jueves, 2 de enero de 2014 | By: Abril

Nos dijimos adiós...

 

No era así como lo había imaginado, quiero decir, nunca había deseado que llegase ese instante...pero sucumbió, se desarboló nuestra relación. Nos dijimos, adiós. Lo que no puedo precisar es el momento en que todo se derrumbó.

¿Dónde está el umbral, ese umbral infinitesimal que transforma sin remedio las cosas? El punto (de cansancio, de agobio) en que la caricia a fuerza de repetirse no produce placer sino dolor. El momento en el que el clavo que sostiene un cuadro demasiado pesado para él cae, y con él su carga

¿Va cediendo paulatinamente en silencio, o bien lo sostiene hasta el fin con la misma tenacidad y se desmorona de golpe al comprender que no podrá sostener el peso por más tiempo?¡Ay, amor! Quizá la conciencia, cuando aparece la señal, la grieta y llega el final, comprendes que lo inexorable había ocurrido mucho antes de que se manifestara, así al modo que cuando muere un amor sabemos, si queremos saber, que había muerto hacía tiempo, pero no lo quisimos (o no supimos) verlo.

Lo cierto es que el adiós fue cinematográfico. Una mesa de mármol frío, un pocillo de café, un atardecer naranja de otoño algo difuminado por el humo del cigarrillo, una lágrima de papel y en tu mirada el ansia, la luz pálida y lenta de mujer que no se resigna al adiós. Lo leí en tus ojos, sí:  "volver, volver". La vida invitándome nuevamente a recorrer las calles de tu mano, a besarnos en el fragor entre las sábanas en desorden donde habrá calideces olvidadas.

Y yo sigo aquí, esperando porque ¿sabes amor? Nos pertenecemos pase lo que pase, aunque no volvamos a vernos. Quiero que comprendas que la pertenencia no depende del tiempo que dure una relación sino de la intensidad puesta en la entrega. Vuelve. Te espero. Sabes dónde encontrarme...

Fernando

Historia de un adiós, (Parte I)


A lo mejor no me comprenderías si te dijera que yo necesito verte todas las semanas...aunque apenas levantes la cabeza y te aísles en ese lugar de tu memoria que habitas y que a los demás nos parece olvido, sigo sintiendo por ti ese respeto grave que los niños de antes teníamos hacia nuestros abuelos, aunque tú ya no seas dueño de tu cuerpo. En cuanto te veo, abandono la realidad, huyo de canas disimuladas, de marido y niños, de trabajos y cocinas, y de todas esas cosas que me convierten en adulta.
 
Y entonces, monto en mi triciclo, agarro firmemente las empuñaduras de plástico y pedaleo con fuerza alrededor del cedro que plantaste en el centro de tu patio, desandando la espiral del tiempo para regresar a la protección segura de tu regazo. Donde los demás ven un hombre serio y de mal carácter, mi sonrisa incombustible encuentra amor y comprensión. Cuando el miedo me paraliza, sólo entonces, levantas la voz: "¡No hagáis llorar a la nena!", y yo me refugio entre tus brazos.
 
Como si acabáramos de cenar, en esta noche de verano, aspiro con deleite los aromas que desprende tu casa, a pan tostado, a tu loción Floïd Blue, a hogar. Parpadea en la oscuridad la televisión que no miramos, mientras se revuelven cantarinas las fichas de dominó sobre la mesa en la terraza, y memorizo para siempre la lección que me dictas: Tengas menos, tengas más, la salida taparás.
 
Me mandas al garaje a buscar bebida y vuelvo a quedarme enganchada en las redes que cuelgan secándose en la noche serena. Mañana volverás al río a pescar con tu barquita y tu amigo. Me desenredas con una carcajada limpia que me nubla un poco los ojos y me devuelve a la realidad severa.
 
Llevas las gafas sucias, abuelo. Déjame que te las limpie, que si nos viera la abuela nos regañaría. Y con la mano me haces un gesto para que deje de nombrarla, porque a lo mejor tapando esa salida consigues que no sea verdad que ella se ha ido para siempre. Y yo te dejo que así lo pienses, y engaño un poquito más al tiempo. No quiero decirte adiós, abuelo.
 
Ana Bergua (Del programa: Es Radio)
domingo, 29 de diciembre de 2013 | By: Abril

Algo parecido a una carta de amor


Cariño, cuando leas la presente, parece que te estoy viendo, seguro sacarás el lápiz amarillo de penalizar las terminaciones en "inas". Apunta siete.

Mientras escribo algo parecido a una carta de amor, escucho el mar que va y viene, a veces solo parece que viene. De vez en cuando, una ola mayor que las otras hace más ruido que las demás al llegar a la orilla, en su retroceso los cantos y piedras que arrastra la resaca suenan a... no me sale la palabra, ¿cómo llamarías al sonido de las piedras cuando retroceden?, escríbeme y cuéntamelo. Cuéntamelo de esa manera tan tuya, colocando las palabras como gemas preciosas, una tras otras, íntimas, sin estorbarse. Cuéntamelo a tu manera, ya sabes de lo que hablo.
Cada día la quiero más, o le quiero más, y no sé si estoy cometiendo leísmo o laísmo cuando afirmo lo que afirmo bajo estas circunstancias nuestras tan difíciles.

La quiero con este amor poderoso, el más alto de todos los sentires pues desde la iluminada sombra, la quiero.

La quiero mientras escucho nuestra canción de otoño, y cuando el último sonido acaba. Sin paliativos, sin bendición eclesiástica, sin que me ampare la ley ni el yugo, la quiero.

Diga lo que diga el edil, la boticaria, el párroco…  todos los de éste mi pueblo hipócrita de menguada frente, a ellos, a los que sus oficios de guardadores de la moral colectiva les obliga a mantener el respeto bajo palio. Aunque digan que sí y es que no... repudian  la demostración de este amor tan poco ecuménico, como si nunca se hubieran querido dos mujeres de la manera en que tú y yo nos amamos.

Escucha cariño, te lo digo ahora en primerísima persona, bien alto, bien fuerte, bien claro, asomada al balcón de la luz, batiendo alas y voz: Te quiero niña, te voy a querer siempre, estés, o no estés, o estés a medias, estés aquí, o acullá, en la estratosfera o en la puerta de mi casa, en mi cama, o en mi pensamiento, entre mis piernas, o junto a ellas; te quiero con las entrañas, con el hígado... No sé por qué el corazón se tiene que subrogar el derecho a erigirse hábitat de los sentimientos. Te quiero con ganas, con flujos, con ansias, sin vergüenza, con los pechos erectos y la piel preparada.
Te quiero de mujer a mujer, entre dos espejos, el tuyo y el mío, abarloada a tu boca. A veces te quiero de manera egoísta, absurda y desesperada, solo para mi te quiero, y otras, porque te quiero, te suelto. También te quiero serenamente. Te quiero cuando gimo, cuando gimes, cuando no llegamos al placer al mismo ritmo, cuando sí que llegamos, cuando no estás, cuando vienes o te vas, te quiero.
Te quiero.
Que conste en acta, y dentro de diez lustros, cuando todos solo seamos recuerdos vagos de lo que fuimos, sombras aladas motas de polvo, ceniza, átomos, iones, Atón o Amón...te seguiré queriendo.

(Isabel)

Amor impar



Extraño me siento al escribir estas líneas... ¿Qué es el amor? ¿Anhelar el placer de la compañía de una persona? ¿Desear el placer de su compañía por encima de todo? ¿La certeza moral de que te llevarías una bala por ella? ¿Respirar su sonrisa?
Me resulta más difícil racionalizar un recuerdo que idealizar, lo cierto es que la relaciones humanas son complejas y más cuando se mezcla el deseo de por medio... Como bien escribió Gabriel García Márquez en el "Amor en tiempos del cólera": “El amor tiene más cuartos que un hotel de putas”. Mi acerbo cuenta al menos con una relación en puntos de suspensión, no por mi falta de voluntad, sino por respeto a la libertad del objeto de mi deseo... No quiere ataduras... Mi actual pareja, indescriptible, del choque de trenes originario, hasta el día de hoy...
¿A quién le soy infiel, a quién amo a día de hoy, o a quién amé primero – prior in tempo, potior in iure, diría el jurista romano? El marco incomparable, el puerto de Alicante, al que he acudido con mi pareja, M-Clan desde el escenario nos transmite la energía canalla, y las rabiosas ansias de vivir del rock stoniano y el blues sucio, coincidimos los tres, feliz circunstancia, estoy eufórico, exultante, las presento, las risas están garantizadas, los celos prohibidos... Nos vamos de copas, desinhibidos... el mundo importa poco, las opiniones de los demás menos, exijo mi heroína inocua, la paz que me transmite acariciar y masajear los pies bonitos de las señoras estupendas, y mi pretensión no me es negada:
Mezcla casi absurda de perversión e ingenuidad... Surgen las primeras ironías picantes sobre lo que se comparte y lo que no... Se acompañan al baño, como hacen las amigas, y vuelven muertas de risa...
Las bromas suben de tono, escéptico, creo que me están vacilando... Que es por lo cogidas ambas dos por la cintura, las provoco a mi vez, con el valor que inspiran las bendiciones de Baco, propino besos húmedos a izquierda y derecha... miradas furtivas de quienes se encuentran alrededor, puedo entenderlo, ni yo mismo me lo explico...
Me encantaría que os besarais entre vosotras, como expresión de la ternura y sensualidad que se ha generado entre todos, lo hacen, tímidamente primero... Hasta que no bajamos los 3 del autobús no me creo que lo que va a ocurrir sea posible, realizable.... Los tres desnudos ya, sin egoísmos, compitiendo por ver quién le proporciona mayor placer a quién. Ceremonia pagana de celebración de la vida... Eros nos sonríe. No puedo evitar sentir que le estoy siendo infiel a ambas dos, porque a las dos las amo...

(Isaac)
sábado, 28 de diciembre de 2013 | By: Abril

Carta de amor para él


"Ella se miró en los mil pedazos rotos del espejo, su piel iluminada por las velas, tenía el color irreal de las figuras de cera. Miguel comenzó a acariciarla y ella vió transformarse su rostro en el calidoscopio del espejo y acepto al fin que era la más bella de todo el universo, porque pudo verse con los ojos que la miraba Miguel."

'La casa de los espiritus', Isabel Allende.

Tiempo de silencio, tiempo de espera, si tengo que admitir que volver a oír tu voz me trajo sensaciones olvidadas, te imaginaba dormido, como un príncipe de cuento, esperando que viniera alguien a darte un beso para volver a ser real, mientras solo eras un sueño, alguien del pasado que se marchó a un país lejano, pero dentro de mi sigues estando y eres real, tu voz me quema y tus palabras me traen recuerdos de besos y ron, pero debes de seguir durmiendo.

Volcar mis sentimientos y mis actos en unas palabras a veces duele, este es un momento de mi vida muy difícil, muy importante, nada fácil, en el que cuando me quedo a solas conmigo misma me viene una película que no quiero volver a ver, la película de todos los meses pasados contigo, las palabras que me  dijiste, lo que yo  te dije, una y otra vez van pasando delante de mi como una pesadilla, lo que hizo, lo que me dijo, lo que le dije, todo tiene un tiente amargo, y luego por encima de todo eso, o por debajo, está el día a día, el trabajo, hacer la comida, mi casa, y es que nadie sabe que llevo conmigo un fantasma, que se sienta en mi mesa y se acuesta en mi cama , y por la noche me dice cosas y me abraza, pero cuando me despierto me clava a martillazos sentimientos en mi corazón, pero tengo que luchar contra todo esto, y quizás toda la felicidad de antes, ahora está pasando la factura.

(María Jesús)

Prefijos en el amor


La culpa fue de los prefijos. Dejamos que se fueran posando en algunas palabras de nuestro idioma, y acabaron adueñándose de lo más íntimo del diccionario que habíamos creado juntos.
Permitimos que se escapara la emoción que sentíamos al escucharnos, conseguimos que nuestras miradas llegaran a encontrarse diferentes.
Cambiamos la ilusión por la des-ilusión. Dejamos la puerta abierta a la monotonía. Nos conformamos con un sucedáneo de romanticismo, convertimos lo nuestro en simulacro.
Cambiamos el vivir por el sobre-vivir. Nuestros sentidos se volvieron perezosos, tu cuerpo y el mío se convirtieron en extraños, la lastima vino a acompañarnos.
Cambiamos la pasión por la com-pasión. Y llegó la hora del reproche, intercambiamos nuestras culpas. Nos quedó el consuelo para tontos, el rencor.
Cambiamos el sentimiento por el re-sentimiento. Asistimos impasibles a la catástrofe y, cuando quisimos darnos cuenta, nuestra lámpara maravillosa se había apagado.
Cambiamos el amor por el des-amor.
Nos queda este texto, que no es más que un pre-texto...para tantas cosas.
La culpa fue de los prefijos.
(Josefina. Del programa de radio: Es Amor)
jueves, 19 de diciembre de 2013 | By: Abril

Carta 21



Querida chica especial: 

Dado que me resultaría dificil llevarte al Diario de Patricia (no al de Patrish, al de la tele lleno de freaks) he decido redactar una carta al más puro estilo quinceañero (no en vano tengo 16 años). 


Los que me conocen saben que se me dan bien las indirectas, así que usaré una para comunicarte lo que quiero: Me gustas. No como un bocata de jamón puede gustar a una persona, tú ya me entiendes. 


Pero una relación no se forma sólo con que a una de las partes de la pareja le guste la otra, por lo que es necesario que haya algún tipo de atracción de ti hacia mi. Es por ésto que te pongo a continuación una serie de referencias hacia mi persona hechas por gente que me conoce: 


- "Él no ha tenido ninguna novia, pero porque siempre te ha estado esperando a ti"
- "Una vez tuvo que hacer el boca boca y aquel anciano le dijo que besaba bien"
- "No sabe mentir, así que puedes confiar en él"
- "Tiene una camiseta que mola"
- "Siempre tira de la cadena"
- "No le pidas que corra porque seguramente te dirá que correr es de cobardes"
- "Es mono, en el sentido de simio, claro" 


Ojalá que te haya convencido y hayas decidido abordar conmigo este viaje del amor en el que espero que pasemos muchos ratos en el vagón +18 y hagamos muchas paradas en la estación Delbeso.


(Fuente: http://zonaforo.meristation.com/)