jueves, 16 de diciembre de 2010 | By: Abril

50 años no es nada...




Resumir en un trozo de papel cincuenta años de felicidad a tu lado es tarea difícil para un corazón enamorado como el mío.
Nos conocimos desde siempre, crecimos juntos sin pensar en ningún momento que de mayores seríamos pareja; más bien fuimos dos amigos que compartieron vivencias en la posguerra, malos tiempos, pero muy entrañables para nosotros, porque por esa época comenzábamos a despertar a la vida adulta.
Fue aquel domingo de verano, después de algunos años, cuando te vi por primera vez como mujer. Tus ojos tenían un brillo especial, eras como una cenicienta que de pronto se había convertido en la princesa de mis sueños.
Muchas veces me pregunto cómo pude estar tan ciego, te tuve siempre a mi lado y no me di cuenta hasta aquel día. ¡Qué bonito fue enamorarme de ti, «la neña de los papinos coloraos»! ¡Cómo te ruborizabas cuando te hablaba de mis sentimientos, estabas simplemente... deliciosa!
Fue difícil conquistarte, porque una gran mujer como tú necesita a un hombre de su talla. En todo eras superior a mí: inteligencia, constancia, valentía... pero no te importó, me amaste sin condiciones, soportaste mis faltas y seguiste siempre a mi lado...
Sin darnos cuenta nos fuimos haciendo mayores, nuestro amor maduró y se hizo más intenso; después de tantos años no podría concebir una vida sin ti. Desde que me levanto hasta que me acuesto tengo presente que eres un regalo de Dios, y a Él le pido cada día que me deje estar a tu lado un poquito más. Aún me queda mucho que aprender de ti, eres una mujer excepcional, que siempre supo sacar adelante todos aquellos proyectos en los que participó, sabes hacer... de todo, pero lo más importante para este viejo enamorado es que he tenido y tengo el privilegio de compartir mi vida contigo.
No sé el tiempo que nos queda juntos, por eso quiero aprovechar cada momento como si fuera el último, para que, cuando nos tengamos que separar, me vaya feliz y satisfecho por haber tenido a mi lado a la mejor esposa, madre y abuela... para mí, la mejor.
Mi dulce amor. Aunque hayan pasado cincuenta años, siempre serás aquella jovencita risueña que se ponía colorada cuando le hablaba de amor...
Entonces te quise, hoy te quiero y siempre te querré.

(Manuel Valdés Morán )

La Mirada Interior



Amada mía:
Aprovecho el silencio cómplice de esta noche, cuando hace justamente cuatro años que asaltaste mi vida, para decirte que ha sido el espacio de tiempo más corto en el cual me he sentido más enteramente yo.
Puedo intuir en tus ojos ausentes que a pesar de la distancia nos seguimos teniendo como cuando nuestras ventanas se enfrentaban, abiertas de par en par para dejar inundar el interior con la luz del cálido sol de cada amanecer. Todo sigue igual en el corazón, a pesar de tener el alma vencida y alguna que otra vez derrotada por esa línea inmensa que traza la distancia.
El día que tuviste que recoger tus cosas, decidiste cerrar al unísono la contraventana y la cremallera de la maleta. En ese preciso instante, comenzaste a abrir mi herida que todavía no acabó de cicatrizar.
¡Amor mío!, la soledad en este rincón del cenobio crea espectros que me sobresaltan, inseguridades que no se aplacan pero un intenso ardor que inflama el deseo irrefrenable de tenerte nuevamente para fundirme en ti y en adelante, ser tan solo un mismo cuerpo para poder seguir combinando nuestras esencias afectivas en un cóctel de amor en el que predomine la esencia de lo dulce, aderezada con unas gotas extraídas del néctar de nuestra flor de la pasión.
¡Mi bien!, disipa todas mis dudas, dime que aún sigues acrecentando tu amor cuando me ves reflejado en el iris cristalino de otros ojos y que el tiempo todavía no te ha permitido borrar mis caricias de tu piel. Hazme seguir soñando que mi nombre sigue retumbando en tu conciencia, mientras mis labios siguen depositando el néctar del deseo sobre los tuyos.
Regresa encubierta en el mismo silencio en que te has ido y de nuevo acecha mi vida por sorpresa para luego admitir que te encuentras arrepentida de todo este tiempo perdido a causa de todos los errores que alimentaron nuestro orgullo. Entonces podrás disfrutar de este negado amor que consume nuestras vidas por tan dolorosa separación.
En tanto remito esta carta al olvido, como todas las demás, piensa que es mentira que dispongamos de todo el tiempo del mundo para hacernos felices y ojalá puedas intuir los latidos desbocados de este corazón senil que te espera al abrigo de estos sentimientos nobles que brotan de mi interior.
Irremediablemente, TE QUIERO.
(Viburno Gamboa)
miércoles, 15 de diciembre de 2010 | By: Abril

Brindis


Por esta vez y por todas las otras

Por todas las mujeres que fuiste

Por aquella que fuiste y ya no eres

Por aquella que hubiera querido que fueras y que no serás nunca

Por aquella que será en un día lejano que quizás yo no conozca.

Por nuestros éxitos, por nuestros fracasos

Por todos los sueños que hemos construido juntos

y también por aquellos que hemos destruido

y todos aquellos que se quedaron en el olvido.

Por todo lo posible y por todo lo imposible que hemos vivido juntos

Y también por todos los días que amanecerán cuando ya no estemos ni tú ni yo

Por todas las noches que iluminaran que ni tú ni yo podemos mirar en nuestros ojos

Por todas las palabras que dijimos y que se perdieron en el agua diáfana de las horas

Por todas las ternuras que he susurrado en tu oído y que se desvanecieron en el correr de los días.

Por nuestra casa que invadirá la oscuridad de los anocheceres con el silencio de la ausencia eterna

Por nuestro cuarto, frágil velero que zarpó en un viaje sin retorno

Por nuestra mesa solitaria que se quedará muda sin el entrelazar de nuestros dedos

Por la llama de la vela que alumbraba nuestras sonrisas cómplices y que se consumirá huérfana en el alba

Por el espejo de nuestra alcoba que se empañará de olvido

Por nuestros retratos que se marchitaran en las noches ininterrumpidas de los pasillos desiertos

Por nuestras cartas que envejecerán despacio en los estantes polvorientos

Por los perfumes de tu cabellera que se llevó la brisa.

(….)

Por los árboles que sembramos cuando éramos adolescentes y que germinarán sin ser oídos de más nadie.

Por la huellas que dejamos en los caminos que recorrimos abrazados y que borrará la lluvia.

Por nuestra casa que permanecerá intacta y que anunciará otro lecho más frío y más soberbio.

Por éstas y por tantas cosas más

Yo tenía que escribir este poema

Para que algo nuestro perdure

Para que otro venga a esta casa, que vengan a este jardín

Que vean nuestros retratos y nuestra mesa

Sepa que nosotros existimos y que nos fuimos

Pero que en alguna parte, y para siempre,

Sigue el latir acompasado de nuestros corazones.

(Elie-Pul Rouche)
miércoles, 8 de diciembre de 2010 | By: Abril

Carta a un amante de telenovela


Ya no lo recuerdas, pero tu amor era tan loco que alguna vez, camino a una de nuestras citas en el Drug Store de Chacaito, caíste en uno de esos pozos que aún se forman en los lavadores de carros de El Rosal.

Pues así, cubierto de grasa hasta más arriba de tu impoluta camisa, cruzaste la calle y te dirigiste a una tienda de ropa, en donde te hicieron lavado y cambio de muda, para llegar a la cita con más de dos horas de retraso, que si hubieran existido los celulares, mi rabia se hubiese calmado. Pero allí estabas con un ramo de flores vestido de “Adams” con una seductora sonrisa y una labia de galán que echó por tierra mis malos humores.

Es una de las tantas historias que hoy repaso mirando viejas fotografías en las que apareces junto a mí lleno de vida, al volante de un mercedes “Caja de Fósforo”, con tu pinta de actor hollywodense, tus ademanes principescos, tu cuerpo de atleta ruso dispuesto a recorrer, tomado de mi mano, todos los maratones de la vida.

Nuestra telenovela esta ahí, paseando por las calles del Nueva Cork, abrazados alas orillas del Orinoco, cucaramados al pico de Bolívar, en nuestro recorrido por los Andes, bailando tango en “El viejo Almacén” de Buenos Aires o perdidos en la turbulencia de las calles paulistas.

Siempre en plan de emergencia ayer ricos, disfrutando de los placeres de la vida, de pronto, disminuidos, soñando los mismos placeres. En París, recibimos el año nuevo en un modesto bar marroquí. Y ahí está la fotografía todos con una roja nariz de payaso, la bocota encendida, los ojos maquillados, nos reímos hasta llorar tú, yo tu hija adoptiva, tu yerno, tus nietos ayer volviste a ver la fotografía y la pusiste en un marco “para recordar”.

Treinta años haciendo locuras ¿no es como mucho? Bueno, pasaron rápido, se fueron volando y es que nuestra vida ha sido una ruta de gozo por la que corrieron con generosidad los buenos vinos, los besos y las ternuras, las peleas y las reconciliaciones. Discutiendo por nimiedades y celebrando luego en pequeños restaurantes franceses de esos que abundaban en la Caracas de la cuarta. También celebrabamos en la cama. También exprimiéndole el placer a la vida y compartiendo gustos, Julio Jaramillo y Los Beatles; Bach y Celia Cruz, la gran amiga.

¿Pero que está pasando ahora que escribo estos renglones disparatados en su caligrafía?

Pasa, amor, que ya no estas, que ya no habitas este mundo, que se te ha ido la memoria cercana y de la lejana solo recuerdas a tus padres rusos, muriendo de amor con un mes de distancia. Pasa que miras y no ves, que caíste en otro pozo diferente al del lavado de carros: el del Alzheimer no hay muda para cambiar y nadie, ni tú mismo sabes para donde vas. Te enredas en un laberinto del que no aciertas salir, para disfrutar de lo que merecerías como premio a tu corazón de heróe de todas las batallas. Caminas por la vecindad con tu pinta de galán otoñal, tus cabellos plateados y tu bastón de falso ónix, atado a tu mascota que tiene nombre de goleador de fútbol. Hace unos días mirando la fotografía de los payasos e París, que éramos nosotros me preguntaste,
¿Y tu, quien eres?

Miraste hacia la ventana y cerraste los ojos mientras escuchabas una canción de Simona que decía: “Voy a apagar la luz, para pensar en ti”

Te Quiere: Mariale

Caracas 28 de Febrero de 2007

(Mª Elena Pabón, Finalista en el Concurso de Cartas de Amor de Montblanc 2007)

Carta a mi cuerpo


Cuerpo mío:

Me he comido las uñas de la mano izquierda. La levanto y me doy cuenta de que duelen los dedos, me miro al espejo y te invito a hacer ejercicio pero no encuentro respuesta. Eres necio, traicionero, vulnerable y vagabundo y como serás mi compañero hasta que la muerte nos separe hoy debo escribirte para sellar lo nuestro.

Te hablo yo, la que vive dentro de ti, agradecida, emocionada y resignada a tenerte. La verdad es que supe que algo andaba mal entre nosotros cuando no gané el Miss Venezuela, pero entonces no sabía que nunca podría cambiarte. Te recuerdo la vergüenza que me hiciste pasar con el primer desfile en bikini y fue a la fuerza que entendí que solo te gustaba el traje de baño entero.

Te reprocho los pelos en las piernas, las axilas manchadas, la acidez constante, los dolores de estómago, las palpitaciones y el suplicio de la regla mes a mes. Ni hablar de las alergias y los ataques de asma que por tu culpa tuve que atravesar en mi niñez.

He luchado por hacerte diferente pero tú no lo has permitido, por eso admiro tu firmeza y determinación. En realidad te odio y te quiero porque has sido bueno y malo a la vez. Nadie como yo sabe que hambriento eres capaz de cualquier cosa, doblegas mi voluntad para comerte lo primero que encuentras y luego te desparramas sin importarte que yo cargue con la culpa y tú con los kilos demás.

Te agradezco el rostro, el cabello hermoso y por el vientre plano que tuve alguna vez, por hacerme lucir el vestido negro más bonito de aquella noche que sólo tú y yo recordaremos, por aceptarme como soy, por dar a luz a mis hijos en partos normales pues no requería cesárea. Te ofrezco mis disculpas por lo de la mamoplastia reductora, pensé que sería por tu bien y te hice un daño irreparable, pero entenderás que el by pass gástrico fue la mejor decisión porque ya no me aguantaba más las dietas.

En otros asuntos no tengo queja alguna de tu actuación. Siempre te acoplas a los vaivenes del deseo porque lo tuyo es pasión, dejando para mí el rollo de los sentimientos y la razón. Hemos vivido momentos increíbles, queridos o no, sentidos o no y tú siempre has estado allí para mí.

Envejeces con orgullo mientras yo me regodeo en la experiencia y la reflexión. Veo como el paso de los años te deteriora y a mi me fortalece. Es un placer habitarte y como sé que algún día tendré que abandonarte, si ya estás viejo o tendido en una cama o como quiera que lo de morirnos tenga que acontecer, sabrás que siempre has sido “mi” cuerpo, solo mío y de nadie más.

Con todo mi amor,

Yo

(Betsy Balestrini P, Carta Finalista en el Concurso de Cartas de Amor de Montblanc 2009)

En el mar imaginario de tu recuerdo...


Aquí sigo, detrás de mis atardeceres de ventanas a un mar imaginario con lluvia, esperando a que des alguna señal de vida. Te echo de menos, pero se ve que el sentimiento hoy no es bidireccional.

No, no quiero caer en la estúpida defensa del reproche. Nuestro amor no se lo merece y en memoria de él y de todo lo que hemos vivido, sólo quiero saber que estás bien; que tu ausencia no acaba en una tragedia de esas con las que siempre has bromeado; sólo dime que vives una vida maravillosa en otra compañía y aceptaré definitivamente la derrota, pero no me dejes en la incertidumbre, no la soporto. Odio los misterios. No sé seguir las pistas y lo sabes. Soy lineal y simple. Sólo tengo dos dimensiones y en una de ella sigues habitando tú. No tengo recovecos en los que guardarte rencor, pero no calles ahora, porque tu silencio me hiere.

No encuentro palabras con las que organizar la despedida que te mereces, sólo pensamientos desordenados que se atropellan sobre el teclado porque quieren irrumpir todos a la vez, amor.

Y a partir de ahora…volver a empezar. Debería de estar acostumbrada, pero creo que hay cosas a las que el corazón nunca se acostumbra lo bastante y todas las veces se parecen a la primera vez. Cambian los nombres y los objetos que nos atan los recuerdos a las costuras del pensamiento, pero los sentimientos son idénticos a pesar de la experiencia que tiene ya en rupturas y abandonos la imagen que me acompaña en el espejo…Tendré que hacer recuento de barcos hundidos y salvar lo que me queda de este nuevo naufragio sentimental.

Me llevo conmigo nuestro primer encuentro. Tengo tu imagen congelada sobre la barra de la cafetería donde nos vimos y allí te quedarás para siempre, pase el tiempo que pase, como si me esperaras todos los días de mi vida en aquella cafetería del centro. Ese será tu lugar, como si me esperases siempre impaciente, con esos ojos tristes tan bonitos que no se atrevían a mirar los míos. Y yo que acudí tan segura de que lo nuestro iba a ser sólo amistad, y ya ves…aquí ando desde una ventana del mundo que mira a la lluvia, contemplando un mar imaginario sobre el que se dibuja tu recuerdo y se hunden mis ganas de ti…

(La Dama)

lunes, 6 de diciembre de 2010 | By: Abril

Carta de navegación hacia el cuerpo amado


Viajo tu cuerpo buscando el cielo, entre las tormentas de tus piernas y el oleaje de tu cabellera, perdido y sin buscar ayuda, con sólo mi instinto como brújula y la emoción de tu aliento hinchando mi velamen.

Caminos que se cruzan, desdoblan, replantean y emergen sobre al territorio oscilante de tu piel, a veces amplia y extensa como un prado después de la lluvia, a veces claveteada como una arena viva con los cardos amables de tus poros erizados, a veces misteriosa como cuando me busca para luego alejarse, turgentes a veces y otras dormida. Errantes y sin querer hallar la ruta, mis dedos se pierden complacidos por tu geografía tentadora, meciéndose entre tus valles, remontando cada sinuosa protuberancia, extraviándose en la frondosidad de tus selvas, solazándose en la calidez de los mares que encuentran, deslizándose por la longitud de tus piernas, deseando abarcar la turgencia de tus senos, sosteniéndose en la solidez de tus nalgas, anhelando enraizarse en el vacio penetrante de tus besos profundos.

Subo y bajo los linderos de tu cuello como buscando definir una travesía en la que solo me interesa extraviarme, me descuelgo por la cascada sutil de tus vértebras para escalar lentamente las colinas allende tu espalda, nadarlas, circundarlas estructurarlas como coordenadas de un mapa que me inflama. Bajo los caminos de tus muslos, sin prisa, indagándolos, acariciando las señas de tu emoción arribo a la concavidad del arco de tu rodilla, a la altura breve de tus pantorrillas, al peñón brillante de tus talones y me entrego a los caminos de tus dedos. Promontorios traviesos que correteo como un niño, hasta hacer que te voltees y encomendar mi mano a le incitante aventura de escalar tus piernas, otear las carnes que me esperan, sumergirse en el valle de tu ombligo, delinear tu abdomen, abandonarse en las mareas de tu respiración que se acelera, escalar el sinuosa perfil de tus senos amotinados, bajar por la línea de tu centro, rodeando cada costilla con la anticipación de una espera prolongada, anclarse en tu mangar fogoso y rastrea sus mares y, en sus pliegue, sus cuencas y pasajes, la densa noche de tus calores y mis ansias.

Nacen dedos en la lengua, ojos en la nariz, orejas en las uñas, papilas en el tímpano y la expedición se extiende, con sus provisiones en alerta, el cuerpo todo hecho sentido envolvente, una sola caravana de múltiples pasajeros integrados sin acuerdo en un itinerario que los despierta en cada espacio que adivinan, intuyen, descubren, trazan, proponen. Con decisión de cartógrafo inscribo cada recodo en la memoria para entre el rumor distante de los olores y la serena pulsión del recuerdo, agitar mañana los ecos de esto extraños y el deleite de algún nuevo viaje posible.

Al sur de tus pechos, al norte de tus rodillas, al este de tus brazos y sobre el horizonte de tus ruidos, entregarte el mar amplio de este viaje infinito y, como yo, cierra los ojos para que solo el tacto vea, descifrando cada matiz en la fotografía ardiente que vamos revelando en la yema de los dedos, en el ritmo creciente de los latidos, en la certeza, inevitable, de que la luz es una convicción interna,

personal, intransferibles, que agita el aliento desde adentro, como un fuego, en los largos, casi eternos instantes en que, como un latigazo desplegado desde las sienes hasta los talones, el barco arriba al puerto y las tempestades se juntan en este gemido simultáneo de humores y caricias.

Cansados, entregados, integrados, los rincones duermen el uno sobre el otro, mientras lentamente, los dedos se devuelven sobre los caminos explorados, como tratando de encontrar la ruta del regreso a la tierra áspera en que volverán a ser simplemente dedos, y los labios labios y solo pelo el pelo y el aliento apenas un aliento. Aunque la sola promesa del territorio conocido, la esperanza sola de un nuevo recorrido, los regresa a su, campo cotidiano con la fuerza de un nuevo viaje posible, aquel en que, entregados a la geografía de los cuerpos, volverán, a ver los dedos y a oír los labios y a ondear el pelo y a tocar el aliento, cuando el norte se viste de pezón, los valles se humedecen y la noche se ilumina en texturas solo descifrables por el pausado reconocimiento de tus formas.

(Enrique Larrañaga, Finalista en el Concurso de Cartas de MontBlanc 2010)