Mostrando entradas con la etiqueta Reencuentros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reencuentros. Mostrar todas las entradas
lunes, 26 de enero de 2015 | By: Abril

Hoy... que me dió por pensar... en ti

     
       Hoy, que me dio por pensar en ti... Volví a preguntarme por qué fuiste tan importante, si al final tampoco te diferencias tanto del resto, con tus dos ojitos, nariz, boca y un montón de ideas desordenadas en la cabeza. Mirándote detenidamente nada te hacía especial.
      
       A lo mejor fue porque me dio por buscar un poco más a fondo, por intentar fijarme en las cosas que nadie ve, que son las que más me gustan a mí y las que para ti son insignificantes.

¡Qué bonitas son las cosas sencillas!: una sonrisa, un guiño de ojo, un “mañana te vuelvo a ver”, y qué bien sentaba escuchar tu voz antes de que los rayos de sol hubiesen aparecido. Una vez me dijeron que le felicidad era eso: apreciar los pequeños gestos, que al final son los que causan las mayores alegrías y lo que más echamos de menos cuando nos faltan ¿Verdad?

   
    Ciertamente, hoy me dio por pensar y pensé en ti. Fue bastante raro porque hacía mucho tiempo que no pasabas por mi cabeza. Te recibí como a un extraño. Como a ese amigo que se marcha y con el que acabamos sustituyendo la palabra "confianza" por la palabra "cortesía". Aún así me invadió una ola de nostalgia. De esa que se te mete por la nariz, inunda los ojos y bombea  el corazón. Me encanta.
  
    Me encanta todo lo que tiene que ver contigo, sólo que ya no pienso en ti. Ni creo que lo vuelva a hacer porque  el tiempo desgasta tus recuerdos y los sumerge en un plácido sueño del que, si no vuelves y los acaricias suavecito, no volverán a despertar.
 

domingo, 29 de septiembre de 2013 | By: Abril

Y como aquella vez, te lo vuelves a llevar todo...


Querida amiga:

Pasa el tiempo.

La distancia, como siempre, separa más que une. Es inevitable. Intenté convencerme de todo lo contrario pues te fuiste de mí del mismo modo en que te presentas hoy, de improviso, y parece ahora ayer, cuando en esa despedida fui abandonado con un hola acre que resultó ser un adiós envuelto en una sonrisa forzada que decía que no te volvería a ver.

Pero has vuelto, y aquí estás, sin venir y sin esperarlo, como un capricho cruel de la memoria que se parece al destino y al tiempo que no tienen medida, y ese sino quiere que vuelva a saber de ti y quiero decirte que yo estoy bien, que tengo mujer y dos hijos muy guapos, y que trabajo de lo que quiero, y que tenía muchas ganas de verte porque siempre pensé que nunca te iba a encontrar de nuevo.

Han pasado tantos años, vida mía.Y mientras te escribo, muy despacio, pierdo mi nombre y mi condición de hombre pues no hay nada más inmenso que una herida cerrada, una cicatriz que desea bañarse con la voz de tu recuerdo, y ese recuerdo entra en mí, sin pedir permiso, otra vez, y bailamos, como aquel día en el que, arrogante, me pisé a mi mismo y casi caigo y me acerqué mucho a tu cuello, y un bucle rubio no se quiso apartar.

Y aquí estás y me dices hola amigo, y como aquella vez, te lo vuelves a llevar todo.

Ya termino la carta, ya termina el baile... mira, acabamos solos de tanto buscarnos para siempre.

Tuyo

Claudio

(Del blog: Es Amor)
domingo, 19 de mayo de 2013 | By: Abril

Para el amor de mi vida


Me levanté con las ganas de andar desnuda, con la vida desteñida y de espaldas a la indiferencia, me levanté y entendí muchas cosas: Te entendí, entendí  a mamá y me entendí, sí, después de mucho me entendí, siento haber tardado demasiado, pero se supone que esto venía con un manual de instrucciones y una garantía por si surgía algún daño, pero nunca me llegó nada al correo, también se supone que la crisis adolescente sanaba con alcohol y los recuerdos se borraban con el paso de la rebeldía, lo probé todo y todo siguió lleno de grietas; después de muchos cafés con sal en las mañanas y de resanar grietas, me puse a pensar en  ¿hace cuánto no escribo una carta de amor?, ¿cuál fue la última carta que te escribí?, por eso escribo, esta carta la título: Para el amor de mi vida, porque sí, el primer amor de toda mujer es su padre…

Papá, de tantas cosas que me enseñaste: El caminar y el amar sin duda fueron unas de las mejores; ahora vendría una lista enorme de las cosas que te agradezco y te agradeceré siempre pero mejor voy directo al vacío antes de quedarme sin tinta; debes entender que me rondan muchas preguntas, ahora cuando ya entiendo más, quisiera saber si ¿En algún momento toqué tu corazón con las manos sucias?,  ¿Era necesario salir por la puerta trasera de esa manera tan vil?, y  ¿Por qué te fuiste sin terminar de leerme todos y cada uno de los cuentos de los Hermanos Grimm o antes de que me enseñaras a patinar?, pero lo que más pesa, papá, lo que más duele es ¿Por qué no he tocado los recuerdos suficientes para que vuelvas a casa? Preguntarás que ha sido de mí en este tiempo, por eso envío esta carta, que no pretende ser un susurro ahogado,  aunque es muy probable que se estanque en la oficina de correos junto a otras cosas por decir…

Pero si has de recibirla, has de saberlo todo, empezando por el nudo, empezando por la pérdida, Papá, me desconozco frente a cualquier espejo, he cambiado por tiempo y necesidad, sin querer, sin elegir, me vine a dar cuenta muy tarde de que estoy rota y con cada caída se me entierran los pedazos, he fecundando relaciones muertas y he renacido con tejidos cada vez más inservibles dentro de mí.

Lloro porque me pesa, porque me duele, lloro porque hace frío aquí dentro y no paro de derramar pedacitos de hielo, lloro porque ese es el precio de tener alma. Y  Lloro de nuevo porque se supone que esta es una carta de amor y no de reproche, aunque supongo que todo eso viene atado al amor…
Sin pretender escribir más de una carta, hoy quiero que sepas, así por este medio, de buena manera y a escondidas de tus orejas, que elijo el perdón, lo elijo por encima del resentimiento que parece perpetuo, elijo la tranquilidad que brinda un buen funeral, porque como dice mamá: ‘’Para poder curarme este dolor del alma tengo que irme a un funeral y llorarlo, llorarlo como a un muerto.’’ Y por eso mismo elijo lo que sea mejor para el alma amarga y los años venideros.

Te perdonaré, hablando en un futuro, quizás lejano, como amiga, como hermana, como humano, pero tal vez, no te perdone  como hija, porque la sangre me duele y supongo que las explicaciones sobran.
Te preguntarás: ¿Y ahora qué?, lo que queda es sanar, hallar cada pedazo y bañarlo en desinfectante y perdón, enhebrar la aguja y coserme por dentro. No comí mucho dulce hoy y prometo no quedarme despierta hasta muy tarde.

Te amo, papá.

(Laura Guerrero)

Querido "Niño Jesús"


Querido Niño Jesús:

Aún recuerdo tus figuras abstractas y tus siluetas deformes, aunque cuando vivía entre tus calles, y transitaba por tus escaleras, prefería mirar al cielo porque era lo único que me gustaba ver a tu alrededor. Era un idiota.

Quizás no me recuerdes, pues solía ser uno de esos muchos que todavía viven en tus casitas iluminadas y descoloridas, tan juntitas todas que siempre se me hizo difícil saber en dónde comenzaba una y en dónde terminaba otra.

No sé de dónde sacaste tu nombre, pero es fácil imaginarlo. Eres un barrio. Un pesebre caraqueño. Tienes un montón de muñequitos que nadie quita cuando termina diciembre. Están allí todo el año, inmóviles, presos, con miedo. Deseando que los tiros que escuchan todas las noches no fuesen más que fosforitos. Pero sonrientes, siempre. No tienes arroyitos ni puentes bonitos. Ni a Jesús ni a María. Sí recuerdo a los mismos tres pranes magos, al que le decían mula, y al que le decían buey. Y estaba yo, José, pero me fui.

No tenías la culpa de nada. Pero quería estar lejos de ti. Odiaba despertar a las cuatro de la mañana para pelear un puesto en el jeep y poder llegar temprano al trabajo. Odiaba subir o bajar cada uno de tus malditos escalones. Odiaba los techos de zinc que no detenían ni las piedras, ni las gotas de lluvia, ni las balas. Odiaba las sábanas desplegadas sobre cuerpos helados que ya no podían sentir ni el frío del asfalto. Te odiaba.

Ahora te extraño. Extraño mirar el cielo que te servía de sombrero. Extraño ver a los papagayos serpentear entre las nubes como espermatozoides errantes. Extraño el verde de tus árboles, al lado del naranja de tus ladrillos, acariciando el azul de los tanques de agua. Extraño la impertinencia de los gallos al amanecer y la elocuencia de los gatos al anochecer. Extraño todas y cada una de tus lucecitas, las amarillas y las blancas. Te extraño.

Aunque entiendo lo importante que has sido para erigir mi vida, siempre me avergoncé de ti. Negué conocerte. Dije cosas horribles de tus muñequitos asustados pero sonrientes, de tus casitas iluminadas y descoloridas, de tus formas, de tus virtudes. De ti. De mí. Y lo siento. Nunca antes te había pertenecido como ahora que estás sin mí y yo sin ti. Nunca antes me había dado cuenta de que amaba algo cuando ya estaba perdido. Nunca antes te había pedido algo, pero esta vez te pido que me perdones. Descubrí tu belleza y ahora la quiero. La defiendo. La anhelo.

Cambié. Vengo de ti. Y seré siempre tuyo.

(José G. Márquez, Carta ganadora del Concurso Cartas de Amor de Montblanc, 2013).
lunes, 18 de marzo de 2013 | By: Abril

Rosas de invierno

 
 
Una calada profunda y amarga a este cigarrillo que acabo de encender y mi mirada atenta al humo que como nebulosa mal entiende lo que está viendo.

¿Quieres un pitillo? perdona sé que no fumas..., sólo estoy ensayando ante el espejo que tantas veces impregnado de nosotros nos representaba, y que hoy canalla de él me devuelve mi propia imagen, sola, silenciosa. No hay queja ni dolor.

¿Una copa de vino quizá? de color tinto, negro rojizo cómo la sangre del toro bravo. Del toro de lidia, con estoque profundo y cuerpo. Lo he derramado sin querer o queriendo sobre la mesa, que aún conserva esas rosas de invierno, rosas que no huelen a nada, que nunca se abren, y que son testigos vivos de mis silencios y el frío helador de la soledad.

Sí, llevas razón, este tabaco es malo, malo por excelencia, pero que bien que me sabe. Lo mismo que fue amarte, veneno puro en mis venas, criminal pero delicioso. Ardías y yo me quemaba, pasión y muerte que palpábamos, intocable entre el hielo y el fuego que he desgastado en el vacío atrevido y osado que me dejó tu recuerdo, lo que era y lo que no, todo enmarañado, realidad e imaginación, como son todos los recuerdos. Como a veces es el presente y será el futuro convertido en interminable y acomodaticio según pase el tiempo .Y así seguiré amándote cómo te amé, entre páginas en blanco que cuentan historias de amor que felices se ocultan a miradas indiscretas, no necesitan adornos de nadie.

He encendido otro pitillo, y he descorchado otra botella, la embriaguez del momento nubla mi vista, he acertado a servirlo en nuestras copas, y estoy brindando frente al espejo, tú al otro lado de mi vida; te recuerdo, ¿lo sabes?

Te propongo un brindis tan cierto como la hora en la que te escribo, el papel sobre el que lo hago y el tiempo en que seguiré esperándote cualquier día, dónde des una pincelada de color a esta vida en blanco y negro.

"Brindo por mi amor y aunque el olvido es mi única defensa no la quiero, prefiero esta condena por amarte.

(Luisa Serrano)
domingo, 10 de febrero de 2013 | By: Abril

Carta a papá

Papá...

Casi nunca puedo hablarte mirándote a los ojos y menos podré hacerlo ahora para decirte lo que quiero que sepas. Me ha sido tan difícil papá, tan difícil no fallarte, a veces por escapar de mi misma prefiero creer que tú y mi madre también me fallaron y yo soy sólo el resultado de ello pero sé que no es así.

Papá...

Ahora que estoy lejos de ti y que tú estás tan viejito, enfermo y sin fuerzas, quiero decirte que entiendo lo difícil y duro que debió ser para ti aprender a ser padre, nosotros tus hijos te enseñamos a golpes y hasta hoy seguimos dándote lecciones, especialmente yo... pero papá, tus hijos te amamos y ninguno tiene derecho a reprocharte nada porque a ti te debemos la vida y todo lo que somos ahora para bien o para mal, soy tu fruto papá y te amo pese a que muy pocas veces te lo demuestro.

Papá...

Con el corazón sangrando quiero pedirte perdón. Perdón por todas la veces que no te obedecí de pequeña, perdón por todos mis berrinches y caprichos, perdón por haber cerrado mis oídos a tus consejos tantas veces, por haber tomado mi camino aquella vez que quisiste detenerme, perdón por no haber alcanzado lo que tú querías para mi, por no pensar en ti cuando deseo algo para mi. Perdón papá por las veces que derramaste una lágrima por mi culpa, perdón por todos los dolores de cabeza e incluso ataques de nervios que te causé, por ser una hija tan desconsiderada... y sobretodo, perdón por volverte a fallar cuando la primera vez me diste tu comprensión y apoyo, se que ahora no lo merezco.

Fuiste rudo papá, muchas veces lo fuiste y nunca logré entender hasta ahora que lo hacías por nuestro bien, perdóname si en vez de darte un abrazo me sentí ofendida y di media vuelta para marcharme, ahora se que si me hubiera quedado a tu lado mi vida sería diferente.

Pero no me sirve de nada arrepentirme ahora papá, de hecho no me arrepiento porque aunque la vida ha sido también dura conmigo me dio un regalo precioso: mi hijo, y ahora me está dando otro, por eso no me arrepiento pero si me duele haberte fallado, me duele no estar a tu lado cuando me necesitas, me duele no poder ser tu "orgullo" como siempre quisiste, me duele ahora mismo no poder darte un abrazo para decirte cuanto te amo y que lo que más deseo en este mundo es que me comprendas y perdones mis errores.

Papá...

Fuiste, eres y serás siempre el mejor ejemplo para mis hermanos y el ideal de hombre que yo hubiera querido encontrar para mi esposo; gracias por todo lo que me diste papá y una vez más perdóname por no ser la hija que tú te merecías, si ahora decides darme la espalda con el dolor de mi alma lo entenderé y jamás te juzgaré, más siempre tendré presente que existe un ser en la tierra que me dio todo su amor.

Te quiero mucho papá.
 
viernes, 26 de octubre de 2012 | By: Abril

El cofre de la memoria


Me decidí a escribirte porque me parece que en los últimos años he olvidado darte las gracias y decirte que te amo. Al redactar esta carta estoy haciendo caso omiso a las recomendaciones de mis amigas, quienes consideran que presentarse en un concurso público con una carta de amor para el ex-marido, produce en el mejor de los casos, caspa. Pero yo siento que con toda esta historia del divorcio y el trajín que significó hacerlo realidad, se han ido pasando los meses y no quisiera perder esta oportunidad. Quería decirte que somos mucho más que un hombre y una mujer que ya no lograban vivir juntos.

Ya van a ser dos años desde que empecé a embalar nuestras vidas para poder cumplirle a la pareja que decidió montar su paraíso de amor sobre las cenizas del nuestro. De todo aquello, como de un naufragio voluntario, todavía siguen apareciendo objetos que daba por perdidos.

De poco valieron los rollos de tirro, papel y plástico; las interminables horas dedicada a envolver meticulosamente cada libro, cada juguete, cada recuerdo y meterlos en cajas identificadas; o las cifras tan exorbitantes como injustificadas que se le cancelaron a la compañía guardamuebles. Con la misma persistencia con la que el óxido y el moho se apoderaron de nuestras cosas, así mismo la tristeza inmensa y una sensación plomiza de fracaso, se filtraron como un líquido espeso a través del papel de burbujas, que pretendía ingenuamente, amortiguar la caída y hacernos protagonistas de una separación posmoderna: sin traumas y sin dolor.

De esos meses perdidos en los que, en efecto, dejamos para siempre de ser “nosotros cuatro” y nos convertimos en otra gente, sólo me atrevo a recordar la última tarde antes de la mudanza en el apartamento de La Castellana, cuando todos bailamos dentro de nuestro cuarto, reducido a un rectángulo semi-vacío con piso de madera: un colchón inflable tamaño King, una laptop y dos cornetas en las que un dúo formado por Juan Luis Guerra y Maná nos recordaba que fue una bendición encontrarnos en el camino. Lo demás me resulta todavía demasiado filoso y permanece confinado bajo llave, en una gaveta bien escondida en lo más profundo del alma, esperando que el tiempo y el psicoanálisis de Margarita hagan su magia. Un día quizás, esos archivos puedan ser decodificados sin causar estragos.

Así como aparecieron la colección de juguetes de madera y los adornos de navidad; así han venido re-flotando muchos de los recuerdos maravillosos de esos casi 16 años que compartimos bajo un mismo techo (aunque tú bien sabes que fueron en realidad muchos techos sucesivos, y cuatro los años finales en los que, como suspendidos en el tiempo, compartimos petrificados techo, pero no alcoba).
Y si bien es cierto que no todos los años fueron buenos y que las razones para no estar juntos siguen estando clarísimas, también es verdad que fuiste mi amor. El de los besos dulces y suavecitos, mi compañero, mi cómplice y el co-autor, impulsor y defensor desde siempre de Camila y Daniela, que son hoy todo lo que me importa. La buena noticia ha sido descubrir que esas memorias cálidas siguen intactas y son la cantera de nuestra relación de ahora, que aunque al añadirle el “ex” por delante machaca siempre lo que ya no somos, tiene, paradójicamente, un presente mucho más plácido que el pasado.

Te confieso que en las malas noches, cuando la culpa y los miedos que me habitan salen de sus cavernas y me atrapan, el saber que cuento contigo me ayuda a liberarme. Porque tú sigues siendo mi aliado, mi único socio en la empresa de la paternidad y tu presencia le añade otra red de seguridad a la peripecia de vivir en esta Caracas contemporánea. Acto que resulta a veces inconscientemente suicida, a ratos tedioso o caótico; pero siempre protegido por una magia imperceptible: como nuestro destino. Qué suerte, Marmotón, la de encontrarte justo ahí, en frente de la cartelera de aquel curso de inglés. Y de verdad, bendita la coincidencia.

(Mariana Bacalao, carta finalista en el concurso de Cartas de Amor de Mont Blanc, 2012)
lunes, 23 de enero de 2012 | By: Abril

Era yo lo que buscabas y seguirá siendo así...

Sé que nunca dejaste de sentir, y que tus celos te produjeron el odio, te he querido mucho, al igual que tú a mí, nos hemos hecho daño mutuamente sin saber el porqué, nos hemos arrepentido… aunque de nada sirviera, el perdón no cambiaría los errores cometidos, no haría que los olvidásemos, ni siquiera nos evitaría el fracaso y la impotencia que sentimos al enterarnos, tampoco el dolor…Lo bueno de todo es aprender a retroceder, a decir te quiero cuando menos lo mereciera, es difícil encontrar a alguien que te quiera pase lo que pase, pero tú me has encontrado, y yo te encontré a ti .Te dije que te quería cuando de nada servía, cuando lo único que tenía que haber hecho era cruzarte la cara y no volver a verte, y tú me cogiste de la mano y me besaste en aquel momento en que tendrías que haberte ido y dejar que siguiera con mi vida , pero no te fuiste, estabas allí y no parabas de mirarme, era tu centro de atención durante toda esa noche, te acercabas y me decías cosas sin sentido, sólo ahí pude darme cuenta que yo te estaba importando de nuevo, no parabas de fijarte con quién hablaba, a dónde iba, incluso las veces que me oías reír me mirabas rayado, quizá tuvieras miedo de que alguien que no fueras tú me estuviera haciendo feliz en ese momento, y creo que ya no pudistes más, te me acercas decidido y sin yo esperarlo… me abrazas, y me dices al oido que me quieres, que te gustaría intentarlo conmigo porque no puedes más, y yo no supe contestarte, estaba confundida, ayer te había dicho adiós para siempre, más decidida que nunca y lo más dolida posible, me había levantado esa mañana teniendo ya asimilado que tú ya no eras parte de mi vida y que tenía que ser feliz sin ti….Y ahora llegas otra vez, y mi trabajo por olvidarte se vino al suelo, quise gritarte que te odiaba y que eras lo peor de la vida… pero sólo supe besarte y agarrarte fuertemente, supe mirarte a los ojos y decirte que sí a todo, sí a esta vida contigo y sí a lo que dijeras en ese momento, pero olvidé el daño que me habías hecho, creí que podría olvidarlo y que tu olvidarías lo mío, y no fue así, ni siquiera te he perdonado, y sé que te está costando trabajo el que yo ahora esté bien contigo, sé que no me muestro como siempre y que esta vez estoy más pasota que nunca, pero veo tu esfuerzo, sé que todas las mañanas al levantarte me miras y me sonríes para que yo me sienta mejor, me abrazas, y me dices las mejores palabras que existen, y que continuamente estás pendiente mía, por si una cara triste se cuela en mí.. de inmediato ya estás tú ahí para borrarla, y luego dices :``Te quiero, Carita de ángel´´.