jueves, 24 de enero de 2013 | By: Abril

Negro, azul, plateado, dorado, blanco


Negro. Antes de que sus ojos te vieran, de que su encuentro con el tuyo revelara una verdad oculta en sus sueños, ella creía que el color que la envolvía en su eterno buscar y su esperanza era oscuro y extraño, creía que el mundo sólo era algo en lo que le había tocado estar para ver la injusticia y el mal que lo gobernaban...

Azul. Cuando por fin ella aceptó lo que le sucedía, y se dejaba llevar por ese ejército incontenible de luces invisibles, la sola imagen de su presencia le alteraba, tanto que sus sueños le llevaban hacia él, la persona con la que sin saberlo lo compartía todo.

Plateado. Cual color mágico se apodera de su espíritu y alza el vuelo hacia un nuevo destino, intrigante, sonoro y esquivo. Él le abraza en un momento de inquebrantable belleza, belleza de esas que sólo se sostienen en el pequeño tiempo que las sustentan, para quedar forjadas en las letras de una memoria compartida.

Dorado. El momento en el que sus sentimientos se miran, aquel ejército llega al a cima que creía inerte y descubre el dorado sol que alumbra los nuevos campos del destino. Todo es real, no es un sueño más, y lo más increíble, él también lo ve. La luz deja ver la sencilla verdad que llevan dentro y la unión se hace fuerte, puesto que se hace desde lo más profundo, dónde las raíces se abren paso entre la tierra y de ellas surgirán las cenizas del no olvido.

Blanco. Ahora que el tiempo ha dado paso a su cólera, caminamos por este sendero incierto entre luces y sombras, deleitándonos en nuestro caminar gracias al verdad que se hizo libre, aquella vez que nevó en Torrelodones 19 de febrero del 2003. Por eso te escribo esta carta, sólo para recordar, y para mirarte una vez más a esos ojos azules, misteriosos y valientes.

Azul es el color que buscaba y te encontré.

(Begoña N-Mera)

miércoles, 23 de enero de 2013 | By: Abril

Las cosas que nunca te dije



(Y nunca te las dije, pero te las diré esta noche)

Sabe Dios que no debiera,

pero sabe que me rompen.

Me olvidé de decirte: los besos que no te he dado,

las noches atormentadas queriendo frenar mi cuerpo de deseos y esperanza…

Me olvidé de las palabras que nunca me dijiste.

Te olvidaste los silencios prendidos en mi almohada.

Me olvidé de decirte que una vez tú me besabas,

con los ojos solamente porque el alma te temblaba.

Me olvidé de preguntarte si me querías,

y esa duda está presente en mis noches y en mis días.

Me olvidé de los recuerdos del pasado que moría,

para dar paso al futuro que ante nosotros se abría.

Y a ti te dio tanto miedo de quererme a escondidas

que se te olvidó decirme que me quieres , Vida mía.

Desde mi rincón de los sueños...


 
Porque yo dejé escondidos los sueños, los sueños que en algún momento esperaba encontrases, las esperanzas e historias que quería compartir contigo.

Yo dejé escondidas las sonrisas,  los libros, los poemas, los versos y todos aquellos recuerdos que ahora se amontonan en mi memoria.

Yo dejé escondidas las palabras que olvidamos en el cielo de la Luna, las miradas que furtivas se han marchado con el viento, los anhelos, las situaciones y las mil cartas de amor que te escribo cada noche en el rincón de los sueños.

He reservado en el último abismo de la Tierra un pequeño paraíso lleno de todos  aquellos recuerdos, de los recuerdos que escondí para ti, para nosotros.
Espero que algún amanecer me diga dónde están tus deseos, para esconderlos del mundo, de la Tierra y hasta del cielo. Para guardarlos en un rincón del alma en donde nadie pueda verlos...

(La Noche Recia)
domingo, 20 de enero de 2013 | By: Abril

Recibe esta carta

 
Algo cambió desde aquel 4 de Noviembre, y sabía que nada volvería a ser lo mismo.
Tarde fría, destemplada, no podía ser de otra manera; te habías ido, y con vos se fue mi infancia, mi adolescencia y parte de mi juventud.
Estas etapas de mi vida están ligadas a vos, y recordarlas me remiten a caricias, miradas de infinita ternura, largas tardes de mate y novelas, aromas a albahaca y sopitas de invierno.
Saber que yo era una de las razones que alimentaban tu existir me daba una extraña sensación de importancia, me sabía tu preferida.
No me contaste cuentos en camisón, pero me contaste tu vida, que para mí fue el más hermoso de los cuentos... Te alegraste como nadie con el nacimiento de mis dos hijos, y a partir de ése momento fuimos tres tus preferidos.
Te recuerdo siempre, con tu batón y tu mate en la mano, siempre calentito, tu pelo canoso y tu enorme cara de Abuela.
Te extraño.

P.D:No sé mucho de literatura, pero esto proviene del Corazón. ¿Vale?
 
(MariaL)

Estés donde estés...


Aquel día te vi, lucías hermosa y tierna, te mostrabas fuerte y débil, tan grande y tan pequeña, tan llena de misterio y expectativa. Caminamos juntos para aprender a vivir, un poco más. Era bello, mágico, tal vez único.

El misterio de tus flores me hicieron soñar con un porvenir, tus mariposas me dieron tranquilidad, tus hojas secas pero llenas de energía adormecían mi voz, mientras tu aire se amalgamaba con el mío en la fantasía de un beso.

Me enseñaste a mirar mí alrededor, te enseñé el gran camino que te espera, construimos una torre donde nos refugiábamos de penurias y amenazas, allí tú y yo éramos felices.

Aprendimos a escucharnos...

La naturaleza nos dio la inspiración para alimentar el sentimiento cada día, cada instante, de mil maneras distintas.

Pero un día dijiste no más.

Desde entonces no te he vuelto a ver. Ya no tengo tus bellas palabras, ni tu luz, ni tu fresca belleza, ni tu cuerpo, tampoco tu sonrisa. Aun me pregunto que fue lo que mató la magia.

Hoy camino entre tus recuerdos y la realidad, entre tu ausencia y mi soledad, la incertidumbre del presente se apodera de mis pensamientos, buscando paz, extrañando tu ser, pensando que a pesar de todo compartimos el mismo cielo…

Estés donde estés!!!

(Hericuento)
lunes, 14 de enero de 2013 | By: Abril

Y ahora te recuerdo porque te estoy empezando a olvidar...



Estoy empezando a olvidar todo lo que es el amor. Estoy empezando a olvidarte, aunque aun recuerdo como te conocí.
De principio a final, la verdad es que ha sido una gran historia. Cumplías todos esos sueños que, aunque para mi parecían imposibles, tu los conseguías hacer realidad.
La verdad es que estoy absolutamente perdido.
Hago todo lo posible por que esto no me destroce pero me he dado cuenta de que es imposible. Los 3 mejores años de mi vida los pasé junto a ti y me desgarra el alma tener que ocultar este dolor.
Yo no puedo aparentar ser más fuerte de lo que no soy, tengo sentimientos que aunque no salgan a la luz delante de ti, existen...
Tengo bajones, ¡te recuerdo con todo! con canciones, con simples palabras que me recuerdan a ti.
Te recuerdo al ver a parejas besándose o agarradas de la mano, o al ver una película que a ti te gustaba. Te recuerdo cada vez que lloro porque, tu eras la única que me sabía calmar.
Y ahora te recuerdo porque te estoy empezando a olvidar...
No quiero volver a enamorarme si este es el precio que se paga.
¿De qué me sirve ser feliz si luego lo compensará la tristeza y la soledad?
No se cuantas veces habré sonreído, pero se me hacen incontables las veces que he llorado ya.
Me rindo, por saber que fui yo el que te fallé, me retiro, porque no quiero volver a sentir lo que significa el amor. Me largo, porque no quiero que sufras al recordarme como lo hago yo ahora.
Me despido, entre lágrimas del pasado que aun sienten esa pequeña llama del amor por ti.

De Crístofer Díaz, para B.B.

Nunca te voy a poder olvidar.
sábado, 5 de enero de 2013 | By: Abril

Caricias de nostalgia



No escribo específicamente para ti, ni siquiera sé a quién le escribo realmente, puede que en el fondo sea para mí, como en un desahogo, o más bien un respiro.
 
Nunca… nunca encontré un momento para decirte todo, quizá lo tuve y no lo supe ver, pero ayer mientras esperaba por el bus, sentí tus caricias entre el viento, tocando mi cara, mi alma; fue tanta la nostalgia que hoy tomo el lápiz y el papel para decir esto.
 
Me debes, y es mucho.
Quedé con un antojo que un día quisiste quitarme, pero preferí cuidarte esa tarde en cama del resfrío que nadie más acompañó.

Me dejaste en los pies una caminata por el parque donde podíamos perdernos una tarde entera a solo hablar de nada. A mirarnos, devorarnos sin tocarnos.
 
Me dejé guardado el beso bajo la lluvia que un día soñé después de la primera siesta abrazados; nos reímos al despertar por los ronquidos del otro, pero también me quedé con esas risas que nunca tuvimos, o que no dejamos escapar de nuestro pecho.

Finalmente, buscándote, encontré en mis cosas la primera vez que escribimos algo, y guarde esas palabras como si nunca más pudiera encontrar un tesoro tuyo, porque después de este tiempo, tu olor no lo descubro en ninguna parte, ni siquiera en mis memorias.
 
(Nicholas Varella:  "Lo redondo de vivir..."/ )