miércoles, 21 de septiembre de 2011 | By: Abril

Carta a Don Ricardo

"Don Ricardo:

Recién graduado de maestro, allá por los años 40, tomaste el tren de las coincidencias persiguiendo en mapas las coordenadas que te llevarían a la plaza de maestro que te otorgó el Ministerio de Educación, al otro lado del mundo, en San Agustín Acasaguastlán. Además, para tu suerte, te toparías con Mimi, la maestra más guapa del lugar.
Ahí serías, por primera vez, el Profe a tus apenas 19 años; pero, además, el rey de la serenata y la bohemia; el principe del billar y el enamorado de la vida y las mujeres hasta que doña Mimi te marcó las reglas del juego. Yo ya te admiraba y me faltan años para nacer. A veces llegué a pensar que en el banco de niños soborné a algún ángel de poca vocación para que me brindara el milagro de poder ser hijo de alguien tan extraordinario como vos. De lo contrario, cómo explicar tantísima suerte.
Te enamoraste de Mimi y nacieron mis hermanos, y cuando parecía que la cosa se quedaba así, el ángel corrupto se aprovechó de una noche de descuido y tuviste un accidente al que después llamarías justamente como vos, yo.
¿Te acordás cuando vacié la alcancía de mi hermana para dedicarme a las apuestas del billar? Con apenas 13 años, yo ya me codeaba con los adultos en el sitio aquel y cuando me descubrieron te esperé en la sala para recibir el castigo que me merecía.
Entraste despacio, me viste y me dijiste con voz calmada: “Ponete zapatos, que vamos a salir”; me llevaste a un barrio lejano en un autobús público, entramos a unos billares de los que no me acuerdo el nombre; pediste que te alistaran una mesa y me preguntaste: “¿Qué te gusta jugar?”.
Bola negra, te dije. Jugamos siete partidos y los siete me los ganaste sin dificultad.
Cuando metiste la bola negra en el último juego me dijiste: “Mira si has perdido tu tiempo, le robaste a tu propia hermana, descuidaste tus estudios… y ni siquiera juegas bien”.
Pusiste el taco en la pared y te fuiste. Tuvieron que limpiar con un trapo las lágrimas que boté aquella tarde y no hubo trapo que limpiara en mi interior la lección que me dejaste. Cuando me tocó crecer físicamente lo hice mucho más que vos. Yo llegué al metro noventa y cuatro; vos te quedaste en tu metro sesenta y nueve. Que con los años fue disminuyendo. A pesar de la diferencia, siempre te vi para arriba, porque para mí no había nadie en el mundo más grande que vos.
Te sorprendí viejo en aquel juego de futbol, hace apenas unos años, cuando detuviste la chamusca y me llamaste la atención enfrente de todos y me dijiste: “Sé que en este deporte los pases en profundidad se ponen metros adelante del jugador y en diagonal… pero yo tengo 70 años, cabrón, a mí ponémela en las patas”.
Hace apenas cuatro años, a tus 71, andabas de mochilero recorriendo Europa, haciendo safaris en las tieras más escondidas de África o viajando cada fin de semana con mi madre a cualquier lugar.
Igual un palacio, igual un puesto de comida sacudiendo moscas en la carretera. Jamás te quejabas y te sorprendías por todo.
¿Habrá manera más feliz de vivir? Te extrañé mucho cuando me fui a México, pero siempre supiste que este oficio fue todo culpa tuya, que vos me pusiste la primera guitarra en las manos y me enseñaste los primeros acordes con aquellas cuerdas de metal que ampollaban mis dedos de niño de 7 años.
Hoy, mi biografía es un rosario exhibicionista de logros, tengo lo que no llegué a soñar nunca y, a pesar de todo eso, cada vez que despierto en las mañanas pido al cielo que me permita ser por lo menos solo un poquito como vos.
Alguien decide las llegadas y las partidas en esta obra de teatro que se nos otorga solo por un ratito.
“Desde el parto ya compartimos la epidemia… de este síndrome de la caducidad”.
Sentado en tu lecho de enfermo, tomo tu mano y apenas siento vestigios de la fuerza que ostentaste siempre. No estoy seguro si entendés lo que te digo, pero tus ojos me dicen claramente que sabés a ciencia cierta que tenés contigo mi amor indescriptible, mi admiración y mi profundo respeto.
A tu lado inamovible, ese roble de vitalidad y solidaridad que escogiste como tu compañera de toda la vida, la Mimi, mientras la Ingue y la Vero multiplicándose para que no te haga falta una gota de vida a donde quiera que se consiga.
Hace 75 años, el mundo fue mejor lugar desde que lo poblaste; hoy, seguro vas como a convertir en un mejor lugar a donde quiera que vayas.
El otro día que a mí me toque, espero encontrarme al mismo ángel sin vocación, para sobornarlo de nuevo a cualquier precio y me dé la posibilidad de volverme a encontrar contigo, donde quiera que sea.
Te amaré siempre.
Tu hijo, Ricardo Arjona."




(Ricardo Arjona, carta de despedida a su padre)
lunes, 19 de septiembre de 2011 | By: Abril

Sólo permíteme decirte...

No puedo estar sin ti, desde mi soledad me permito escribirte; martirizando mi orgullo, me obligo a decirte lo mucho que Te Amo, las palabras se atascan una a una en el ducto del silencio, no puedo expresarlas, debo callarlas, por eso hoy me obligo a escribirte; gritaría uno a uno tantos versos compuestos para ti, pero algo detiene mi voz y enmudece mi alma, son esta líneas las que hablaran por mi:  te digo en ellas  que la distancia no me permite olvidarte, que son tantos momentos que tengo dentro de mi que serian mil vidas por vivir para arrancarlos uno a uno, que la compañía de la soledad no me ha resultado, que el sabor de tus labios es el combustible de esta llama ardiente que quema mi vida, tus caricias marcaron mi ser, el marrón de tus ojos se mezclo con mi piel, tu aroma a fresas silvestres cautiva el corazón de este mortal; Diosa, ángel, musa; estoy pensando en ti mientras escribo.  Sueño con los días no vividos que pudieron ser; calles recorridas bajo tantas lunas, ocasos vistos en tu compañía, puestas de sol a tu lado, parques, risas y mares donde el sabor de la sal lo endulzaron tus besos, que triste es despertar y que tu no estés. No logro  entender tu ausencia; orgullo o fracasos pasados?; tu negativa frustro la ilusión de un amor puro, que pudo ser la historia mas tierna de dos enamorados que se amaron y al final fueron felices, pero el amor sufrió la imperfección de la tristeza y se acabo el romance y se murió la dicha de amar; la lanza cruel de la intriga, motivaron celos destructores en ti, y así te fui perdiendo. Hoy al mirar tus ojos, descubrí que ya no vivo en ti.    


(Benni Monroy)
miércoles, 24 de agosto de 2011 | By: Abril

Aun estando en la distancia...


Aun estando en la distancia percibo tufragancia. Cierro mis ojos y en el destello de la luz casi opaca te miro. Eresla noche que arrulla mis sueños y eres el sueño que arrulla mis noches.
Aldespertar, el primer recuerdo que logro tener, es el primer beso que meconcediste. Al paso de cada hora, llega tu presencia hasta mi presencia, y traeconsigo la perfección de tus caderas cual movimiento de campanas en campanariode reyes de cuentos de hadas. Eres la presencia misma de la vida devolviendorisas a tiempos marchitos. Tiempoperfecto para amar, es el minuto de pensamientos vivos que te acercan al seramado. Tiempo perfecto para amar: existe desde siempre, desde que la vidadecidió aceptarte como parte del mundo.
Me quedo mudo, el silencio invade mimente, mi cuerpo, mi ser. Vino a entregarme cual mensajero errante, dos hermososluceros: tus ojos, con el brillo que irradian cuando son mirados, cuando sonamados.
El silencio me hizo entrega de tus tiernas caricias, ocultas en elmatiz de tu cariño, sinceras, preciosas. Al pensar que estás, que prontollegaran días de gloria que serán perennes, duraderos e imperecederos, sientoque al fin, amada mía, las palomas blancas cruzaran el cielo y al fin aldespertar del sueño mágico que es tu compañía, no necesitaré seguir dormido, porque despierto: seguiré soñando contigo...

08-07-2011
(Benni Rafael Monroy Álvarez)

¿Cómo olvidarte?...si estás dentro de mí.

¿Cómo olvidar la pasión que guardan tus besos, el deseo oculto que brinda tu piel, la sensibilidad de tus miradas, tu alma quemando mi ser... ?Tu rostro de niña dulce cabalga mi memoria. Palabras de aliento me diste aquellas veces en nuestros encuentros.
No olvido, esta intacta la ultima salida juntos: el cine, la gente, tu risa, el silencio, la despedida... Quiero reencontrarme contigo. Pienso que sigues allí, anhelante de un beso profundo, esperando una tierna caricia, descubriéndonos, evitándonos, a la vez quemándonos de ganas de amar. El olor de tu cuerpo es la fragancia de la esperanza. Hoy confieso que soy tímido ante una mirada tuya; como declaro que al cerrar los ojos te siento y me dan mas ganas de sentirte, de no dejarte ir, de escalar la escalera que conduce al centro de tu vida. Eres pasión. Frente a ti, a solas contigo, mis manos tiemblan y es por el frío que transmite al contacto con tu suave piel morena. Se me eriza hasta la misma alma al tocarla... Sabes que no hizo falta la entrega profunda, nuestros cuerpos fundidos por el calor del amor, para saber el deseo que encerraban tus ganas, sensaciones indescriptibles normalmente humanas. Te siento, te anhelo, me haces falta. Extraño tu silueta. Beso a beso, pedazo a pedazo, cada rincón, desde lo palpable hasta lo intocable. Después de conocerte y de tenerte cerca, no me resisto a pensar en tener otra mujer entre mis brazos; eres tú, sólo tú. Son muchas caricias las que guardo para darte, ¡tengo tantas ganas de consentirte...!, besar tus pies, tus caderas; recorrer palmo a palmo cada punto específico de tu anatomía corporal; conocer lo que no descubrí y por cada beso: enamorarme más de ti.
Es lindo levantarse cada madrugada y encontrarte allí tan quieta y serena. Te contemplé mientras dormías. Te robé muchos besos. Tu ternura dibujaba la inocencia. No fue difícil enamorarse. Hoy, en este exilio al que me has enviado, te suplico -más que una suplica es un ruego-: regálame sólo un día más junto a ti, sin palabras de reproches, sin miedo a dónde ir, sin pena absoluta que valga; sólo un día donde me permitas hablar y donde puedas escucharme.
Princesa: quiero estar siempre contigo…

Te amo…

P.D: No me quites de un solo golpe lo que llegaste a darme.


(Benni Rafael Monroy Álvarez)
domingo, 21 de agosto de 2011 | By: Abril

Carta de tiempos difíciles


Tú, Mi amor:


Aunque todo vaya mal y hayamos demostrado con creces que todo se deteriora y que quizás sea una época mala o puede que la última de nuestras épocas, sigo acordándome de ti cuando hay un partido importante, como aquella vez que con el fin de que te enfadases, crucé un mensaje a tu móvil recordándote que ganaba el Barsa.  Cómo me gustaba cuando te enfadabas y me hacías recuperarte. Me sigo acordando de ti cuando cocino, pues aún cocino para ti, es así como empecé a cocinar mis primeros platos: unas salchichas, un huevo frito, puré de patata…en resumen, las que son tus comidas favoritas, esas que tan poco me agradaban a mí, y con la excusa de acercarme a ti compartía sin rechistar. He de admitir que en esos casos, esas comidas que jamás habría comido en soledad, me sabían ricas. ¿Recuerdas el día que te hice la comida mientras te duchabas? Luego llegaste, asomaste la cabeza detrás de la puerta sonriéndome, miraste la mesa que había colocado, haciendo alarde de mi perfecto estudio de tu cocina., y me besaste. Recuerdo las mañanas que fui a despertarte, una detrás de otra, y cada una con más ganas que el día anterior. Me despertaba mucho antes de lo que me gustaría y cogía el primer autobús que pasaba cerca de mi casa. Te llamaba y salías a abrirme sin camiseta, nos besábamos en el jardín y luego subíamos a tu dormitorio a continuar soñando. Cuando salgo por la noche me acuerdo del día que me escape de casa para robarte un hueco en tu cama, ¿recuerdas el abrazo que me diste? Tuve que robar las llaves de casa y volver a las ocho temprano antes de que nadie me viese. Cuando bajábamos las escaleras de tu casa y encendíamos la tele, aunque no nos gustase verla, pues era una excusa para tumbarnos en el sofá, sin camiseta, y amoldar nuestros cuerpos y acercar nuestras almas. El día en la sierra, como decía tu padre y yo repetía para hacerte reír, en que yo te protegía de las serpientes y todo aquello de lo que decías tener miedo, aunque en el fondo no había nada a que temer, pues en mis abrazos ahuyentaba todos tus temores. El día en el que entre tanto ajetreo quedamos para dejarlo y acabamos comiéndonos a besos y deshaciéndonos en carantoñas y tonterías. Recuerdo bien las canciones que hace tiempo ya no nos dedicamos, y como escogías partes de la letra, las menos llamativas, y las ponías a la vista para que las viese yo. Recuerdo también los detalles, las siestas, tu alergia al césped y tus descansos cada ciertos pasos. Aunque siempre me quejaba, que sepas que esos descansos me gustaban. Recuerdo tus guantes de Gant, aquellos que compartíamos en invierno, al igual que compartíamos mi bolso para guardar tu cartera. Recuerdo tu abrigo marrón, es mi preferido. Un día que te acompañé a comprarte unos zapatos (tus zapatos, pues te caracterizaban) y me miré encantada en el espejo de la tienda. Me miraste y dijiste: “te queda bien”. O tu camisa de rayas, y tus pantalones ajustados, tienes un cuerpo de infarto. Tu habitación y tu olor. Casi siempre te olvidabas de echarte colonia, y eso es lo que mas me atraía. Tu tabaco, y cómo me mirabas con rabia cuando te rompía alguno de tus cigarros. Recuerdo tu reloj de Calvin Klein, a juego con tu ropa interior. O tus pantalones rojos por encima de tus rodillas que compraste conmigo. “¿Te gustan de verdad?”, yo asentí y me abrazaste. Recuerdo los besos que nos dábamos mientras nos cepillábamos los dientes, “Toothpaste kisses”, ¿te acuerdas tú de esa canción? Cómo te obligaba a ponerte el aparato por la noche, y eso que nunca me hiciste caso. Tu hermana, tu madre, tu conejo por supuesto. Las fotos que te hacía cuando no mirabas, pero que cuando mirabas sonreías a la cámara durante un segundo y luego te quitabas. La noche que llegamos a mi casa tras aquella fiesta y me quitaste las medias y los tacones y me metiste en la cama, y después te metiste tú. Tu famosa frase: “¿te hago daño?”, no tenía aliento para contestar y negaba con la cabeza. Tu carita de vergüenza, y la de placer. Tu horroroso carácter. “Buenas noches”, me decías con enfado. Por la mañana me pedías disculpas. Recuerdo el primer día, el segundo, el tercero y todos los demás. Tus bailes extraños que me tienen loca. Solo tengo ojos para ti. Tus: “esa chica me encanta”, y te decía: “otra más en el punto de mira”. Tu graduación, cómo sólo me mirabas a mí desde ahí arriba, mientras te entregaban aquél diploma. Recuerdo todas las lágrimas que has llorado, pues las limpiaba con el dorso de mi mano y las curaba con mis labios. Cuando estabas de exámenes y fui a verte, nunca te he visto tan vulnerable Amor. Te escondías entre sollozos en mi pecho mientras te acariciaba el pelo y te daba besos. Nunca te lo dije, peor ese día me enamoré de ti. Fue mucho antes de lo que debía, pues aún ni si quiera había rozado tus labios. Recuerdo el día que fui a buscarte a la universidad. Llevaba puesto u jersey verde, me gustaba verme en él, me sentaba muy bien, y tú no lo disimulabas. Saque un plano de cómo llegar y lo olvide en casa. Pero como yo siempre llegaba a todas partes, o eso te decía a ti, Salí antes de casa y cuando llegué a las grandes puertas del recinto salías tú, luego te lleve a comer. Y la primera vez que bailamos? Ese día comprendí que una mano en la espalda dice lo mismo que un beso. Me aficione a escuchar a Frank Sinatra y Louis Armstrong solo para agradarte. Y nuestro primer mes como pareja…¿Recuerdas como cada día que nos veíamos te llevaba una poesía escondida entre los pliegues de unas figurillas de papiroflexia que hacia en clase? Siempre intentaba que me salieran tan pequeñas que las pudieses meter en la cartera, pero como bien sabes, nunca he sido precisamente manitas y siempre había alguna esquina que despuntaba. Me desvivía al hacerlas. El día que nos tiramos por el césped en el Retiro riendo sin parar, y cómo miraba la gente alrededor. O cómo aún encuentras huecos para besarme en las orejas porque sabes que no contengo la risa y estallo en carcajadas, dices que es como más guapa estoy. Recuerdo cuando dejaste de sentir celos, esos celos que a mí me engatusaban. Y recuerdo también el día que me recogí el pelo para complacerte, pues sabía que te gustaba mas, pero no me dijiste como tantas otras veces que estaba muy bonita aquella noche. Me acuerdo de tu ropa en mi armario, me la ponía para dormir para que al devolvértela oliese a mi, y como aquel día me deje a propósito “olvidados” mis calcetines entre tus sabanas: tu me aficionaste a leer por las noches, y eso que nunca antes había leído, te confieso que en secreto me imaginaba que estabas a mi lado susurrándome cada párrafo al oído. Me acostumbre a concebirte con diminutivos, y eso que a mí siempre me habían parecido una mariconez. Me acuerdo del tacto de tu cabello cuando al besarnos, casi siempre tu encima de mi, tu flequillo se colaba en mi boca y yo con mi mano inexperta cuidaba no se te despeinase. ¿Recuerdas bien mis preguntas? “¿eres feliz?” te decía. Entre susurros. La primera vez me contestaste que solo lo serias si te daba un beso. Me acuerdo de cómo cuidabas a mi hermana pequeña y te encargabas de enseñarle tus ideas sobre futbol, te adoraba. Espero que recuerdes nuestro primer beso, como temblábamos, me acuerdo bien. Y como luego nos encontramos en el mismo anden, pero en diferentes direcciones, y como sonriendo empezamos a hablar a gritos importándonos un bledo el resto de personas presentes. Nuestros parques, nuestras peleas (que no han sido pocas), de hecho pocas veces estábamos de acuerdo…nunca discutíamos a la cara, sin embargo, puesto que no nos resistíamos al roce de una mano o al calor de una mirada. Recuerdo cuando nos leíamos poesías y como acabe aficionándome a ello. Recuerdo bien contar tus lunares y abrazarte fuerte para tranquilizarte. Recuerdo bien como te obsesionaba tu pasado, y como al ritmo que yo te hacia olvidarlo, comencé a obsesionarme yo. Recuerdo como me decías. “tenemos que ir a París” y yo te respondía: “siempre nos quedara París”. Recuerdo como pase de esperar  minutos o incluso segundos a horas las respuestas a mis mensajes. Recuerdo el cambio brusco que marcó nuestra relación aquel día que te besé. Recuerdo todas mis lágrimas, pues tampoco han sido escasas, en las que no estuviste ahí y sin embargo por las noches me decías: siempre te cuidaré, pequeña. Me dejaban intranquila pensando si de verdad esa era tu manera de quererme. Recuerdo como antes disfrutaba con las duchas, y como ese momento del día se convirtió en mi aliado para camuflar mis lágrimas. Seguro te acuerdas, Vida Mía, del día que te dije que eras el amor de mi vida, hoy doy fe de ello, pues lo creía (lo creo) fervientemente. Recuerdo nuestra primera vez y la primera vez que comprobé por mi misma como el amor te vuelve gilipollas, o eso decías tu. Entonces al fin y al cabo sigo siendo gilipollas, al fin y al cabo sigo enamorada de ti.
Yo, Tu amor.


(María Paz Otero)
miércoles, 17 de agosto de 2011 | By: Abril

Carta a quien sea…



Me encuentro una vez más mirando por la ventana de mi casa de ilusión. ¿Por qué no hay nadie por el camino? Hice uno y mil intentos para que esta casa quedara bonita y creo que es realmente bonita, pero nadie se detiene ni viene, nadie quiere entrar. Las gotas frías del rocío cubren los vidrios… y yo estoy sola, sin entender verdaderamente por qué.
Siempre extendí mi manto de apoyo sobre quien lo necesitase, siempre mi figura apareció por allí si alguien estaba mal. ¿Por qué si siempre estoy para todos y nadie está para mí? ¿Podría alguna vez alguien darse cuenta que estoy?
Desde mi umbral observo a cada cual reunirse con sus fieles compañeros, ese complemento que lo transforma a uno en parte de un dúo, un dúo de gente que se quiere y que se apoyarán mutuamente siempre. Observo desdemi pesar que todos tienen con quién contar, ¿por qué yo no? ¿por qué estoy sola?
Quiero un compañero de bromas, alguien a quien pueda confiarle mis secretos y hablarle sobre mi amor. ¿Es mucho pedir? Mi máscara de sonrisas y color ya no me sirve,estoy cansada de disimular, de sonreír cuando en realidad desearía tener a alguien, de celebrar cuando no tengo con quien compartirlo, de quedarme en esta casa, sola, cuando todos se reúnen con algún ser humano para darse abrazos afectuosos y contarse profundidades del corazón.
En el amor estoy completa, halaga mi casa y su construcción, ¿por qué no puedo también tener un compañero o compañera que venga a traer masitas multicolor y azúcar contagialegría? Aunque suene aniñado, nunca lo tuve y quiero saber qué se siente.
Si el problema somos yo y mi casita, perdí. Es muy difícil cambiar la construcción y el modelo.¿Pero si en realidad resulta que simplemente a nadie le interesa venir a mi casita? También perdí, no sé qué hacer.
En fin, sobrevivir no es un dilema puesto que alguien se está fijando que no caiga. Disfrutar es lo que me falta, porque a pesar de tener un amor sin igual, mi corazón, respecto a amistad, se ahoga en la soledad (¿alguien quiere venir a rescatarlo?)

(Mika Hidalgo)
jueves, 28 de julio de 2011 | By: Abril

Volver a mí


Hace poco, nos sentamos frente a frente. Miré dentro de tus ojos y vi muchas cosas. Comenzaron a sucederse imágenes, una tras otra, sin un orden cronológico. Algunas habían sucedido en la realidad, y otras, las había imaginado con tanta fuerza, que parecían reales.

Miré dentro de tus ojos y se confundió todo: el presente, el pasado, el futuro, lo real, lo ficticio, el sueño y la vigilia. Me perdí en los meandros que llegan hasta tu pupila y me di cuenta de que llevaba desde siempre esperando este momento. Te encontré hace muchos años, te perdí sin querer y ahora ya no pienso soltarte. Te esperaré con una paciencia oriental. Haré todo lo que digas. Sabré entender tus risas y tus tropiezos. Tiraré de tus manos para ponerte en pie. Me quedaré arriba, abajo, de lado o haciendo el pino. Me da igual con tal de no volverte a perder.

Y tú te preguntarás: ¿por qué? Nos separa una vida entera. Familia, hijos, trabajo. Nada de lo que hemos hecho, ha sido juntos . ¿Qué es lo que ha cambiado ahora?

No ha cambiado nada. De hecho todo sigue igual. Sólo hay una variación: nos queda menos tiempo que antes. Y ese tiempo, lo quiero pasar contigo.

Miré dentro de tus ojos y supe que me amabas. Y, los dos, supimos que era para siempre. O sea que…cuando decidas volver a mí…quedamos. Estoy aquí mismo.
Esperándote.

(Ayanta Barilli)