jueves, 3 de octubre de 2019 | By: Abril

Peor de lo que soy y mejor de lo que fui



Lima 01 de octubre del 2019

Hola mi amor, te escribo esto porque no soporto la idea de pensar que te irás de mi vida. 
Debo confesar que me invade el miedo y un sudor frío corre por toda mi piel, Nunca me había sentido así de mal mi amor, solo quiero escribirte esto para que, si en algún momento llega esta carta a tus manos, puedas saber y entender lo que estoy sufriendo sin tu ayuda. 
Me siento solo, Siempre me sentí solo ¿sabes? Pero no te confundas, así me sentía antes de conocerte, pero en ti encontré mi mejor amiga, la persona más adorable en la faz de la tierra, la que con su cariño y amor supo hacerme cambiar lo que era, la que me hizo recordar que con amor se puede todo. 
Sin ti no sé a dónde ir, perderé mi clase con la doctora Fernández, porque no quiero ir a la universidad, Me duele todo el cuerpo, Quisiera que estuvieses conmigo aquí y que me dijeras que no habrá nunca nada más que me lastime y que me lleves a un lugar lejos y ser felices ¿Ye gustaría eso mi amor? ¿Te gustaría irte lejos de todos y ser felices por siempre? Yo sé que sí, porque a mí también me gustaría. 
Ya no le temo a nada, solo quiero cerrar mis ojos y no abrirlos más, bueno quizá solo para verte una vez más. Si muero me gustaría tanto ser un perrito (porque se que te encantan y te mueres por ellos), para poder estar contigo y que me abraces y me beses mucho, y sería el mejor perrito del mundo, no me quejaría y jugaría contigo siempre, te esperaría todos los días que regreses de la universidad, para que me sobes la pancita, dormiría contigo, si… eso quisiera ser, si muriera, un perro para que me ames.
Es ahora que lamento no haberte hecho caso cuando me pedías a gritos mi amor. Lamento no cogerte de la mano cada vez que salimos de clases. Lamento no poder haber estado ahí contigo cuando murió Haru, Lamento no haberme tomado esos tragos que tanto querías y no haber bailado contigo el día de tu cumpleaños. Lamento ser tan egoísta y pensar más en mí que en ti, Lamento haberte faltado el respeto tantas veces. Lamento mucho eso. Lamento no haberte abrazado rodeando tu cintura como tanto te gusta, Lamento haber dejado de ser detallista, Lamento mucho no tener más lagrimas para llorar este momento. Lamento haberte encasillado, Lamento haberte dicho que no quiero ir a tu casa por estar tan lejos, Lamento todo,,, 
Lamento ser tan inútil y no haberte sabido amar como tu querías, no haber encontrado la forma de demostrarte que tu primer amor es algo lindo y que es eterno, lamento ser neurótico y enojarme siempre, lamento haberme enojado siempre que estaba cansado y no quería acompañarte, de no mirar tus vídeos, de no escuchar tus canciones que me mandabas, de no prestar atención a tus fotos conmigo, quiero tomarme muchas fotos quiero hacer un álbum de ellas, lamento haberte dejado de llamar por las noches y quedarnos hasta amanecida despiertos, lamento las faltas de risas, las lágrimas, el dolor, esta carta, sentir estúpido, lamento por sobre todas las cosas no haberte valorado, lamento tanto sentir este dolor que no me deja en paz.
Me despido triste porque no he podido comunicarme contigo hoy, ojala mañana pueda escribirte o que me contestes, contéstame amor ¿sí?, prometo ser mejor persona y ser mejor amigo. Sé que al morir no reencarnare como un perro, pero si muere lo que fui seré las otras dos cosas. 
(Gino Alfaro Salhua)
jueves, 10 de enero de 2019 | By: Abril

Hubiera querido decirte...


Hubiera querido decirte tantas cosas antes de que te marcharas que me callé para siempre.

Te hubiera pedido que te quedaras, que te quedaras un rato más, una hora, dos, tres, cuatro, conmigo, y a la mierda el mundo. Que perdieras el puto autobús sólo por querer quedarte conmigo. Que quisieras perderlo.


Te hubiera dicho que te quería, y me hubiese temblado tanto la voz que te habrías creído que era mentira y sólo un motivo para que no te fueras; pero es que se me habrían empezado a empañar los ojos y me hubieras creído sin dudarlo. Creo que me hubieras dicho que no llorase y me hubieras abrazado, como tantas veces lo hicimos ese día.


Te hubiera dicho que fui tan feliz como jamás había dejado a nadie que lo hiciese. Que fuimos felicidad en estado puro, que me sentí como Sophie y Julien pero siendo nosotros, aún siendo sólo tú y yo.
Te hubiera pedido que volvieses, que me lo prometieses aún sabiendo que las promesas se rompen. Que me dijeras que querías volver sólo por no tener que despedirnos, que odias las despedidas y esos besos que nunca sabes si son el último o el primero.


Te hubiera pedido que no te olvidaras de mí y es que contigo quería ser egoísta tanto tiempo que me consumía. Que me consumías también y quizás nunca te diste cuenta de ello. Y ojalá ahora te lo pudiese gritar bajito al oído.


Te hubiera pedido que me besases como si fuéramos el último segundo del mundo. Que nos evaporásemos entre bailes de bocas que sólo llevan a querer desear más, y más y luego todo.
Te hubiera agarrado de la mano tan fuerte que hubieras notado las ganas que tenía de no perderte nunca.
Hubiera hecho tantas cosas que decidí besarte y decirte que todo estaba bien.


Del blog: Mírame cuando no te hablo

Más de cien latidos por minuto: tú.




Taquicardia.

Me soltaste aquella palabra como si todo su significado fueras tú. Me explicaste que te gustaría que fuera el título de tu futuro libro, el que todavía no existe; pero es que tú no sabías que aquella palabra era todo lo que sentía cuando tú me tocabas, o tan solo me mirabas. Que se me hubiera parado el corazón si hubieras pensado en quitarme un dedo de encima. Que dejaba de latir cuando tú te marchabas, cada vez que te ibas sin saber si te volvería a ver, aunque en realidad nunca hubieras venido y nunca hubieses pensado en quedarte.

El corazón marcaba el ritmo de cada palabra que pronunciabas y a mí me hacías más feliz cuando no me dejabas hablar y te ponías a contarme tus historias, tus recuerdos o tus tristezas mientras yo te escuchaba como mi canción preferida, la que no quería dejar de escuchar nunca.

Disfrutaba más de tus silencios que de todas las conversaciones banales que tenía a lo largo del día. Todo lo que callabas era lo que más decía de ti y lo que yo siempre me ponía a escuchar con detenimiento. Y que no me hablen de silencios incómodos si no te han visto callarte y sonreír como si el mundo se fuera a partir en dos y a mí me diese igual si todavía seguía mirándote.


Nos hicieron más daño todas las verdades que las mentiras que jamás nos contamos y es que contigo aprendí la relatividad de lo verdadero y lo falso, de la ignorancia y la felicidad, de ti y de mí. De la inexistencia de un nosotros jamás formado pero que yo tantas ganas tenía de construir y tú tantas ganas de romper.
Te quise tanto que todavía te sigo queriendo, pero esto, amor, no es una despedida, porque las despedidas no vuelven y yo estoy dispuesta a volver aunque nunca me haya ido.


Del blog: Mírame cuando no te hablo
domingo, 25 de noviembre de 2018 | By: Abril

Agua salada

Imagen relacionada

"La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar." Isak Dinesen

¿Lo escuchas?...sí, es el silencio... y el murmullo de las olas rompiéndose en la orilla. No quiero que se vaya de mis días tristes. No. Aún no. Necesito llorarte, vivir mi duelo y recordarte, no como eras, sino como te comportabas cuando me hacías compañía justo aquí frente al mar. 

En realidad sólo te imaginaba, porque tú nunca viniste al mar conmigo. Preferías que te lo describiera. A veces me pedías que te mandara una foto y yo lo hacía porque quería darte pistas de mi situación. Siempre esperaba que en el momento más inoportuno aparecieras y me taparas los ojos por la espalda para darme una sorpresa. Pero aquello nunca sucedió. Por eso, aunque han pasado ya casi dos años, sigo contándote como es el mar a través de mi mirada y echándote de menos porque ya no me pides que lo haga. 

Aquí la lluvia sabe a sal. Es aún otoño y tú no estás, Corre una brisa fresca y la arena está mojada. Hay gente solitaria o perdida paseando perros. Todas las almas que añoramos a alguien nos paseamos mirando el infinito como si esperásemos que apareciesen por arte de magia aquellos que se fueron por un tiempo o tal vez para siempre. 

El sabor a sal vuelve de nuevo. Hay un mar en mi mirada. No me gusta llorar tu ausencia, pero no puedo controlar el tsunami que me desborda cuando te pienso. No sé si lloro más por mí que por ti, pero lo hago en esta parte del mundo donde te espero en silencio....

(Camila Klein)
jueves, 8 de marzo de 2018 | By: Abril

Montaña rusa

Imagen relacionada


Qué bajòn! Apareces de nuevo de la nada… y me dices, me cuentas, me atiendes, me enciendes, me oyes, me escuchas, me entiendes y …desconectas con un “Ciao! Nos vemos, si eso…”
Te odio, te miro, te siento, te aliento, te quiero, te extraño, te borro, te salvo, te ignoro, te leo, te tomo, te muerdo… me engancho, me pierdo…
Te pienso,  te escribo, te odio y te quiero a ratos… me mandas un beso.  Pa´mí y pa´los gatos.
Me muero, me quejo, me alejo, me enfado… contigo, conmigo y con este año.  
Y te añoro, te extraño, te incito, te guiño, te adoro, te araño, te llamo, te amo…te quiero, te quiero, te quiero… te extraño.

(N.R.H.)

jueves, 15 de febrero de 2018 | By: Abril

Sincericidio en el café de los viernes


Te quiero y me empeño en pensar que no. Y duele. Duele y mucho. No hay día que no me levante con la sensación de que vamos a volver a compartir un café de sobremesa. Y ahí está tu recuerdo. Y el café. Pero no hay dos compartiendo nada como en la foto de mi estudio, con París al fondo y la lluvia al otro lado del cristal. No. Hay un café, pero yo estoy sola clavando los ojos en la cucharilla que dibuja círculos concéntricos, los mismos círculos que dan vueltas en mi memoria intentando devolver al presente recuerdos que tengo cada vez más difusos, de otro tiempo, de otra vida que  viví a tu lado…

Hace más de un año que nos encontramos por última vez. En el mismo sitio: un pub trasnochado de luces tenues que se aliaban con nuestras debilidades para avivar el fuego que se encendía cualquier día menos los viernes y los domingos. Los domingos nunca existí. Los viernes me los negaste, por capricho y porque en cierta forma pretendías domesticarme. Los domingos me daban lo mismo. Renuncié a ti y a ellos desde el primer beso. Pero los viernes… nunca te perdoné los viernes donde yo era tu plan B. Qué crueldad negarle a alguien los viernes. El resto de la semana competía con tus prioridades. No me acostumbré nunca a ello, pero sacar el tema desencadenaba una nueva tormenta perfecta entre nosotros, por eso intentaba esquivar mi indignación. Pero aquello hacía que me doliera más y me devoraba hasta que vomitaba todo lo que sentía cada vez que me borrabas los viernes de tu agenda.

Soy demasiado clara. No me van los comentarios a medias, así que cuando ya veía todo perdido me tiraba de cabeza al ruedo a pecho descubierto. Este sincericidio va a matarme cualquier día… el caso es que te lanzaba las verdades a la cara, aun sabiendo que cada lanzamiento te alejaba diez centímetros de mí. Aquello nos fue distanciando tanto que surgió aquel monólogo que empezaba por… “no sé qué hago aqui”,  continuaba con “no tiene sentido que nos sigamos viendo” y finalizaba con “ya no sé qué creer… has cambiado tanto” y volvía en bucle al principio “no sé qué hago aquí”.

Si supiera que cambiando algo iba a borrar el final de esta historia, te volvería a regalar los domingos enteros y los viernes a medias, y lo pensaría dos veces antes de comenzar mi monólogo en bucle y te odiaría en silencio y pensaría que no eras tan nocivo para mi salud mental como lo eres… pero la vida no usa borradores, las cosas se escriben una sola vez y la tinta es indeleble. Por eso me quedo aquí a solas con mi café compartido contigo, removiendo con la cucharilla en círculos concéntricos la nostalgia de un viernes imaginario.

(N.R.H.)
domingo, 4 de febrero de 2018 | By: Abril

Hoy vuelvo a escribirte una carta de amor.

Resultado de imagen de Hoy vuelvo a escribirte una carta de amor.


Hoy vuelvo a escribirte una carta de amor. Y no creas que todo este tiempo te me has olvidado, no. Al contrario: no hay día que no te dedique un pensamiento. Me sigues robando momentos y sigues aquí, a mi lado… No, no puedo echarte más ni mejor de menos.

Espero que en tu amnesia lejana, te acuerdes de mí y suspires por todo aquello que fuimos. No tires al fuego lo que sentiste y lo que me hiciste sentir. Eso fue puro y sincero. Sé que lo fue. Lo vi en tus ojos y en tu sonrisa. Esas caricias con la mirada no se pueden improvisar. No hay forma de falsificar una emoción que sale de dentro del corazón. Y aquí estoy en mi frío invierno, en  mi lluvia cercana a tu pensamiento. Hoy lluevo a mares por tí, hoy te echo mucho de menos.

Y sé que no volverás aunque la última vez que hablamos quedó tu invitación a café en el aire. Qué bien huele el café recién hecho, aunque sólo sea un espejismo en medio de otra ilusión rota contigo.

Me sigues dando la nada en medio de la esperanza de volver a verte. Y dueles, cómo dueles aún… pero no puedo hacer nada. Hace tiempo me quedé sin argumentos para hacerte un guiño que te devuelva por un instante a mi vida. Un solo instante con el que sobrevivir hasta la próxima estación, la próxima bofetada sin mano y la próxima decepción por dibujar castillos en el aire.  

No puedo arrancarte de mí como quisiera y me duele mi vida porque no estás tú en ella…


(N.R.H)