jueves, 2 de enero de 2014 | By: Abril

Querido amigo


Hoy te escribo para decirte que te admiro mucho. Eres la persona más transparente que conozco. Jamás escondes lo que piensas y sobre todo amas a tu esposa e hijos por encima de todo. En diversas ocasiones has ofrecido tu vida y corrido graves peligros para que ellos no sufrieran. Sí, es cierto, hay tensiones con tu hijo mayor y sueles estrangularlo a menudo, pero todos sabemos que es algo cariñoso y que no llegarás nunca hasta el final.

Un día tu hija me dijo que la acompañabas a lugares que tú odias para que ella disfrute de sus necesidades culturales. Te veo acompañándola a un teatro mientras unas bailarinas danzan o unos músicos interpretan música que no entiendes ni te apetece entenderla.

Lo haces por amor y eso te dignifica. Tu hija pequeña, que todavía no habla y apenas camina, es capaz de empuñar un rifle para salvarte de unos mafiosos que un día intentaron liquidarte y lo hizo por amor a ti. Amor que sólo unos pocos elegidos como tú pueden conseguir.

No lo sabes amigo, pero aunque nunca has escuchado a tu hija pequeña hablar, un día dijo algo después de que le dieras un beso de buenas noches y salieses de su cuarto. Su palabra fue: "papi". No la escuchaste, ni tu familia, ni tus vecinos, pero los que te seguimos, sí.

Es imposible no quererte tal y como eres. Has estado varias veces en la cárcel, has sido mafioso, contrabandista, estafador, ladrón, borracho, jugador, saboteador, polígamo, usurpador de identidad, entrenador de bailes de mal gusto para deportistas, traidor, chivato, pero por encima de todo amas a tu familia.

Espero todas las tardes con verdadera ansiedad esas reuniones que tenemos en el bar. Allí escucho con devoción todos tus consejos hasta que el dueño nos echa amenazándonos con una escopeta.

Siempre llevaré en mi corazón aquel día que te pedí que fueras mi consejero espiritual y aceptaste después de unas cuantas cervezas y de gritar: ¡MOSKIS!

Consejero, amigo y hermano Homer. Un abrazo.

Santi 

Lola, querida


Te voy a escribir una carta...

Sí, ya sé que no estás aquí, pero sigues estando mientras yo te sienta a mi lado. Esta es una carta como aquellas que cruzaban el Estrecho desde África a Sevilla... ¿Recuerdas? En aquel entonces, era la carta el único vehículo para llegar a ti. No había móviles, esos que ahora rompen continentes, fronteras y océanos...

Una carta que tiene el remite de mi soledad y una dirección de destino que no es de esta tierra. La tierra que un día, siempre cercano en mi recuerdo, abandonaste, -quizá con gozo- para vivir en otra Sevilla, la Sevilla de tus sueños.

No creo que estas líneas se pierdan. Habrá, como aquí abajo, un servicio de Correos que te hará llegar mi misiva, mi mensaje de amor. Tu muerte no ha conseguido separarnos, como sin fortuna nos dijo el cura. Te sigo queriendo. Te quiero más, mejor dicho: no puedo quererte más, porque te quiero sin medida, como la infinita eternidad en la que tú vives ahora.

Un beso de tu Enrique.

Querido cuerpo mío...


Dijimos que era mejor terminar y era cierto, que nos hacíamos daño, que no conseguíamos estar bien...Todo eso quedó claro y admitido por los dos. Pero me pasa algo con mi cuerpo, siento que no me pertenece.

Cada que rozo mi piel vienes a mí, cada caricia es tuya, si me peino veo tus manos enredándose en mi pelo, recuerdo como lo hacías mientras yo me abrazaba a ti. Mientras me enjabono son tus manos las que me recorren despacio. Si me toco la espalda, la cintura, las piernas tú apareces. Si me miro al espejo te veo a ti. Todo mi cuerpo eres tú, ¿cómo puede el amor apoderarse así, físicamente, del ser amado? Parece que pusiste un sello invisible en cada centímetro de mi ser.

Y si he de olvidarte, ¿qué hacer con mi cuerpo? Si pudiera quitármelo y guardarlo en el armario como quien se quita un abrigo sería un alivio. Olvidarse de él y cerrar la puerta, luego guardaría mi corazón en una cajita al fondo del cajón. Y después, aún quedaría mi alma, ahí también estás, ahí reinas. La verdad no sé si meterla en esta carta y enviarla al correo.

(Rosario)

Nos dijimos adiós...

 

No era así como lo había imaginado, quiero decir, nunca había deseado que llegase ese instante...pero sucumbió, se desarboló nuestra relación. Nos dijimos, adiós. Lo que no puedo precisar es el momento en que todo se derrumbó.

¿Dónde está el umbral, ese umbral infinitesimal que transforma sin remedio las cosas? El punto (de cansancio, de agobio) en que la caricia a fuerza de repetirse no produce placer sino dolor. El momento en el que el clavo que sostiene un cuadro demasiado pesado para él cae, y con él su carga

¿Va cediendo paulatinamente en silencio, o bien lo sostiene hasta el fin con la misma tenacidad y se desmorona de golpe al comprender que no podrá sostener el peso por más tiempo?¡Ay, amor! Quizá la conciencia, cuando aparece la señal, la grieta y llega el final, comprendes que lo inexorable había ocurrido mucho antes de que se manifestara, así al modo que cuando muere un amor sabemos, si queremos saber, que había muerto hacía tiempo, pero no lo quisimos (o no supimos) verlo.

Lo cierto es que el adiós fue cinematográfico. Una mesa de mármol frío, un pocillo de café, un atardecer naranja de otoño algo difuminado por el humo del cigarrillo, una lágrima de papel y en tu mirada el ansia, la luz pálida y lenta de mujer que no se resigna al adiós. Lo leí en tus ojos, sí:  "volver, volver". La vida invitándome nuevamente a recorrer las calles de tu mano, a besarnos en el fragor entre las sábanas en desorden donde habrá calideces olvidadas.

Y yo sigo aquí, esperando porque ¿sabes amor? Nos pertenecemos pase lo que pase, aunque no volvamos a vernos. Quiero que comprendas que la pertenencia no depende del tiempo que dure una relación sino de la intensidad puesta en la entrega. Vuelve. Te espero. Sabes dónde encontrarme...

Fernando

Historia de un adiós, (Parte I)


A lo mejor no me comprenderías si te dijera que yo necesito verte todas las semanas...aunque apenas levantes la cabeza y te aísles en ese lugar de tu memoria que habitas y que a los demás nos parece olvido, sigo sintiendo por ti ese respeto grave que los niños de antes teníamos hacia nuestros abuelos, aunque tú ya no seas dueño de tu cuerpo. En cuanto te veo, abandono la realidad, huyo de canas disimuladas, de marido y niños, de trabajos y cocinas, y de todas esas cosas que me convierten en adulta.
 
Y entonces, monto en mi triciclo, agarro firmemente las empuñaduras de plástico y pedaleo con fuerza alrededor del cedro que plantaste en el centro de tu patio, desandando la espiral del tiempo para regresar a la protección segura de tu regazo. Donde los demás ven un hombre serio y de mal carácter, mi sonrisa incombustible encuentra amor y comprensión. Cuando el miedo me paraliza, sólo entonces, levantas la voz: "¡No hagáis llorar a la nena!", y yo me refugio entre tus brazos.
 
Como si acabáramos de cenar, en esta noche de verano, aspiro con deleite los aromas que desprende tu casa, a pan tostado, a tu loción Floïd Blue, a hogar. Parpadea en la oscuridad la televisión que no miramos, mientras se revuelven cantarinas las fichas de dominó sobre la mesa en la terraza, y memorizo para siempre la lección que me dictas: Tengas menos, tengas más, la salida taparás.
 
Me mandas al garaje a buscar bebida y vuelvo a quedarme enganchada en las redes que cuelgan secándose en la noche serena. Mañana volverás al río a pescar con tu barquita y tu amigo. Me desenredas con una carcajada limpia que me nubla un poco los ojos y me devuelve a la realidad severa.
 
Llevas las gafas sucias, abuelo. Déjame que te las limpie, que si nos viera la abuela nos regañaría. Y con la mano me haces un gesto para que deje de nombrarla, porque a lo mejor tapando esa salida consigues que no sea verdad que ella se ha ido para siempre. Y yo te dejo que así lo pienses, y engaño un poquito más al tiempo. No quiero decirte adiós, abuelo.
 
Ana Bergua (Del programa: Es Radio)
domingo, 29 de diciembre de 2013 | By: Abril

Algo parecido a una carta de amor


Cariño, cuando leas la presente, parece que te estoy viendo, seguro sacarás el lápiz amarillo de penalizar las terminaciones en "inas". Apunta siete.

Mientras escribo algo parecido a una carta de amor, escucho el mar que va y viene, a veces solo parece que viene. De vez en cuando, una ola mayor que las otras hace más ruido que las demás al llegar a la orilla, en su retroceso los cantos y piedras que arrastra la resaca suenan a... no me sale la palabra, ¿cómo llamarías al sonido de las piedras cuando retroceden?, escríbeme y cuéntamelo. Cuéntamelo de esa manera tan tuya, colocando las palabras como gemas preciosas, una tras otras, íntimas, sin estorbarse. Cuéntamelo a tu manera, ya sabes de lo que hablo.
Cada día la quiero más, o le quiero más, y no sé si estoy cometiendo leísmo o laísmo cuando afirmo lo que afirmo bajo estas circunstancias nuestras tan difíciles.

La quiero con este amor poderoso, el más alto de todos los sentires pues desde la iluminada sombra, la quiero.

La quiero mientras escucho nuestra canción de otoño, y cuando el último sonido acaba. Sin paliativos, sin bendición eclesiástica, sin que me ampare la ley ni el yugo, la quiero.

Diga lo que diga el edil, la boticaria, el párroco…  todos los de éste mi pueblo hipócrita de menguada frente, a ellos, a los que sus oficios de guardadores de la moral colectiva les obliga a mantener el respeto bajo palio. Aunque digan que sí y es que no... repudian  la demostración de este amor tan poco ecuménico, como si nunca se hubieran querido dos mujeres de la manera en que tú y yo nos amamos.

Escucha cariño, te lo digo ahora en primerísima persona, bien alto, bien fuerte, bien claro, asomada al balcón de la luz, batiendo alas y voz: Te quiero niña, te voy a querer siempre, estés, o no estés, o estés a medias, estés aquí, o acullá, en la estratosfera o en la puerta de mi casa, en mi cama, o en mi pensamiento, entre mis piernas, o junto a ellas; te quiero con las entrañas, con el hígado... No sé por qué el corazón se tiene que subrogar el derecho a erigirse hábitat de los sentimientos. Te quiero con ganas, con flujos, con ansias, sin vergüenza, con los pechos erectos y la piel preparada.
Te quiero de mujer a mujer, entre dos espejos, el tuyo y el mío, abarloada a tu boca. A veces te quiero de manera egoísta, absurda y desesperada, solo para mi te quiero, y otras, porque te quiero, te suelto. También te quiero serenamente. Te quiero cuando gimo, cuando gimes, cuando no llegamos al placer al mismo ritmo, cuando sí que llegamos, cuando no estás, cuando vienes o te vas, te quiero.
Te quiero.
Que conste en acta, y dentro de diez lustros, cuando todos solo seamos recuerdos vagos de lo que fuimos, sombras aladas motas de polvo, ceniza, átomos, iones, Atón o Amón...te seguiré queriendo.

(Isabel)

Amor impar



Extraño me siento al escribir estas líneas... ¿Qué es el amor? ¿Anhelar el placer de la compañía de una persona? ¿Desear el placer de su compañía por encima de todo? ¿La certeza moral de que te llevarías una bala por ella? ¿Respirar su sonrisa?
Me resulta más difícil racionalizar un recuerdo que idealizar, lo cierto es que la relaciones humanas son complejas y más cuando se mezcla el deseo de por medio... Como bien escribió Gabriel García Márquez en el "Amor en tiempos del cólera": “El amor tiene más cuartos que un hotel de putas”. Mi acerbo cuenta al menos con una relación en puntos de suspensión, no por mi falta de voluntad, sino por respeto a la libertad del objeto de mi deseo... No quiere ataduras... Mi actual pareja, indescriptible, del choque de trenes originario, hasta el día de hoy...
¿A quién le soy infiel, a quién amo a día de hoy, o a quién amé primero – prior in tempo, potior in iure, diría el jurista romano? El marco incomparable, el puerto de Alicante, al que he acudido con mi pareja, M-Clan desde el escenario nos transmite la energía canalla, y las rabiosas ansias de vivir del rock stoniano y el blues sucio, coincidimos los tres, feliz circunstancia, estoy eufórico, exultante, las presento, las risas están garantizadas, los celos prohibidos... Nos vamos de copas, desinhibidos... el mundo importa poco, las opiniones de los demás menos, exijo mi heroína inocua, la paz que me transmite acariciar y masajear los pies bonitos de las señoras estupendas, y mi pretensión no me es negada:
Mezcla casi absurda de perversión e ingenuidad... Surgen las primeras ironías picantes sobre lo que se comparte y lo que no... Se acompañan al baño, como hacen las amigas, y vuelven muertas de risa...
Las bromas suben de tono, escéptico, creo que me están vacilando... Que es por lo cogidas ambas dos por la cintura, las provoco a mi vez, con el valor que inspiran las bendiciones de Baco, propino besos húmedos a izquierda y derecha... miradas furtivas de quienes se encuentran alrededor, puedo entenderlo, ni yo mismo me lo explico...
Me encantaría que os besarais entre vosotras, como expresión de la ternura y sensualidad que se ha generado entre todos, lo hacen, tímidamente primero... Hasta que no bajamos los 3 del autobús no me creo que lo que va a ocurrir sea posible, realizable.... Los tres desnudos ya, sin egoísmos, compitiendo por ver quién le proporciona mayor placer a quién. Ceremonia pagana de celebración de la vida... Eros nos sonríe. No puedo evitar sentir que le estoy siendo infiel a ambas dos, porque a las dos las amo...

(Isaac)