sábado, 19 de marzo de 2011 | By: Abril

Tres amigas



NO TE PREOCUPES, CARMEN (24.12.2010)

Sé que no lo entiendes muy bien, porque me dices que tendré muchos otros días para cenar sola. Insistes en que cene con vosotras en Nochevieja, que me vaya a comer en Año Nuevo. Y te digo que no, que tengo que aprender a construir nuevos recuerdos en fechas señaladas. Y a construirlos sola, porque sola es como voy a estar de aquí en adelante. Ya sé que no lo entiendes y que te preocupa cómo voy a empezar el nuevo año. Consigues arrancarme la promesa de ir a tomarme las uvas a tu casa. Yo te digo que no se me ocurre nadie mejor con quien empezar el 2011. Te conformas, haces que te conformas, mientras me sirves vino y sigues cortando la carne. Te digo que estaré bien, que no te preocupes…. No me crees.

Me gustaría que me creyeras. Convencerte y convencerme de esto que digo en voz alta, no sé si para ti o para mí misma. Porque sé que estaré bien. Que ya lo estoy un poco en algunos momentos. Estoy bien, por ejemplo, este rato que comemos juntas, que seguimos compartiendo confidencias. La vieja, sana y divertida complicidad entre nosotras. Estoy bien cuando todo va mal y te tomas un café conmigo. Estoy bien cuando no puedo arreglar las cosas, pero tú me das un abrazo grandísimo y me dices: “Venga, no pasa nada, ya verás como todo se arregla”. Estoy bien, porque tú te empeñas en que lo esté con una tenacidad encomiable. Por eso sé que voy a estar bien, repito, porque pase lo que pase, tú vas a estar ahí, recosiendo mis alas rotas y animándome a remontar el vuelo otra vez. Como has estado siempre.

Un abrazo muy fuerte, Carmen.

MANZANAS (A PILAR), 23.12.2010

Llegas a casa, Pilar. Y yo te espero en la entrada de la plaza, como si fueran a venir los Reyes Magos, aunque no sea seis de enero. Y me pones manzanas en las manos y una cajita de bombones. Y se asoman las manzanas entre los nudos de la bolsa de plástico. Amarillas. Perfectas. Redonditas. Exactamente iguales a aquellas manzanas que cada día de Reyes nos guardaba la abuela a los niños. Mandarinas, pasas y manzanas para nuestras manos inquietas y nerviosas. Pequeños tesoros de cariño, que escondía cuidadosamente para regalarnos. Eran su sorpresa de Reyes. Y cada seis de enero volvían a crecerle en las manos mandarinas, pasas, piñones, peladillas y manzanas, como si hiciera magia. Porque siempre eran las mismas manzanas del invierno.

Vienes, Pilar, a verme. A asegurarte de que no cenaré sola en Nochebuena. Cualquier excusa sirve. Por ejemplo, esa media docena de manzanas que pones en mis manos, mientras me abres los brazos. Me vienes a decir, tragándote las lágrimas: “Te llevaría a cenar mañana a casa…” Y se nos quedan en el aire esos puntos suspensivos que encierran todo un mundo de ternura y de afecto, amiga y compañera del alma, mientras nos damos un abrazo larguísimo con sabor a bombones y a manzanas.

PARA LEO (27.12.2010)

Me escribiste, Leo, un mensaje de Navidad. Me quedé dándole vueltas. Tú, que tanto sabes de Navidades en las que crece la nostalgia de los días felices ante la mesa de la Nochebuena, me mandas ese mensaje que viene a decir, y yo lo sé, que estás ahí. A recordarme que siempre estás. Con una presencia callada, pero firme. Siempre ahí.

Me traías bocadillos a la puerta de la UCI y yo pensaba cuánto debía de costarte entrar al hospital. Y, sin embargo, sonreías para mí, me obligabas a comer, me dabas un abrazo de buenas tardes e intentabas pasarme un poco de fuerza y de cariño. Y no pudo ser. Mi padre se nos fue en Nochebuena. Ahora es mi madre. Otro hueco en el alma, otro vacío más. Hace frío, Leo. Como en aquella Nochebuena de 1994 en que murió mi padre. Pero esta vez no había nadie aquí para abrazarme.

(Blanca)
jueves, 3 de marzo de 2011 | By: Abril

Tus ojos



Hola Ana:

Desde mi oscuridad te escribo con la ayuda de uno de esos aparatos de los que te hablé. Yo hablo y el aparato escribe. Milagros de la técnica. Te escribo para decirte que nunca me consideré romántico.

Siempre oí hablar de cenas a la luz de las velas, paseos bajo la luna llena, besos
bajo una farola, que si todo a media luz, que si la luz de la hoguera se reflejaba en tu rostro...

Comprenderás que a mí todo eso me da igual. Yo sólo sé que estoy bien a tu lado; que me siento seguro, confiado. Sé que de tu brazo no hay obras en la aceras, ni alcantarillas rotas, ni coches aparcados en los pasos de peatones. Que quiero ver
por tus ojos el resto de mi vida. Se que aunque tus ojos no vieran querría seguir
viendo por ellos. Me gusta contarte chistes verdes al oído, oír tu risa y tu suave gruñido diciéndome: tonto.

Me gusta tocar tu pelo suave y ondulado. Porque yo no soy romántico, para eso hay que ver.

Simplemente es que no concibo el resto de mi vida sin tu compañía.

Un beso. Juan.

(Jesús Moreno Hidalgo)

Nota: (Mi amigo Juan es ciego.Aquí reproduzco una carta que le envió a la que hoy es
su mujer, Ana. Ambos tienen una niña de cinco meses).

A ti, que has ocupado mis últimas seiscientas tardes...


Querido Tú:

Habrás notado estos días mi ausencia. En parte ha sido una ausencia voluntaria. Necesitaba pensar en ti, en mí misma y en eso que hemos venido llamando “lo nuestro”… No ha sido fácil, pero era un paso necesario que ha abierto la puerta para empezar a olvidarte, o mejor dicho -porque olvidarte del todo es imposible- para intentar prescindir de ti.

No, no es venganza ni desamor. Nunca he pagado las ausencias con la misma moneda, no. Es tan sólo cuestión de supervivencia. Este esperarte incondicionalmente pasa factura a diario ¿sabes? Y ya resulta demasiado doloroso.

No es falta de cariño, como dice la canción; tal vez la ilusión empiece a debilitarse un poco, eso sí, pero el amor sigue intacto… Sin embargo es un amor que mata lentamente en cada giro inesperado, en cada desencuentro. En cada querer y no poder…Parece que vernos supone para ti un esfuerzo titánico que requiere anular otros compromisos… es por eso que yo, desde hoy te libero de éste, que nunca fue un compromiso al uso, sino una aceptación de las dos partes de compartir algo que nos pareció sincero y sin edulcorantes.

Nos ha durado bastante tiempo, claro que siempre pudo ser mucho más. Bueno, no se trata de lamentarse por lo que pudo ocurrir, sino más bien de celebrar lo que ocurrió, que siempre será bonito de recordar.

Y si algún día las circunstancias cambian y nos dejan volver a vivir “lo nuestro”, ¿quién sabe? Tal vez vuelva a encenderse la llama que hoy se atenúa, pero que nunca se extinguirá (lo sé, lo sabemos ambos).

No te entristezcas, no me llores, no te aflijas con mi recuerdo; piensa que mereció la pena y sigue tu camino, como yo seguiré el mío, intentando sobrevivir a tu recuerdo. Al fin y al cabo, la vida es eso: tratar de superar las despedidas con las que continuamente, quien sea, nos pone a prueba…

Tuya siempre.

Yo.

(La Dama)
lunes, 28 de febrero de 2011 | By: Abril

Instrucciones para el olvido


Madrid, siempre es incómodo, siempre es triste verte pasar frente al ventanal, cuando estoy dentro mordiendo papel y carbón, destruyendo cada poema que te escribí, reescribiendo tu incoherencia con las migajas del pan, haciendo un silencio con mi índice adentrado en el agua esparcida en la mesa. He intentando enterrar el cadáver que dejaron tus zapatos sobre mis manos después de cargarte, esos zapaticos de muñeca de porcelana, pequeñitos, tan tuyos, tanto color y algarabía concentrada en tus pies. Quizá ellos sean los únicos culpables de buscarte y empezar a seguirte, de creerme la teoría de “encuentro casual” en pasillo, esquina o escalera, cuando adentros me grito su falsedad que es también la mía. Hoy comprendo que los intentos son un simple engaño, una palabra que habla de medias tintas, verdades inconclusas que no terminan siendo legibles, porque a fin de cuentas nunca intenté alejarme, quizá ese siempre fue el estado natural.
Sé que soy un hombre que no ha logrado decirte todo respetando la cohesión y coherencia de la gramática, que me pierdo en el discurso y no sigo el gran ejemplo retórico de Bolívar, más que nada he olvidado el uso del punto y aparte. Mirándote e irrumpiendo con mis manos tu rostro, secando las goticas que siempre se quedan ahí en la comisura de frente y cabello cuando pasamos bajo el cedro, me he sentido tu pintor, el único capaz de rehacerte.
Madrid, sólo he sido puntos suspensivos, botones en el vestido, conocimiento de saberse loco y esconderse en la calle, tú mi reportera y yo la noticia cuando ya no había novedad y hasta nosotros dejamos de sintonizarnos. Abrazos de los que aún no me recupero, por quienes deliré, los llevé a Rayos X, fue el proceso más largo de desintoxicación; busco, créeme que busco la pócima, la salida, el boleto ida y vuelta para abandonar la estación.
He sabido memorizarte, rezar tu cédula, enfermedades, presentir los escalofríos ligeros, callar los enojos para terminar mordiéndote las lágrimas sentado junto a ti en cualquier rincón, mientras te deshojo del dolor poco a poco con esos lugares comunes de “todo va a estar bien”, discúlpame por las caminatas de cinco cuadras donde le daba la espalda al mundo sólo para mirarte, por quedarme callado tanto rato, a veces no podía hablar porque en mi todo era duda, niebla, un tiempo donde me faltaba independencia, cuando la hora la levantabas tú y el segundo lo trabajaba yo, haciéndome la vista gorda cuando todo me barría contigo. Ahora te revelo la respuesta que buscabas, sí, eras la de otros nombres, fuiste epígrafe, dedicatoria, inauguración, pero tenía que llegar este día para asimilar que contigo no se baja mi Santa María, que en definitiva el mayor apego le pertenece a mamá y ando solo por la calle.
Dejé de ser Esteban para llamarme Madrid, a ver si así te comprendía, si lograba dar con la ecuación de pertenencia, si contrarrestaba el juego que iniciabas donde siempre terminábamos correteando y riéndonos de la nada, de una burla al moralismo de Kant. Lo cierto es que me perdí, dejé de sentirme porque todo era bulla, gente y ese nombre tuyo caía por los lados, rebotaba en mi almohada y se encendía jugando a saludar tu nariz como lo hiciese Pepeto con Pinocho; entonces fundé una filosofía de ti y todo podía ser relativo a los sentidos, desde ahí comenzaría la dialéctica madrileña, el negarte o no.
Esos los recuerdo como días de ceguera, el único colirio efectivo es la voluntad. Me uní a la cofradía “Almas en pena” cuando realmente quería reír de alguna mariquera de los carajos de “Hueles a piña madura”, me hice víctima frente a un pelotón de soldados elegidos por mí, hoy sé que eran sólo miedo, hoy recupero la libertad.
Madrid, el amor es un descubrimiento, es tan difícil de desenredar como tus trenzas disparejas por las que casi caes. Me acostumbré a conjugar verbos contigo, olvidándome del sentir, del ideal, del olor que es verdad respirable, de elegir dónde y con quién quería estar, porque muchas veces no llega a la boca lo que la esencia reclama y soy muy necio.
Por ahí muchos dicen que hay personas que no se olvidan, desde hoy entras en ese grupo, pienso que en este tiempo fuimos cómplices de la continuidad, de alguna mala traducción de un poema, las instrucciones para mascar chicle o la locura irrefrenable de los dos.
Mi agradecimiento, una metáfora por abrazo y la palabra por despedida,
Esteban Duran

(Carmen Chazzin)

El último poema del mundo


Para: la ciencia
De: un simple humanista

Me he tomado la molestia de redactarte esta carta que quizás no leas. De seguro estás muy ocupada coleccionando dinosaurios, inventando nuevas armas letales porque las actuales no te gustan o visitando otros planetas mientras el nuestro se desmorona.

No soy estúpido, sé que no me tomarás en serio pero mientras sigas leyendo estas líneas, harás feliz al mundo con el simple hecho de no estar haciendo nada. Dejando las cosas así como están por unos minutos, muy pocos minutos… pero haciendo feliz.

No sé si te lo habían dicho pero soy bachiller en ciencias y estoy totalmente arrepentido porque siento que no me ha servido de nada la niñez ni adolescencia en mis andanzas por primaria y secundaria, la cual, hasta hoy, he dedicado a la lectura de tus escritores y tus fuentes porque así dicta la ley del estudiante. Y aunque a veces tiendo a rozar la exageración, te diré que, hasta hoy, de nada me ha servido la vida. Donde cada libro o enciclopedia, cada tesis, ni siquiera las teorías, han valido la pena porque mi verdadero problema, hoy por hoy, es el amor… y a mí nadie me enseñó de eso.

Por lo que tengo entendido, el amor es eso a lo que aun no has podido darle una certera definición en tu aburrido diccionario. Empezando con que “amor” no es una palabra; es eso que no sabemos y que no queremos saber porque se perdería la magia. Amor es una pregunta a la cual no queremos encontrarle respuesta, motivos o porqués pero por alguna razón se lo buscamos. El amor es eso que el cobarde grita al mundo y que el valiente calla. Porque hay que tenerlos bien puestos para poder silenciar una fuerza como ésa.

Ojalá en el mundo habitaran más respuestas que preguntas para que tuvieses un tiempo libre, al menos unas tres horas por semana y te fijaras en nosotros. Sí, no estoy solo, hay millones como yo. Sé que han muerto grandes hombres en el nombre de la ciencia, pero cada día mueren miles por amor y ésta es una muerte constante, más seguida. Una muerte que los noticiarios deberían tomar en serio. Por ejemplo: mi cartero muere semanalmente porque no se ha atrevido a hablarle a mi vecina e irónicamente ella se muere porque el cartero no le habla. Ahí está María, se murió el lunes y quizás mañana en la mañana también muera porque intencionalmente rompió una tubería tan sólo para ver a Jaime, el plomero. Mi jefe que se muere a diario por la secretaria. También estoy yo, que he muerto un par de veces por besarla y ni te imaginas cómo morí cuando tuve que alejarme de ella para perseguir un sueño y me quedé solo.

El amante no le tiene miedo a morir porque ése es su trabajo. No hay guantes, no hay lentes protectores ni un ratón que haga el trabajo difícil por ti. De este lado cada quien experimenta. No hay reglas ni normas de seguridad, no hay barreras protectoras. Aquí el golpe se recibe en seco y muchas veces no hay aviso.

Tú seguramente ni siquiera puedas explicarte cómo Beethoven, siendo sordo, pudo tocar el piano de esa manera. Es que la música no hay que oírla, sólo sentirla y dejarse llevar. Probablemente tu objetividad obligatoria no permite que puedas expresarte como quisieras y hasta una que otra vez no todo lo que descubres lo puedes decir. Fíjate. Ya tenemos algo en común: hay sentimientos prohibidos que sería de locos revelarlos.

Comparando: tú has viajado al espacio y yo me lo imagino. Tú estudias la historia, yo la olvido. Tú asimilas el presente, yo lo vivo. Tú buscas el futuro y yo lo espero. Esperar como quien espera su comida mientras se toma una copa de vino, platicándole al espejo que no está seguro si tiene hambre o simples ganas de comer.

En fin, si la tecnología sigue evolucionando a este ritmo, en muy poco tiempo se acabará la poesía. Por lo menos yo no le consigo belleza a esas piezas de metal sin alma que facilitan los trabajos del hombre. Ciencia, no pido que te detengas porque tú también tienes derecho a luchar por lo que quieres. Me sentiría similar a ti si te evitara el sueño y no soy nadie para hacerlo. Una última cosa, si llega el día en que desaparezca el último poeta de la tierra, no inventes una máquina que nos sustituya. Déjanos morir y ten en cuenta que sólo tú tendrías la culpa… por eso te pido que no vayas tan rápido.

Por favor. Hazme caso y piensa bien, asesino de poetas, porque si me hiciste perder el tiempo escribiéndote esta carta, pude haber utilizado el tiempo y estas mismas hojas para escribir el último poema del mundo.

(Angel José Rodríguez)
sábado, 26 de febrero de 2011 | By: Abril

La cafetera

Querida Milagros, te escribo esta carta para confesarte algo que soy incapaz de decirte mirándote a los ojos. He sido un cobarde y todo lo que he hecho, a tú lado, responde a una mentira. Una mentira que, en realidad, son muchas, puesto que donde hay una suele haber más, para justificar lo que no tiene perdón.

Milagros: estoy casado. Sí, ya sé que te dije que no tenía ningún compromiso; ya sé que te prometí amor, hijos y una vida en común; ya sé que he utilizado ese “nosotros” que suele a acompañar a un proyecto futuro con frecuencia. Lo sé todo. Pero no lo he podido evitar. Me gustaste y te quise para mi. Aunque sólo fuera por un rato. O para pasar el rato.

Hace menos de un año volviste a aparecer. Llevaba sin verte desde lo tiempos del colegio. No te parecías en nada a la niña que fuiste pero me volviste a apetecer como cuando, pupitre con pupitre, me soplabas los exámenes. Mantenías ese aroma que me hizo recordar una etapa feliz de mi vida. Te vi, te reconocí y, de pronto, tú sonrisa hizo que me sintiera mejor. Logró que me olvidara del tedio de mis días, de todos los compromisos: hijos, mujer, trabajo...Los problemas se esfumaban en tus brazos pecosos y cálidos. Me encantaba jugar a ser libre, a imaginar una nueva vida. Veía en tus ojos la ilusión que yo había perdido y la energía que nunca tuve.

No te amaba, Milagros, no. Nunca te he amado. Te mentí para acostarme contigo. Y te volví a mentir porque me gustaba que me quisieras, me gustaba que me admiraras. Luego, ya no pude dar marcha atrás.

Desde entonces ha pasado un año. Hoy has aparecido a la salida de mi trabajo con una sorpresa. Un regalo por nuestro primer aniversario. Era una cafetera. Una cafetera normal y corriente. Y has dicho: “Para cuando tengamos nuestra casa. Mi madre siempre decía que es lo primero que hay que comprar para que una casa sea casa”.

En ese momento me he dado cuenta de que no podía seguir alimentando esta situación. Milagros: no vamos a vivir juntos, tampoco tendremos una niña con pecas en los brazos, ni un gato rojo de maullido ronco. ¿Por qué? Porque nada de lo que he dicho es verdad. Porque todo eso -casa, mujer, hijos e, incluso, cafetera- ya lo tengo y deseo conservarlo.

Esto es todo. No puedo decir más. Ni siquiera puedo pedir perdón porque todo lo que he hecho es imperdonable.

A veces, la verdad, es mucho peor que la mentira.

Alejandro

(Ayanta Barilli)

Exilio sentimental


Querido Alberto:

No hago más que darle vueltas a lo nuestro, porque de un tiempo a esta parte he notado que no tienes tiempo para mí. Tu trabajo y tu otra vida te ocupan demasiado. No quiero pedirte lo que no tienes y lo que no me puedes dar, porque no puedo pedirte nada y siempre he vivido siendo consciente de ello. Pero si no puedes darme nada tampoco me veo capaz de seguir con esto. Nos queremos ambos, estoy casi segura de que sentimos lo mismo y de la misma forma, pero este amor empieza a hacernos ya daño. No puedo pensar que lo nuestro se limite a seguir enviándonos correos bonitos y a planificar citas que no llegan. Todo parece ser muy difícil para que nos veamos en las últimas semanas y no puedo seguir viviendo con esta angustia de sueños rotos.
Tienes una vida demasiado ocupada. Y yo me voy quedando en un rincón cada vez más pequeño de tu memoria. A veces noto cómo me cuesta respirar. Y siendo tal vez un poco egoísta…ya no me conformo con que de vez en cuando me cojas el teléfono o me mandes un e-mail rápido diciendo que me quieres con el alma de una forma que empieza a parecerme hueca, vacía…
Tal vez, ahora que me voy empieces a saber de verdad lo que me has querido y lo que puedes llegar a echarme de menos. Tal vez intentes buscarme, pero te anticipo que todo será ya inútil. Nunca ha habido dos oportunidades para el mismo amor en mi vida. Nunca vuelvo a mirar los renglones escritos en el pasado…el amor se agota y a veces no, pero en ocasiones, es necesario sacrificarlo para seguir viviendo y salir adelante. Y yo necesito liberarme ahora de ti y de tus pensamientos porque ya me he cansado de no tener espacio en tu vida. De no ser lo suficientemente importante para ti como para que me dediques más tiempo…Cuando te hagas demasiado mayor para intentar arreglar las cosas te darás cuenta de que todo es pasajero y casi nada es imprescindible, salvo disfrutar del tiempo que tenemos siendo felices junto a la persona que queremos…Si esa persona no soy yo, permíteme ya que me retire del juego y le deje paso a la que está por venir…

Sinceramente tuya:

Magdalena.

(La Dama)