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domingo, 29 de junio de 2014 | By: Abril

Me gustaría...


Me hallo buscándote en cada rincón de mi cama sin poder conciliar el sueño, dando vueltas en el colchón, abrazando la almohada, arañando las sábanas, maldiciendo cada minuto que pasa y que tú no estás aquí, acompañándome esta noche. Cierro los ojos con la esperanza de verte en mis sueños y los vuelvo a abrir esperando encontrarte en mi realidad.

Me gustaría ser esa claridad que entra por tu ventana para despertarte cada mañana y esos últimos rayos de luz para despedirte en cada atardecer.
Me gustaría ser tu mesilla de noche para ver cómo te sumerges en el mundo de los sueños.
Me gustaría ser tu sábana para arroparte en cada madrugada fría.
Me gustaría ser tu espejo para convencerte de todo aquello en lo que dudes.
Me gustaría ser tu perfume para investigar cada uno de los poros de tu piel.
Me gustaría ser tu peine para enredarme en tu pelo.
Me gustaría ser tu colchón para que descansaras en mí todo el peso del día y me gustaría ser tu almohada para aconsejarte en todos tus pensamientos.

Pero por desgracia, ni soy esa claridad, ni esos rayos, ni tu mesilla de noche, ni tu sábana, ni tu espejo, ni tu colchón, ni tu almohada, sólo soy alguien que  te espera en su cama todas las noches en vela con la esperanza de que en una de esas, aparezcas.

(NGR)
sábado, 15 de marzo de 2014 | By: Abril

Curvo


Señorita, ¿me concede este beso?Sólo quiero restregarme contra usted un par de veces por semana durante diez o doce meses a lo sumo, prometo no molestarla más, no inmiscuirme en sus asuntos, como mucho la llamaré un par de veces de madrugada, hurtando sus ojos al sueño, para decirle cuánto la amo y cómo la echo de menos, por lo demás no se preocupe, de las noches en que no nos veamos, prometo suicidarme sólo la mitad de ellas, la otra mitad estaré tranquilo.
Miraré sereno cómo la tarde plomiza se posa sobre la ciudad, veré los coches ladrar furiosos sobre el asfalto, buscaré sus facciones en las caras anónimas que pululan por el centro y ellos me tomarán por un estúpido al ver mi sonrisa (de estúpido) no se preocupe por mí, ya le digo, estaré bien, entraré en uno de esos restaurantes del centro y pediré una ración de pulpo y una botella de vino tinto, el camarero también me tomará por estúpido cuando vea mi cara de felicidad al hincarle el diente al cefalópodo, el camarero sonreirá, le digo, porque ignora el pobre que como pulpo porque yo también quiero ser pulpo, señorita, yo también quiero ser pulpo, para acariciarla a usted y abrazarla con mis tentaculitos, y poseerla con ellos, y después me sentaría al piano y le tocaría jazz como sólo los pulpos pueden tocarlo, porque, ¿sabe, señorita?, si yo fuese pulpo aprendería a tocar el piano sólo por complacerla, pero el camarero no lo entiende, y me mira y sonríe cuando yo rebusco entre las patatas los tentáculos para saber si son tentáculos de pianista, y pienso en los momentos de felicidad y pasión que pudo tener, y le recito las palabras del poeta: pulpo será, mas ¿pulpo enamorado?, y al final suele ocurrir que me entristezco por ese pobre pianista a la gallega, con su anárquica melodía emergiendo entre las patatas y el pimentón, y me bebo el vino y me voy del restaurante, y vago un rato por las calles, pero ya ve, señorita, que no soy peligroso en esas noches, no lo soy porque aún llevaré pegado al cuello el aroma de usted desde la noche anterior, los pulpos somos muy tranquilos, aunque debo confesarle, señorita, que otra cosa será al día siguiente, en esos días enloquezco desde la mañana, ser pulpo me deja una resaca espantosa, noto un demonio dentro de mí, y consigo aplacarlo al principio, con mucho esfuerzo lo mantengo a raya, pero latente, crece, se alimenta de los restos del pulpo, y va ganando terreno poco a poco, hasta que, cuando empieza a caer la tarde ya no puedo contenerlo, sale de mí y me esclaviza, me fustiga, me hace odiarla a usted y odiarme a mí mismo por odiarla y odiar al pulpo por amarla, y empiezo a arrastrarme y se me hiela el corazón y soy una víbora, y salgo a la calle y repto por la ciudad, y no la busco a usted, porque la odio, ya se lo he dicho, la odio, porque miro a los ojos del demonio que me sodomiza y veo su mirada limpia, y creo que usted me odia por ser una víbora, pero luego pienso que simplemente le soy indiferente, le doy exactamente igual, y eso me horroriza aún más, ser una víbora indiferente, porque puedo comprender su odio, ya que su cuerpo no está hecho para ser tocado por una víbora, pero su indiferencia me hiere, y lo que haré, señorita, será buscar consuelo en el hombro del demonio, que me hará beber mil y un whiskies para engañarme, porque sus labios, señorita, lo sé, tienen el regusto amargo del whisky, y en mitad de la noche, con mis escamas de whisky y mis colmillos de odio, el diablo me acompañará hasta la calle de las putas y allí me dejará cómo una presa fácil, y, lo siento, señorita, buscaré sus labios entre los labios de las putas para inyectarles mi veneno, si es que aún tengo veneno, pobre viborilla de madrugada, y por un instante creeré haberla hallado a usted, cuando en realidad son mis colmillos los que hieden a whisky, no los labios de las putas, y mi corazón de sangre fría volverá a arrastrarse por la calle, ya ve, señorita, eso será todo lo que haré el tiempo que no pase con usted, quizá no sea muy ortodoxo, quizá espera usted algo más, lo comprendo, pero piense que yo la necesito para no perder la cabeza, porque yo la amo, y por eso, concédame usted este beso, por favor.

Bruno García

(Carta de Gabriel Rodríguez, ganadora de la II Edición del certamen de cartas de amor Antonio Villalba, organizado por la Escuela de Escritores).
viernes, 10 de enero de 2014 | By: Abril

Los finales de lo más bonito



Somos niñas y pensamos en el amor como aquello que alcanzaremos y con lo que seremos felices, como sus queridas princesas.

Somos adolescentes y queremos ser las elegidas de aquellos caballeros a los que vemos inalcanzables. Miramos por la ventana y suspiramos, esperando que llegue el día en el que él se dé cuenta de que le esperábamos. Años y años de sueños, y en el fondo, ése no ha cambiado. Seguimos imaginando a nuestro verdadero amor, seguimos soñando con nuestro queridísimo príncipe azul, seguimos luchando por conseguir nuestro preciado tesoro: su amor.

Y de repente llega, caemos en esa telaraña que nos enreda y nos vuelve tan estúpidos. Pensamos que es para siempre, hacemos promesas que serán incumplidas, hacemos planes lejanos y somos felices. Todo es perfecto. Pero no es tan idílico y ahora lo sabes, ahora lo sabemos. Ahora sabemos lo difícil que es la vida aunque la vivas con alguien a tu lado. Y quizá eso la haga más complicada aun.

Para siempre... Y ocurre. Llegamos a la conclusión de que no vamos bien, de que hay algo entre nosotros que no es tan perfecto como debería. Y ninguno quiere aceptarlo. Ambos queremos no sentirlo, no pensarlo, no decirlo. Pero está ahí. El sentimiento incontrolable de soledad, de querer estar de nuevo solo ante el mundo.

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Es difícil comprender aquello que no estamos dispuestos a ver. En el fondo no queremos compartirlo por miedo al dolor, a hacer daño a aquella persona a la que hemos amado más que a otra cosa, por la que hemos dado más de lo que jamás hubiésemos imaginado.

Dejémoslo. Dejémoslo atrás. Comencemos algo nuevo. Pero, es cierto, ¿dónde queda todo aquello que vivimos juntos? ¿Dónde queda aquello que compartimos el uno con el otro? Aun así, somos importantes para el otro, no somos simples modas que han pasado por nuestras vidas. Es más, tú has construido parte de mi alma, parte de mi vida. Has contribuido a que sea tan bella como lo es ahora, porque has sido, eres y serás mi persona. Pero ahora, no hay más. Debemos acabar nuestra historia con un bonito final.

Querida persona que me ha entendido, que me ha querido, que ha dado parte de su vida por mí, quiero decirte: No lo dejemos escapar, no olvidemos lo que tuvimos, porque si eso pasó es porque en realidad nos merecemos. Porque creamos algo que merecía la pena. Recordemos esos momentos con suma añoranza, como delicados recuerdos, y pensemos en que siempre estaremos.

Solo una cosa más: No nos olvidemos.

Fátima