Mostrando entradas con la etiqueta Querida Yo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Querida Yo. Mostrar todas las entradas
martes, 12 de noviembre de 2019 | By: Abril

Tengo mil cartas de amor


Alguna vez tenía que pasar. Así que lo he decidido. Estoy en una época de cambios y creo que ha llegado la hora hacerlo público:
Me gustas desde el día que naciste, me gustas cuando te ponías tierno con los perros de tus abuelos, cuando te enfadabas en los viajes por cualquier motivo tonto, me gustas porque has aprendido a vivir y a disfrutar incluso en los malos momentos, me gustas porque siempre has estado ahí, en un papel secundario pero sabiendo que en realidad eres un protagonista, me gustas cuando te miras al espejo y dices que te ves guapo, me gustas porque te pasas la vida sonriendo, me gustas por como quieres a los demás sin esperar que sea respondido de la misma forma, me gusta cada segundo que paso contigo, me gustas porque cada día te conozco un poco más y me encantas, me gustas por ser tan fuerte, me gustas porque eres capaz de caerte las veces que haga falta y volver a levantarte, me gustas porque siempre has sido mucho más optimista de lo que parecías, me gustas por esos ojazos que tienes, me gustas por lo detallista que eres, me gustas porque sigues aprendiendo cada día algo nuevo y lo compartes…
Sí, esto es así, me ha costado muchos años confesarlo y, sobre todo sentirlo, pero va siendo hora de gritarlo, de escribir mil cartas de amor diciendo:
Me quiero.
“Y extiendo la ciudad mirando al frente,
esta mañana el mundo es diferente,
descubro tantas cosas que no vi por no quererme”
(Fernando Bside,  Fuente: Hombres encontrados)
miércoles, 18 de febrero de 2015 | By: Abril

Mi cuerpo y yo






A pesar de estar juntos de toda la vida, siempre hemos sido como dos extraños, ajenos entre nosotros. Te veía y pensaba “Esa no soy yo, yo no puedo ser así”, era como verme desde afuera, sin sentirme nunca dentro mío, dejándote siempre a la deriva. 
Siempre me jacté de mi mente y mi razón, me decía que no necesitaba un cuerpo (y menos uno bonito) si tenía una mente por encima de la media. Me creía tan original, tan auténtica, tan por encima de todos y la verdad es que algo me faltaba. Pasamos épocas oscuras en las que vivía en una constante guerra contigo, en la que te miraba con desdén, con lástima, con odio y no era capaz de apreciar todo lo que hacías por mi. Esos años ahora me parecen un limbo, pero me permiten ahora darte todavía más valor.
Tuve que pasar por mucho para estar consciente de ti, para percibirte, conocerte, sentirte… De repente los ojos no eran la única manera de relacionarnos como había sido para mi hasta ese momento, y a pesar de querer reconciliarme contigo, me fue muy difícil, incluso en mis épocas más optimistas.
Siempre pensé que sólo servías, pero ahora sé que más que eso, eres. Soy. Somos. Me diste la experiencia de sentir con cada fibra tuya como otro cuerpo se formaba, crecía, se movía. Te transformaste y no tuviste miedo. Floreciste, gritaste muy fuerte, me gritaste a mi que ese eras tú, que somos tú y yo. Y aún en esos momentos de salvaje y total naturalidad e instinto, me daba miedo verte, no sabía qué sentir frente a ti.
Ha pasado poco más de un año desde entonces, y con ello me has demostrado tu fuerza, tu poder; eres el único que no me deja caer jamás, aunque mi ánimo esté por los suelos, aunque a veces el corazón deseara salir huyendo, siempre fuiste fuerte, siempre respondiste al deber. Hoy te siento, te veo, te percibo, hoy te acepto como eres, con cada línea, cada pliego de piel, cada vello, lunar, cicatriz…y hoy después de darme cuenta de todo lo que hemos vivido juntos, te acepto y te amo. Hoy me veo grande, orgullosa, fuerte, elegante, majestuosa, hoy siento con cada poro y soy feliz. Hoy soy capaz de tomar mejores decisiones para mi, porque ya no me siento excluida. Ya tengo una voz, ya estoy completa. Ya vivo a plenitud.
 
(Milagros Ríos)

Carta a mi cuerpo



Cuerpo:Es cierto que en el momento que comencé a pensar en todo lo que quería decirte vinieron a mi mente montones de cosas por las que quería pedirte perdón, como todas esas veces en las que me avergoncé de ti y te avasalle con palabras cuchillo, creyendo que hiriéndote me sentiría mejor o, peor aún, creyendo que eso, por fin, me llevaría a hacer algo para cambiarte… pedirte perdón ahora por esas cosas me resulta tan superficial como prometerte que voy a cambiar, porque lo que tú necesitas, y lo que viene desde lo más profundo de mí, no son promesas ni perdones, sino amor, mi amor.
Por eso, cuerpo, hoy te celebro. Celebro cada uno de los pasos grandes y pequeños que hemos dado, celebro con infinita alegría que estés aquí para llenarme de experiencias, para hacerme saber el sabor de una manzana, para poder sentir la lluvia en mi piel, celebro todo el placer del que he gozado, celebro la música que gracias a ti puedo escuchar, celebro todo lo que he sido capaz de leer, los colores que soy capaz de admirar.
Celebro, con muchas más alegría, tus imperfecciones porque me hacen única y especial, celebro tu belleza, que siempre está ahí, me ponga lo que me ponga, haga lo que haga. Celebro tu fuerza, tu elasticidad, la suavidad de tu piel.
Celebro la energía que nos invade al bailar, la alegría que somos capaces de transmitir, toda la vida que me das…
Gracias cuerpo por todas las sorpresas con las que llenas mis días. Y gracias, gracias infinitas por la otra vida que diste, por llevarla dentro de ti y alimentarla y cuidarla y haberla hecho sentir amada desde que fue concebida, gracias por abrirte y dejarla salir al mundo, gracias por haber creado su pequeño cuerpo que, como tú a mí, la llena de experiencias cada día.
No voy parar nunca de celebrarte, hoy sé que tú eres el gran amor de mi vida, quiero vivir siempre en armonía contigo, y enseñarle a mi pequeña hija a amar el cuerpo que posee, porque sólo el amor la llevará tan lejos como quiera llegar…

(Luz)
jueves, 30 de enero de 2014 | By: Abril

Carta de un juguete roto. La muñeca de trapo...


Otro día más: dinero que viene, dinero que va...Otro cuerpo más: sudor, gemidos y pasión fingida por mi cuerpo cansado y aletargado...

No queda más que esta asquerosa rutina de placeres vendidos al mejor postor. ¿Cuál es el sentido de continuar aquí? Alguna vez fuertes razones me llevaron a elegir esta vida, mas ahora creo que fue esta vida la que me eligió a mi, Como cruel víctima me vi tentada por sus rápidas recompensas, por su rápido ir y venir, pero ahora me doy cuenta de que estoy envuelta en una vida que no me pertenece.

El último cliente se ha ido, Me queda una cama vacía, pues mi cuerpo ya ha perdido su alma, su deseo de seguir, de buscar algo mejor.¿Qué me espera tendida aquí? El próximo cliente, la próxima agonía silenciosa...

Me quedan 30 minutos antes del próximo, sólo instantes para volver a ser sólo un cuerpo pero no una persona. Casi ni recuerdo cuando fue que signifique algo para alguien... Apenas tengo un borroso recuerdo de aquel hombre que alguna vez me amó, pero que yo no supe amar ¿Qué le podía ofrecer? No me arrepiento de aquella decisión pues ya era tarde para mí, como ahora...ya es tarde para continuar...25 minutos y contando. Me iré a preparar, pero no como otras veces, no. Hoy será distinto: entraré a la ducha y el agua se llevará mi dolor un instante; sacará este olor nauseabundo de mi cuerpo, este olor impregnado de todo menos de mí... Luego prenderé unas velas, como es mi costumbre, pero esta vez no será para esperar a alguien más; esta vez serán para mi, para mi cuerpo que se irá durmiendo de a poco, cayendo lentamente en un sueño del que nunca despertaré...
Arreglo todo... sólo 20 minutos para el final... Recostaré mi cuerpo en esta cama que ya no me pertenece pero la haré mía esta vez, así como mi cuerpo será mío. Por una vez, decidiré por él... haré con él lo que yo quiero y mi alma por fin volverá a mi cuerpo por un instante sólo para irse a descansar donde ningún otro cuerpo ajeno la pueda encontrar...

Espero que el cliente de las 2 no se enoje al notar que mi cuerpo esta frío, que esta vez no habrá calor ni pasión fingida..pero si habrá verdad, mi verdad...
domingo, 5 de enero de 2014 | By: Abril

¿Hogar... dulce hogar?

 
Animación hogar lluvia libro para celular
Todo el mundo sabe que cuando las agujas se estiran y marcan el final de algo, sólo caben dos finales: o levantas el pie del acelerador o por el contrario, coges aire, cierras los ojos y te zambulles en azul profundo e infinito.

Puede que ahí abajo encuentre cosas que no me gusten. Rocas con forma de arista, peces que llevan días sin pegar bocado, pero no me importa, esto es lo que he escogido y no me arrepiento de ello. Hoy estoy en edad de sentir, de vivir los recuerdos con libertinaje y anarquía, de ser como me da la gana, que ya pagué las consecuencias.

Después de varias semanas fuera, viviendo como un turista, a mesa puesta y cama recién hecha, hoy vuelvo a mi hogar, perdón, quería decir a mi casa. O quizá a mi... no lo tengo claro.

Me sobrecoge ver la cocina así de limpia, tan recogida, todo en su sitio y ordenado, recuerda a esas que salen en las revistas en las que no te atreverías ni a pelar una mandarina de lo limpias q están.
Echo una mirada rápida al resto de las habitaciones. Hay marcos sin fotos, estanterías vacías y pedacitos de algunos recuerdos por el suelo.

Los peluches sin billete de ida, se ponen de acuerdo como un batallón legionario para que esto recupere una pizca de calor, y es que la vida se construye de ausencias emocionales que la mente y la resistencia al olvido transforman en presencias, en eternidades.

Llego al baño y lo primero que me llama la atención, es encontrar al cepillo de dientes solito en su cubilete. Anda triste, cabizbajo,  pues se ha quedado sin pareja de baile. Eran idénticos, igualitos,  tan sólo se diferenciaban en el color. Le queda próximo un bote de colonia, pero dice que no es lo mismo... que tienen muy pocas cosas en común y lo entiendo.

Estamos de vacaciones, y aunque este año he suspendido algunas asignaturas, me he librado de los cuadernillos de verano. Me quedaron dos asignaturas, dicen que son las más importantes del curso. Una se llama RESPETO y la otra SINCERIDAD. Y es que mentir con descaro no debería de salir gratis.

Sin embargo, me doy cuenta, que no me arrepiento de nada o casi nada, creo que soy de esos alumnos complicados, siempre hay un par de ellos en todas las clases que no acaban de pasar por el aro por muy mal que hayan hecho las cosas (por muy mal que crean los demás que las has hecho). Me siento feliz y libre de poder escoger mi propio camino, de no ser prisionero de costumbres, tradiciones milenarias impuestas a golpe de martillo, o documentos oficiales que me obliguen a decirme que es lo que debo de hacer, que es lo que debo sentir.

A pesar de todo lo sucedido, de recuerdos que me invaden y arañan en la memoria, sigo pensando que estar aquí es maravilloso y doy gracias todos los días por este regalo que es la vida.

(Carlos Vicente)
lunes, 20 de mayo de 2013 | By: Abril

Para cuando olvides y ya no recuerdes...


Sé que tienes miedo y que no tienes la práctica o la gracia que se requieren para escribirte una carta a ti misma, pero tienes que hacerlo, Corina, tienes que hacerlo hoy que recuerdas, hoy que es aterradoramente obvio que con el paso del tiempo incluso tu reflejo perderá familiaridad.

Es martes 27 de febrero de 2013, tu nombre es Corina y te diagnosticaron Alzheimer hace diez años. Esta es una carta a tu reflejo, un intento desesperado por evitar lo inevitable, por evitar que te borres a ti misma por completo. Cuando mires al espejo te toparás, de buenas a primeras, con unos ojos descaradamente grandes, se los debes a la familia de tu madre. Fueron, siempre, motivo de halagos a los que nunca supiste cómo responder. Encantaron a tu esposo cuando él tenía 16 años y tú 14, cuando aún no sabías bien cómo usarlos. Controlaron a tus hijos, retaron a tus superiores y lloraron de felicidad, frustración y tristeza cada vez que la vida les dio oportunidad. Tu nariz jamás te gustó, eso puedes olvidarlo. Tus labios los mordías para darles color. No eras muy entusiasta con los labiales. Besaron por primera vez a los 13 años y solían ser la parte más expresiva y menos controlable del rostro que ves, tan incontrolable como las palabras que pronunciaban. Fueron muchas, por cierto, era poco lo que dejabas de decir. No por nada te casaste con la única persona que conseguía callarte la boca. Tu cabello significó tu primer campo de batalla, una guerra que sin duda alguna él ganó. Pocas veces te has sentido tan libre como el día en que aceptaste su soberanía y entendiste que estar siempre despeinada no era malo, era divertido, y que una cabellera con personalidad propia era un misterio que te sorprendería cada mañana de tu vida. Tus orejas no te preocuparon hasta que leíste que es de las partes del cuerpo que nunca cesa de crecer. Entonces, sufriste por una Corina anciana y las orejas con las que tendría que lidiar. Supongo que eso ya no será un problema. Por algún razón contaste los lunares de tu cara un día, eran 33, un número manejable que fue creciendo hasta que contarlos se convirtió en una tarea de ocio que no pretendía obtener resultados. Como contar estrellas.

Entrar en detalles sobre tu cuerpo sería extenderme más de lo que me atrevo a esperar que seas capaz de leer. Confórmate con saber que tenías el cuerpo ideal para tu personalidad. Tu carácter no habría sabido qué hacer con más voluptuosidad o menos altura. Lo sentías como un regalo, una facilidad, un dilema menos. Te procuró admiración al igual que respeto y se mantuvo estable a través del tiempo. Todo lo que tu mente no supo hacer. Te gustaban mucho tus manos, abraza ese sentimiento, respíralo, procésalo, antes de que empieces a levantarlas a la altura de tus ojos, a rotarlas de lado a lado como hacía tu abuelo, a mirarlas con extrañeza. Al parecer esperando una razón, algo, lo que sea, que las justifique. Tal cual como un bebé, excepto que tu expresión no se traducirá en curiosidad, sino en incertidumbre y quizá, incluso, en rechazo.

Olvidarás, está claro, escrito, sellado. Los nombres, las calles, los libros. Olvidarás lo que te gustaba y lo que no, olvidarás los quienes, los grandes y los pequeños quienes. Al amor de tu vida, a tu primer gato, el olor de tu padre al abrazarte, pero nada de eso se compara siquiera con la falta de olvidarte a ti. Tú, que ya te habías perdido alguna vez entre obsesiones y melancolías; tú, que contra el mundo lograste recuperarte a ti misma; tú, que dejaste de temerle a casi todo, pero nunca a la posibilidad de perderte nuevamente; tú, estás aquí, hoy, frente al olvido, y a lo único que no me resigno es a que olvides que te amas.

Corina, lo hiciste, conseguiste ser de las pocas personas que después de ver lo más feo de sí misma, se perdonó y se amó profunda y totalmente. De todos tus éxitos, ese es el mayor.

Te amo, te amo.

Recuérdalo.

Recuérdate.

(Maura Sulbarán Rivadeiro)
martes, 12 de marzo de 2013 | By: Abril

Querido Tú...


Querido mío. Querido, querido. Querido ¿qué? Querido Juan. Querido Fran. Querido, algo. No sé cómo empezar esta carta. Querido amor. Amor mío. Cariño. Qué horror. Detesto a la gente que dice cariño. Y tesoro ya no digamos. Querido tú. ¿Tú, quién? ¿Hola? Nada. Nadie.

No sé cómo empezar esta carta porque no sé a quién podría escribírsela. No tengo un amor. Ni siquiera del superficial. Del que no es amor y sólo sexo. Ése del que se habla a veces y que dicen que no sirve para nada. No. No lo tengo. Aunque digo yo que para algo sí sirve. Estoy segura. Para enredar y marear, sí sirve. Por lo menos. Y para empezar, también sirve.

A mí, si soy sincera, me serviría hasta el amor más inservible. Así por probar. Y para escribirle cartas de amor. Digo yo. No se puede morir una sin haber escrito nunca una carta de amor. O sea que empiezo, por si aparece de repente. Así no me pilla desprevenida.

Querido (así a secas y elimino el problema del principio, puesto que vale para quién tenga a bien aparecer), anoche me volviste loca con tus besos. Tu luna y mis gatos nos sonreían. Parecían saberlo todo.

No.

Otra.

Querido…¡Miguel! Eso, Miguel. Esta mañana te he visto en el pasillo de la facultad de Letras. Y no me he atrevido a saludarte. Quizá no te acuerdes de mí. Éramos compañeros de clase hace veinte años. He vuelto a empezar la carrera y creo que me tocas como profesor, así que he pensado que podríamos retomar ese beso que se quedó a medias. ¿Te acuerdas? Yo estoy soltera y vivo con unos cuantos gatos…

Uff.

Querido Nicasio: te quiero. Estoy aquí. No voy a decir una palabra más.

¿Y si lo dijera en verso?

Querido Nicasio, me gustas más que el potasio.

Perdón, perdón, perdón. Me callo.

La última: amor mío, amor de mi vida. No sé ni cómo te llamas pero no importa. Soy yo. Soy ella. Y estoy aquí, con mis gatos y mi música y mi ventana. Mientras te espero, me he vuelto a apuntar a la universidad. Por si tardas. Más tarde me dormiré, bajo tu luna. Te dejaré las llaves en la azalea de la derecha. Por si no llegas. Y en la cama alargaré el brazo para buscarte.

Como anoche no apareciste, esta mañana he salido abrazada a un libro. Por si no me encuentras. Por si no llegas. Por si te pierdes. Por si te olvidas. Estoy aquí. Por si acaso. En la parada del autobús. Un sitio muy romántico, creo.

Y de repente, te veo.-Hola. ¿Qué autobús? El dos, que va directo. Sí, claro, quito el libro. Te abrazo a ti. Mucho mejor. ¿Cómo? ¿Gatos? ¿Cuántos? Me gustan los gatos. ¿Lunas? Muchas también. Todas las noches. ¿Mario? Bonito nombre.

¿Yo?

Elena. Encantada.

(Ayanta Barilli)
jueves, 24 de enero de 2013 | By: Abril

¡¿Qué hago con 40?!




La he tratado de persuadir para que el 7 pareciera un 9 y así ganar 20 años más, pero no se deja! Se empeña a volver a aparecer cuando tengo que ir a sacar una copia nueva.

Lo he intentado también con el DNI, pero es aún más incorrupto. Se niega tan siquiera que me lo plantee.

Luego me veo al espejo y es el que menos engaña. Lo más contundente: unos cabellos semi-escondidos, pero delatadores por su pálido, muy pálido color (vamos tan pálido como un vampiro con hambre), me reconocen una madurez corporal que a la vista salta. Sé que con el tinte desaparecen, pero antes de que pase un mes, me regresan a la realidad.
Y qué decir de unos pequeños pliegues que acompañan a mis ojos negros, que si de negro los rellenara parecería que me han crecido pestañas nuevas.

Luegoooo...esas gafas!!, por Dios...eso sí que es desgarrador, pues hasta hace unos meses presumía de una vista perfecta!, vamos, que podía distinguir una sombra en la oscuridad....Bueno, me he pasado, lo reconozco. Pero era muy buena mi visión. He querido disimular mi descontento intentando montar unos cristales adecuados a mi reciente presbicia en unas gafas de marca, de esas muy estéticas y elegantes que pareces más interesante, pero el precio me ha regresado a "la crisis realidad" y me han parecido muy monas unas gafas de esas de oferta que la gente menos acomplejada suele utilizar con toda la naturaleza que conlleva reconocer que ya eres mayor.

Me consuela saber que con tu ya medio siglo vivido, sigues para mí igual o más guapo que cuando nos conocimos, y que, si Dios es misericordioso conmigo, llegaré a tener esa edad a tu lado.

Esta mañana me has vuelto a decir que "estoy en mi mejor momento"...me tranquiliza que me veas así, pues en tu camino y tu destino, así como ha habido antes, también habrá después, personas más jóvenes que yo, que como fiel macho que eres te pueden hacer sentir impresionado y atraído.
 
Intentaré despertar cada día esa misma ilusión que a mis veintitantos te hacía sentir por mis menos años, pero aprovechando mis años de más, que con empeño y dedicación, pueden parecer muy, pero que muy satisfactorios.

(Lilia)
miércoles, 8 de diciembre de 2010 | By: Abril

Carta a mi cuerpo


Cuerpo mío:

Me he comido las uñas de la mano izquierda. La levanto y me doy cuenta de que duelen los dedos, me miro al espejo y te invito a hacer ejercicio pero no encuentro respuesta. Eres necio, traicionero, vulnerable y vagabundo y como serás mi compañero hasta que la muerte nos separe hoy debo escribirte para sellar lo nuestro.

Te hablo yo, la que vive dentro de ti, agradecida, emocionada y resignada a tenerte. La verdad es que supe que algo andaba mal entre nosotros cuando no gané el Miss Venezuela, pero entonces no sabía que nunca podría cambiarte. Te recuerdo la vergüenza que me hiciste pasar con el primer desfile en bikini y fue a la fuerza que entendí que solo te gustaba el traje de baño entero.

Te reprocho los pelos en las piernas, las axilas manchadas, la acidez constante, los dolores de estómago, las palpitaciones y el suplicio de la regla mes a mes. Ni hablar de las alergias y los ataques de asma que por tu culpa tuve que atravesar en mi niñez.

He luchado por hacerte diferente pero tú no lo has permitido, por eso admiro tu firmeza y determinación. En realidad te odio y te quiero porque has sido bueno y malo a la vez. Nadie como yo sabe que hambriento eres capaz de cualquier cosa, doblegas mi voluntad para comerte lo primero que encuentras y luego te desparramas sin importarte que yo cargue con la culpa y tú con los kilos demás.

Te agradezco el rostro, el cabello hermoso y por el vientre plano que tuve alguna vez, por hacerme lucir el vestido negro más bonito de aquella noche que sólo tú y yo recordaremos, por aceptarme como soy, por dar a luz a mis hijos en partos normales pues no requería cesárea. Te ofrezco mis disculpas por lo de la mamoplastia reductora, pensé que sería por tu bien y te hice un daño irreparable, pero entenderás que el by pass gástrico fue la mejor decisión porque ya no me aguantaba más las dietas.

En otros asuntos no tengo queja alguna de tu actuación. Siempre te acoplas a los vaivenes del deseo porque lo tuyo es pasión, dejando para mí el rollo de los sentimientos y la razón. Hemos vivido momentos increíbles, queridos o no, sentidos o no y tú siempre has estado allí para mí.

Envejeces con orgullo mientras yo me regodeo en la experiencia y la reflexión. Veo como el paso de los años te deteriora y a mi me fortalece. Es un placer habitarte y como sé que algún día tendré que abandonarte, si ya estás viejo o tendido en una cama o como quiera que lo de morirnos tenga que acontecer, sabrás que siempre has sido “mi” cuerpo, solo mío y de nadie más.

Con todo mi amor,

Yo

(Betsy Balestrini P, Carta Finalista en el Concurso de Cartas de Amor de Montblanc 2009)