sábado, 10 de agosto de 2013 | By: Abril

Ya nadie escribe cartas de amor...



Son las 4:40 de la madrugada y acabo de fumarme un cigarrillo en la ventana. . . 

Como verás, mantengo la vieja costumbre de fumar en las ventanas. La ventana de la cocina del lugar donde vivo es igual a tu ventana, da a un pozo de aire y està llena de plantas pero aquì no "llueve" en las madrugadas.. (nadie tiene la costumbre de regarlas a esas horas intempestivas)

El entorno que me acompaña junto con mi "habitual" cigarrillo es parecido. También las plantas. . . . . Una vez leì que ellas no tienen una consciencia individual como los humanos, tienen una colectiva, igual que los animales (por eso cada vez que veo un perrito le mando mis mensajes al mío para que se los transmitan) .

...Nunca màs pude dormirme antes de las 4 de la madrugada , no pude quitarme esa costumbre. Aquì pensarán que estoy loca.

A todo esto, te estaràs preguntando a qué se debe este carta. Recièn hoy puedo escribirte, recièn hoy despuès de que pasaron tres meses de aquella noche que me fuì, o que te fuiste. Pero el silencio no iba a ser para siempre, sòlo el tiempo necesario para darte una explicaciòn de còmo pude realmente desaparecer radicalmente de tu vida. Tal vez para tì no sea el dìa ni el momento oportunos para saberlo,  pues es probable que ya no te interese. Esta carta màs que a tì me la debìa a mì.

Hoy quiero que sepas quien fuiste tù para mi, independientemente de lo que yo haya sido para tì. Nadie como tú me ha hecho reir tanto, nadie me ha protegido tanto y se ha procupado por mì como lo hiciste tù. Nadie se ha ocupado por compartir mis penas, mis tristezas, mis problemas...

Y aunque mi vida era una contrariedad tras otra, en el fondo yo sabìa que estabas allì para sostenerme, para inventar ideas o para sorprenderme como aquel dìa que me robaron la cartera y apareciste en mi trabajo con una nueva que dentro tenia las entradas para el teatro.

Pero lo màs importante fuè el afecto, la comprensiòn y el cariño que me diste. Yo sabìa que aunque el mundo se me cayera encima, entre tus brazos nada me podìa  pasar.
 
Todo eso que has hecho por mì te llevò a ocupar un lugar ùnico en mi corazòn y en mi  vida. De hecho, cuando me quedè sin tì, me dì cuenta de que no sòlo ya no te tenìa, sino que tampoco tenìa a nadie màs. Tù lo ocupabas todo y de la noche a la mañana ya no estabas.
 
 
 
viernes, 9 de agosto de 2013 | By: Abril

Contrólate muchacho

 
 
Te escribo esta carta como lo haría un hombre a punto de perderlo todo.

Ya que el invierno se ha quedo sin luna y el verano ha dejado al mar perderse dentro de ese cielo gris, que abunda en nuestra ciudad. Ojalá nuestros pasos fueran invisibles, para que así la vida se olvidase de nosotros y el aire no estuviera lleno de palabras en carne viva. No sé si en mi otra vida, finalmente, encontraré un punto de partida para descubrir que los sentimientos no sólo se comen, sino que también pueden florecer hacia atrás sin dominar al mundo.

Hoy todo es igual en esta ciudad: los carros van despacio y las personas corren, como si hubiera una venta de almas a medio precio. La tv ya no es la misma caja boba de siempre; ahora se ha democratizado y sólo habla con el pulgar en alto, y que ya no puede decir nada más de la radio, porque la música ya es mayor de edad. No es que todo esté perdido. Sólo que dentro estas cuatros paredes, el mundo se divide en pequeñas esquirlas que van saltando hacia mis venas bañadas en silencio.

Ahora mi sangre está llena de sonrisas inigualables y mis ojos son autónomos; pueden ir y vivir donde sea. Sin embargo, mi cuerpo aún depende de todo. Se comporta como un niño, preguntando dónde está su familia o por qué no le dieron aquel dulce que le prometieron después del almuerzo. Todo es fuego que algún día disfrute. Finalmente me fui alejando de cada cosa importante de mi vida, y sobretodo, me alejo de manera infinita de mi propia mente.

Dicen que los recuerdos pueden ser buenos o malos, sin embargo, yo los tengo neutros. No tengo ni izquierda ni derecha, ni norte ni sur. Estoy en medio de todo, caminando hacia la capital "de la nada", en el país del "nunca sabré".

Esta será tal vez mi última canción. Diré, esta será tal vez mi última carta, porque el día lunes se llevarán mis manos, me amarrarán a una nube y la ajustarán sin preguntarme. Pasará el tiempo y me quedaré navegando dentro de ese mar acolchonado, sin ese cielo gris.

Yo te escribí esta carta sabiendo que iba a perderlo todo en algún momento, pero lo que nunca he perdido es esa sonrisa tuya, que pedalea en mi corazón calato.

Todos los domingos son días de Visita. Si puedes tráeme unas manzanas y mandarinas a crispadas.

(Mostro Joao Kolera, del Blog: Cartas de una mostra)

A quien corresponda...



Querido tú:

No sé como decirte que no me gusta esta extraña continuidad, sabes que tengo un serio problema con los finales. Finales en todas las dimensiones en que estos aparezcan; no me gusta terminar de escribir cuentos, no me gusta llegar al final de ellos cuando los leo, no me gusta despedirme de la gente con la que trabajo a fin de año, me aterra el término de los viajes, odio cómo quedan las casas vacías, o los cuartos vacíos cuando te toca despedirte de ellos, no me gusta que se bajen o me toque bajarme del micro cuando estoy al costado de alguien que conozco, no me gusta cuando las conversaciones terminan abruptamente.

Tengo un serio problema con todo lo que significa dejar atrás, no me molesta avanzar sin ello, el problema se da cuando me doy cuenta que el significado que esos momentos o experiencias, tienen para mí, va a cambiar. Sé que no me gusta decir adiós, pero sé también que no me cuesta tanto avanzar, lo difícil quizás no está en ver hacia delante, sino más bien en él voltear la mirada y darme cuenta que hasta ese momento lo que era presente se convierte en pasado.

No sé porque te explico estas cosas, si tú ya las sabes y es por eso quizás que nunca te atreves a dar por terminado nuestros proyectos, pero aun así no sé…

Me extraña no poder sentir la tristeza de un término, no me gusta sentir aquella esperanza que no me deja avanzar, me hablas de un continuará completamente indeterminado y no puedo quedarme contenta ni tranquila sin tener la certeza de que esto todavía no es pasado. No quiero aferrarme a tus palabras, no quiero tenerte confianza no quiero sentirme triste.

Es tan raro lo que me pasa contigo no puedo recordar tu cara, sé como son tus rasgos pero no puedo ordenarlos o ponerlos de tal forma que hagan un todo, lo mismo me pasa con la conversación que tuvimos, no sé cómo puedo articular tus palabras si no tengo ningún recuerdo claro, no tengo la certeza de que eres real o no.

Escucho de nuevo tus frases, veo tus manos, te siento cerca, te escucho de nuevo –no te quiero dejar de ver- frase que casi me robaste telepáticamente… pero aún así no pude decirte nada, te escuchaba y pensaba en qué decirte sin poder articular frases coherentes… ¿Qué decirte? ¿Todo esto realmente sucedió? ¿Qué debo hacer con todo esto? ¿Por qué simplemente no me dijiste que aquí terminaba todo?

Aunque odie y le tema a las despedidas creo que les tengo miedo porque sé que puedo avanzar sin mirar atrás, pero dime, ahora, en este caso ¿hacia dónde debo mirar?

¿Me explicas?

Pequeña Mostra (desde Croacia)
 
martes, 9 de julio de 2013 | By: Abril

Los números se acaban...

 

Ayer, cuando entré en nuestra habitación ya estaba Teresa dormida. Tenía la cabeza apoyada en la almohada mirando hacia mi sitio. El pelo se ajustaba a la cama como el agua al lecho. Casi a oscuras. Las luces de los relojes de las mesillas hacían de candilejas. Los brazos haciendo una especie de hache a ambos lados de sus sueños. El torso estaba fuera de las sábanas y se adivinaba la ropa de dormir acariciando su espalda hasta donde comenzaba a descender como sin peso. Los dos tirantes, finos, sensuales, femeninos, me hablaban de ella. No sujetaban nada. Sólo decían de su carácter.

Volví a caer. Me enamoré otra vez de ella. Y le declaré mi amor en silencio. Quise recordar el número que hacía esta caída del guindo, y me vino a la memoria que hace unos diecisiete años, dije el último número que existe. Ya llevo muchas caídas más allá del fin.

Se durmió antes que yo, como ocurre todos los miércoles. Y es que, los martes dormimos con mi madre. Ella, en la cama supletoria de la habitación de la enferma-niña herida por el rayo de una tormenta de arterias y venas. Yo, en otro dormitorio, cerca, pero en otra habitación. Es su devoción. La mima.

Para Teresa no existen las obligaciones. Todo es devoción. Ama a lo cafre. Consiente de mí lo intolerable. Ausencias del pensamiento, retrasos sin sentido, olvidos, coqueteos, tozudez, desapego de mi cuerpo. Ella lo adorna todo y me da un beso. Y hace que siga viviendo. Como si nada.

Amar es pensar una canción y que ella comience a entonarla. Amar es atravesar Soria en coche, bajo una lluvia torrencial, mirando la luz de los faros con los ojos empapados. Los dos y sin saber por qué. Amar es consentir la libertad del amado.

Teresa me ama. Como soy. Es decir, me ama.

Yo amo a mi esposa como es. Y porque se cruzó en mi vida. Ya no había otra solución.

(Juampe, del blog "Es amor")
lunes, 8 de julio de 2013 | By: Abril

Absurda Cenicienta


...Y mi carta llena de explicaciones, reproches y deudas pendientes esta aquí.

Puedes leerme, quemarme -una vez mas-, hundirme en una copa de vino como la que estoy tomando. Pero eso no evitara que te exprese todo lo que he callado. Quiero que me cuentes qué pasó ¿Qué pasó con todo lo vivido? ¿Qué pasó con el jardín que prometiste? ¿Qué pasó con los cuatro niños que correrían por el? ¿Qué pasó con nosotros? ¿En qué momento deje de ser tu princesa para convertirme en esta absurda Cenicienta?¿En qué momento cambiaste tanto?

No siempre fue de esta manera. Esta "forma" en la que eres abruptamente bestia conmigo. No me escuchas más de dos minutos; no me dices qué te pasa. Huyes cuando intento rozar tu mano. Tu aliento cada vez esta mas lejos. Ya no logro atrapar tu sonrisa ni siquiera esforzándome al máximo.

¿Qué nos paso? Supongo que el tiempo termina siendo desgastante ¿En qué punto te das cuenta de que el amor se convierte en monotonía? Supongo que aquí. Supongo que en el momento en el que dejas de susurrarme "Cami quédate un poco más". Quizás en ese momento en que ya no me abrazas por la cintura y me das vueltas hasta caer; desde ése en que no jugamos como niños, que no contamos estrellas, que no me atrapas por la espalda, que no me invitas a planear el futuro a tu lado...

Y ahora me dices que sólo sientes cariño, que no quieres que estemos juntos, que la relación no puede continuar. No logro entenderlo Manuel, explícame qué hago con todo el ayer.

Quisiera entender cómo puedo sacarme de la cabeza la idea de que nací solamente para ti, y que tú naciste sólo para mi. ¿No lo ves? Te amo tanto y te extraño aún más. Ese dia que viniste y me dijiste que podíamos estar juntos, que aún me querías, sentí volar, sentí estar llena nuevamente por unos minutos, por unas horas. Pero al volver a la realidad me di cuenta que pase de ser de princesa amada a una absurda Cenicienta y no cometí ni un solo error para merecerlo.

Y sabes que lo digo por tu nueva pareja. Fui incondicional contigo, acepté tus malos humores, acepté tus derrotas, te apoyé.

Manuel ¿En que momento salí de tu vida? ¿Por qué no me besabas como antes cuando estábamos juntos?.

Quisiera que todo fuera como antes y posiblemente ése sea mi principal reproche. Te reprocho el silencio, reprocho el abandono, reprocho las citas falladas, lo sueños no cumplidos, las promesas de "no volverá a suceder" rotas, los besos fríos en la frente que evadian mis labios. Te reprocho toda y cada una de esas peleas en las que decías "soy yo quien tiene la razón".

Te reprocho firmemente que me aceptaras tal cual soy y que luego te dieras cuenta que ya no te gustaba tanto. Te reprocho que no lucharas un poco más, sólo un poquito más. Como yo, que sigo luchando por ti. Explicaré por qué: Yo te amo y me niego rotundamente a dejarte sin luchar.

Me niego a creer que todos nuestros sueños los abolieras, o que estés dispuesto a realizarlos con ella ¿Es justo? Manuel, estoy aquí tragándome el orgullo y la dignidad. Pero sé que no me tomarás, por lo tanto déjame seguir siendo princesa, ayúdame a no sentirme Cenicienta. Entiende que este pobre corazón solo conoció tu amor. De ti aprendí todo: la forma de besar, de mirar, esos abrazos, las señales... ¿Cómo hago para sentir solo cariño? ¿Eso se puede hacer?  Si es así, perdona mi ignorancia y enséñame. Quizás si te toca ser mi maestro nuevamente, puede que te enamores de la alumna y esto podamos salvarlo. Piénsatelo. Puede que después de todo no sea tan tarde como ambos pensamos. Puede que yo logre cambiar en un par de cosas para que vuelvas a quererme.

Y si simplemente estamos negados a esta vida: jódete. Seré feliz con o sin ti, porque a través de esta situación he logrado amar cada una de mis virtudes y mis defectos y me he levantado con fuerza. Puedo vivir sin ti, tú me enseñaste. Quiero vivir junto a ti, también me lo enseñaste. Pero también recuerdo tu filosofía de... "nadie es indispensable". Así que si vienes a quererme, estaré aquí, dispuesta a salvar este sueño, nuestro sueño. Y si no, terminaré de quemarme en este pasado y dejaré que el tiempo se encargue de cerrar el ciclo. De las cenizas siempre surge una nueva mujer.

Piénsatelo y escríbeme, como cuando me amabas más que a tu vida. Como cuando tenías ese carpeta con el titulo "Cartas a Camila". Después de todo, este absurdo hábito de escribir también lo aprendí de ti.

-Siempre tuya, siempre mío Manuel.
                   Con amor: Camila.

(Patricia Pineda)
viernes, 5 de julio de 2013 | By: Abril

El día que os marchéis...



El día en que os marchéis, lamentaré no haberme manchado más, haberme pintado la cara tan pocas veces, no haber aguantado más tiempo tirado en la hierba, haber arriesgado tan poco, ya veis, no habérmela jugado más por el desfiladero de vuestros silencios y la tirolina de vuestros ruidos.  

El día en que os marchéis, añoraré el desorden de esta nada y este todo tirado por el suelo, las zapatillas puestas del revés y vuestro escrache madrugador y a pie de cama, las gominolas de tiburones y los abordajes de bucanero en la cubierta del sofá.

El día en que os marchéis, habrá cosas que no vuelvan, lo sé. Y haré inventario de todas aquellas cosquillas que no hice: las cosquillas de antes de acostarnos y las de recién levantados, las que curaban como un Dalsy de dedos y las que cicatrizaban la niebla y la angustia. Las que habrían hecho que el mundo se partiera.

El día en que hayáis crecido y os marchéis y cerréis la puerta y quede el felpudo haciendo burla en la entrada, vendrá todo el tiempo libre del mundo como una broma. Y entonces ya nunca nadie dirá: "Papá, ¿juegas conmigo?".

(...)

Todo está en el épico 'Pulgarcito'. En la lisérgica 'Caperucita Roja'. En el tramposo de 'Pinocho'. O en el propio Wilde, que tuvo dos hijos y poco tiempo para andarles con cuentos. "Los niños comienzan amando a los padres", decía, "cuando ya han crecido, los juzgan; y algunas veces hasta los perdonan".

Andamos por aquí toda una cuerda de padres arrastrando las cadenas con sentimiento de culpabilidad. Porque cuando no son los deberes que tienen ellos, son los deberes que nos ponen a nosotros. Perdiendo el tiempo con un calendario infantil que hemos convertido en cuartel y en cuenta de resultados. Perdiendo los días en imponerles la paz en constante pie de guerra. Perdiéndonos/perdiéndolos idiotizados por el mañana cuando lo que tenemos delante es el hoy. 

A todo esto se nos van. Y a lo peor, cuando lleguemos, ya no están. O están lejos, que es otra forma de ausencia.

Al tiempo: el día en que se marchen, lamentaremos haber arriesgado tan poco.

(...)

Este domingo quedamos en la calle, chicos. Me pido ponerme de portero, hacer el payaso como en las fotos del primer álbum, no discutir por lo importante, sino por tonterías; apurar este trago ávidamente, mandar el móvil de una patada hasta la Osa Mayor, y no tener prisa por dormir si es que hay amaneceres menores.

Ya tenemos una edad.

Vosotros.

Yo.

Todos los lunes me digo que empezaré este sábado.

Espero que no sea demasiado tarde.

(Del blog: A simple vista, de Pedro Simón)
martes, 2 de julio de 2013 | By: Abril

Cosas que nunca te dije...


Nunca te dije que aún recuerdo la luciérnaga de tu beso en mi habitación. Nunca te dije que aquel cuento subrayado de Marco no se lo dejo tocar a mis hijos. Nunca te dije que, al levantarme, ahora siempre me golpeo con una de las cuatro esquinitas que tiene mi cama. Nunca te dije que hay mañanas en que siento la vida algo pesquera, ya ves, y creo que es porque he dado el estirón.

Pocas veces te dije "lo que quieras" o "no hay problema". Pocas veces "te lo mereces" o "te sienta fenomenal". No insistí con el "quédate a cenar" o el "me ocupo yo". Para ti fueron todos los "después" y todos los "luego", la charla del monosílabo y la distancia de la prisa.

Ahora sé que, de las cosas que dejaba sin hacer, lo de menos era la cama.

Siempre te dije nunca. Nunca te dije siempre.

(...)

Nada hay que nos iguale tanto, verán. Tiene madre Lex Luthor y tiene madre Diego Torres. Los malos de las pelis de Tarantino y Balotelli. El profesor de Matemáticas que suspendía a todo quisqui y Nacho Vidal. Tiene madre Darth Vader y también tenía madre Michel Salgado cuando lesionó a Juninho en una entrada por detrás. Corinna Zu Sayn-Wittgenstein y otras rubias como C-3PO. Es por ello que la mía siempre me pide respeto. "Uy, esas madres".

Vivimos en un burdel de neones y funcionamos como esos desalmados que se van nada más descargar dejando la cama tibia.

Ingratos en la memoria y generosos en el olvido. La madre como bayeta y como hucha. Como margen en blanco y como intermedio. Qué culpa tendrán ellas.

Nieva de madrugada en Zamora, nos sale este escalofrío y Antonio Lucas me abriga con la bufanda de León de Aranoa: "Llueve sobre el dolor de las madres, que es tres veces dolor".

(...)

Te dije que mañana en vez de hoy. Que sólo una vez y no todas las que quieras. Te dije que el plato estaba soso en vez de levantarme a por la sal.

Nunca te dije que fuiste la persona que me llevó a conocer el mar. Y la que corrió hacia mí aquella primera vez que tuve miedo.

"Antes de convertirme en madre tenía un centenar de teorías sobre cómo criar niños", decía Kate Samperi. "Ahora que tengo varios, sólo sé de una teoría: amarlos, especialmente cuando menos merecen ser amados".

Yo sólo te digo que mañana voy a comer, madre, para masticar a fuego lento el pasado que nos queda por delante. Que voy aunque te llame poco y no te celebre lo suficiente. Aunque apenas tenga arrestos para hornearte una palabra y llevártela caliente de postre. Ese pastel de siete letras donde diga lo que he venido a decirte: gracias. Gracias, madre. Por fin, siempre gracias.

(Del Blog "A simple vista", de Pedro Simón)