martes, 19 de octubre de 2010 | By: Abril

Carta a un amor imposible...


Déjame decirte, déjame contarte…

Quiero que sepas lo que siento y he sentido hasta ahora, necesito que comprendas que nunca te olvidé, que fuiste la luz que ilumina el final del túnel…que no reniego de ti porque no te quiera, porque hayas pasado a ser un vago recuerdo que va tan rápido que casi ni pueda alguien asimilar, no, es por algo más duro, más cruel, es por una realidad, y no es un hasta nunca, es un hasta siempre…en mi mente, en mis pensamientos, en mi corazón…es algo que siempre tendremos tú y yo, es algo…indescriptible. Déjame que te explique que entre tú y yo hay una puerta, una que se abre y se cierra, pero permanece cerrada, y aunque tú a un lado y yo al otro queramos abrirla…nos es imposible, porque el destino…nadie lo controla. Y ahora que sabrás cómo me siento, déjame contarte qué es de mí ahora. Ahora no estoy sola, no, ni amo locamente a alguien, al menos no tanto como un día te amé a ti, o como te pueda seguir amando toda la eternidad. Sí, tengo a alguien, a alguien que me sirve de consuelo, que necesito, porque sin él nadie ocuparía el gran vacío que dejaste (y no te enfades, tú y yo sabemos que yo acabé con todo, pero porque me di cuenta de que esto era un amor imposible)…Tú y yo…Tú y yo estábamos hechos el uno para el otro, hasta ese maldito día en que algo me hizo ver la realidad, hasta que algo, cualquier cosa, me dijo…no sigas creyendo que corriendo llegarás…pues si el destino no lo quiere, en este pasadizo, no hay final.
Y ahora es cuando te doy las gracias, las gracias por haber sido un recuerdo inolvidable para mí, un amor, un todo, y un todo completo, sin faltas, sin secretos, sin sobras…Las gracias por haber sido una inspiración, por haber sido el ave que pasó en plena tormenta, cuando esta fotógrafa, sin sueldo alguno, ya se había rendido a sus ganas de morir. Gracias por haberme devuelto la alegría en ese tiempo que vivimos en nuestro mundo de fantasía, gracias por dármelo todo, porque ese todo era amor, y era lo que yo necesitaba. En fin…gracias por haber sido una inspiración para mi, por haberme hecho feliz…
Esperaré en silencio y sentada, tranquila, sin ansia alguna, como he acostumbrado a hacer…viviendo mi vida, sin girarme a mirar si la puerta se abre o se cierra, o si el final está muy lejos, me contentaré pensando que tú eres ese final de cuento, que no sé si queda mucho para tenerte de nuevo…que no sé si quiera si algún día volveremos a estar juntos y no parecerá una locura, o una ofensa a los cuerdos, por así decirlo. Pero esperaré sin prisa, porque si esto está escrito…sé que llegará, y sé que tú, llegarás con ello.
Atentamente, quien solo tú y yo sabemos, lo imposible, lo borroso…simplemente, un recuerdo.

(Anónimo)
viernes, 15 de octubre de 2010 | By: Abril

Pequeña -pero nada breve- carta de amor al hombre de mi vida


Carta de ella

Francisco:

Hoy quiero escribir. No, no, no estoy comenzando bien. No solo quiero escribir… no se trata solo de mi ritual sagrado y consagrado de las noches, donde hago sangrar, aunque sea a la fuerza las yemas de mis dedos en el intento, inocente y persistente de crearme un oficio, una disciplina. No. Esta noche necesito escribir, las letras salen solas y con fuerza y se apilan en pequeños montones….

Siempre fui una niña mala. Mala por que era diferente, mala porque era solitaria, mala porque nunca encontraba mi lugar. Siempre fui la chica rara, la loca de la casa, la aislada, la huraña. No tuve con quién compartir mis anhelos, mis sueños, mis más secretos temores: las lágrimas siempre se saboreaban solas. ¿Sabes? Pasé noches, largas y muchas, pensando que si algo andaba mal, era en mi, que yo hablaba otro lenguaje, que me era más fácil esconder la cara y huir, correr siempre contra la corriente, correr hacia donde el viento me llevara, correr como una piedra rodante, sin dejar crecer el musgo, sin un hogar ni un destino, sin tener ningún por qué.

Y luego llegaste tú.

Te reconocí en un instante. Un buen amigo decía que los maníacos, los locos caprichosos, despedimos un peculiar aroma que nos hace encontrarnos, diferenciarnos. Yo no te conocí: te reconocí. Fue algo en tu mirada que me dijo: Este es mi hombre, fue algo en el tono de tu voz, en el juego torpe de tus movimientos, en las medias sonrisas, en las miradas veladas que me atrajo hacia ti. Me rompiste el corazón y yo te lo rompí a ti. No voy a hablar de influjos ni destinos: Volví por que así lo quise, volví por que te amaba. Por que extrañaba encontrar en tus besos a ese hombre que en el abrazo me decía que me entendía, que no era extraña, que conjuraba sueños en los que no podía estar otra persona si no tú. ¿Qué veo en ti? Me preguntas una y otra vez. Veo a un cómplice, a mi mejor compañero, mi más entrañable amigo. Veo una brújula, un faro de luz que me recuerda en las tempestades hacia donde va el camino, en donde esta mi hogar. Veo a un loco que habla mi mismo lenguaje, entiende mis señas y sabe ese idioma secreto que solo entre los dos podemos hablar. Veo a un hombre verdadero, determinado a darlo todo por quienes ama, que no teme hacer sacrificios pero que está dispuesto a luchar por sus sueños, que no se atrevería a dejarlos olvidados en un cajón, capaz de luchar hasta el final. Veo una sed de conocimiento, la curiosidad despierta del niño y la certeza adquirida del viejo. Veo -y admiro- la fiera disciplina del oficio de la vocación, veo al escritor, sin trucos, sin magias. Veo -siento- un aroma animal de amante que despierta mi cuerpo y mis sentidos y me hace erizar la piel. Veo -Entiendo, disfruto, comparto- la mente ágil y la fantasía y sueños que habitan y los intrincados corredores y pasadizos de una mente que me fascina, que me seduce. Veo -leo- las letras que me hipnotizan, que me emocionan, los cuentos que quiero escuchar cada noche antes de dormir. Veo, en pocas palabras, los ojos que quiero sean lo primero que mire al amanecer y lo último cuando anochezca, veo la figura del hombre a quien quiero pasar toda mi vida haciéndole el amor, con el cuerpo, con palabras, con historias, con caricias, con la piel y con la mente. Veo al padre de mis hijos. Veo mi pretérito, mi presente y mi futuro en ti

No mentiré: Muchos hombres pasaron por mi vida. Dije “Te amo” más veces de las que quisiera contar ¿Qué es diferente ahora? Me preguntas tú. Y la respuesta más sincera que puedo darte, es que Yo elegí quedarme a tu lado porque tú, solo tú penetraste en la coraza, ante ti me expuse desnuda y sin pretensiones, descubriste lo más hondo, lo más negro y aun así decidiste amarme. Conociste a la niña recelosa y herida, conociste a la mujer desconfiada, agresiva y mentirosa- todavía, todavía me cuesta mucho desprenderme de tantas heridas-. Y al amarme, al perdonarme, las liberas, liberas mis miedos, me haces aparecer. Por primera vez en la vida, tengo un lugar verdadero, por primera vez tu me entiendes cuando hablo, cuando callo, cuando grito y cuando lucho. ¿Y tú? Tú llegaste a mi despojado de mentiras, sincero siempre, con la frente en alto. Dispuesto a protegerme, a luchar por mi, por ti, por nosotros. Y eso es algo que nunca podre pagarte

Así que, Francisco, esta es una pequeña carta de amor que decidí colgar aquí para que la mires cada vez que te de por abrir viejas heridas, que no son pocas las veces. No es una carta buena, no elegí las mejores palabras, no se nada de estilo y menos de gramática. Lo que puedo ofrecerte, es que es una carta sincera. Aquí, en cada letra, estoy yo. Y yo, soy tuya. Enteramente tuya, por que así lo he decidido.

Ahora, amor, a seguir caminando juntos. Paso a paso. Yo estaré tomando tu mano. Y cuando sea el momento… juntos ¡A volar!

Carta de él

¿Qué decir después de esto? ¿Cómo responder a una carta que te desnuda y me desnuda? ¿Qué escribir tras cada segundo que siento que mi corazón no late al terminar de leer tu carta?

Y es que, lo sabes bien… tengo mucho miedo.

Podría hacerte una larga lista de tus cualidades, de tu hermosura, tu inteligencia, tu talento, tu mirada, tu presencia, tu toda tú, pero eso lo sabes bien y te lo digo siempre. Quizá si te contara de los planes, del futuro, de mi vida a tu lado, pero de eso hablamos todos los días y quizá no sea bueno dejar una huella pública y quedarnos nosotros solos con las metas que estamos consiguiendo. Igual si te hablo de mi pasado y las marcas que llevo en mí y la forma en que tus manos curan mis cicatrices, en que tu aliento me revive, en que tu mirada me energiza, pero eso lo vivimos cada día, con cada roce, con cada encuentro. Podría decirte que cambiaste mi vida sólo al conocerte, que me diste motivos y fuerzas para buscar y hacer, para ser, pero todos los días agradezco la vida que buscamos y construímos para que no haya quedado claro ya. O puedo ofrecerte mi vida entera, abrirte mi casa, poner mis tesoros a tus pies, dejarte apoderar de lo que he ido conquistando con mi paso por la tierra, pero ya te sabes dueña y señora de mi pequeño reino y todos te reconocen ya como parte indivisible de mí. Tal vez si me arranco el corazón lastimado, cuarteado, zurcido, con trozos perdidos y te lo ofrezco como ritual antiguo en una plaza pública, pero también ya es tarde, pues llevas mi corazón entre tus manos, como llavero, como pendiente, como la primer ofrenda que te di cuando me regalaste una sonrisa.

Y todo eso parece poco a cambio de la sola posibilidad de verte, de hablarte, de tocarte, de besarte, de compartir tu sueño, tu espacio, el mismo planeta. Y eso me asusta tanto.

Gracias, amor, por regalarme esto y querer ayudar a que se vaya el miedo. Lamento arruinar tan bella misiva con mis inseguridades y mi torpeza y mi falta de palabras y mi no tener una respuesta que parezca adecuada a lo que tú escribiste.

Después de todo… en medio de todo… sólo puedo repetirte una vez más: ¡TE AMO!

Francisco Espinosa.

P.D. He de aclarar, sólo en justicia y para que tus lectores no se queden con el confuso orden en que tú lo has planteado… tú me rompiste el corazón primero.

(Del blog: "Arsénico Lolita")

sábado, 9 de octubre de 2010 | By: Abril

A las cuatro en la plazoleta


Hola Irene.

No sé porque te escribo, seguramente para no sentirme tan solo o con la esperanza ingenua a que alguna vez leas esto, a que de alguna manera sigas sabiendo de mi de esa forma mágica que le damos a las cosas cuando no tenemos nada en lo que creer y que ahora he otorgado a este cuaderno donde te escribo. Hace tres días que te fuiste, y cada palabra que escribo es como una victoria o una derrota, un drama del que me gustaría ausentarme, sin poder hacerlo por el miedo a perder la última esperanza de recuperarte. La casa sin ti se me cae encima y me paso casi todas las tardes en la plazoleta de enfrente. Suele estar llena de viejos y niños, los dos extremos de la vida a los que parece que les sobran las horas para gastarlas en la calle, las horas que ahora me sobran a mi y que uso mirándolos en sus actividades, que son muchas. En esta afición mirona coincido casi siempre con una mujer mayor, Carmen, viuda desde hace un año y desde que se fue su Angelino se aburre. El dolor en esa compañía silenciosa, se me hace mucho más llevadero, las horas se nos pasan mirando a la gente juntos, sin que Carmen me pregunte por mi tristeza, ni yo por su familia, ni por todas esas verdades incómodas que en los malos momentos no son fáciles de explicar. Nos dedicamos a ser espectadores del mundo, enajenándonos del propio por el duelo y apropiándonos del ajeno en una pausa muy cómoda que es nuestra compañía.

Esta mañana me he despertado por el ruido de la puerta al abrirse, me he levantado de un salto pensando que habías vuelto, cuando iba a tu encuentro con el corazón que me salía del pecho, he comprendido que había soñado, la casa se ha llenado de tus fantasmas... Hoy he hecho una foto a Carmen en la plazoleta donde nos encontramos todas las tardes. Cuando se la hacía, estaba fumando y le he dicho que lo debería dejar; ha salido mirando hacia otro sitio. En la foto podrás ver el sofá de nuestro cuarto de estar. Como pasamos tantas horas en la plazoleta y en casa casi no estoy, pues lo he bajado para que podamos estar más cómodos, al final de tantas horas los bancos públicos se hacen muy duros. Carmen ha bajado las fundas estampadas que ves y me dicho que también bajará unos cojines.

Hoy hemos estado viendo jugar a un grupito de unos diez chavales que imitaban una serie de dibujos, nos ha sorprendido la resistencia a los golpes que tienen. Luego hemos visto jugar a unos abuelitos a la petanca y casi se pegan como los chiquillos de antes. El momento que más nos sorprende siempre, porque siempre es muy parecido, es cuando vienen a la plazoleta los perros y sus dueños. Llegan más o menos a la misma hora, cada uno por su lado, sueltan los perros que corren al encuentro, se huelen, se saludan, juegan, y cuando los dueños se impacientan, llaman a su perro y se van. Carmen y yo dudamos quién saca a quién.

Me paso casi todo el día en la calle, lo peor son las noches cuando no te encuentro en la cama y la sábana no es tu piel, ni la almohada tiene tu abrazo, ni se tienen sucedáneos para lo que se echa de menos.... Carmen bajó ayer una mesa de camping y una mantita, por las tardes refresca pronto. Yo bajé la lámpara de pantalla que teníamos en el saloncito para leer y la he enchufado a una batería. Ayer fue divertido porque cenamos sopa que trajo Carmen en un termo y croquetas de jamón que le salen buenísimas. Me ha dicho que el truco está en echarle maicena a la bechamel. Yo hice una ensalada y como no estás, le puse mucha cebolla. Mientras cenamos le hablé a Carmen por primera vez de ti, cuando acabé sólo dijo, “ay, hijo”....... sin poder ocultar la necesidad por volver a creer, le pregunté que era para ella amar, y me contestó que “si me lo preguntas no lo sé, ahora, si no me lo preguntas, sí”.
Pudimos ver la tele pequeña que tenía en la habitación ya que funciona perfectamente conectada a la batería, Carmen quería que viéramos juntos un programa que le gusta mucho pero se quedó dormida, aproveché para recoger un poco y al final yo también me quedé dormido a su lado...

Me despertó el sonido de unos tambores, al abrir los ojos asustado nos vi perros y gente sentados en corros que nos rodeaban riendo y cantando, fumando bebiendo, haciendo malabares, me dio la sensación de despertar en un país muy lejano, africano o de otro continente. Carmen también despertó tan desorientada como yo, y mientras un par de chavales se acercaban a preguntarnos si queríamos cerveza, un vecino de la plaza gritaba desde el balcón que había llamado a policía, que aquello ya era demasiado. La primera luz de la mañana reflejaba en la litrona tendída por el joven que nos explicaba que eran del movimiento okupa y les molaba mucho el rollo que habíamos montado en nuestra plazoleta, no entendíamos nada...Hace dos semanas que te fuiste, la vida es una locura.

(Marcos Hernando Jiménez)
viernes, 24 de septiembre de 2010 | By: Abril

A solas


Hace tiempo que te fuiste, ya perdí la cuenta de los meses. Hoy he decidido hacer repaso, ya sabes de vez en cuando me gusta observar lo que ocurre en mi mundo desde la perspectiva que te da el tiempo, y me apetecía hacerlo escribiéndote esta carta.
¿Cuánto hace? Ocho o nueve meses. Recuerdo el día que te fuiste y cómo te fuiste. Cuando recogías lo imprescindible para abandonar aquel nido de discusiones. Te observaba sentado sobre la cama, con la angustia apretándome la nuez, la esperanza, un tanto ingenua, que me decía que aquello no era definitivo y el pánico, mucho pánico, pánico en los rincones donde nos besábamos, en todos los lugares donde habitaba tu recuerdo y no sólo el tuyo si no el mío, de mi yo contigo que iba a desaparecer cuando cerrases la puerta. Puede que los dos aborreciésemos nuestras vidas, lo que éramos juntos, pero en el momento de esa muerte tuve miedo, terror a estar solo, ataque de pánico.

¿Por qué tenemos tanto miedo a estar solos?. Pero no tú ni yo, en general. No sé si te habrás fijado, pero he visto demasiada gente a mi alrededor que prefiere resignarse a ser infeliz, que arriesgarse a estar solo. ¿Será que es lo más cercano a estar muerto, es lo más cercano al olvido, a que creas que no existes por no tener proyección en nadie?

La cabeza es curiosa. ¡Sabes si me he duchado veces estando sólo en casa, cuando aún vivías conmigo!. Disfrutaba del momento, que era mi momento, con mi música, con el bao, era el proceso en el que me esforzaba en parecerte más atractivo, ya sabes que siempre he sido un presumido. Desde que no estás, me obsesiona caerme mientras me ducho, quedarme inmovilizado por el golpe en el fondo de la bañera, que nadie escuche los gritos de auxilio y morir de inanición. Cuando me atropellan estos pensamientos ilógicos, es cuando más conciencia de la soledad tengo, cuando escucho lo ecos del pasillo.

Insisto, el ser humano tiene mucho miedo a vivir solo, no está preparado. Cuando dejas a tus padres, es porque te has ido a vivir con tu pareja. Si te separas de la pareja, normalmente lo haces por el amante y si eres el abandonado, con ansiedad buscas un sustituto.

La sociedad tampoco está preparada. La gente “normal” no entiende que uno sea uno y no dos o tres. Tu vecina te mira torcido porque siempre vas solo, la taquillera del cine con lástima cuando le pides una entrada, o si sales a cenar, las mesas de alrededor siempre están ocupadas con familias numerosas, llenas de niños que corretean alrededor, mientras uno clava los ojos en ese bicho tan raro que eres tú.

Las hipotecas tampoco están preparadas para subyugar individualmente….ni tampoco en pareja, pero no quería hablarte de este tema.

Y al hacerte mayor, mayor es el miedo, mayores las dependencias y las querencias hacia la rutina de la compañía, que es el rescoldo de lo que fue la pasión. Nuestra pasión no se apagó, pero nos hacíamos muy mala compañía. Estando contigo ya me sentí solo, me imagino que a ti te pasaba lo mismo. Tan sólo nos buscábamos para besarnos con furia o enfurecernos con rabia. Subimos tantas veces a la cumbre, para luego bajar rodando que nos olvidamos de caminar erguidos.

Hoy te confieso, que fuiste valiente y te marchaste, yo fui cobarde y te abandoné sin irme, sin quedarme, esperando a que te fueras. Te obligué y me dejaste con tres palmos de narices.
Por primera vez en mi vida, he decidido estar a solas. Será que le estoy cogiendo gusto a lo del onanismo.

Por cierto, el gato, que es tuyo y es mío, de un tiempo a esta parte pone cara de querer abandonarme, se lo noto en sus maullidos. Ayer afronté la situación y le dije que si quiere irse tiene las puertas abiertas………Como se vaya adopto un perro……

(Marcos Hernando Jiménez)
domingo, 19 de septiembre de 2010 | By: Abril

Llega el invierno


Llega el invierno y el frío obliga a recogernos, el cielo se queda en pausa y la calle es un desierto de color sepia por las farolas.

Aquí dentro, en mi casa y en mi cama, es más invierno. La manta me aburre en las cordilleras de sus arrugas, pero deja ver los fantasmas de mis pies en calcetines blancos. Me entretengo moviendo ahora el dedo gordo, ahora el pequeño, juego con marionetas mientras pienso en ti, mientras caigo en la tramposa alquimia de los recuerdos.

Llueve en mi cara y en la calle, en la acera y en mi pecho. Rielan las gotas por mis ojos o golpean los lagrimones en las ventanas. Llueve, hace frío y me entrego al sintético abrazo de la manta que no me quita las ganas del tuyo, ni la sábana es tu piel, ni la almohada tiene tu voz y no hay sustitutos para lo que se echa de menos.
Se fue el verano, te fuiste tú y llegó el invierno. Me encojo y me acurruco para afrontar la helada en la calle y en mis sesos.

(Marcos Hernando Jiménez)
sábado, 4 de septiembre de 2010 | By: Abril

¿Cuál es el secreto?



Sentada en el sofá, entre sus temblorosas manos, sostiene un periódico, de esos de política y chismes, recién abierto: “Hoy toca actualidad, tengo que estar al día”, me dice con voz semiquebrada y atenta a lo que ese manojo de papeles le pueda descubrir, esa tarde…

Es frágil, aunque sólo de físico. Su armazón es interno: una gigantesca fortaleza que nunca supe cómo cupo en ese cuerpecillo de porcelana. He visto fotos suyas de joven, recién casada, en la playa, en un baile, casi todas en blanco y negro, y bien podría haber ocupado cartel (lo pienso) entre las más lustrosas actrices de los cincuenta. De los sesenta. De todo el siglo XX. Su belleza no ha menguado en el viaje, si acaso, alguna arruga más que otra ha descansado sobre su rostro, reflejando el tiempo, pero sin alterar ese universo de generosidad y ternura que emanan sus ojos, en cualquier leve parpadeo. Además, esa finura acrisolada de su piel, no camina sola. Pues algo puramente genético, que se tiene o no se tiene, que se gesta en la propia cuna, la impregna por entero: la elegancia. “Lo importante de las piedrecitas y de los collares, querida abuela, no es poder tenerlas o comprarlas, sino el saber llevarlas (te diría); y ninguna de ellas brilla tanto en otro como sobre tu cuello”.

Tener una “segunda madre” es un privilegio. Más cuando hay seres que ni a una conocen. Yo las he tenido; las tengo. Siendo pequeño, los sábados llegaba a su casa a media tarde, en invierno, y me preparaba un tazón de leche, caliente, con Colacao y galletas Príncipe. Allí estabais tú y el abuelito. A veces con él jugaba una partida al ajedrez (¿recuerdas?), me hablaba de sus cosas de filosofía o veíamos el fútbol; después tomaba un baño en agua templada, largo, escuchando los partidos del sábado, y cenaba, mientras os veía a los dos en el sofá, hablando, riendo…; él leía la prensa cuando quitaba el sonido del televisor en los intermedios (una de sus costumbres), tú rezabas el rosario, casi susurrándolo. Luego, dejaba caer mi cabeza en tus piernas, quedaba en un estado semiinconsciente, sueños difusos…; cerca de la medianoche, a mi habitación. “Buenas noches”. Apagabas la luz. Y el día.

En ocasiones he leído cartas escritas a personas que han dejado huellas eternas. Misivas delicadas, caladas de amor, pero casi todas póstumas. Y esto me apesadumbraba. ¿Por qué sólo liberar nuestros sentimientos tras la pérdida de alguien? Tú, abuelita (así la llamamos), vas a leer esta carta, seguramente sentada en tu sofá, en ese que compartiste tantos años con tu amado Wifredo, y sana, rebosante de vida, orgullosa de que todos queramos estar a tu lado; pues detestaría quedarme en el andén, apesadumbrado, sin ti, viendo cómo tu rostro, asomado a la ventanilla de un tren cuya silueta disminuye, se aleja hacia un mundo extraño y nebuloso, mientras yo te lanzo “gracias” gritadas en un papel que ya no sabré si leerás. Esta carta no será para “después”, sino para hoy…, vigente, en su expresión más auténtica. Más significativamente “Amalia”. Pues de camino (¿apuestas?), aún te queda un trecho.

¿El secreto de tu optimismo, de tu energía? Quizá sólo la Virgen a la que cada noche entregas tus agradecimientos y ruegos, lo sepa. O las golondrinas y las estrellas que forman dibujos en tu cielo. Esas a las que cada noche saludas como a conocidos desde tu ventana, en tu calle Travessía. Quién sabe.

A ti, abuelita, también poetisa. Tu último poema:

“Los ríos de mi cuerpo. Estoy mirando mi mano/y en sus venas me detengo/pensando en su trabajo/que cubren todo mi cuerpo./Son ríos que caminan dando vida a mi existencia/no sabiendo dónde empiezan/ni cuánto durará su vida./Siempre cumplen su misión/potenciar mi corazón/que es el que rige mi vida/de noche como de día./La sangre va por mis venas/que son tortuosas acequias/abriendo cauces y caminos/para mí desconocidos./Esta fuerza tan preciosa/que empuja todo mi cuerpo/quiero hacerla poesía/por ser más que mía, don del Cielo”.

Gracias por ser así.

(Claudio Rizo)
lunes, 19 de julio de 2010 | By: Abril

Una carta sincera


Querido amigo:

Perdona que utilice este medio para comunicarme contigo con lo fácil que sería coger el teléfono que tan aliado nuestro fue durante un largo tiempo,o corto según se mire...
La cuestión es que hoy me levanté pensando en ti,nada excepcional si tenemos en cuenta que esta circunstancia se repite día tras día desde hace aproximadamente año y medio; pero en esta mañana otoñal nublada y ventosa parece que me siento en condiciones idóneas para escribirte y expresarte lo mejor que pueda cómo me encuentro después de nuestro alejamiento.

Sé que te cuesta ponerte en mi lugar y entender tantos interrogantes que han quedado suspendidos en el infinito y es lógico en cierto modo porque no he tenido la fuerza o el valor necesarios para mantener una conversación verbal contigo después de nuestro último encuentro,por ello pretendo plasmar en esta carta mi estado anímico actual que no es precisamente pletórico dadas las circunstancias que me rodean.
Sabes perfectamente cómo es mi vida,conoces al dedillo cada paso que doy porque has sido partícipe de ella intensamente durante todo ese tiempo precioso que has compartido conmigo aunque sea con distancia de por medio.Conoces como nadie mi inestabilidad,mi fragilidad,mis bajones anímicos,mis temores,mis cambios de humor motivados en parte a cambios hormonales y mis ciclotimias intratables.

Eres conocedor de todo cuanto ha acontecido en mi vida prácticamente desde mi infancia porque en nuestras conversaciones eternas hemos hablado absolutamente de todo ello.Desde el principio tuvimos una conexión mágica y maravillosa que me daba alas para explicarte con detalle cada episodio vivido por mí.En ti encontré a ese ser sensible,inteligente,espiritual y único que toda persona anhela tener cerca porque me reconfortabas con tus palabras,con tu capacidad de escucha y con el modo de compartir tus vivencias conmigo.
Día a día te fuiste haciendo imprescindible para mí,necesitaba de tus mensajes cargados de cariño,de nuestras interminables charlas por messenger y de tu llamada que llegaba casi siempre en torno a las 8 de la tarde y en la que ambos nos empapábamos de optimismo y de risas siempre presentes en cada una de nuestras conversaciones que por extensas que fuesen nunca se llegaban a hacer largas o pesadas pues estábamos ávidos de escucharnos y de compartir nuestras cosillas.

Tu voz...siempre fue poderosa para mí,desde el primer día que la escuché me produjo escalofríos y estremecimiento,voz profunda,bien modulada,de locutor nocturno...¿ recuerdas? hacíamos bromas sobre ello,te decía que debías haberte dedicado al mundo radiofónico en el que estoy convencida que te moverías como pez en el agua..
Por ello y después de nuestro alejamiento no he querido volver a escucharla porque me produce una mezcla de sentimientos difíciles de definirte,pero sin duda todos ellos muy ligados a mis capas más internas del almita que en estos momentos se encuentra en estado de letargo a la espera de la poción milagrosa que la cure y la restablezca.
Hace un par de días intercambiamos una serie de mensajes a través del móvil en el que volvimos a ser por unas horas los de antes,fueron momentos de sinceridad en los que parece que afloraron nuestros verdaderos sentimientos.Y es que permíteme que te diga que siento que entre nosotros hay un vínculo intangible que debe permanecer inalterable por los siglos de los siglos.El cariño que siento por ti es tan profundo y sincero que no hay nada en este mundo que lo pueda debilitar,ni aunque me sumergiera en la peor de las crisis existenciales dejaría de quererte con locura.

Pero es precisamente este amor tan puro que siento el que me ordena casi dictatorialmente que me aparte de ti,que no te haga partícipe de mis problemas,de mis angustias vitales ni de mis penas.Yo quiero verte feliz,necesito saber que estás bien,que no sufres por mi culpa pues sólo de pensar que te transmito mis pesares y malestar éstos se incrementan y nos metemos en un círculo vicioso del que me sería aún más difícil escapar.
Quizás no estoy siendo muy clara y concisa con esta carta y sigas preguntándote el porqué de mi distanciamiento aunque confío plenamente en tu intuición e inteligencia superlativas capaces de hallar cualquier incógnita.

Sólo te pido una cosa:
No dejes de comunicarte conmigo,sea por el medio que sea,pero no nos perdamos...puede que tú la veas una petición muy egoísta por mi parte y conozco perfectamente tu parecer en cuanto a mantener una amistad después del amor.Pero yo quiero hacerte meditar al respecto y te propondría que pensases que no se trata de pasar a ser amigos así sin más,sino de verlo como una transformación circunstancial del amor,al fin y al cabo los sentimientos son energía pura y ya sabes que existe una ley inexorable de la física que reza que "la energía ni se crea ni se destruye,solamente se transforma".

Para terminar déjame darte las gracias una y mil veces por tantas cosas buenas que has compartido conmigo,tengo grabados a fuego cientos de momentos únicos que me ayudan a esbozar sonrisas sólo con recordarlos.Nuestros paseos urbanos y playeros,nuestras comidas y cenas en el chinito olímpico,los baños marinos en la playa este pasado septiembre,tu alegría mientras te zambullías entre la espuma de las olas saladas,mis saltitos queriendo sortear a las mismas y mi lucha por no perder el biquini cuando venía alguna ola un poco más salvaje..también recuerdo tu carita de felicidad mientras escuchábamos las maravillosas melodías del maestro Phil Collins,o cuando compartíamos la mega tarrina de helado de vainilla con nueces de macadamia..
Son innumerables los momentos lindos e inolvidables que hemos compartido y que me dicen que no quiero que enterremos perpetuamente, todos ellos se van a quedar en mí "forever" y espero que también tengan un rinconcito en tu nostálgico corazón.

Te voy a escribir una canción de Ricardo Arjona que define y resume a la perfección lo que te he querido decir en esta carta:
ACOMPAÑAME A ESTAR SOLO.

Acompáñame a estar solo,
A purgarme los fantasmas,
A meternos en la cama sin tocarnos.
Acompañame al misterio
De no hacernos compañia,
A dormir sin pretender que pase nada,
Acompáñame a estar solo…
Acompáñame al silencio
De charlar sin las palabras,
A saber que estás ahí y yo a tu lado.
Acompáñame a lo absurdo de abrazarnos sin contacto,
Tú en tu sitio yo en el mío
como un angel de la guarda,
Acompañáme a estar solo…

Acompañáme
A decir sin las palabras
Lo bendito que es tenerte
y serte infiel sólo con esta soledad
Acompáñame
A quererte sin decirlo,
A tocarte sin rozar ni el reflejo de tu piel a contraluz,
A pensar en mí para vivir por ti,
Acompañáme a estar solo…

Acompáñame a estar solo
Para calibrar mis miedos,
Para envenenar de a poco mis recuerdos,
Para quererme un poquito
Y asi quererte como quiero,
Para desintoxicarme del pasado,
Acompáñame a estar solo…
Y si se apagan las luces,
Y si se enciende el infierno,
Y si me siento perdido
Sé que tú estarás conmigo
con un beso de rescate
Acompáñame a estar solo…


Esperando noticias tuyas me despido por ahora deseando que mis palabras te hayan emocionado y hecho meditar.
Un beso.

(De la red)