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Quizás te diga un día
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que, aunque el amor nos une,
nos separa la vida.
Quizás te diga un día que se me fue el amor,
y cerraré los ojos para amarte mejor,
porque el amor nos ciega, pero, vivos o muertos,
nuestros ojos cerrados ven más que estando abiertos.
Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que nos quedamos juntos para toda la vida.
(José Ángel Buesa)
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Cartas al Pasado
Carta Urgente
Para no decirlas
Hay cosas que escribo en canciones
Para repetirlas
Hay cosas que estan en mi alma
Y quedaran contigo cuando me haya ido...
En todas acabo diciendo cuanto te he querido...
Hay cosas que escribo en la cama
Hay cosas que escribo en el aire
Hay cosas que siento tan mias....
Que no son de nadie
Hay cosas que escribo contigo
Hay cosas que sin ti no valen
Hay cosas y cosas...
Que acaban llegando tan tarde..
Hay cosas que se lleva el tiempo
Sabe Dios a donde
Hay cosas que siguen ancladas
Cuando el tiempo corre
Hay cosas que estan en m i alma
Y quedaran conmigo cuando me haya ido...
Y en todas acabo sabiendo cuanto me has querido...
Hay cosas que escribo en la cama...
Hay cartas urgentes que llegan cuando ya no hay nadie...
(Rosana Arbelo)
Una carta de amor
no es un naipe de amor
una carta de amor tampoco es una carta
pastoral o crédito / de pago o fletamento
en cambio se asemeja a una carta de amparo
ya que si la alegría o la tristeza
se animan a escribir una carta de amor
es porque en las entrañas de la noche
se abren la euforia o la congoja
las cenizas se olvidan de su hoguera
o la culpa se asila en su pasado
una carta de amor
es por lo general un pobre afluente
de un río caudaloso
y nunca está a la altura del paisaje
ni de los ojos que miraron verdes
ni de los labios dulces
que besaron temblando o no besaron
ni del cielo que a veces se desploma
en trombas en escarnio o en granizo
una carta de amor puede enviarse
desde un altozano o desde una mazmorra
desde la exaltación o desde el duelo
pero no hay caso / siempre
será tan sólo un calco
una copia frugal del sentimiento
una carta de amor no es el amor
sino un informe de la ausencia.
(Mario Benedetti)
Carta
El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.
Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.
Donde voy, con las mujeres
y con los hombres
me encuentro,
malheridos por la ausencia,
desgastados por el tiempo.
Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura,
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.
Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.
En un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.
Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.
Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.
Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sentimiento.
Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.
Ave que sólo persigue,
para nido y aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos,
y el espacio de tu aliento.
Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.
Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.
Ayer se quedó una carta
abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los muertos:
papel anhelante, humano,
sin ojos que puedan serlo.
Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.
Y mis heridas serán
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.
Se buscan cartas de amor...
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Peces en mi Red
Sentimientos cero
¿Quieres que te suceda algo distinto? ¿Algo que probablemente hayas deseado alguna vez?
Entonces, deberías leer lo que no quise escribir.
No sé qué haces ni dónde estarás pero, me gustaría que leyeses sin ninguna interrupción así que si pudieses cerrar la puerta de tu habitación e irte a la cama, o esperar a estar sola, sería perfecto. Y no te preguntes el por qué, porque lo único que quiero es que leas.
¿Ya? Si ya estás cómoda y tranquila, (suspiro), pues, atrévete a leerme.
Ahora olvídate de amores profundos, miradas eternas o de los "por qué a mí", porque hoy quiero escribirte algo real.
~
Había sentimientos cero.
Recuerdo que había sentimientos cero hasta que me hablaste por primera vez. Pienso en esa noche como si fuese una noche normal de ayer.
Yo estaba intentando hacer de las mías para relacionarme con aquellas personas que aun no conocía, y sonó ese timbre que acompañaba mi atención. Me habían hablado de ti y quería conocerte.
Recuerdo perfectamente cuando entraste con tu abrigo marrón, un regalo de cumpleaños y una sonrisa que alegraba más de una cara.
La noche transcurría. Entonces fue cuando algo pasó, y realmente no sé si fueron imaginaciones mías o una verdadera complicidad entre nosotros, pero no pude evitar sentir un rápido latir y una conexión que no sabría describir, aunque realmente, me gustó.
Puedo decirte lo que pasó, pero no puedo escribirte lo que sentí, porque mis frases se limitarían a un "y mi corazón se aceleraba". Y es que aun no te quiero, no. Pero tienes algo, algo que me cautiva, que me hace pensar en ti, constantemente. Y todavía no he descubierto que es, pero estás en mi mente, y no sé...
Asusta que hayas entrado así, de golpe. Desordenándome las ideas, sin ni siquiera avisar.
Quizás fue esa confianza que tus ojos me regalaron, cuando me miraste.
Antes de oír que te ibas, lejos, estuve toda la noche anterior pensando en ti, y estaba nervioso porque no sabía que cojones me pasaba. Ahora que ha pasado un tiempo, pensando que dejaría de pasarme esto, de vez en cuando te recuerdo y siguen acelerándose mis latidos, y pienso en ti sin que a penas notes que existo.
Cuando pienso en ti, es cuando todo desaparece y no sé donde esconderme, me siento vulnerable, y escribo sintiéndome torpe. Es como si pudieses leer mis ojos, y da igual si miro para otro lado, porque mis ojos se han quedado en ti, siguen mirándote aunque no te miren. Y luego, y luego viene..... no sé que viene. Todavía no viene nada, no viene más allá de unas palabras, de esos cruces de ojos. No viene nada.
Pero, hace mucho que busco algo que haga reaccionar a mi corazón. Otro corazón sincero. Y aunque mi cabeza me diga que espere, o que no me atreva a hacer nada, es este sentimiento que no me deja dormir por las noches el que me arranca la valentía en forma de letras, y empujándome a susurros, he acabado aquí, intentando decirte que quiero tu sonrisa para mí. Pero es éste jodido miedo el que me paraliza.
Ahora solo me sentiré como aquella moneda que se lanza al aire esperando que salga cara, y quizás salga cruz, pero es entonces cuando me imagino de nuevo tu sonrisa, y sonrío, y entonces es cuando se me ponen los ojos brillantes, y digo, quizás sea el momento... ¿por qué no?
~
No sé a dónde ir con todo esto, no lo he hablado con nadie, no tengo mucho que decir, no tengo la menor idea de lo que busco ni de lo que quiero encontrar, pero estaría way conocerte mejor chica del demonio roba-corazones.
Pero terminando, hay algo más. Hay algo más, lo veo cuando separo las manos del teclado y miro hacia la realidad. Y me doy cuenta de que solo escribo la historia de unos sentimientos que quedarán en el eterno olvido. Donde el protagonista quería ser el surgir de una nueva llama, y el desenlace dos personas que no hicieron nada antes del punto y final.
(Crístofer Díaz)
Papo
Los primeros recuerdos de mi infancia tienen que ver con escapar de la guardería dos veces, llorar al lado de una reja, no querer que te fueras en el bus que paraba justo en frente de la esquina que habías conseguido con el sudor de tu frente y tu sagacidad como hombre de negocios, me quedaba llorando mirando por la ventana como te ibas en el bus. Eras sin lugar a dudas motivo de mi alegría y vida.
Recuerdo que lo que sentía por ti era una mezcla de amor y miedo, que fue convirtiéndose al paso de los años sólo en amor.
Me encantaba recostarme sobre ti cuando era niño y jugar a contarte los lunares de la espalda, siempre admiré tus abdominales, me parecían fuertes, en modo barriga eran extraños pero muy fuertes.
(Tavo)
Curvo
Señorita, ¿me concede este beso?Sólo quiero restregarme contra usted un par de veces por semana durante diez o doce meses a lo sumo, prometo no molestarla más, no inmiscuirme en sus asuntos, como mucho la llamaré un par de veces de madrugada, hurtando sus ojos al sueño, para decirle cuánto la amo y cómo la echo de menos, por lo demás no se preocupe, de las noches en que no nos veamos, prometo suicidarme sólo la mitad de ellas, la otra mitad estaré tranquilo.
Miraré sereno cómo la tarde plomiza se posa sobre la ciudad, veré los coches ladrar furiosos sobre el asfalto, buscaré sus facciones en las caras anónimas que pululan por el centro y ellos me tomarán por un estúpido al ver mi sonrisa (de estúpido) no se preocupe por mí, ya le digo, estaré bien, entraré en uno de esos restaurantes del centro y pediré una ración de pulpo y una botella de vino tinto, el camarero también me tomará por estúpido cuando vea mi cara de felicidad al hincarle el diente al cefalópodo, el camarero sonreirá, le digo, porque ignora el pobre que como pulpo porque yo también quiero ser pulpo, señorita, yo también quiero ser pulpo, para acariciarla a usted y abrazarla con mis tentaculitos, y poseerla con ellos, y después me sentaría al piano y le tocaría jazz como sólo los pulpos pueden tocarlo, porque, ¿sabe, señorita?, si yo fuese pulpo aprendería a tocar el piano sólo por complacerla, pero el camarero no lo entiende, y me mira y sonríe cuando yo rebusco entre las patatas los tentáculos para saber si son tentáculos de pianista, y pienso en los momentos de felicidad y pasión que pudo tener, y le recito las palabras del poeta: pulpo será, mas ¿pulpo enamorado?, y al final suele ocurrir que me entristezco por ese pobre pianista a la gallega, con su anárquica melodía emergiendo entre las patatas y el pimentón, y me bebo el vino y me voy del restaurante, y vago un rato por las calles, pero ya ve, señorita, que no soy peligroso en esas noches, no lo soy porque aún llevaré pegado al cuello el aroma de usted desde la noche anterior, los pulpos somos muy tranquilos, aunque debo confesarle, señorita, que otra cosa será al día siguiente, en esos días enloquezco desde la mañana, ser pulpo me deja una resaca espantosa, noto un demonio dentro de mí, y consigo aplacarlo al principio, con mucho esfuerzo lo mantengo a raya, pero latente, crece, se alimenta de los restos del pulpo, y va ganando terreno poco a poco, hasta que, cuando empieza a caer la tarde ya no puedo contenerlo, sale de mí y me esclaviza, me fustiga, me hace odiarla a usted y odiarme a mí mismo por odiarla y odiar al pulpo por amarla, y empiezo a arrastrarme y se me hiela el corazón y soy una víbora, y salgo a la calle y repto por la ciudad, y no la busco a usted, porque la odio, ya se lo he dicho, la odio, porque miro a los ojos del demonio que me sodomiza y veo su mirada limpia, y creo que usted me odia por ser una víbora, pero luego pienso que simplemente le soy indiferente, le doy exactamente igual, y eso me horroriza aún más, ser una víbora indiferente, porque puedo comprender su odio, ya que su cuerpo no está hecho para ser tocado por una víbora, pero su indiferencia me hiere, y lo que haré, señorita, será buscar consuelo en el hombro del demonio, que me hará beber mil y un whiskies para engañarme, porque sus labios, señorita, lo sé, tienen el regusto amargo del whisky, y en mitad de la noche, con mis escamas de whisky y mis colmillos de odio, el diablo me acompañará hasta la calle de las putas y allí me dejará cómo una presa fácil, y, lo siento, señorita, buscaré sus labios entre los labios de las putas para inyectarles mi veneno, si es que aún tengo veneno, pobre viborilla de madrugada, y por un instante creeré haberla hallado a usted, cuando en realidad son mis colmillos los que hieden a whisky, no los labios de las putas, y mi corazón de sangre fría volverá a arrastrarse por la calle, ya ve, señorita, eso será todo lo que haré el tiempo que no pase con usted, quizá no sea muy ortodoxo, quizá espera usted algo más, lo comprendo, pero piense que yo la necesito para no perder la cabeza, porque yo la amo, y por eso, concédame usted este beso, por favor.
Bruno García
(Carta de Gabriel Rodríguez, ganadora de la II Edición del certamen de cartas de amor Antonio Villalba, organizado por la Escuela de Escritores).
El Amor es eterno y siempre está vivo...
Estas palabras calladas y silenciosas las escribo a través de la visión de una madre que le ofreció a alguien especial un mensaje y dijo: quiero que seas mi inspiración, y quiero expresarlo a través de mi nieto
Hoy ya han contraído matrimonio, espero verlos tan felices o más de los que están ahora. Espero que consigan estar juntos el mismo tiempo que nosotros.
A la madre biológica de mi hijo
Aunque no te conozco y sé que nunca leerás esta carta, quiero que sepas que cuando comencé a escribirla mi intención era escribir una carta de amor a tu hijo, a mi hijo, a nuestro hijo. Pero de pronto me di cuenta que él no necesita cartas de amor de mi parte, él siente mi amor en cada paso de su vida porque como le expliqué la primera vez que tuve que viajar por trabajo, nuestros corazones están unidos por un hilo larguísimo, invisible, pero irrompible. Me di cuenta que aunque lo he dicho muchas veces, jamás he escrito lo mucho que te agradezco darle vida a tu hijo biológico, a mi hijo, al amor de mi vida.
No sé si estabas del todo lúcida o cuerda el día en que lo concebiste, ni mucho menos el día en que decidiste salir corriendo del hospital y abandonarlo. Lo que si sé y te agradezco infinitamente es tu decisión de continuar con tu embarazo, la decisión acertadísima de aceptar que eras mental, física, moral y afectivamente incapaz de cuidarlo como él se merecía.
Te agradezco desde lo más profundo de mi corazón haberlo dejado en el hospital, un sitio en donde lo cuidarían y alimentarían, en lugar de dejarlo en un basurero o de llevarlo contigo a una vida de miseria. Reconozco que a pesar de tu poca lucidez actuaste con el amor que sólo una madre puede sentir, ese amor que es capaz de hacernos sacrificar nuestras necesidades y deseos en aras del bienestar del hijo. Y es por eso que cada vez que alguien te llama irresponsable, yo te defiendo. Porque dentro de tus precarias circunstancias tomaste la decisión más acertada, porque gracias a ti soy la mujer más feliz y realizada de este mundo.
Quiero que sepas que hoy él es un niño feliz, con una familia que lo adora y que le da sentido a su vida, con “La Familia”, como él la llama cada vez que nos visitan, que disfruta los deportes, que se aburre con las cosas para armar, que es un verdugo jugando memoria, que ama los animales, que sueña con una casa con jardín para tener varios perros, que disfrutó más Roma que Disney, que es fastidioso para comer pero que adora probar cosas nuevas, que come picante y detesta el pimentón, que es desafinadísimo pero adora cantar y bailar, que necesita escuchar y sentir que lo amo constantemente y especialmente, en los momentos en que lo regaño, que tiene una fuerza y energía contagiosa, unos brazos que apretujan hasta que duele y una mirada que convence a cualquiera, que es sensible ante las necesidades y carencias de los demás, que disfruta sinceramente compartir, que conversa con todo el mundo, que conoce y acepta sus orígenes con sencillez y humildad, que no dice mentiras, que confía en mi como nadie y que es capaz de amar como si nunca hubiese sido herido.
Quiero que sepas que me diste el regalo más maravilloso de mi vida, que gracias a ti y a ponerme a nuestro hijo en el camino aprendí que los paradigmas están hechos para romperlos, que se puede elegir ser madre soltera si es el momento perfecto, que no hay manual para saber cuál es ese momento perfecto y que sólo la fuerza de una mirada y de un abrazo son los indicios a tomar en cuenta, que es imposible resistirse al amor verdadero por miedo y que si el miedo nos inmoviliza el mismísimo Dios se encarga de hacernos mover. Gracias a ti aprendí que sólo un hijo le da sentido a la vida y que del amor sólo pueden surgir maravillas.
Con esa seguridad es que te puedo decir y firmar con sangre que a pesar de haber pasado los primeros 3 años de su vida en un orfanato, a pesar de y por sus carencias, el abandono y la falta de una familia biológica, hoy, el fruto de tu vientre, mi enano, mi Chino; tiene 7 años y es la criatura más perfecta, amorosa, carismática, juguetona, tremenda, pícara, impulsiva, decidida, activa, sana, generosa y bella que he visto en mi vida.
Gracias infinitas por esos ápices de cordura que te llevaron a tomar las decisiones que tomaste, gracias por regalarle la vida a mi hijo, por ser la portadora de un milagro durante siete meses y por sobre todo gracias por ser parte esencial de esta historia de amor.
(Ira Vergani)
Me has dicho que no
Me has dicho que no. Y no has podido hacerme más feliz. Ahora no sé muy bien cómo se lo voy a explicar a tus padres, pues, tú ya lo sabes, llevaban detrás de ello tiempo. Bueno, y mi madre, que me ha estado machacando los últimos cuatro meses con tácticas de acoso y derribo constantes. El caso es que entre unos y otros me convencieron. Me hablaban de hacerte sentar la cabeza, de ponerte una bonita jaula de 120 metros cuadrados y vistas a la Gran Vía, a pagar en unos cómodos trescientos sesenta meses, o diez mil novecientos cincuenta días de brillante atadura. Para hacerte feliz, decían convencidos. Tan bonito lo describían y tales eran las caras de felicidad de tu madre y la mía que me enamoré de la idea y me entusiasme tanto… ahora no sé qué les voy a decir…
Recorrí, una tras otra todas las joyerías de Madrid, buscando ese anillo especial que soñaste la noche que pasamos durmiendo al raso del desierto tunecino. Me volví medio loco hasta conseguir aquellas flores que sólo crecen en un rinconcito de la selva birmana y de las que te enamoraste en la loca escapada de varios meses que hicimos recorriendo aquellas latitudes. Tuve que esperar tres meses a que eclosionaran las mariposas como las que te rodearon en los tres inolvidables días con sus mágicas noches que pasamos en el Cabo de Gata. Acepté de buen grado que Nicolás me mirara raro cuando le pedí que me trajera un bote con el aire de Nueva York a la vuelta de su viaje de novios. Esperé con paciencia a que hubiera una noche con luna azul, como el día en que nos conocimos, aquel delicioso error del destino, en las fiestas del encantador pueblecito donde me dejó tirado el coche. Y después de todo esto me dices que no.
Cómo le digo a tus padres que tras la cena, traída por envío urgente del bistró que había debajo del piso que alquilaste el verano que pasaste en París, en la azotea de tu apartamento sembrada de velas blancas, tras todos los regalos, la música, la luna, tras hincar la rodilla como mandan todos los manuales, me miras con tus vibrantes ojos castaños y con tu dulce sonrisa me abrazas y me dices: “No, cariño. Pero recuerda que te encargabas tú de alquilar la caravana para irnos la semana que viene a Casablanca, ¿vale?”. Y vas y me besas y me levantas para ponernos a bailar casi hasta al amanecer mientras me cuentas que hoy has conocido en el autobús a un anciano que te ha hablado de un pueblecito en la costa murciana donde aún existen libres caballitos de mar y que, otra vez, te has perdido paseando en el Retiro y, otra vez, te has puesto a reír.
No sé cómo voy a explicarles que ya eres tan feliz.
Carta finalista de la XIII Edición del certamen de cartas de amor ‘Antonio Villalba’, organizado por la Escuela de Escritores.(Autor: Javier Ramos)
Películas
Me gustaría hablarte de cómo empezó todo. Y los pechos de Heather Graham en Boogie Nights fueron lo primero. Heather Graham interpreta a una roller-girl. Folla hasta con los patines puestos. Hará que vi esa peli siete años, o nueve. Más o menos. Cuando uno se enamora, el tiempo parece que pase de otro modo. Estuve una temporada en la que ya no me pude quitar sus pechos de la cabeza. Hasta el punto de dejar a la chica con la que estaba saliendo. Me pasé semanas visitando centros comerciales donde hubiese patinadoras. Entonces, conocí a Silvia. Trabajaba en el Carrefour y supe que sus pechos, a pesar de la blusa blanca que los cubría, eran como los de Heather Graham. Silvia era guapa, dulce, incluso con ese punto de timidez que requería el papel de la actriz en Boogie Nights. Pero unos meses después vi Algo pasa con Mary. ¿Quién no se acuerda de los ojos de Cameron Diaz en Algo pasa con Mary? Al final, no me quedó más remedio que romper con Silvia. Había empezado a no quererla.
La chica de la que me enamoré porque sus ojos eran como los de Cameron Diaz se llamaba María Dolores, pero yo la llamaba Mary y a ella no le importaba. Ya sabes que al principio de las relaciones hacemos y dejamos hacer cosas que en otros momentos no consentiríamos. Mary estudiaba psicología. Nos veíamos a diario. Por las tardes me acercaba a la biblioteca de la facultad y le llevaba caracolas de chocolate o zumos de piña. El sexo con ella era estupendo. Cuando lo hacíamos, Mary abría los ojos como si fuesen un par de balsas donde los helicópteros van a cargar agua. Me sentía feliz y pensaba que nunca iba a poder separarme de ellos. Pero fueron otros ojos, los míos, los que me trajeron una nueva obsesión al ver las cejas de Jennifer Connelly en Dark City.
Mary intuyó que algo no iba muy bien, incluso antes que se lo dijera. Quizá fue porque alguien que estudie psicología tiene ventaja sobre el resto. Una mañana la llamé para decirle que no pasaría por la biblioteca a llevarle la merienda, y nunca más volvimos a vernos.
Hay quien pensará que Jennifer Conelly también tiene unos ojos preciosos, pero a mí lo que me volvía loco de verdad eran sus cejas. Las cejas de Jennifer Conelly en Dark City son las de una cantante acostumbrada a cantar en clubs acompañada de músicos negros con sombrero y manos grandes.
Encontrar a una chica con unas cejas iguales fue bastante complicado. Fue como si solo a Jennifer Conelly, de todas las mujeres del mundo, se le hubiese ocurrido llevar unas cejas así.
Hasta que apareció Mónica. Con sus cejas idénticas a las de Conelly. Fue ella quien, al poco tiempo de estar juntos, me hizo por primera vez una pregunta que nunca antes ninguna de las mujeres con las que había estado me había hecho: ¿Qué es lo que más te gusta de mí? Puede parecer que Mónica estuviese insegura, pero no era eso. Tenía cinco años más que yo y una licenciatura en Bellas Artes. Había expuesto en diversas exposiciones y vivía de la venta de sus obras. Era conocida en el mundillo. Así que hablarle de sus cejas hubiese sido como manejar torpemente un abrelatas oxidado. Estando con Mónica no sentía la necesidad de ponerme ante una pantalla donde contemplar los rostros de mujeres de los que uno se puede enamorar fácilmente, así que, no le dije la verdad.
Nuestra relación duró más que las anteriores. Hasta que fuimos al cine a ver el estreno de Habitación en Roma. Mónica era fan de Julio Médem y esa película me trajo el pubis discreto y focal de Elena Anaya. Nada tenían que ver el de una y otra. El pubis de Anaya era de contornos suavizados, el trabajo perfecto de un jardinero que se pasa horas con las tijeras de podar en mano. El de Mónica era pura exhuberancia y desenfreno, casi como la imagen de un bote de pintura derramado sobre el lienzo.
No hace falta que entre en detalles de cómo fue la búsqueda y qué jardines hube de visitar para encontrar un pubis como el de Elena Anaya.
Por suerte, te he encontrado a ti. Ya conoces los hechos. Eso ocurrió hace apenas dos semanas. Te acordarás del paripé que monté para acercarme a hablar contigo en aquella playa nudista. Estabas echada encima de una esterilla, sobre las piedras. Llevaba gafas de sol, así que posiblemente te estuvieras dando cuenta de que miraba tu entrepierna. Desde el primer instante también yo me percaté de que estabas interesada en algo que había en mí. Quizá esa era la razón por la que mi interior me avisaba para que estuviese alerta: las cosas podían no salir bien.
La alarma saltó en la primera noche que pasamos juntos, cuando me confesaste que te gustaba mucho el hoyuelo que tengo en la barbilla. Desde que te he visto me has recordado a Michael Douglas, me dijiste. Me gusta mucho Michael Douglas, ya su padre me parecía un hombre guapísimo.
Esa era la verdadera razón por la que, en la playa, me habías mirado con unos ojos reconocibles. Tu expresión, estoy seguro, era la que puse por primera vez cuando le vi los pechos a Silvia, la chica con los pechos iguales a los de Heather Graham en Boogie Nights. Ahí ha sido cuando se me ha caído el mundo encima. Porque sé cómo puede acabar esto.
No me gustaría sufrir. Por lo que mientras reúno fuerzas para hacer lo que debo hacer, he pensado que mejor será que no vayamos mañana al cine. ¿Para qué quieres ir al cine? Dime.
Carta ganadora de la XIII Edición del certamen de cartas de amor ‘Antonio Villalba’, organizado por la Escuela de Escritores. (autor: Kike Parra)
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Y te vi. Y pensé un no que era un sí. No, no, no. No a esconderme, no a las mentiras, no a la espera, no a la soledad. Esto no me puede pasa...
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A la confidente ciega de mis noches... ciega porque ni tú misma lo pudiste ver... Para todo existe un lugar y un momento adecuados, só...
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NO TE PREOCUPES, CARMEN (24.12.2010) Sé que no lo entiendes muy bien, porque me dices que tendré muchos otros días para cenar sola. Insistes...
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"La primera vez que la vi… Todo en mi cabeza se silenció. Todos los tics, las imágenes constantes desaparecieron. Cuando tienes tr...
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A partir de hoy me echarás de menos, tendrás que aprender a vivir sin mí. No es difícil. Yo he aprendido los últimos meses a vivir tu ausenc...
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Nota: Hay cartas que cambian la vida de alguien. Ésta es una de ellas... Al Amor de mi Vida: Hace casi cuatro meses ...
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Querida Amiga nueva: Todo lo tangible descansa sobre lo abstracto. Todo ruido ensordecedor tiene sus cimientos en un profundo silencio... to...
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Te escribo ahora por si mañana no formo parte de tu vida. Por si mañana no puedo entender "esto" que haces por los dos. Por s...






