martes, 26 de febrero de 2013 | By: Abril

Sellos, tapers y calzoncillos


Hola, Arcadio: ¿Qué tal el congreso? Espero que hayas conseguido el sello birmano. Te escribo para decirte un par de cosas.

Antes de nada, tranquilo, no me he movido de casa en toda la mañana. A eso de las diez ha llegado tu madre. Bueno, ha abierto ella la puerta mientras yo estaba sentada en la taza del váter, ya sabes cómo es. Ha gritado "¡hola!, ¿hay alguien?" y he gritado "¡ya voy, Enriqueta!", pero ella se ha plantado en el baño, claro. Te ha puesto en el vaso un cepillo de dientes nuevo y ha dicho eso de "espero que no te moleste que haya entrado con la llave, es la costumbre, como la casa es mía" (¿cuántas veces ha recalcado eso desde que nos casamos?). Mientras yo buscaba un rollo de papel higiénico, me ha dicho que venía a plancharte la ropa en condiciones, que vaya camisa llevabas el otro día en la cena. Cuando he salido del baño, ella estaba planchándote los calzoncillos, así que por fin los tienes como te gusta, planchados y ordenados por colores en tu cajón.

A lo que iba, lo del paquete: me dijiste que llegaría a primera hora pero el de Seur ha llegado sobre la una (ya podías haberte aficionado a coleccionar azucarillos de las cafeterías). Cuando estaba pagando, tu madre ha dicho "mi Arcadio es estiloso hasta para los hobbies, ¿verdad, Merchi?". Tú dirás lo que quieras, pero me llama Merchi para joder. Y Arcadio, podrías haberme dicho que era contra-reembolso y que la cajita con el sello costaba doscientos euros, ¿no? Menos mal que he podido pagar con tarjeta. Por cierto, qué observador el chico de Seur: cuando le he dado el DNI me ha felicitado por mi cumpleaños, qué simpático. En fin, que te digo esto porque me ha dicho que si quieres una copia de la factura, vayas a la oficina, que se le había olvidado traerla. Tu madre me ha dicho que vaya yo, pero no he podido, ahora te cuento por qué.

¡Ah!, y no te preocupes, he abierto el paquete con cuidado, he llevado la cajita a tu despacho y he quitado la luz al momento, como me dijiste. Tu madre, mientras te quitaba las pelusas de los jerseys, me miraba todo el rato desde el salón diciendo "te cuidado, Merchi, a ver si se va a estropear". Por cierto, Arcadio, si no lo digo reviento: ese despacho cada vez da más pena. Entiendo lo de la ventana cerrada y los humidificadores en las esquinas; entiendo el termostato, la lupa aséptica y las vitrinas opacas; entiendo que es tu lugar y que los matrimonios tienen que saber tener un espacio individual. Pero ese despacho, Arcadio, ese despacho es una tumba monocromática de sellos. Además de las vitrinas con sellos, sólo hay cinco libros (de sellos) y la enciclopedia filatélica. ¿No crees que podría estar bien poner una foto de cuando pescaste aquel barbo en el embalse de Orellana? O una foto del Rey, no sé, algo que le dé color. Piénsatelo.

Tu madre ha dejado en el frigorífico albóndigas en salsa y cocido, que dice que vendrás cansado esta noche del congreso filatélico y que no te apetecerá la sopa que yo hago, "que no tiene ninguna sustancia". Dice que las albóndigas son para la cena de hoy y el cocido, para mañana en la oficina: ya tienes separados en dos tuppers el caldo y la carne con los garbanzos, primero y segundo (me ha insistido en que te recuerde que son dos tuppers).

Hace un rato ha salido tu madre, dice que a comprarte el champú que te gusta y un pijama de franela, que viene el frío. No te puedes imaginar la paz que he sentido en cuanto se ha ido, Arcadio. Además, ha sido salir por la puerta ella y llamarme mi amiga Mari Carmen para felicitarme por mi cumpleaños. ¿Te acuerdas de Mari Carmen? Mi vecina de cuando yo estaba soltera y vivía en Carabanchel. ¡Menuda era Mari Carmen! Y menuda es, porque se ha teñido el pelo de fucsia y ahora viaja en moto a todos sitios. Cuando vivía en Carabanchel, todos los jueves por la noche quedábamos para hacer cata de vinos. No teníamos ni puñetera idea de vinos, claro, pero Mari Carmen compró dos copas de esas gordas y así cualquiera es catador. Cada una llevaba una botella de vino, la que fuera, y lo catábamos. Lo echábamos como los profesionales, con giro de muñeca incluido (a mí nunca me salía, pero a Mari Carmen no se le caía ni una gota). Lo mejor era la cara de Mari Carmen al olerlo, sobre todo al oler la tercera o cuarta copa. "Tropicalmente afrutado en barrica de quince años de roble salvaje con toques de canela", decía. Cuando soltaba esas cosas, yo me reía tanto que acababa echándole canela al vino. ¿Has probado el vino con canela?

Total, que Mari Carmen me ha dicho que acaba de dejar a su marido. Yo le he contado por encima mi vida y se ha plantado en casa con la moto en veinte minutos. Por lo visto, hay un congreso de cata de vinos en Albacete, creo, y nos ha apuntado por internet como expertas. Te digo esto por escrito, Arcadio, para que sepas que tienes el sello de doscientos euros en el despacho, la comida en el frigorífico, la ropa (incluidos calzoncillos) planchada y yo me voy en moto a Albacete, creo, a catar vino. Lo digo por si notas que falta mi ropa.

Un abrazo.

Mercedes
(Lola Morales)

Nota: Carta finalista de la XII Edición del certamen de cartas de amor Antonio Villalba, organizado por la Escuela de Escritores.

Cartas al lector


14/02/1968
Estimada Lectora:


Ese libro es para mí una revelación. Su autor nos recomienda leerlo sin culpa, saltando lo anodino y deteniéndose en aquello que nos deleita, de fin a principio si es preciso. Así es como entiendo la existencia, libre de la cotidianidad, de la línea que se nos impone. Me ha descubierto una intimidad, inexplorada por la juventud, que iré deshaciendo como un nudo a través de sucesivas lecturas en el tiempo, donde espero cruzarme con Usted.

Le escribo desde el rincón de la Biblioteca donde he pasado estos años de universitario, justo antes de salir al mundo para doblegarlo.

No quisiera atribuirle la imagen de las estudiantes de cuello grave que se parapetan tras los volúmenes de Tolstoi, ni la de las chicas que ojean a Onetti y disimulan junto al ventanal, soñando a contraluz con los jóvenes oficinistas del Banco.

Usted será alguien especial y elegirá el ejemplar que ahora devuelvo a su lugar alfabético, porque persigue el secreto de esa diminuta puerta entre dos mundos. Allí aguardaré, dejándole esta pequeña misiva tras el primer capítulo, que espero encuentre doblemente interesante.

14/02/1971
Estimado Lector:

Cuando me decidí por Cortázar para acompañar mis trayectos desde la Escuela de Artes y Oficios hasta el pueblo, yo era una chica sencilla, con un novio normal e ideales serenos. Simplemente miraba el mundo desde la ventanilla. No podía imaginar que el vagón, zigzagueante como la vida, me transportaría tan lejos. Ahora observo las trayectorias de dos gotas sobre el cristal, sabiendo que un leve movimiento inesperado puede unir o separar sus efímeras vidas. Pero esos senderos suyos parecen infinitos y los presiento duros como raíles. Es usted un soñador, de esos que buscan eternamente. Para mí la realidad se impone, pero devolveré el libro con la esperanza de encontrarle en la siguiente lectura.

14/02/1976
Querida Lectora:

Constato que el mundo es francamente difícil de domar, pero un hombre sin pasión no es más que una posibilidad. Esta vez he saltado los capítulos impares y me reafirmo en que la vida es tan frágil como tu reflejo en el cristal, tan aleatoria como el camino de tus gotas de lluvia. Mis andanzas me hablan de sueños libres, tan resistentes que pueden sobrevivirnos.

Te imagino etérea sobre el paisaje cambiante desde el tren y mi mente se escapa hasta esa estación donde, sin que tu ni yo lo sepamos, se encuentran y se abrazan entre el gentío tu ternura y mi destino.

Me pierdo en tus pupilas por las que discurren las ciudades hasta que te poseo. Si, nuestras bocas están llenas de peces inquietos y hay en ellas una profundidad abisal de sentimientos inexplorados, que son como esas especies desconocidas, ciegas, invertebradas, cuyo metabolismo ralentizado les perseverará durante siglos a cambio de no ver jamás la luz de la superficie.

14/02/1993
Estimado Lector:

Te has preguntado alguna vez porqué permanecemos entre las páginas. Quizá ésta sea una de esas historias que ya nadie lee. Sólo nosotros continuamos obcecados en crecer sobre un deseo contenido, como dos besos caídos desde los labios de una belleza caduca.

Hace años que no pisaba la ciudad y tengo dos hijas. Me propuse no volver a tocar esta novela, pero irremediablemente he regresado a sus profundidades, como una de esas criaturas de cara hostil que tienen sobre la frente una antena a modo de lamparita. Te busco y descubro que hace años te inventé, paseando la mirada que quise azul por los bancos de los parques de Paris, en invierno, leyendo las marcas de los besos adolescentes que quedaron allí desde antiguas primaveras. Ni yo misma, creo en este confín para enamorarse de manera insondable a través de las líneas y del tiempo. En este pasadizo que tú abriste, pero una vez más lo recorro, junto a los insectos de plata que han devorado ya mis primeras palabras, escritas cuando no sabía nada del ladrón del tiempo ni había soledad en la melancolía.

19/12/2000
Querida Lectora:

Ahora que los años nos hacen sentir menos y olvidar más, me doy cuenta de que soy yo quien se ha plegado ante los días. No sabes cuantas veces he querido preguntar tu dirección y rescatarte del reflejo en la ventanilla para hacerte carne y latido, pero eso duraría solamente una vida, destruyendo nuestra ensoñación, tal vez sofisma, pero sin embargo, eterna. Una teoría de física asegura que al entrelazar las páginas de dos libros se desarrolla una unión capaz de levantar toneladas. Al entrelazar las hojas de esta novela con nuestra vida hemos generado una fuerza infinita.

14/12/2017
Estimado Lector:

Nuestro vínculo se destruirá mañana cuando cierren la biblioteca por obsoleta. Ahora, las palabras viajan como la luz, se habla con los pulgares y los besos son ridículas caritas amarillas y uniformes.

Pensaba robar lo único que he poseído de ti, esconderlo en el cajón, donde guardo los primeros dientes de mis hijas y el reloj parado del hombre tangible que compartió mi vida. Pero lo devolveré a su estante para que desaparezca junto a los poetas y librepensadores. No creo que nadie lo lea nunca, pero todos deberían saber que existió.

Ahora, cuando la tapa está a punto de romperse, por fin te comprendo y sí, quiero ser la chica del tren que sueña con el joven de mirada azul, para siempre.

14/02/2123
Estimada Cibernauta:

No me conoces, soy estudiante y mi sueño es doblegar el mundo. Buscando datos para mi trabajo sobre un escritor sudamericano del siglo veinte, me aventuré a consultar la Base Internacional de Libros Antiguos, dando con este ejemplar de Rayuela. Por lo visto, al cerrar una vieja biblioteca Argentina, fue vendido en varios rastrillos y acabó milagrosamente escaneado en el año 2087 en la Bibliothèque Virtuelle de Paris.

Tanto por su calidad literaria, como por la cantidad y variedad de historias que reflejan las casi trescientas cartas manuscritas en él encontradas, este libro es para mí una revelación?

(Laura Cabedo)

Nota: Carta finalista de la XII Edición del certamen de cartas de amor Antonio Villalba, organizado por la Escuela de Escritores.

Costuras térmicas


Llovía a cántaros, de eso sí que me acuerdo. No, a mares. Llovía a mares.

Tú quisiste que nos encontrásemos en el parque, y eso que llovía a mares. Ya por teléfono me di cuenta de que no tenía mucho margen para dar mi opinión. Así que te esperé en el parque, porque llegué antes que tú, como siempre. Me resguardé bajo un árbol frondoso, no me preguntes qué árbol era, porque ya sabes que yo no distingo un abeto de un abedul. Pero era frondoso, de eso sí que me acuerdo, y me mantuvo seco.

Tú llegaste chorreando, y sin mediar saludo te pusiste a hablar. No recuerdo bien qué me dijiste, pero estabas empapada, de eso sí que me acuerdo. Llevabas una camiseta blanca con un dibujo de una mariposa en tonos naranja, rosa y morado, un dibujo muy ligero, pero me fijé bien en él. La camiseta se te pegaba al cuerpo como si fuera una segunda piel, dejando ver, bueno, no ver, pero sí adivinar el piercing que llevabas en el ombligo. Era una mariposa también, se ve que en esa época te iban las mariposas.

Estabas empapada, y no dejabas de hablar. Hablabas muy seria, me mirabas fijamente y me acusabas de cosas, cosas que no recuerdo bien. Que no te dejaba espacio, o que no te prestaba atención, una de esas cosas. Yo no podía dejar de mirarte, me fijaba en tu pelo negro rizado pegado al cráneo, y en como una gota gruesa de agua bajaba en tirabuzón por un rizo que se pegaba a tu frente. Luego la gota seguía bajando, primero por el puente de la nariz, donde tenías otro piercing, este más pequeñito, pero creo que también era una mariposa. Después la gota seguía por la mejilla, y se unía con más gotas.

Ahí creo que se mezclaba con lágrimas. No puedo estar seguro, pero me parece que llorabas, o al menos así lo recuerdo. Me habría gustado lamerte la cara para probar el sabor de las gotas y distinguir así las gotas de lluvia de tus lágrimas, pero por tu conversación me pareció fuera de lugar. No puedo recordar exactamente qué estabas diciendo, pero sí que recuerdo que lamerte la cara me pareció inapropiado en ese momento, así que decidí no hacerlo. No puedo afirmar, entonces, si llorabas o no.

Sí que recuerdo que estabas calada, porque sólo llevabas vaqueros y una camiseta blanca con un dibujo de una mariposa. Me pareció totalmente inadecuado para un día como ese, que llovía a mares. Yo llevaba puesto mi chubasquero caro, el que me compré para mi viaje a Noruega cuando leí que en Noruega llovía mucho. Y era cierto, llovía mucho, pero yo casi no me mojé en Noruega porque me había comprado mi chubasquero. Tiene costuras térmicas, me dijo el de la tienda, por eso no se cala. Y además la tela es transpirable, así te mantiene seco por dentro. Yo ese día lo llevaba puesto, por eso iba seco por dentro, mientras que tú estabas empapada.

Recuerdo bien que una pequeña ráfaga de viento sopló en mi dirección, y me trajo un ligero olor a champú. A pesar del fuerte olor a tierra mojada, que cubría cualquier otro olor, sí que recuerdo que me llegó ligeramente ese aroma. Creo recordar que era el champú Jonhson?s para niños, el que tú usabas. Así que pensé que te habrías lavado el pelo antes de venir, lo que me pareció absurdo, porque llovía a mares.

Tú hablabas y hablabas, y yo me mantenía seco y en silencio. Me parecía lo apropiado, respetar tus palabras. Yo no las estaba escuchando realmente, pero las respetaba. En realidad, yo me fijaba en ti. Recuerdo que la camiseta blanca se te pegaba al cuerpo como una segunda piel, dejando notar el sujetador negro que llevabas. Sencillo, liso en la copa, con bordados en forma de puntilla en los tirantes, que formaban pequeñas hendiduras en tus hombros. Creo, pero no estoy seguro, que tenía un lacito o algo así, una mariposa, tal vez, en el centro, en la unión entre las dos copas. Sin embargo, me puedo estar confundiendo con la mariposa del piercing que llevabas en el ombligo, porque de eso sí que me acuerdo.

El tiempo hace que mezcle algunos recuerdos. Por ejemplo, no sé muy bien qué me estabas diciendo. Bueno, no recuerdo tus palabras, pero sí entendí que me estabas dejando. No puedo precisar bien por qué, si es que no te dejaba espacio o no te prestaba suficiente atención, pero sí puedo afirmar que estabas rompiendo conmigo. Esto es un hecho, sobre todo porque después de ese día en el parque, que recuerdo que llovía a mares, no nos vimos más.

Hoy me reprocho no haber escuchado mejor tus palabras, me habría gustado recordarlas. Hubiera sido importante saber qué me estabas diciendo, pero no puedo recordar exactamente cuáles fueron tus palabras. Sólo recuerdo que llovía a mares. Y que tú estabas empapada porque llevabas una camiseta blanca con un dibujo de una mariposa que se te pegaba al cuerpo como una segunda piel. En cambio yo llevaba el chubasquero que compré para ir a Noruega, que me mantenía seco por dentro. De eso sí que me acuerdo.

(Adrián Gualdoni)

Nota: Carta ganadora de la XII Edición del certamen de cartas de amor Antonio Villalba, organizado por la Escuela de Escritores.
viernes, 22 de febrero de 2013 | By: Abril

Diferente


Soy igual a todas las mujeres por mi naturaleza, sólo que no me parezco a nadie cuando contigo pierdo el control de ella.

Soy igual a todas las mujeres, porque mi voz se parece a la de muchas, aunque sólo yo puedo susurrarte palabras que nunca te han dicho ni te dirán.

Soy igual a cualquiera porque como todas, camino, sólo que mis pasos se hacen irrepetibles cuando te tomo del brazo.

Soy igual a todas, porque disfruto sexo, aunque cada quien tiene un estilo único al hacer el amor.

Soy igual porque me encanta un rostro sonriente, sólo que ninguna tiene la fortuna de ser la razón de tus más hermosas sonrisas.

Soy igual a muchas porque quieren a su lado un bello amor, aunque únicamente yo soy capaz de tenerte sin tocarte.

Soy igual a tantas que escriben, sólo que mis palabras son para ti.

Yo soy tan igual, tan común, tan predecible, que entre tantas parecidas es difícil distinguirme.

Sólo cuando decidas mirar sin tu mente, sabrás que soy, he sido y seré para ti… diferente.

Desde BC, mi rincón existencial, donde únicamente unos ojos diferentes, me ven…diferente.

(Andrea Guadalupe)

...Como si nada


...Como si nada, de la nada misma que significa para nosotros muchas veces esa muchedumbre que a diario nos rodea, y sin saberlo, sin esperarlo, sin planearlo, de repente, casi por milagro en una cita corriente, compartiendo una mesa cualquiera, en un lugar cualquiera, mis ojos se vieron invadidos por tu mirada, y mi piel recibió el mensaje de tu piel...y así de repente, de no ser nadie para mí, de nunca haber tenido el mas mínimo indicio de tu existencia, te apareces en mi vida e inundas mis sentidos de todos tus encantos...

...Y así, con cada mirada, con cada respiro del aire que envolvía nuestros cuerpos, te fuiste transformando en un nombre y una imagen... Ya no eras nadie, empezabas a ser "Tú" para mí...

...Tu mirada me mordía por dentro descontrolando mis sentidos...tu espíritu juguetón comenzó a ser escarnio de mi timidez y con cada punzada de tus encantos, mi corazón se estremecía acelerando el torrente vital que me recorría con un gélido calor de pies a cabeza...

...Cuando era hora de seguir nuestro viaje, tú hacia tu mundo y yo en mi esfera, una mirada cómplice acompañó nuestra despedida...como queriendo suspender el momento y hacer de ese segundo un montón de vida, nos alejamos quizás íntimamente con alguna esperanza de volver a sentir lo sentido o quizás sólo agradeciendo el momento vivido...

Pero luego, de vuelta al desierto de lo cotidiano y en cualquier momento y sin mediar nada de por medio, tú aparecías a cada instante por mi mente... y tu mirada, tu voz, tu risa generosa, tus gestos al hablar, se convertían en un bálsamo para mi opaca existencia... pero sabía que eras parte de otro mundo, que otros buscan y necesitan de tu presencia y pensé en ese momento intentar borrarte de mí, pero eso era imposible, porque sólo quería retenerte...

...tu siempre más directa y más abierta, diste ese primer paso, sembrando en mí la semilla de la esperanza... ¿acaso podrá ser real?, me preguntaba a cada rato...te veía y aún te veo como una mujer demasiado hermosa para que hubieras puesto tus ojos y tus sentidos en un hombre sencillo como yo... no es falsa modestia, es que simplemente no esperaba este regalo que ha sido conocerte y poder quererte...

Por eso te digo siempre y mil veces que eres mi diosa, mi mujer de miel y fuego, que has llegado a mí casi por magia divina y que poco a poco, beso a beso, caricia a caricia, quiero hacerte aterrizar en mi terrenal corazón...

...y así en poca vida que hemos podido compartir, de no ser nadie para mí, te convertiste rápidamente en todo para mí... cuando estás a mi lado, trato que sientas a cada instante que me eres muy importante y que me haces sentir orgulloso de tu compañía...y cuando no estás, te extraño a morir, te extraño tanto que siento miedo de que tu ausencia algún día no tenga fin en un reencuentro...

Bebota mía, mi bella flor de piel color canela has penetrado todas las membranas de mi cuerpo, has traspasado todas las corazas de mi alma, has llegado como un afilado cuchillo directo a mi corazón...y es ahí donde quiero que te quedes...

...bebota de ensueño, mi ilusión de amor, todo lo que yo pudiera entregarte jamás podría igualar a la alegría de vivir, a la pasión de tus besos y a la belleza de tu cuerpo, que cada día me regalas con tu presencia en mi vida...por eso, siento que decirte que te necesito o que te extraño día a día no es suficiente... Quizás aún no logre dimensionar el espacio que estas ocupando aceleradamente en mi corazón...

...bebota, mujer mágica, mujer que a puesto de cabeza toda mi razón, mujer que merece todo mi espacio y mi mundo interior... te invito a volar por los sueños azules de nuestra sinrazón, te invito a inventar los espacios para nuestro amor...te invito a crear un mundo quizás muy pequeño... pero en el que cabremos los dos...

(Ignacio)
jueves, 21 de febrero de 2013 | By: Abril

Hoy dormiré pensando en ti...

 
Hoy dormiré pensando en ti, no por un amor profuso ni por una pasión desbordante. Dormiré pensando en la batalla vencida de un corazón consumido, en la victoria del adusto raciocinio que me obligó a caer en tus brazos.
 
Hoy dormiré pensando en ti, no por una conspiración profética para amarte, no por la ancestral trama de amor arrebatado y romance embelesador, ni siquiera por el afable agrado o el deleite que me causa tu compañía, duermo pensando en ti porque no tengo opciones para evitar la pesadumbre de un amor inacabado y falto de sobriedad.
 
Pensaré en ti porque lo mereces, porque cada vez que duermo pensando en quien amo quebrantó lo poco que queda de mi. Pensaré en la resignación, en la entereza y en el vacío que me embarga por no poder estar a su lado. Cubriré cada ápice de tristeza con cada una de tus irrupciones en mi pensamiento, con cada beso apócrifo que suministre integridad a mi existir.

Hoy dormiré pensando en ti porque quiero mentirme dulcemente, porque lo amo más que siempre y su recuerdo me quebranta con una lentitud interminable y torturadora.
 
Te ofrezco mis pensamientos está noche, te los entrego eternamente si es necesario ¿podrás fingir conmigo? ¿Querrás disfrazar mi amor entumecido con los sucios ropajes de un engaño?
 
No te detengas entonces, mintamos y actuemos en este escenario de hipocresía estimulante, de farsa provocadora…
 
(Pamela Loubet )
miércoles, 20 de febrero de 2013 | By: Abril

Lo nuestro...

 
Odio los finales desde que desapareciste de mi vida sin decir adiós. Te fuiste como una de esas canciones que terminan bajando el volumen progresivamente, repitiendo que me querías, que me querías, que me querías, sólo que cada vez más bajito, hasta que finalmente dejé de oír que me querías.

Detesto haber sido feliz en tantas partes. No me quedan lugares vírgenes de ti. Y no me gusta que me pregunten dónde estás, que por qué no viniste o que te manden recuerdos. Porque eso es lo único que tengo, un montón de recuerdos que se acurrucan en la almohada cada noche, que se esconden del frío olvido en las zapatillas que me regalaste, que se ríen protegidos en los álbumes de fotos...

Aborrezco esta ciudad porque te llevaste contigo todo lo bueno. Las calles y las esquinas, que siempre creí nuestras, resultaron ser sólo tuyas. Las plazas, también. A mí me quedó sólo el gris de las baldosas, las sombras de lo que pudimos haber sido y los besos que no te di, errantes huérfanos entre tu boca y la mía, alientos suspendidos en el aire a merced del viento y los inviernos.

Pero por más que lo intento, no consigo odiarte. Porque tus ojos, aunque no estén a mi alcance, siguen siendo el único camino que conozco para alcanzar el fin del mundo. Porque cuando casi nació nuestro bebé, las lágrimas que recorrieron nuestras mejillas fueron ciertamente eternas. Y no. No tuvimos la culpa de perder a nuestra pequeña Raquel (si era niña) o a Miguelito (si era niño). Ni tú, ni yo. Quizás fue ella, o él, quien prefirió morir en tu vientre, intuyendo que no podría luchar contra nuestras diferencias. Eso sí fue culpa nuestra. Tuya por no sonreír, mía por no saber cómo hacerte sonreír. Tuya por huir sin mirar atrás. Mía por no salir tras tus pasos.

Se nos hizo tarde entre excusas y reproches. Olvidamos soñar por las noches y el día amaneció gris. Confundimos la lluvia con los paraguas. Nos protegimos de las lágrimas y nos hicimos impermeables. Equivocamos los labios con las piedras. Dejamos de besarnos y nos abandonamos en los márgenes del camino. Traicionamos a las palabras importantes y nos fuimos como una canción... repitiendo que me querías, que te quería, que me querías, que te quería, sólo que cada vez más bajito, hasta que finalmente dejamos de querernos.
 
(Jaume Pons)