jueves, 21 de noviembre de 2019 | By: Alea

Make me like you



Podíamos llamarnos novios porque sabíamos que no era más que un juego. Las etiquetas solo asustan cuando son verdad. De haber sentido algo sólido, hubiéramos recurrido a eufemismos que prolongasen el misterio. Tú y yo, en cambio, nos sentíamos cómodos en esa distancia que nunca desaparecería y por eso jugábamos a preguntarnos cómo había ido el día aunque en el fondo no nos importase. No te hubiera gustado presentarme como novio oficial a tus amigos, ya lo sé. Lo más extraño llegó después, cuando encontraste a alguien y me sentí vacío por haber perdido algo que nunca fue nada.

(Alex Pler, Fuente: Hombres encontrados)



I know enough´s enough and you´re leaving


Primero se desató el rencor. 
Enseguida me aferré a las ganas de olvidarte. 
Después, no sé cómo, asomó la tentación de volver contigo, tan pronto descartada. 
Por fin empezó la fiesta interminable, y reí como la primera vez, y pude guiarme por todo lo que brotaba alrededor: todo eso me atraía, me asustaba, me curaba. 
Cuando el torbellino me devolvió a casa, yo volvía a ser yo pero de una forma nueva. 
Decidí disfrutarlo. 
Dejé que pasaran los años sin contarlos. 
Al reencontrarnos, confirmé con placer que nuestro final había sido un pequeño error y también mi mayor acierto.

(Alex Pler. fuente:  Hombres encontrados)
miércoles, 20 de noviembre de 2019 | By: Alea

Café para llevar, por favor



Ya hace tiempo de lo del café aquel que nos íbamos a tomar un día de estos para recordar con nostalgia los viejos tiempos. Aquel café nunca llegó y yo estuve esperando tu señal como una tonta, sentada en la parada de las oportunidades, a la cola de tu memoria confiando en que un día cualquiera me echaras de menos y regresaras con una especie de huevera, de esas que lleva la gente en las pelis de invierno por las calles de Nueva York, antes de empezar a trabajar, con dos o tres cafés de Starbucks para repartir por media oficina, haciendo equilibrios entre otra gente que pasea perros ajenos o monta en bicicleta por la Quinta Avenida. Me encanta esa escena que se repite en esas pelis ñoñas que veo en Navidad: cuando el protagonista entra en acción, el director cambia de plano y pide una toma de los ojos de ella cuando lo ve llegar con la huevera de los cafés calientes y amontonados en una mañana de invierno.

Esa “ella” soy yo, pero no hay huevera, ni nieve, ni cafés de Starbucks, ni gente en bicicleta. Es otoño. Llueve y tú no estás. Hoy escribo un capítulo más en mi libro de decepciones contigo. No es que duela mucho, ya no, lo malo es que me estoy acostumbrando a estos dolores pequeños, que se clavan como diminutos alfileres en  mis ganas de compartir cosas contigo. 

Es tu forma de decirme que esto se ha acabado definitivamente, que ya no sientes nada. Empiezo a dudar de si fue o no un espejismo aquello que vivimos y que no tiene nombre, pero que parecía tan, tan real...  

Sé que un día, cuando te sientas solo entre tanta gente, volverás a mí. No habrá cafés, ni nieve, ni paseadores de perros, ni amantes de la bicicleta…solo estaremos tú y yo y será un soleado día del sur, probablemente de primavera. Tú acudirás al lugar de siempre para pedirme perdón a tu manera, pero ya será tarde. En mi lugar encontrarás una nota donde leerás… “No hagas planes para el resto de tu vida, ahora te toca a ti esperarme. Lo siento querido; ahí  te quedas” .

(N.R.H.)

martes, 12 de noviembre de 2019 | By: Abril

Tengo mil cartas de amor


Alguna vez tenía que pasar. Así que lo he decidido. Estoy en una época de cambios y creo que ha llegado la hora hacerlo público:
Me gustas desde el día que naciste, me gustas cuando te ponías tierno con los perros de tus abuelos, cuando te enfadabas en los viajes por cualquier motivo tonto, me gustas porque has aprendido a vivir y a disfrutar incluso en los malos momentos, me gustas porque siempre has estado ahí, en un papel secundario pero sabiendo que en realidad eres un protagonista, me gustas cuando te miras al espejo y dices que te ves guapo, me gustas porque te pasas la vida sonriendo, me gustas por como quieres a los demás sin esperar que sea respondido de la misma forma, me gusta cada segundo que paso contigo, me gustas porque cada día te conozco un poco más y me encantas, me gustas por ser tan fuerte, me gustas porque eres capaz de caerte las veces que haga falta y volver a levantarte, me gustas porque siempre has sido mucho más optimista de lo que parecías, me gustas por esos ojazos que tienes, me gustas por lo detallista que eres, me gustas porque sigues aprendiendo cada día algo nuevo y lo compartes…
Sí, esto es así, me ha costado muchos años confesarlo y, sobre todo sentirlo, pero va siendo hora de gritarlo, de escribir mil cartas de amor diciendo:
Me quiero.
“Y extiendo la ciudad mirando al frente,
esta mañana el mundo es diferente,
descubro tantas cosas que no vi por no quererme”
(Fernando Bside,  Fuente: Hombres encontrados)

La memoria del cuerpo


Voy consiguiendo controlar la memoria y pensarte cada vez menos, acostumbrarme a la culpabilidad absurda de nuevos primeros besos con personas que ya no son tú, entregarme al sabor de los recovecos de pieles distintas, ajustar mi cuerpo al de los otros, visitar menos aquellos lugares que sé que te traen de vuelta, recordarte algo menos cuando la lluvia repiquetea en un cristal en cualquier parte…
Pero, ay, la memoria del cuerpo… la memoria del cuerpo escucha la sintonía de una serie y deja de atender a razones y secuestra al corazón y lo lleva de mi salón al nuestro y ve el episodio pero nos mira también a nosotros y el mundo vuelve a ser familiar y cómodo y cálido y fácil aunque ninguno de sus chistes me haga reír ya.
Lo que no fue desordenado por la nostalgia lo termina de arrasar la ficción.

Carlos Crespo (Fuente: Hombres encontrados)

Quedarse con lo bueno


Quizás no supe leer las señales. Seguramente estaba demasiado ocupado en mirarte e imaginar todo lo bonito que vendría después.
Puede que tu ni siquiera te dieras cuenta de todo lo que pasaba por mi cabeza. Y seguramente no te fijaste que mis ojos sólo brillaban de esa manera cuando me mirabas. Pero eso es lo de menos. No esperaba que te fijaras en esos detalles. Creí que eras despistado o que no te fijabas en cosas a las que yo si le daba importancia.
Cuando te pedí que me dejaras tu pulsera para tomar mis pulsaciones estas iban a 150. Las tuyas a un ritmo normal. Y no era porque yo viniera de correr y tu de estar sentado en el sofá viendo alguna serie de esas que te gustaban. Era porque yo sentía más de lo que tu ibas a sentir por mi. Lo acepté, por más rabia que me dio.
Siempre me dijiste que hay que quedarse con las cosas buenas.
Y me quedó claro. Y esta vez si que supe leer entre líneas.
Hay que quedarse con lo bueno.
Por eso no te quedaste conmigo.

Abuga (Fuente: Hombres encontrados)
lunes, 4 de noviembre de 2019 | By: Abril

Es lo que hay...

La vida es eso que nos va sucediendo mientras nos empeñamos en hacer otros planes” Jonh Lennon

¿Sabes? Hoy, en cierto modo, esperaba tu mensaje, pero no llegó. Y duele, aunque poco. Me has acostumbrado a ese “…esto es lo que hay”, y lo asumo con absoluta resignación, como quien espera en la cola con la cartilla de racionamiento en época de guerra y justo cuando le va a tocar, se acaba la comida. Ese, “otra vez será” me lo repito como un mantra, que me sirve de ungüento para las heridas que tu silencio me provoca a la altura del estómago. Y la guerra fría vuelve a mis rutinas y me muevo por inercia, contigo siempre pero lejos de ti.

Raya el acoso lo que hago el resto del día mirando tu perfil en el WhatsApp. Tú, ajeno a todo esto, continúas con tu vida, echando atrás días en el calendario y retrasando ese café eterno que nunca llega. Me desespero. Escribo. De ti y de mí. De lo que fuimos. De lo que pudo ser, pero no… Te pienso y te odio a ratos.

Te imagino a solas en tu trabajo, o atendiendo a alguien hasta las tantas, o tocando algunos acordes en tu guitarra, o fumando y escuchando a John Coltrane o a Charlie Parker con un whisky con hielo sobre la mesa del jardín. Cuando el resto de la casa duerme tú sueñas despierto. Haces recuento del tiempo que has invertido en ser otra persona distinta a la que pretendías… Y el balance hace que te pongas triste y añores ese garito de jazz que querías montar en un país extranjero que elegirías apuntando sin mirar en un mapa justo antes de tomar el avión… No tendrías una pareja fija, sino una cada día. Mujeres sin nombre, solo sexo, puro placer efímero y poco más. Sin compromisos, sin rutinas, sin dolor…

En cierto modo, te comprendo. Tú añoras lo que no tienes. Persigues un sueño cada vez más lejano y te resignas a vivir acorde con las decisiones que tomaste en el pasado. Como yo. No somos tan diferentes. Y en el deseo apareció el castigo.

Tal vez ninguno de los dos tuvimos elección. Y aun así, ¿sabes qué…? Pese al dolor: volvería a elegirte.

(N.R.H.)
viernes, 1 de noviembre de 2019 | By: Abril

Sumisión

(…)Suena de fondo “Earned it” de Weekend
…On that lonely night (lonely night)
We said it wouldn't be love
But we felt the rush
It made us believe it was only us (it was only us)
Convinced we were broken inside (yeah)
Inside (yeah)…

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Sin prisas y a destiempo hoy me has hecho una señal. Yo recojo el guante y te escucho. A veces desearía ser sorda, pero con una sordera selectiva exclusivamente para ti. No quiero escuchar de nuevo tus cantos de sirena. Me pierdo en los recuerdos y parece que no me has hecho tanto daño. Tengo el don de olvidar mi hastío y mis fracasos contigo, en el intento de devolverte a mi vida.

Tú eres justamente como yo quería. Encajas en ese perfil de tipo educado, elegante, con la ambición justa para salir de la mediocridad sin parecer un snob. Eres de esos que conquistan porque adoptan un papel protector, y yo me siento sumisa, a ratos.

Soy de la antigua escuela, ¿y qué? A estas alturas, sin sorpresas y consciente de lo que deseo, no voy a cambiar. Ni quiero, que conste. Así, como suena, sin pedir perdón a nadie. Soy lo que soy: tuya. Una mística Anastasia de mirada ingenua y pícara, para el Grey equivocado.

Nunca te he pedido nada. Nunca he querido irrumpir en una vida que no era la mía. Y así me ha ido: mal, muy mal, porque este contigo pero sin ti, me mata cada día. Y es tanto lo que siento, que me parece mentira seguir en este callejón sin salida viviendo de las migajas que me ofreces de tu tiempo.

Esta vida inconsistente. Este ser pero no. Este estar, pero tampoco… Eres cruel. Y tal vez eso sea lo que más me atrae de ti: la pasión desbocada que se respira en cada encuentro, que siempre amenaza con ser el último, que me golpea como un látigo, aunque algo vuelve a hacer que no lo sea… Ese empezar desde cero y vivir en bucle. Este juego estúpido, pero necesario, que mantiene viva nuestra no-relación.

Una palabra tuya, bastará para sanarme, porque tú decides mis desastres, tú desatas mis sirocos y en ti descansa el mismo veneno que me da la vida…

¡Qué poder tienes sobre mí, maldita sea!

(N.R.H)
martes, 29 de octubre de 2019 | By: Abril

Café para dos



Lo intento, pero no me sale. Te odio a ratos, porque vuelves a hacerme lo mismo. Me paso media vida esperando tu señal. Me prometes una y otra vez que me llamarás para hacer mil cosas. Pero no. Nunca lo haces. Llega el día “D”, se va y estamos en las mismas. Tú sigues con tu vida, y yo bloqueando mi agenda el día entero para ti, sin recibir nada. La historia se repite. Ni una disculpa, ni un mensaje, ni una llamada… no… te limitas a aparecer otro día cualquiera, solo si yo te he hecho antes una señal y haces como si no pasara nada.

Te odio. Hoy es uno de esos días. El segundo de esta semana, que empezó ayer. A veces pienso que es una venganza porque te dejé en su momento. Otras que demuestras inseguridad y es tu forma de hacerme ver que te humillé y tratas de hacerme creer que estás por encima de mí y de mi estatus de niña-bien, malcriada… Tú, con tu orgullo de clase obrera que empezaste a trabajar por necesidad y no por vocación; que levantaste a tu familia cuando aún eras un niño. Tú, que no pudiste estudiar aunque servías para ello, y ahora que puedes, desprecias hacerlo porque la vida no te dio la oportunidad en su día y ahora crees que sabes más por viejo que por diablo...

Qué tristeza que pagues todas tus deudas conmigo, que nunca te he hecho nada malo. Que lo peor –y lo mejor- que me ha ocurrido es haberme enamorado como una idiota de ti. Que vuelvo a removerme desde mis cenizas para hacerte ver que estoy de tu parte, que no somos enemigos íntimos, sino todo lo contrario. Que sé que me necesitas, porque soy la única que te escucha cuando llueve por lo que has perdido en el camino. Tu orgullo de proletario aburguesado, tu ambición insaciable, tu rol de padre coraje, tu esnobismo improvisado, los traumas que arrastras y en los que te refugias para tratarme mal, que no es maltrato, sino desidia…que no comprendo, que no comparto, que me obligan a odiarte.

Esta tensa calma me mata lentamente. Pasa otro día de otoño y así llevo unos cuantos esperando a que me invites a ese café prometido, que nunca llega…

(N.R.H)
sábado, 26 de octubre de 2019 | By: Abril

Todos los días de mi vida



Paige: -Prometo ayudarte a amar la vida, abrazarte siempre con ternura y tener la paciencia que el amor exige, hablar cuando hagan falta palabras y compartir el silencio cuando no, consentir, disentir respecto al pastel de terciopelo rojo, vivir al abrigo de tu corazón y llamarlo siempre hogar.

Leo: -Prometo amarte locamente en todas las facetas de tu vida ahora y siempre, prometo no olvidar jamás que este es un amor único en la vida y saber siempre en lo más profundo de mi alma que no importa que desafíos puedan separarnos siempre hallaremos la forma de volver a unirnos.
(De la película "Todos los días de mi vida")


Quisiera escribirte una carta cada día, mientras estemos juntos. Porque sí, porque te lo mereces. Me haces feliz, que no es poco y me toleras los desequilibrios cotidianos. Aguantas mis mareas con la paciencia de un santo y cuando llego a casa triste, desolada, enojada o quejumbrosa tu media sonrisa aleja mis demonios y me recuerda que en nuestro pequeño universo paralelo, los desastres se quedan fuera.

No sé si te he dicho que eres lo mejor que me ha pasado en estos últimos años. Eres guapo, atento, culto, elegante, respetuoso, honesto, humilde y leal. Justo como había deseado en esas tardes de domingo en que llovía y pensaba en ti, sin conocerte aún. 

Tú me has hecho mejor y dices que yo te he hecho amar la vida y sus pequeños detalles. A la vida hemos llegado juntos, aun naciendo en diferentes momentos y lugares tan distantes. Estábamos predestinados a crear este refugio sin grietas, este hueco en el mundo donde somos dos que ocupan el lugar de uno.

Gracias por ser y por estar. Por imaginarme contigo para siempre. Y no importa si ese para siempre es de por vida o para un rato, porque cualquier tiempo a tu lado, por breve que sea, será siempre un regalo.

(N.R.H)

viernes, 25 de octubre de 2019 | By: Abril

Cómplices en desamor


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"No sé en qué momento me alejé de ti
Ni cuando nos giramos para ser
El caso es que ahora somos dos extraños
En el bar del desengaño y nos falta hasta la sed"
                                                 (Vanesa Martín)


¿Qué hacemos aún juntos? Nada nos une. Cuántas veces lo hemos comentado sin llegar a un acuerdo que nos deje a ambos conformes. Sin llegar a esa tregua que nos permita un momento de calma, a esa paz interior que, con el tiempo, nos hemos resignado a perder y a donar a cambio de evitar la soledad que nos lleve al olvido.

Estamos, más que solos, mal acompañados el uno del otro. Nos toleramos, pero nada queda de aquel motivo que nos unió, que quiero seguir pensando que no fue otro más que el cariño. Pero no, sé que me engaño, porque fue tan solo una forma más de espantar el miedo al abandono.

Sé que me quieres de una manera muy particular y probablemente egoísta. Yo no te quiero y te lo demuestro cada día con señales que prefieres ignorar. Pero sigo aquí porque tengo miedo a no tener nada, a desaparecer, a volverme aún más invisible de lo que ya soy para todos, incluso para mí misma. Tú controlas los tiempos y sabes qué hacer  y cómo comportarte ante los demás para seguir pareciendo lo que no somos: felices. Pero mírame. Mírame a los ojos y dime qué queda de la pareja perfecta que éramos al principio de este cuento de hadas.

No tuvimos hijos, ni perro que nos ladre. Y eso contribuyó a acumular ese miedo que hoy anega esta tensa calma. Mi única vía de escape es pensar en él, mi amante. Pensar en el único hombre que me ha robado el corazón. Desde que se fue de mi vida camino como un alma en pena, con la insólita idea de que un día de estos abandone a su mujer y a sus hijos y vuelva a buscarme.

Yo estaba muerta a tu sombra. Él me dio la vida, pero también me la quitó. Y desde entonces sobrevivo con un hueco en el estómago que no puedo llenar con nada. Sigue en mí, pero de otra manera y me llama amiga, que es lo peor que se le puede llamar a una amante que no ha dejado de sentir aquello que le hizo volver a la vida.

Tú no sabes nada de él. Me miras con la mirada vacía del cordero que va al matadero, como si no me vieras, aunque estás acostumbrado a que mi calor caliente esta casa. Solo somos dos extraños que comparten apartamento. A veces hacemos el amor, por no hacernos la guerra y luego nos damos la vuelta. Tú para no pensar en nada y dejar que otro día se convierta en cenizas, como si todo te diese igual, caminando inexorablemente hacia el momento en que dejes de respirar. Y yo, pensando en que acabo de entregarle mi pasión fingida al hombre equivocado.

(N.H.R)
jueves, 24 de octubre de 2019 | By: Abril

Nota en la nevera


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No me lo tomes a mal, pero hoy me toca empezar a olvidarte. Esta no es una carta de desamor, sino de despedida. En realidad contiene mucho amor, amor del bueno, que es el que he ido guardando para ti, a pesar de tus desaires, de tu indiferencia, de tus desatinos con las fechas, de esa capa de rutina que cayó y lo anegó todo en nuestra historia de… amor, amor del bueno.

Sé que en el fondo me quieres y que cuando llegues del trabajo y no me encuentres en la cocina te parecerá raro, pero tardarás unas horas aún en echarme de menos. Llegará el momento al atardecer en que, cercana la noche, empieces a impacientarte porque aún no habrás cenado. Justo cuando acaben las noticias de deportes y salgas de la intriga de si el Barça le ganó esta vez o no al Real Madrid, y si el equipo de tu hermano sube por fin a primera. Justo, después de eso, empezarás a echarme de menos, pero no antes, porque echarme en falta nunca fue tu prioridad.

Y entonces se te ocurrirá –a ti solo- llamar primero a los parientes más cercanos, luego a mis compañeras del trabajo y más tarde, dramatizando ya un poco, a los hospitales y a la policía. Es ahí y no antes, cuando caerás en la cuenta de que hay una nota en la nevera, sujeta por el imán de la Torre de Pisa de la última y única vez que me llevaste al extranjero, que fue porque jugaba tu equipo en Italia y tus amigotes de cervezas no pudieron acompañarte….Italia… Y allí estaba yo, como una imbécil, vestida con la camiseta de Messi, coreando el himno de tu equipo entre un millón de aficionados que proferían amenazas a los árbitros cada vez que os pitaban en contra…yo, que nunca entendí de penalties ni de fueras de juego, que adoraba ir al teatro o al cine y nunca me acompañaste.

Tú me querías, a tu manera, que no era ni la más romántica, ni la más digna. Era solo eso: “a tu manera”. Y supongo que a tu manera me fuiste haciendo pequeñita, pequeñita…casi como una partícula de polvo, hasta que desaparecí. Vivías conmigo, pero sin mí. Me abandonaste emocionalmente, como se abandonan a los perros viejos en las autovías, para alguien ejecute el violento final.

Ahora soy yo quien te abandona. Porque sí, porque ya nuestros hijos volaron; porque ya no tengo cuerpo que resista unos tacones de aguja, pero sí un alma embrutecida por la desazón vivida a tu sombra todos estos años; porque me miro al espejo y no me reconozco en las canas que peino, pero me basta el coraje para enfrentarme sola a la vida: porque me duele lo poco que me he querido para quererte a ti tanto; porque tú no me valoras, y yo lo he aceptado en actitud sumisa y complaciente, pensando que mis problemas no eran nada comparados con los tuyos, pero me equivocaba, porque sí lo fueron.

Ahora ya no te quiero, o tal vez lo justo para sentir una lejana pena por ti. No, no te quiero y punto. Cuando dejes de leer esta nota en la nevera, no me busques. Quédate con Pisa y mi camiseta de Messi. Quédate con tus rutinas. Quédate con el recuerdo de lo que fuimos un día. Pero quédate ahí y no intentes buscarme porque me he ido a vivir el resto de mi vida sin ti.

(N.R.H)

domingo, 13 de octubre de 2019 | By: Abril

No somos nada


No sé qué quiero decirte. En realidad…nada. Me basta con volver a compartir contigo una sobremesa: un poco de arroz, sin hambre por tener el corazón en el estómago, un café... Uno más y luego la nada. Tú a tu vida y yo a la mía sin una despedida que nos merezca la pena…

Sé que te morirás de ganas por volver a besarme, pero no lo harás. Sé que si no te mueres tú, sí que lo haré yo. Siempre contenida; siempre respetuosa y pendiente de no caer en la tentación de volverte a repetir lo que ya sabes: que vivir sin ti es posible, pero amargo; que nunca te voy a olvidar, si no lo he hecho ya, después de tres años; que nunca es tarde si la gente importa, si el olvido no cubre de cenizas un sentimiento que es tan fuerte… que puedo olvidar pero no quiero. Que no me importa lo que tardes en volver  a mí, porque no tengo nada mejor que hacer que esperarte.

No bajo la guardia contigo, sino que cada vez mis intentos son más evidentes.Y te pienso, y te veo y te echo de menos aun cuando estás a mi lado contándome tus rutinas. 

Yo no soy capaz de sacarte de mi caja de historias pendientes. Y te pido como único deseo cada vez que soplo velas. Pero pasa el tiempo y tú no estás. O estás pero no, porque no puedo tocarte. Rehuyes mis palabras, cambias de tema y sigues haciendo como si no fuera contigo la cosa; como si nunca hubiésemos estado ahí, en esos momentos donde los dos fuimos uno…y ahora no somos nada. 

(N.H.R.)
jueves, 3 de octubre de 2019 | By: Abril

Lo que el viento se llevó...



Estos días he vuelto a hablar contigo. Reconozco que fue un asalto lo del martes. Presentarme en tu trabajo junto con dos amigos, con la excusa de que pasaba por allí, era innecesario. Más bien patético a dos días visto aunque dicen que en el amor y en la guerra todo vale. No sé si es amor lo que me une a ti, pero una guerra seguro. La guerra porque no pasa un día en mi cabeza que no te piense, que no quiera volver contigo, a pesar de las infinitas veces que me he oído despedirme de ti “definitivamente” a lo largo de estos años.  Mira que lo tengo ensayado, al estilo de “Lo que el viento se llevó” pero con los papeles invertidos… Tú te verías sinceramente ridículo, desde luego, al final de una larga escalera vestido como Escarlata O´hara rogándome que no me fuera; pero yo sería un respetable Rhett Butler con bigote en hilera de hormigas sobre el labio superior diciéndote aquello de “Francamente querida, eso me importa un bledo”.

Aún así, el martes te noté nervioso. Me hiciste incluso en tu discurso un par de guiños con dos comentarios que solo yo podía entender. Y me encantó, porque quiero pensar que una parte de ti aún está enamorada de esa parte de mí que rompió tus esquemas y volvió todo tu mundo del revés.

Te pido un favor, puede que ya no seamos aquello que una vez fuimos y no le contamos a nadie, pero no me llames amiga, porque esa palabra en tus labios suena triste y se ve traída con calzador, además de que me hace daño, porque sé que no me sientes como una amiga, y porque siempre serás más que eso para mí.

Después de mi enésima irrupción en tus rutinas, he recibido un baño de realidad y todo ha vuelto a ser como antes: tú finges que me has olvidado y yo busco excusas para restablecer el contacto contigo, con la esperanza de que al sumarse un tú y un yo salga de nuevo un nosotros.

Sinceramente, ni por asomo creo que quieras volver atrás, hasta aquel tiempo en que olvidábamos la vida juntos por unas horas. Para qué negarlo: soy la mitad de ese cuento que se quedó sin guiso de perdices y aún pretende salvar algo de la quema.

Los dos sabemos que no estoy bien sin ti y empiezo a pensar que ya casi rozo el acoso contigo. Tú no tienes la culpa de cómo te echo de menos y nada va a cambiar eso, porque no puedo evitarlo.     


(N.R.H.)

Peor de lo que soy y mejor de lo que fui



Lima 01 de octubre del 2019

Hola mi amor, te escribo esto porque no soporto la idea de pensar que te irás de mi vida. 
Debo confesar que me invade el miedo y un sudor frío corre por toda mi piel, Nunca me había sentido así de mal mi amor, solo quiero escribirte esto para que, si en algún momento llega esta carta a tus manos, puedas saber y entender lo que estoy sufriendo sin tu ayuda. 
Me siento solo, Siempre me sentí solo ¿sabes? Pero no te confundas, así me sentía antes de conocerte, pero en ti encontré mi mejor amiga, la persona más adorable en la faz de la tierra, la que con su cariño y amor supo hacerme cambiar lo que era, la que me hizo recordar que con amor se puede todo. 
Sin ti no sé a dónde ir, perderé mi clase con la doctora Fernández, porque no quiero ir a la universidad, Me duele todo el cuerpo, Quisiera que estuvieses conmigo aquí y que me dijeras que no habrá nunca nada más que me lastime y que me lleves a un lugar lejos y ser felices ¿Ye gustaría eso mi amor? ¿Te gustaría irte lejos de todos y ser felices por siempre? Yo sé que sí, porque a mí también me gustaría. 
Ya no le temo a nada, solo quiero cerrar mis ojos y no abrirlos más, bueno quizá solo para verte una vez más. Si muero me gustaría tanto ser un perrito (porque se que te encantan y te mueres por ellos), para poder estar contigo y que me abraces y me beses mucho, y sería el mejor perrito del mundo, no me quejaría y jugaría contigo siempre, te esperaría todos los días que regreses de la universidad, para que me sobes la pancita, dormiría contigo, si… eso quisiera ser, si muriera, un perro para que me ames.
Es ahora que lamento no haberte hecho caso cuando me pedías a gritos mi amor. Lamento no cogerte de la mano cada vez que salimos de clases. Lamento no poder haber estado ahí contigo cuando murió Haru, Lamento no haberme tomado esos tragos que tanto querías y no haber bailado contigo el día de tu cumpleaños. Lamento ser tan egoísta y pensar más en mí que en ti, Lamento haberte faltado el respeto tantas veces. Lamento mucho eso. Lamento no haberte abrazado rodeando tu cintura como tanto te gusta, Lamento haber dejado de ser detallista, Lamento mucho no tener más lagrimas para llorar este momento. Lamento haberte encasillado, Lamento haberte dicho que no quiero ir a tu casa por estar tan lejos, Lamento todo,,, 
Lamento ser tan inútil y no haberte sabido amar como tu querías, no haber encontrado la forma de demostrarte que tu primer amor es algo lindo y que es eterno, lamento ser neurótico y enojarme siempre, lamento haberme enojado siempre que estaba cansado y no quería acompañarte, de no mirar tus vídeos, de no escuchar tus canciones que me mandabas, de no prestar atención a tus fotos conmigo, quiero tomarme muchas fotos quiero hacer un álbum de ellas, lamento haberte dejado de llamar por las noches y quedarnos hasta amanecida despiertos, lamento las faltas de risas, las lágrimas, el dolor, esta carta, sentir estúpido, lamento por sobre todas las cosas no haberte valorado, lamento tanto sentir este dolor que no me deja en paz.
Me despido triste porque no he podido comunicarme contigo hoy, ojala mañana pueda escribirte o que me contestes, contéstame amor ¿sí?, prometo ser mejor persona y ser mejor amigo. Sé que al morir no reencarnare como un perro, pero si muere lo que fui seré las otras dos cosas. 
(Gino Alfaro Salhua)
jueves, 10 de enero de 2019 | By: Abril

Hubiera querido decirte...


Hubiera querido decirte tantas cosas antes de que te marcharas que me callé para siempre.

Te hubiera pedido que te quedaras, que te quedaras un rato más, una hora, dos, tres, cuatro, conmigo, y a la mierda el mundo. Que perdieras el puto autobús sólo por querer quedarte conmigo. Que quisieras perderlo.


Te hubiera dicho que te quería, y me hubiese temblado tanto la voz que te habrías creído que era mentira y sólo un motivo para que no te fueras; pero es que se me habrían empezado a empañar los ojos y me hubieras creído sin dudarlo. Creo que me hubieras dicho que no llorase y me hubieras abrazado, como tantas veces lo hicimos ese día.


Te hubiera dicho que fui tan feliz como jamás había dejado a nadie que lo hiciese. Que fuimos felicidad en estado puro, que me sentí como Sophie y Julien pero siendo nosotros, aún siendo sólo tú y yo.
Te hubiera pedido que volvieses, que me lo prometieses aún sabiendo que las promesas se rompen. Que me dijeras que querías volver sólo por no tener que despedirnos, que odias las despedidas y esos besos que nunca sabes si son el último o el primero.


Te hubiera pedido que no te olvidaras de mí y es que contigo quería ser egoísta tanto tiempo que me consumía. Que me consumías también y quizás nunca te diste cuenta de ello. Y ojalá ahora te lo pudiese gritar bajito al oído.


Te hubiera pedido que me besases como si fuéramos el último segundo del mundo. Que nos evaporásemos entre bailes de bocas que sólo llevan a querer desear más, y más y luego todo.
Te hubiera agarrado de la mano tan fuerte que hubieras notado las ganas que tenía de no perderte nunca.
Hubiera hecho tantas cosas que decidí besarte y decirte que todo estaba bien.


Del blog: Mírame cuando no te hablo

Más de cien latidos por minuto: tú.




Taquicardia.

Me soltaste aquella palabra como si todo su significado fueras tú. Me explicaste que te gustaría que fuera el título de tu futuro libro, el que todavía no existe; pero es que tú no sabías que aquella palabra era todo lo que sentía cuando tú me tocabas, o tan solo me mirabas. Que se me hubiera parado el corazón si hubieras pensado en quitarme un dedo de encima. Que dejaba de latir cuando tú te marchabas, cada vez que te ibas sin saber si te volvería a ver, aunque en realidad nunca hubieras venido y nunca hubieses pensado en quedarte.

El corazón marcaba el ritmo de cada palabra que pronunciabas y a mí me hacías más feliz cuando no me dejabas hablar y te ponías a contarme tus historias, tus recuerdos o tus tristezas mientras yo te escuchaba como mi canción preferida, la que no quería dejar de escuchar nunca.

Disfrutaba más de tus silencios que de todas las conversaciones banales que tenía a lo largo del día. Todo lo que callabas era lo que más decía de ti y lo que yo siempre me ponía a escuchar con detenimiento. Y que no me hablen de silencios incómodos si no te han visto callarte y sonreír como si el mundo se fuera a partir en dos y a mí me diese igual si todavía seguía mirándote.


Nos hicieron más daño todas las verdades que las mentiras que jamás nos contamos y es que contigo aprendí la relatividad de lo verdadero y lo falso, de la ignorancia y la felicidad, de ti y de mí. De la inexistencia de un nosotros jamás formado pero que yo tantas ganas tenía de construir y tú tantas ganas de romper.
Te quise tanto que todavía te sigo queriendo, pero esto, amor, no es una despedida, porque las despedidas no vuelven y yo estoy dispuesta a volver aunque nunca me haya ido.


Del blog: Mírame cuando no te hablo