados ven más que estando abiertos.
Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que nos quedamos juntos para toda la vida.
(José Ángel Buesa)
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Cartas al Pasado
Carta Urgente
Para no decirlas
Hay cosas que escribo en canciones
Para repetirlas
Hay cosas que estan en mi alma
Y quedaran contigo cuando me haya ido...
En todas acabo diciendo cuanto te he querido...
Hay cosas que escribo en la cama
Hay cosas que escribo en el aire
Hay cosas que siento tan mias....
Que no son de nadie
Hay cosas que escribo contigo
Hay cosas que sin ti no valen
Hay cosas y cosas...
Que acaban llegando tan tarde..
Hay cosas que se lleva el tiempo
Sabe Dios a donde
Hay cosas que siguen ancladas
Cuando el tiempo corre
Hay cosas que estan en m i alma
Y quedaran conmigo cuando me haya ido...
Y en todas acabo sabiendo cuanto me has querido...
Hay cosas que escribo en la cama...
Hay cartas urgentes que llegan cuando ya no hay nadie...
(Rosana Arbelo)
Una carta de amor
no es un naipe de amor
una carta de amor tampoco es una carta
pastoral o crédito / de pago o fletamento
en cambio se asemeja a una carta de amparo
ya que si la alegría o la tristeza
se animan a escribir una carta de amor
es porque en las entrañas de la noche
se abren la euforia o la congoja
las cenizas se olvidan de su hoguera
o la culpa se asila en su pasado
una carta de amor
es por lo general un pobre afluente
de un río caudaloso
y nunca está a la altura del paisaje
ni de los ojos que miraron verdes
ni de los labios dulces
que besaron temblando o no besaron
ni del cielo que a veces se desploma
en trombas en escarnio o en granizo
una carta de amor puede enviarse
desde un altozano o desde una mazmorra
desde la exaltación o desde el duelo
pero no hay caso / siempre
será tan sólo un calco
una copia frugal del sentimiento
una carta de amor no es el amor
sino un informe de la ausencia.
(Mario Benedetti)
Carta
El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.
Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.
Donde voy, con las mujeres
y con los hombres
me encuentro,
malheridos por la ausencia,
desgastados por el tiempo.
Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura,
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.
Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.
En un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.
Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.
Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.
Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sentimiento.
Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.
Ave que sólo persigue,
para nido y aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos,
y el espacio de tu aliento.
Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.
Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.
Ayer se quedó una carta
abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los muertos:
papel anhelante, humano,
sin ojos que puedan serlo.
Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.
Y mis heridas serán
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.
Se buscan cartas de amor...
Directo al Corazón
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Peces en mi Red
Amor por las rutinas
Hemos caído en la rutina, amor.
Llevamos días despertándonos sin los buenos días. Sin soles que se cuelen entre sonrisas y nos hagan brillar en la oscuridad.
Las buenas noches se han mudado a otra ciudad y nos dormimos pensando en si la noche estará mejor sin nosotros.
Ya no nos echamos de menos; ya no pronunciamos un y yo a ti. Más.
Ocultamos respuestas por no herir a las preguntas, y no sabes el daño que nos hacemos así.
Hemos dejado de hacernos heridas para dejar la huella de las cicatrices. Que quedan bonitas, dices.
Ya no cruzamos límites peligrosos ni el corazón nos va a 200 km/h. Y qué aburrido esto de viajar sin estrellarnos. Juntos, digo.
Nos preocupamos de si el cielo llora hoy en vez de si ha llovido en nuestros ojos.
Ya no nos escuchamos, sólo oímos y a saber cuántos silencios nos hemos tragado ya.
Lo del orgullo creo que lo llevamos bastante bien, sólo nos hemos tragado nueve desde ayer.
Las fotos han pasado a ser sustituidas por recuerdos. Que se borran, que se escapan y vuelan. Lejos, creo.
Y que si probamos a querernos, digo, por esto de salir de la rutina.
(Del blog: Mírame cuando no te hablo)
Sumisión

¡Qué poder tienes sobre mí, maldita sea!
(N.R.H)
El cofre de la memoria
Me decidí a escribirte porque me parece que en los últimos años he olvidado darte las gracias y decirte que te amo. Al redactar esta carta estoy haciendo caso omiso a las recomendaciones de mis amigas, quienes consideran que presentarse en un concurso público con una carta de amor para el ex-marido, produce en el mejor de los casos, caspa. Pero yo siento que con toda esta historia del divorcio y el trajín que significó hacerlo realidad, se han ido pasando los meses y no quisiera perder esta oportunidad. Quería decirte que somos mucho más que un hombre y una mujer que ya no lograban vivir juntos.
Ya van a ser dos años desde que empecé a embalar nuestras vidas para poder cumplirle a la pareja que decidió montar su paraíso de amor sobre las cenizas del nuestro. De todo aquello, como de un naufragio voluntario, todavía siguen apareciendo objetos que daba por perdidos.
Y si bien es cierto que no todos los años fueron buenos y que las razones para no estar juntos siguen estando clarísimas, también es verdad que fuiste mi amor. El de los besos dulces y suavecitos, mi compañero, mi cómplice y el co-autor, impulsor y defensor desde siempre de Camila y Daniela, que son hoy todo lo que me importa. La buena noticia ha sido descubrir que esas memorias cálidas siguen intactas y son la cantera de nuestra relación de ahora, que aunque al añadirle el “ex” por delante machaca siempre lo que ya no somos, tiene, paradójicamente, un presente mucho más plácido que el pasado.
(Del blog: Mil cartas de amor)
One day
¿Se puede querer a alguien tanto que desees que sea feliz aun cuando no esté junto a ti...? Eso me pasa contigo. Te quiero, aunque ya no me gustes, porque me rompiste el corazón y juré que dejaría de amarte. Casi lo consigo, pero no, -qué idiota- aún te amo. Tanto, que lo dejaría todo si tú me llamases a tu lado.
Algo no funcionó, y no fue porque no lo intentáramos. Pero tú tenias razón: las relaciones se rompen porque uno de los dos ama tanto al otro que no acepta las reglas del juego, no se conforma con ser un actor secundario en la vida del otro, y se rebela... y vive confuso y se choca una y otra vez con las mismas piedras.
Necesitaba hablar esta noche con alguien. Bueno, con alguien no, contigo... por eso te escribo lo que no te puedo decir mirándote a los ojos, porque ya no me quedan excusas para quedar contigo. Tú me llamas amiga y no sabes el dolor que una palabra tan bonita puede llegar a producir en el estómago si la dice la persona equivocada.
No quiero perderte y por eso, cuando ya no puedo más, descuelgo el teléfono y te llamo por cualquier motivo, solo para oír tu voz, por si un día se te escapa un "te quiero" cualquiera... y me haces feliz un instante.
Y tú sigues con tu vida, que tampoco te llena, pero es la que tienes y de la que no puedes salir. Te quiero de igual manera... Y odio esta forma ridícula que tengo de quererte porque no me hace feliz. Pero no quiero que desaparezcas. Porque no quiero que te vayas. He roto contigo mil veces y otras mil he corrido a tu lado antes de doblar la esquina para pedirte que no te vayas, porque lo siento, pero te has convertido en alguien indispensable para mí en estos últimos siete años. Y me duele sentír lo que siento porque tú me quieres de otra forma y no tienes la culpa por eso.
Ayer ví esa película de nuevo. One day. Esa con la que me identifico tanto, de Anne Hathaway... esa en la que una pareja lleva enamorada toda la vida y por alguna razón hay algo que siempre los separa. Pienso que retrata muy bien lo nuestro... no, no me hagas caso. Yo no soy Emma y tú no eres Dexter.
Pues eso, que necesitaba hablar hoy especialmente contigo.
Un beso
TQ
(NRH)
Sin título
(y allí debe estar)
Supongamos que te echo de menos...
Supongamos que te echo de menos...
¿Volverías?
Supongamos que...no hay día en que no me acuerde de ti, y cada vez que te pienso tenga que distraerme para poder parar. Supongamos que me atrevo a decirte algo.
¿Reaccionarías?
¿Crees que merece la pena empeñar mi orgullo? ¿Empeñar la poesía?
Supongamos.. que desaparece aquel mes, aquel fin de semana. Supongamos que aquello no acabó conmigo. Supongamos que quiero ir de nuevo a la estación e intentar captar una imagen mientras llega el tren.. y tú con el.
Y ahora... ahora yo supondré que tú aún no me has olvidado, que no has borrado ni una sola fotografía mía, ni un solo mensaje.. ni una sola carta.. que tu intención no era la de alejarme matándome poco a poco. Que aun queda esperanza, que no la hemos desperdiciado toda..
¿Marcarías mi número?
Son las cuatro de la mañana de cualquier día de enero y es tu silencio el único que ahora me despierta al caer la noche. Es tan difícil conciliar el sueño después de habértelo regalado a ti. A veces pienso en llamarte, o escribirte para que me lo devuelvas. Echo tanto de menos a la persona que solia ser antes de conocerte, antes de convertirme en la mitad de todo, de nada.
Sin ti me sobran la mitad de todos mis cigarrillos, los cinco minutos de más después de apagar el despertador, una cucharada doble de azúcar en el café, media botella de butano al ducharme. Me sobra la mitad de la cama, de la almohada, del sofá. Sin ti las películas las veo enteras y leer antes de cerrar los ojos ha dejado de ser mi estrategia para que me quitaras el libro, y siguiéramos con la poesía debajo de las sábanas.
Y sin embargo, te fuiste.
Y a mí solo me queda suponer que a ti también te sobran las mismas mitades que a mí, que tú también echas de menos mis manos cuando tienes frío, y que Madrid es la mitad de bonito sin nuestros besos en mitad de la Gran Vía.
Sigo parándome delante de cada tienda de libros viejos, pero ahora sin ti, por si te viera pasar. Sigo notando tu nombre en mi nuca cada vez que me recojo el pelo y sigo notando tus dientes en la cicatriz que me dejaste en la clavícula.
Ojalá decir que te grabaste en mi piel a fuego fuera solo una metáfora más.
Ojalá decir que te llevaste mi corazón... no fuese tan real.
Lo echo de menos, ¿sabes? echo de menos oírlo latir al otro lado de mi pecho. Acunarlo por la noche y leerle a Salinas para que cogiera el sueño.
Mi amor, léele a Salinas, que solo él sabe describir en verso, lo mucho que a ti... también te echo de
menos..
(Mónica Gae)
Frío
Hola,
...Tienes razón. Me debiste de leer los pensamientos en la cara. No tenía frío la última vez que nos despedimos después de almorzar juntos. No era frío, al menos físico. Era dolor. El dolor a veces hace daño, como el frío, cuando es intenso.
Nos despedimos, como siempre, como lo hacemos desde hace ya dos años. Con un "que te vaya bien, cuídate", acompañando a dos besos que más que de cariño son una mueca que forman parte de esta representación que hacemos en público.
Luego, a solas, nos escribimos todo lo que sentimos... a veces, hasta me sueltas un "te quiero" con el que me aferro a lo nuestro hasta el próximo encuentro, siempre a solas y siempre en público.
Y la historia se repite, porque soy incapaz de dejar de querer (te), porque me ahoga la esperanza que no pierdo, de volver a ser lo que fuimos; porque te quiero y deseo que todo vuelva atrás, a ese instante en que te hacía ilusión verme y en que nos procurábamos los recovecos de esta ciudad para hacerlos nuestros, para dar rienda suelta a nuestro amor, que era como de película... de esos amores imposibles, en los que dos personas que están destinadas a quererse, se encuentran al cabo de los años y saben que son ellos lo que ambos estaban buscando, pero cuando se encuentran ya lo hacen a destiempo porque cada uno es la mitad de otra relación que no pueden romper.
Eso éramos tú y yo. La mitad de una aventura con un pacto no firmado. Y así nos iba bien, porque tú me amabas y yo estaba loca por ti. Porque por fin encontrábamos sentido a todo el dolor, porque la espera había merecido la pena. Y tratamos de adaptarnos a las circunstancias del otro y de lamernos las heridas.
Al principio nos fue bien, no sin remordimientos. Pero un día empezaste a llamarme "amiga" (¿puede haber dolor en ese palabra? para una amante sí, lo hay) y a espaciar los encuentros con excusas de todo tipo: que si el trabajo, que si los niños... Y yo me ahogaba y trataba de buscar la salida menos dolorosa para nuestro final infeliz. Habíamos superado tantos obstáculos para llegar hasta aquí...
Pero tú no me dejas irme, Amor, y tampoco me escuchas ya. Soy sólo tu paño de lágrimas... y me siento fatal. Y nuestros encuentros son tan fríos, que eso es lo que viste en mi cara la ultima vez que nos despedimos. Ya no me necesitas. Nuestra historia pasó. Por favor, si no me quieres, deja que me vaya...
(NRM)
Hora de despertar
Me arrepiento de todo, no sé nada y a la vez lo sé todo.
Fue culpa mía no te debería haber dejado ir, no tendría que haber escuchado lo que decían los demás, no tendría que intentar haberme parecido a los demás, no tendría que haberme arrepentido de lo que no hice por miedo a ser rechazado, no tendría. La gente piensa demasiado y siente muy poco. La vida es mas sencilla de lo que nos creemos; lo difícil es lo único a lo que no le pones ganas. La suerte es un cuento de niños y la fe es otro libro... Si realmente me preguntasen qué quiero ser de aquí a unos años, con sinceridad, diría: ser querido. Probablemente me gustaría vivir en una casa frente al mar, un mar precioso, limpio, desde donde se pueda ver la mirada del amanecer, los recuerdos vividos y los no vividos. Es extraño, yo sé que la vida hablará sola. Tal vez tenga que descubrirla o tal vez me venga de repente, sea un cuento de hadas o sea la historia más bonita jamás contada. Realmente escribo así cuando me encuentro mal, cuando es amor lo que siento y cuando lo único que quiero es sentarme enfrente del escritorio y escribir. Escribir enseñanzas, experiencias, o simplemente cantar, llenarme de energías poner la música tan alto que no pueda impedirme levantarme a bailar. Mientras que observo desde lo alto, el paisaje, con el que tendré que vivir el resto de mis días y que me llenará de energía para ser lo que algún día seré, que en realidad no lo sabe nadie, nadie excepto el futuro...
(Alberto)
Lo que pudo ser...
Si aún me quieres, aléjate.
Curvo
Señorita, ¿me concede este beso?Sólo quiero restregarme contra usted un par de veces por semana durante diez o doce meses a lo sumo, prometo no molestarla más, no inmiscuirme en sus asuntos, como mucho la llamaré un par de veces de madrugada, hurtando sus ojos al sueño, para decirle cuánto la amo y cómo la echo de menos, por lo demás no se preocupe, de las noches en que no nos veamos, prometo suicidarme sólo la mitad de ellas, la otra mitad estaré tranquilo.
Miraré sereno cómo la tarde plomiza se posa sobre la ciudad, veré los coches ladrar furiosos sobre el asfalto, buscaré sus facciones en las caras anónimas que pululan por el centro y ellos me tomarán por un estúpido al ver mi sonrisa (de estúpido) no se preocupe por mí, ya le digo, estaré bien, entraré en uno de esos restaurantes del centro y pediré una ración de pulpo y una botella de vino tinto, el camarero también me tomará por estúpido cuando vea mi cara de felicidad al hincarle el diente al cefalópodo, el camarero sonreirá, le digo, porque ignora el pobre que como pulpo porque yo también quiero ser pulpo, señorita, yo también quiero ser pulpo, para acariciarla a usted y abrazarla con mis tentaculitos, y poseerla con ellos, y después me sentaría al piano y le tocaría jazz como sólo los pulpos pueden tocarlo, porque, ¿sabe, señorita?, si yo fuese pulpo aprendería a tocar el piano sólo por complacerla, pero el camarero no lo entiende, y me mira y sonríe cuando yo rebusco entre las patatas los tentáculos para saber si son tentáculos de pianista, y pienso en los momentos de felicidad y pasión que pudo tener, y le recito las palabras del poeta: pulpo será, mas ¿pulpo enamorado?, y al final suele ocurrir que me entristezco por ese pobre pianista a la gallega, con su anárquica melodía emergiendo entre las patatas y el pimentón, y me bebo el vino y me voy del restaurante, y vago un rato por las calles, pero ya ve, señorita, que no soy peligroso en esas noches, no lo soy porque aún llevaré pegado al cuello el aroma de usted desde la noche anterior, los pulpos somos muy tranquilos, aunque debo confesarle, señorita, que otra cosa será al día siguiente, en esos días enloquezco desde la mañana, ser pulpo me deja una resaca espantosa, noto un demonio dentro de mí, y consigo aplacarlo al principio, con mucho esfuerzo lo mantengo a raya, pero latente, crece, se alimenta de los restos del pulpo, y va ganando terreno poco a poco, hasta que, cuando empieza a caer la tarde ya no puedo contenerlo, sale de mí y me esclaviza, me fustiga, me hace odiarla a usted y odiarme a mí mismo por odiarla y odiar al pulpo por amarla, y empiezo a arrastrarme y se me hiela el corazón y soy una víbora, y salgo a la calle y repto por la ciudad, y no la busco a usted, porque la odio, ya se lo he dicho, la odio, porque miro a los ojos del demonio que me sodomiza y veo su mirada limpia, y creo que usted me odia por ser una víbora, pero luego pienso que simplemente le soy indiferente, le doy exactamente igual, y eso me horroriza aún más, ser una víbora indiferente, porque puedo comprender su odio, ya que su cuerpo no está hecho para ser tocado por una víbora, pero su indiferencia me hiere, y lo que haré, señorita, será buscar consuelo en el hombro del demonio, que me hará beber mil y un whiskies para engañarme, porque sus labios, señorita, lo sé, tienen el regusto amargo del whisky, y en mitad de la noche, con mis escamas de whisky y mis colmillos de odio, el diablo me acompañará hasta la calle de las putas y allí me dejará cómo una presa fácil, y, lo siento, señorita, buscaré sus labios entre los labios de las putas para inyectarles mi veneno, si es que aún tengo veneno, pobre viborilla de madrugada, y por un instante creeré haberla hallado a usted, cuando en realidad son mis colmillos los que hieden a whisky, no los labios de las putas, y mi corazón de sangre fría volverá a arrastrarse por la calle, ya ve, señorita, eso será todo lo que haré el tiempo que no pase con usted, quizá no sea muy ortodoxo, quizá espera usted algo más, lo comprendo, pero piense que yo la necesito para no perder la cabeza, porque yo la amo, y por eso, concédame usted este beso, por favor.
Bruno García
(Carta de Gabriel Rodríguez, ganadora de la II Edición del certamen de cartas de amor Antonio Villalba, organizado por la Escuela de Escritores).
El ombligo del mundo
Querida Lilith:
Al fin he alzado el vuelo. Adán protestó y se irritó mucho con mi partida, pero en su mirada ya no había amor. Solo posesión. Demasiados años de yugo. Quiero un hombre o una mujer, ¡qué más da!, que cabalgue junto a mí. Demasiado tiempo siendo montura...
En mi maleta tan solo recuerdos. Dejo atrás más de un trillón de hijos que no saben que soy su madre. No sabía adónde ir. ¿Dónde estará el paraíso perdido?
Recuerdo tu voz y cómo me hablabas de ese lugar: el ombligo del mundo. El origen, el fin. Ahora veo esa pupila infinita donde el tiempo se desvanece. Siento los pétalos que arañan mi piel y bebo de ríos de vino dulce. Las moscas bailan tangos con los mosquitos, aunque las mariquitas se decantan por la salsa de los arces. Del cielo llueven sonrisas y el eco de mi voz suena a terciopelo.
Fui a la laguna prohibida y me di unos barros. Se acabó el ser costilla. Me siento una mujer nueva, diferente, única.
Gracias, hermana.
Besos a tus diablillos.
Eva
Dirección:
Lilith Soeur Mysterieuse
Rue du Plaisir, 69
69096 Venus
(1er premio I Concurso Microrrelato Postal, Elena Böhm Rodríguez)
Prefijos en el amor
La culpa fue de los prefijos. Dejamos que se fueran posando en algunas palabras de nuestro idioma, y acabaron adueñándose de lo más íntimo del diccionario que habíamos creado juntos.
Permitimos que se escapara la emoción que sentíamos al escucharnos, conseguimos que nuestras miradas llegaran a encontrarse diferentes.
Cambiamos la ilusión por la des-ilusión. Dejamos la puerta abierta a la monotonía. Nos conformamos con un sucedáneo de romanticismo, convertimos lo nuestro en simulacro.
Cambiamos el vivir por el sobre-vivir. Nuestros sentidos se volvieron perezosos, tu cuerpo y el mío se convirtieron en extraños, la lastima vino a acompañarnos.
Cambiamos la pasión por la com-pasión. Y llegó la hora del reproche, intercambiamos nuestras culpas. Nos quedó el consuelo para tontos, el rencor.
Cambiamos el sentimiento por el re-sentimiento. Asistimos impasibles a la catástrofe y, cuando quisimos darnos cuenta, nuestra lámpara maravillosa se había apagado.
Cambiamos el amor por el des-amor.
Nos queda este texto, que no es más que un pre-texto...para tantas cosas.
La culpa fue de los prefijos.
(Josefina. Del programa de radio: Es Amor)
Recibí tu declaración de amor con fecha del viernes 23...
Estimado Alberto: recibí tu declaración de amor con fecha del viernes 23, misma que paso a responder.
Primero que me pareció medio larga. Ni sabías en qué andaba, entonces te mandaste más por entusiasmo tuyo que por otra razón.
En la parte que ponés “que me amás desde el primer día que me viste”, ¿a vos te parece?, para empezar no indicás qué día fue, no puedo saber si yo también te vi o me llevás ventaja. Sí recuerdo cuando nos presentaron, y ahora entiendo la sonrisa que traías, porque ya venías emocionado, por así decirlo.
Cuando afirmás que “he nacido para hacerte feliz”. No puede ser cierto, ahora no sé cuántos años tenés, pero desde que naciste hasta ahora, ni un poco mejoraste mi vida. O llevás un atraso que ni te cuento o es una de esas frases que se dicen por decir.
¿Que pasás noches sin dormir? No sé si estás tomando algo, ¿qué querés que haga? Podría cantarte una canción tranquila, pero no soy de cantar en público, no sé, me da vergüenza. Probá ir al médico.
Después decís que las estrellas te dicen mi nombre. ¡Estaría todo el mundo llamándome por teléfono si fuera cierto! Móviles de televisión a la puerta de mi casa, la NASA. “¡Ani, las estrellas le dicen tu nombre a un flaco!”. Nada que ver.
Que pasás las horas lánguidamente. ¿Vos buscaste qué quiere decir esa palabra? Para mí que quisiste decir otra cosa.
Por último me pedís que te dé una respuesta y que la vas a esperar con ansiedad. Calmadito, por favor, porque lo que menos quiero es andar con gente nerviosita.
Te voy a ser sincera, me llegaron tres o cuatro cartas de amor más, ¡a cuál más disparatada y boba! Así que la tuya, dentro de todo, fue la mejorcita.
De modo que acepto tu propuesta, vení con flores mañana a partir de las cinco y seremos felices para siempre, mi amor.
Tuya de todo corazón
Anita
(Luis Pescetti)
Cuántas veces...
M.V
Te he mentido
Querida Cristina:
He decidido hacerte esta carta porque mereces saber que nada es culpa tuya, simplemente todo ha cambiado y no sé decirme por qué.
Te adoro pero no, no puedo seguir contigo. Lo cierto es que te he mentido y eso no es lo peor, lo peor es que llevo haciéndolo desde el primer dia y lo más ridiculo es que también me he mentido a mí mismo creyendo que por fin te habia encontrado.
Adoraba como pasabas de enfadada a enamorada en cuestión de segundos. Me encantaba tu piel y el olor a crema hidratante cada vez que me abrazabas. Adoraba el modo en que decías si a todas mis locuras. No podia vivir sin tus abrazos constantes. Me encantaba cuando te burlabas de mis tonterías y eso te hacía estallar en mil sonrisas. Disfrutaba sin hacer nada, matando el tiempo, paseando, besándonos. Adoraba tantas cosas de ti...
En cambio, ahora odio tus cambios repentinos de humor, detesto cuando te pones esa crema hidratante y me tocas con la piel pegajosa. Odio tu poca iniciativa y que digas sí a todo. Me agobia que quieras estar siempre pegada a mí y me enfurece que te burles de mis cosas y encima te rías. Me aburre estar sin hacer nada perdiendo el tiempo.
Por eso no puedo seguir contigo, porque cometi ese error que comete todo el mundo de creer que eras quien yo quería que fueras; de, sin conocerte, decirte que eras la mujer de mi vida. De pensar que eras mi una entre un millón, porque eran más mis ganas de encontrarte que las de estar contigo.
Pero no has sido tú la unica engañada; yo también me crei que eras para siempre, que serías mi antes y mi después, lo que siempre habia soñado.
Sé que me volverá a pasar, me volveré a mentir. Volveréis a parecerme todas las anteriores en insight y volverá a parecerme todo increíble. Me veo mintiéndome otra vez, equivocándome, pero ya no contigo, ya no contra ti.
Primera Carta
Absurda Cenicienta
...Y mi carta llena de explicaciones, reproches y deudas pendientes esta aquí.
Puedes leerme, quemarme -una vez mas-, hundirme en una copa de vino como la que estoy tomando. Pero eso no evitara que te exprese todo lo que he callado. Quiero que me cuentes qué pasó ¿Qué pasó con todo lo vivido? ¿Qué pasó con el jardín que prometiste? ¿Qué pasó con los cuatro niños que correrían por el? ¿Qué pasó con nosotros? ¿En qué momento deje de ser tu princesa para convertirme en esta absurda Cenicienta?¿En qué momento cambiaste tanto?
No siempre fue de esta manera. Esta "forma" en la que eres abruptamente bestia conmigo. No me escuchas más de dos minutos; no me dices qué te pasa. Huyes cuando intento rozar tu mano. Tu aliento cada vez esta mas lejos. Ya no logro atrapar tu sonrisa ni siquiera esforzándome al máximo.
¿Qué nos paso? Supongo que el tiempo termina siendo desgastante ¿En qué punto te das cuenta de que el amor se convierte en monotonía? Supongo que aquí. Supongo que en el momento en el que dejas de susurrarme "Cami quédate un poco más". Quizás en ese momento en que ya no me abrazas por la cintura y me das vueltas hasta caer; desde ése en que no jugamos como niños, que no contamos estrellas, que no me atrapas por la espalda, que no me invitas a planear el futuro a tu lado...
Y ahora me dices que sólo sientes cariño, que no quieres que estemos juntos, que la relación no puede continuar. No logro entenderlo Manuel, explícame qué hago con todo el ayer.
Quisiera entender cómo puedo sacarme de la cabeza la idea de que nací solamente para ti, y que tú naciste sólo para mi. ¿No lo ves? Te amo tanto y te extraño aún más. Ese dia que viniste y me dijiste que podíamos estar juntos, que aún me querías, sentí volar, sentí estar llena nuevamente por unos minutos, por unas horas. Pero al volver a la realidad me di cuenta que pase de ser de princesa amada a una absurda Cenicienta y no cometí ni un solo error para merecerlo.
Y sabes que lo digo por tu nueva pareja. Fui incondicional contigo, acepté tus malos humores, acepté tus derrotas, te apoyé.
Manuel ¿En que momento salí de tu vida? ¿Por qué no me besabas como antes cuando estábamos juntos?.
Quisiera que todo fuera como antes y posiblemente ése sea mi principal reproche. Te reprocho el silencio, reprocho el abandono, reprocho las citas falladas, lo sueños no cumplidos, las promesas de "no volverá a suceder" rotas, los besos fríos en la frente que evadian mis labios. Te reprocho toda y cada una de esas peleas en las que decías "soy yo quien tiene la razón".
Te reprocho firmemente que me aceptaras tal cual soy y que luego te dieras cuenta que ya no te gustaba tanto. Te reprocho que no lucharas un poco más, sólo un poquito más. Como yo, que sigo luchando por ti. Explicaré por qué: Yo te amo y me niego rotundamente a dejarte sin luchar.
Me niego a creer que todos nuestros sueños los abolieras, o que estés dispuesto a realizarlos con ella ¿Es justo? Manuel, estoy aquí tragándome el orgullo y la dignidad. Pero sé que no me tomarás, por lo tanto déjame seguir siendo princesa, ayúdame a no sentirme Cenicienta. Entiende que este pobre corazón solo conoció tu amor. De ti aprendí todo: la forma de besar, de mirar, esos abrazos, las señales... ¿Cómo hago para sentir solo cariño? ¿Eso se puede hacer? Si es así, perdona mi ignorancia y enséñame. Quizás si te toca ser mi maestro nuevamente, puede que te enamores de la alumna y esto podamos salvarlo. Piénsatelo. Puede que después de todo no sea tan tarde como ambos pensamos. Puede que yo logre cambiar en un par de cosas para que vuelvas a quererme.
Y si simplemente estamos negados a esta vida: jódete. Seré feliz con o sin ti, porque a través de esta situación he logrado amar cada una de mis virtudes y mis defectos y me he levantado con fuerza. Puedo vivir sin ti, tú me enseñaste. Quiero vivir junto a ti, también me lo enseñaste. Pero también recuerdo tu filosofía de... "nadie es indispensable". Así que si vienes a quererme, estaré aquí, dispuesta a salvar este sueño, nuestro sueño. Y si no, terminaré de quemarme en este pasado y dejaré que el tiempo se encargue de cerrar el ciclo. De las cenizas siempre surge una nueva mujer.
Piénsatelo y escríbeme, como cuando me amabas más que a tu vida. Como cuando tenías ese carpeta con el titulo "Cartas a Camila". Después de todo, este absurdo hábito de escribir también lo aprendí de ti.
-Siempre tuya, siempre mío Manuel.
Con amor: Camila.
(Patricia Pineda)
Para el amor de mi vida
Me levanté con las ganas de andar desnuda, con la vida desteñida y de espaldas a la indiferencia, me levanté y entendí muchas cosas: Te entendí, entendí a mamá y me entendí, sí, después de mucho me entendí, siento haber tardado demasiado, pero se supone que esto venía con un manual de instrucciones y una garantía por si surgía algún daño, pero nunca me llegó nada al correo, también se supone que la crisis adolescente sanaba con alcohol y los recuerdos se borraban con el paso de la rebeldía, lo probé todo y todo siguió lleno de grietas; después de muchos cafés con sal en las mañanas y de resanar grietas, me puse a pensar en ¿hace cuánto no escribo una carta de amor?, ¿cuál fue la última carta que te escribí?, por eso escribo, esta carta la título: Para el amor de mi vida, porque sí, el primer amor de toda mujer es su padre…
Papá, de tantas cosas que me enseñaste: El caminar y el amar sin duda fueron unas de las mejores; ahora vendría una lista enorme de las cosas que te agradezco y te agradeceré siempre pero mejor voy directo al vacío antes de quedarme sin tinta; debes entender que me rondan muchas preguntas, ahora cuando ya entiendo más, quisiera saber si ¿En algún momento toqué tu corazón con las manos sucias?, ¿Era necesario salir por la puerta trasera de esa manera tan vil?, y ¿Por qué te fuiste sin terminar de leerme todos y cada uno de los cuentos de los Hermanos Grimm o antes de que me enseñaras a patinar?, pero lo que más pesa, papá, lo que más duele es ¿Por qué no he tocado los recuerdos suficientes para que vuelvas a casa? Preguntarás que ha sido de mí en este tiempo, por eso envío esta carta, que no pretende ser un susurro ahogado, aunque es muy probable que se estanque en la oficina de correos junto a otras cosas por decir…
Pero si has de recibirla, has de saberlo todo, empezando por el nudo, empezando por la pérdida, Papá, me desconozco frente a cualquier espejo, he cambiado por tiempo y necesidad, sin querer, sin elegir, me vine a dar cuenta muy tarde de que estoy rota y con cada caída se me entierran los pedazos, he fecundando relaciones muertas y he renacido con tejidos cada vez más inservibles dentro de mí.
Lloro porque me pesa, porque me duele, lloro porque hace frío aquí dentro y no paro de derramar pedacitos de hielo, lloro porque ese es el precio de tener alma. Y Lloro de nuevo porque se supone que esta es una carta de amor y no de reproche, aunque supongo que todo eso viene atado al amor…
Sin pretender escribir más de una carta, hoy quiero que sepas, así por este medio, de buena manera y a escondidas de tus orejas, que elijo el perdón, lo elijo por encima del resentimiento que parece perpetuo, elijo la tranquilidad que brinda un buen funeral, porque como dice mamá: ‘’Para poder curarme este dolor del alma tengo que irme a un funeral y llorarlo, llorarlo como a un muerto.’’ Y por eso mismo elijo lo que sea mejor para el alma amarga y los años venideros.
Te perdonaré, hablando en un futuro, quizás lejano, como amiga, como hermana, como humano, pero tal vez, no te perdone como hija, porque la sangre me duele y supongo que las explicaciones sobran.
Te preguntarás: ¿Y ahora qué?, lo que queda es sanar, hallar cada pedazo y bañarlo en desinfectante y perdón, enhebrar la aguja y coserme por dentro. No comí mucho dulce hoy y prometo no quedarme despierta hasta muy tarde.
Te amo, papá.
(Laura Guerrero)
Carta a mi padre
¿Sabes? No había tenido tiempo de escribirte antes, pero la ocasión lo amerita. Mientras buscaba algo entre mis libros, dí con algo que pensé que se había perdido o que se había quedado olvidado entre las cosas del entretecho de nuestra primera casa.
Era un papel amarillento y algo ajado, pero estaba perfectamente doblado, con las orillas algo roídas y con ese inconfundible olor a antiguo. Ese aroma me evocaba recuerdos que la mente se encargó de dejar forjados en mí y me invitó a desdoblar aquel trozo de papel y pude reconocer en él una caligrafía grande y redonda, algo temblorosa y llena de pequeños borrones y manchas.
No pude evitar sonreír al darme cuenta de que era mi propia letra de niño estampada ahí. Una letra que maduró con el tiempo gracias a las aburridas horas de caligrafía que nos forzaban a hacer en el colegio. La leía una y otra vez y no paraba de recordarme la edad que tenía cuando la escribí, los juegos, el colegio, la casa y la energía y el cariño que había puesto en cada sube y baja del lápiz grafito y los lápices de colores -ya desteñidos hoy por el avance del tiempo-.
Recordé el momento en que te la dí. Era un domingo soleado y frío. Tratábamos con mi mamá de no levantar sospechas de lo que hacíamos en la cocina, aún cuando ya sabías. En mi inocencia, creí que sería una sorpresa. Pero, hoy pienso que si a mí me pasara exactamente lo mismo, tendría la misma expresión que tuviste cuando entramos en la habitación con el desayuno, mamá y yo, y ambos te decíamos "¡Feliz día, papá!".
Y mientras todos esos recuerdos fluían por mi cabeza, no pude evitar que las lágrimas me corrieran por el rostro y me sintiera con el corazón oprimido, clavado al pecho con un fierro candente.
Mi hijo me descubrió de pie frente a mi biblioteca llorando y se acercó preguntando qué me pasaba y por qué estaba llorando. Despacio, intentó rodearme con sus brazos y sólo logró abrazar una de mis piernas. Me decía que dejara de llorar porque él se ponía triste cuando a mí me veía llorar.
Al escucharlo, sentí como se me partía el alma y me hizo pensar en que yo jamás te vi a ti emocionado y al borde de las lágrimas por algo. Siempre fuiste un bloque de piedra frío por dentro y nunca aceptaste la ayuda que pudimos entregarte mi mamá, mis hermanos y yo. Quisiste ser duro y tu dureza te resquebrajó.
Y te odié. Te sentí tan lejano en mi vida y en cada paso que dí hasta llegar aquí. Te sentí tan impasible y tan falso como tu sorpresa de aquella mañana de domingo cuando leías el papel que te entregaba: "Te amo, papá. Feliz día. Te quiere, tu hijo".
Abracé a mi hijo y le dije que desde ahora, sería mejor padre de lo que tú fuiste para mí y que entre él y yo no existiría más brecha que nuestras edades.
Felicidades, papá: me has enseñado, después de tantos años, a ser mejor padre de lo que jamás tú pudiste ser. Qué pena que tenga que ser ahora que tú ya no estás aquí para verlo.
(Santiago Paz)
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