domingo, 11 de agosto de 2024 | By: Magdala

Prefijos en el amor



La culpa fue de los prefijos. Dejamos que se fueran posando en algunas palabras de nuestro idioma, y acabaron adueñándose de lo más íntimo del diccionario que habíamos creado juntos.

Permitimos que se escapara la emoción que sentíamos al escucharnos, conseguimos que nuestras miradas llegaran a encontrarse diferentes.

Cambiamos la ilusión por la des-ilusión.

Dejamos la puerta abierta a la monotonía. Nos conformamos con un sucedáneo de romanticismo, convertimos lo nuestro en simulacro.

Cambiamos el vivir por el sobre-vivir.

Nuestros sentidos se volvieron perezosos, tu cuerpo y el mío se convirtieron en extraños, la lastima vino a acompañarnos.

Cambiamos la pasión por la com-pasión.

Y llegó la hora del reproche, intercambiamos nuestras culpas. Nos quedó el consuelo para tontos, el rencor.

Cambiamos el sentimiento por el re-sentimiento.

Asistimos impasibles a la catástrofe y, cuando quisimos darnos cuenta, nuestra lámpara maravillosa se había apagado.

Cambiamos el amor por el des-amor.

Nos queda este texto, que no es más que un pre-texto...para tantas cosas. La culpa fue de los prefijos.

(Josefina)

jueves, 27 de junio de 2024 | By: Magdala

Voy a empezar a irme de a poco



Voy a empezar a irme de a poco,
tal vez así no nos duela.
Me iré un poco hoy
y otro poco mañana,
es probable regrese el martes,
pero el jueves habré avanzado otro tanto hacia tu olvido.
Y conforme pasen los días
irás borrando mi risa de tu agenda,
mis “te amo” empezarán a empolvarse
y a quedarse arrumbados junto a la alacena.
Los besos interminables que soñamos eternos,
empezarán a perder su frescura,
y al calor de mis brazos
le llegará el invierno de golpe.
Llegará el día
en que ya no te haré más falta,
en que hayas aprendido a mirar otra voz,
a escuchar otro olor,
a hablarle a otro cuerpo;
entonces sabré que me habré ido del todo.
Sabré que estarás bien.
¡Qué importa que la mitad de mi alma
se haya quedado extraviada!
que no encuentre el camino de vuelta,
¿de qué nos hubiera servido la calma?
si no pudimos salvar la tormenta.

Julio Casati
jueves, 1 de febrero de 2024 | By: Magdala

Amor en diferido

 


Vuelves a responderme en diferido. Tengo la sensación de hablar a solas. Olvidaba que los domingos sólo existes, si tú quieres.  

¿Sabes? Aunque tú no lo sepas, el viernes pasado fue mi enésimo intento de despedirme de ti y de nuestra historia. Pero siempre, a mi pesar, me quedo en la intención de cerrar el capítulo de la vida que nos une. Yo actúo como si no hubiese pasado el tiempo, en cambio tú sí pasaste pàgina hace años. Me siento como una actriz sin guión en la película de tu vida. Una vida ajena a la mía.  

Dicen que ningún adiós duele màs que el que pronuncias cuando no te quieres ir. Pero hasta aquí he llegado en la prueba de apnea. Quiero volver a respirar. Quiero continuar sin pensarte. Quiero sacarte de donde habitas en mí, para volver a la calma que perdí. 

No me arrepiento de todo lo que ha pasado. Lo hecho, hecho està. Llegaste en un momento de debilidad para ambos. Has sido la casualidad màs bonita que he tenido nunca. Conocerte fue verme resurgir de la rutina que me tenía apagada a la sombra de lo que todos esperaban de mí, no de lo que yo quería ser. 

Pero, como todo, aquello que tuvimos también se fue. Dicen que el amor ni se crea ni se destruye, tan sólo se transforma. El nuestro se desintegró entre ausencias. Vivimos muy cerca, pero siempre hemos estado muy lejos.

La cosa es que cada vez que volvemos a encontrarnos hay partículas mágicas que flotan en el ambiente que se crea, que me hacen volver de repente a aquel tiempo en que tú y yo éramos "nosotros".

           (N.R.H) 


domingo, 19 de marzo de 2023 | By: Magdala

Margaritas


Querido Tavo,

La vorágine de estos tiempos tan convulsos nos devora, a uno y a otro lado del charco, por lo que veo.

Pasada la pandemia, vuelve la tempestad del “aquí, ahora y ya”. Olvidamos lo importante, en favor de lo urgente, como si no hubiésemos aprendido nada de esto tan terrible que hemos vivido.

En el Viejo Mundo, pronto ha cundido la desmemoria. Ha sido despojarnos de las mascarillas y olvidar que no somos eternos. Y volver a los problemas de siempre…

De pronto ya la gente no se quiere tanto. El miedo creó falsos lazos de cariño, de empatía y de cordialidad que se han esfumado con el paso del tiempo.

La inflación ahoga a las familias. Las enfermedades olvidadas por la Covid se abren paso de nuevo. Los que estaban solos vuelven a sentirse abandonados; los ricos son más ricos que nunca y los políticos más Pinochos que antaño. Al pueblo: “pan y circo”, más Netflix y menos libros, por aquello de que las penas con pan son menos, aunque se trate de pan duro para una muchedumbre sin dientes. La gente ya no sabe hablar sin insultarse o sin soltar exabruptos. Somos más ególatras y menos humildes. Más soberbios y menos compasivos.

¿De qué ha servido tanta muerte?…me pregunto. ¿De qué tanto dolor?

Y a pesar de esta visión tan distópica, hoy han empezado a crecer las margaritas que anuncian una nueva primavera. La vida se abre camino entre la muerte, hay esperanza… y viene pisando fuerte.

No dejes de creer. No dejes de escribir…

Un beso

PD: Estoy bien y respirando, que no es poca cosa…

lunes, 24 de octubre de 2022 | By: Magdala

Quiero estar soltera contigo

 


Quiero estar soltera contigo.

Quiero que vayas a tomarte una cerveza con tus amigos, para que al día siguiente tengas resaca y me pidas que vaya a verte porque te apetece tenerme entre tus brazos y que nos acurruquemos. Quiero que hablemos en la cama por la mañana de todo tipo de cosas, pero algunas veces por la tarde; quiero que cada uno haga lo que quiera durante el día.

Quiero que me hables sobre las noches que sales con tus amigos. Que me digas que había una chica en el bar que te ponía ojitos. Quiero que me mandes mensajes cuando estés borracho con tus amigos para que me digas chorradas, sólo para que puedas estar seguro de que yo también estoy pensando en ti.

Quiero que nos riamos mientras hacemos el amor. Que empecemos a reírnos porque estamos probando cosas nuevas y no tienen sentido. Quiero que estemos con nuestros amigos, para que me cojas de la mano y me lleves a otra habitación porque ya no puedes aguantarte más y tienes ganas de hacerme el amor ahí mismo. Quiero intentar permanecer en silencio porque hay gente y nos pueden oír.

Quiero comer contigo, que me hagas hablar sobre mí misma y que tú hables sobre ti. Quiero que discutamos sobre cuál es mejor, la costa norte o la costa sur, el barrio occidental o el oriental. Quiero imaginar el apartamento de nuestros sueños, aun sabiendo que probablemente nunca vivamos juntos. Quiero que me cuentes tus planes, esos que no tienen ni pies ni cabeza. Quiero sorprenderme diciendo: "Coge tu pasaporte, que nos vamos".

Quiero tener miedo contigo. Hacer cosas que no haría con nadie más, porque contigo me siento segura. Volver a casa muy borracha después de una buena noche con amigos. Para que me cojas la cara, me beses, me uses como tu cojín y me abraces muy fuerte por la noche.

Quiero que tengas tu vida, para que decidas irte de viaje unas semanas por puro capricho. Para que me dejes aquí, sola y aburrida, deseando que salte tu carita en Facebook diciéndome "hola".

No quiero que siempre me invites a tus juergas, y no quiero invitarte siempre a las mías. Así, al día siguiente puedo contarte cómo fue la noche y tú puedes contarme la tuya.

Quiero algo que sea simple y, a la vez, complicado. Algo que haga que, a menudo, me haga preguntas a mí misma, pero que, en el momento que esté contigo en la misma habitación, desaparezcan todas las dudas. Quiero que pienses que soy guapa, que estés orgulloso de decir que estamos juntos.

Quiero que me digas te quiero y, sobre todo, poder decírtelo yo a ti. Quiero que me dejes andar por delante de ti para que puedas ver cómo se mueve mi culo de lado a lado. Para que me dejes arañar las ventanas de mi coche en invierno porque mi culo se contonea y eso te hace sonreír.

Quiero hacer planes sin saber si al final los realizaremos. Estar en una relación clara. Quiero ser esa amiga con la que adoras quedar. Quiero que sigas teniendo el deseo de tontear con otras chicas pero que me busques a mí para terminar la noche juntos. Porque quiero ir contigo a casa.

Quiero ser esa a la que le haces el amor y después te quedas dormido. La que te deja en paz cuando estás trabajando y a la que le encanta cuando te pierdes en tu mundo de música. Quiero tener vida de soltera contigo. Porque nuestra vida de pareja sería igual que nuestras vidas de solteros de ahora, pero juntos.

Un día, te encontraré.

(Isabelle Tessier)

martes, 6 de septiembre de 2022 | By: Magdala

Día número 203



Mis parpados se abren y mis pupilas se dilatan, no es la tenue luz que traspasa la ventana, es un brillo incandescente que se refleja en unos gigantescos y despistados ojos color miel, advierto, no es que sea una muchacha encantadora, solo es el brillo de sus ojos el que se ha robado mi mirada; ella, lleva una chaqueta gris con un gorro lanudo que contrasta perfectamente con el frío acogedor del páramo de Sonsón, pero su baja estatura hace que pase desapercibida por todo el recinto de clase.

Ella menea sus perfectas caderas buscando el lugar indicado para posarse y mientras se pasea por el recinto le observo con atención sin que ella note la desesperación de mis ojos.

Es inevitable no dejar de observar detalladamente cada una de sus acciones, puedo ver como escucha, como observa, como abre su mandíbula para arrojar de su bella boca delgada, versos y palabras que se pierden en el espacio, puedo ver como se abren y se cierran sus parpados en cámara lenta, puedo contar sus pestañas y hasta ver su respiración.

Sus cabellos castaños no muy largos cuelgan desordenados y es el momento de admitir que desordenó todo en mí.

Es sábado, el día número 203 del año 2017, para ser un poco más exactos 22 de julio; las horas pasan y sin quererlo el día gira alrededor de ella; sigo viéndola, una, dos, tres veces, es extraño, mis ojos no se cansan de mirarla.

Son las 7 P.m. y el día culmina sin dirigirnos una sola palabra. Me voy a casa, intento improvisar verdades, pensar en realidades y sin quererlo una imagen de aquella mujer se forma en mi mente, pienso inconsciente: creo que el asunto se está complicando, ¿en verdad busco a alguien que me complemente la existencia? Es quizás lo que busco. No sé si ese complemento se encuentre en el brillo de esos ojos, tal vez en su resplandeciente sonrisa o en sus cabellos desordenados, aunque no sé si estoy preparado para estas pendejadas del amor, creo que ella tiene ese complemento que llena mi existencia.

Considero que para comprender el amor primero debo conectar cuerpo y alma y corazón y mente, esto me hace recordar la teoría de Ferdinand de Saussure, donde define al signo como una entidad psíquica de dos caras, la imagen acústica y el concepto, dos elementos íntimamente ligados que se requieren mutuamente. Es así mismo como se comprende el amor, ligando cuerpo – alma y compenetrando emociones con realidades.

Siempre he sido consciente de que el amor es un elemento esencial en la composición de todo ser humano, pero nunca llegué a dimensionar la grandeza de esta palabra, una palabra llena de significados, sensaciones, emociones, una palabra tan grande que se resume en algo tan sencillo, ella.

Ella, que sin querer llegó iluminando ese día con sus ojos y su sonrisa, ella que sin querer llegó llenando el vacío con su energía, ella, que tenía que llegar justo ese día número 203 para complementar mi vida…

Oscar Hurtado López del Blog Escribir con el alma 

:)
martes, 10 de mayo de 2022 | By: Magdala

En el muelle de San Blas

 


Querido Tú: 

Alguien me ha dicho que las personas somos lo que sentimos y somos lo que vivimos con intensidad. Somos recuerdos, somos nostalgia, somos deseo, somos tristeza y sonrisas. Somos locura y abrazos en un atardecer mirando el paisaje que se cuela por nuestras costuras, y cierra viejas heridas. 

No hay nada infinito. Somos lo que vivimos, un momento, una canción o una voz...que recordamos como si no hubiese pasado el tiempo. 

Me pregunto si alguna vez te acuerdas de mí, como yo lo hago de ti. Estás presente en todos los días de mi vida. Estás aquí a mi lado mientras te estoy escribiendo, esto que tú nunca leerás, porque ya no somos aquellos que fuimos. 

Echo de menos las conversaciones que teníamos, sobre nada en concreto, pero con esas ganas enormes de cambiar el mundo. Echo de menos las risas y los abrazos. El olor de tu cuello cuando te acercabas para retirar un mechón de pelo de mi cara, antes de besarme. Te encantaba escuchar aquello que te decía de "me gustas porque eres limpio, elegante y porque hueles muy bien". Siempre se dibujaba en tus labios una media sonrisa y luego decías "te quiero, y siempre será así, no lo olvides". 

Pero el tiempo pasa y las palabras son regalos efímeros que se lleva el viento. La vida nos presta momentos en los que el tiempo se detiene y el corazón se rompe. Aquellos recuerdos son una película en blanco y negro, que yo me empeño en recrear una y otra vez en una suerte de moviola infinita. No consigo que vuelvas, por mucho que lo desee, solo consigo hacerme daño pensando en ti. 

Si supieras la de veces que he planeado todo, la de veces que he ido a buscarte y me he vuelto llorando...he construido en mi mente un encuentro casual en el que nos cruzaríamos en un recodo del parque y nos abrazaríamos sin modales...y después tomaríamos café en el Zurita, lamentando el error de habernos separado y prometiendo no volver a hacerlo nunca más...

Pero ese encuentro no llega y me paso la vida esperando que ocurra un milagro. Que tú me encuentres o, mejor dicho, que me quieras encontrar, porque mi sitio está aquí y no ha cambiado en todo este tiempo (en todos estos años que nos separan).

 Aquí sigo, vestida de novia, esperando verte pasar...

(N.R.H)





martes, 10 de agosto de 2021 | By: Magdala

La perdemos, la perdemos...



Me estás perdiendo...como en esas películas donde se ve una sala de urgencias en la que hay alguien que está inconsciente y un grupo de sanitarios tratan de reanimarla... pero ella cada vez se aleja más de su cuerpo y lo ve todo desde arriba, como si su alma abandonara el cadáver y lo contemplase desde lo alto. Así está nuestra relación: fría, muy fría, casi congelada y bajo mínimos...

Lo cierto es que si seguimos viéndonos y enviándonos mensajes es porque yo hago lo posible y lo imposible por seguir conectada a ti, en una suerte de hilo invisible que quiero cortar desde hace tiempo, pero que no puedo...y lucho. Lucho contra ti y contra mí misma, para que desaparezcas de mis días. Para que la rutina haga que un día te olvide, pero que te olvide de verdad, no de mentirijilla...

Hace mucho tiempo que ya no somos "nosotros", sino tú y yo. De vez en cuando quedamos, porque te llamo con cualquier pretexto y tú acudes con desidia, casi por compromiso, como si me estuvieras haciendo un favor enorme, por no hacerme un feo...y ahí estás: indiferente a mis anécdotas, llenando el aire que nos separa de mal rollo, porque a sabiendas de que me hace daño, me hablas de tu otra vida, de tu trabajo, de tu apatía, de tu hastío, de tus sueños...y yo te escucho estoicamente, oigo tus quejas, te intento animar...e intento contarte algo de mi vida, pero enseguida cambias de tema y vuelves a relatarme tu día a día...y además rematas con eso de que eres muy feliz. 

Pero yo no te creo, o no quiero creerte. Prefiero recordar ese tiempo donde tú y yo éramos algo, éramos nosotros y nuestro mundo imaginario. me refugio en las palabras que quiero recordar porque salieron de tus labios. Aquellas que juntabas para decirme "te quiero". 

Ha pasado el tiempo y yo sigo aquí, albergando la esperanza de que un día quieras volver a ser quien eras conmigo. Sé que nunca vas a volver, o al menos no como yo quisiera que fueras, sin embargo también sé que nunca voy a dejar de creer que todo va a cambiar. porque soy así: romántica, ilusa, paciente, soñadora, y nunca dejaré de esperarte porque una vez fuiste el amor de mi vida...

(N.R.H)
viernes, 17 de julio de 2020 | By: Magdala

Hasta siempre

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Anoche te vi. En la mesa más alejada del restaurante. Línea recta en diagonal que me mostraba permanente tu perfil.
Me hubiera gustado decir que te vi mal, más mayor, desmejorado, pálido y evanescente. Pero mentiría. Estabas como siempre.
Y aún así, sigo mintiéndote. Estabas mejor que nunca, renovado, como si fueras una edición remasterizada y resplandeciente.
Te observé. Hubiera querido verte triste, serio, preocupado, cabizbajo, distraído, como pensando aún en mí. Pero no sería objetivo. Estabas tranquilo, en calma y relajado.
Y debería ser más honesto aún y decirte que en realidad se te veía muy feliz, regalando sonrisas que cruzaban afiladas la diagonal de salón hasta la boca de mi estómago.
Nadie me creería si contara que te vi solo, aislado, rodeado de indiferencia e invisible al mundo. Pero no, estabas con el que allí ocupaba la silla en la que yo querría estar sentado para recibir el brillo de tu mirada, donde yo debería ser la causa de tus sonrisas.
Sin embargo, yo estaba aquí, en tu diagonal si miras a la derecha, invisible, rodeado de indiferencia, con un rictus de tristeza y amargura, inquieto y totalmente inexistente para ti.
Descubrí que era yo el que me estaba castigando, era el que se estaba matando con su propio veneno, era yo el malo de mi propia película. Y dejé de mirar en diagonal, giré al frente mi cabeza, relajé mis manos y hombros, cerré los ojos, respiré hondo, y los abrí a un futuro sin ti.
¡Hasta siempre!
domingo, 8 de marzo de 2020 | By: Magdala

Amor por las rutinas


Hemos caído en la rutina, amor.
Llevamos días despertándonos sin los buenos días. Sin soles que se cuelen entre sonrisas y nos hagan brillar en la oscuridad.
Las buenas noches se han mudado a otra ciudad y nos dormimos pensando en si la noche estará mejor sin nosotros.
Ya no nos echamos de menos; ya no pronunciamos un y yo a tiMás.
Ocultamos respuestas por no herir a las preguntas, y no sabes el daño que nos hacemos así.
Hemos dejado de hacernos heridas para dejar la huella de las cicatrices. Que quedan bonitas, dices.
Ya no cruzamos límites peligrosos ni el corazón nos va a 200 km/h. Y qué aburrido esto de viajar sin estrellarnos. Juntos, digo.
Nos preocupamos de si el cielo llora hoy en vez de si ha llovido en nuestros ojos.
Ya no nos escuchamos, sólo oímos y a saber cuántos silencios nos hemos tragado ya.
Lo del orgullo creo que lo llevamos bastante bien, sólo nos hemos tragado nueve desde ayer.
Las fotos han pasado a ser sustituidas por recuerdos. Que se borran, que se escapan y vuelan. Lejos, creo.

Y que si probamos a querernos, digo, por esto de salir de la rutina.


(Del blog: Mírame cuando no te hablo)
jueves, 21 de noviembre de 2019 | By: Magdala

Make me like you



Podíamos llamarnos novios porque sabíamos que no era más que un juego. Las etiquetas solo asustan cuando son verdad. De haber sentido algo sólido, hubiéramos recurrido a eufemismos que prolongasen el misterio. Tú y yo, en cambio, nos sentíamos cómodos en esa distancia que nunca desaparecería y por eso jugábamos a preguntarnos cómo había ido el día aunque en el fondo no nos importase. No te hubiera gustado presentarme como novio oficial a tus amigos, ya lo sé. Lo más extraño llegó después, cuando encontraste a alguien y me sentí vacío por haber perdido algo que nunca fue nada.

(Alex Pler, Fuente: Hombres encontrados)



I know enough´s enough and you´re leaving


Primero se desató el rencor. 
Enseguida me aferré a las ganas de olvidarte. 
Después, no sé cómo, asomó la tentación de volver contigo, tan pronto descartada. 
Por fin empezó la fiesta interminable, y reí como la primera vez, y pude guiarme por todo lo que brotaba alrededor: todo eso me atraía, me asustaba, me curaba. 
Cuando el torbellino me devolvió a casa, yo volvía a ser yo pero de una forma nueva. 
Decidí disfrutarlo. 
Dejé que pasaran los años sin contarlos. 
Al reencontrarnos, confirmé con placer que nuestro final había sido un pequeño error y también mi mayor acierto.

(Alex Pler. fuente:  Hombres encontrados)
miércoles, 20 de noviembre de 2019 | By: Magdala

Café para llevar, por favor



Ya hace tiempo de lo del café aquel que nos íbamos a tomar un día de estos para recordar con nostalgia los viejos tiempos. Aquel café nunca llegó y yo estuve esperando tu señal como una tonta, sentada en la parada de las oportunidades, a la cola de tu memoria confiando en que un día cualquiera me echaras de menos y regresaras con una especie de huevera, de esas que lleva la gente en las pelis de invierno por las calles de Nueva York, antes de empezar a trabajar, con dos o tres cafés de Starbucks para repartir por media oficina, haciendo equilibrios entre otra gente que pasea perros ajenos o monta en bicicleta por la Quinta Avenida. Me encanta esa escena que se repite en esas pelis ñoñas que veo en Navidad: cuando el protagonista entra en acción, el director cambia de plano y pide una toma de los ojos de ella cuando lo ve llegar con la huevera de los cafés calientes y amontonados en una mañana de invierno.

Esa “ella” soy yo, pero no hay huevera, ni nieve, ni cafés de Starbucks, ni gente en bicicleta. Es otoño. Llueve y tú no estás. Hoy escribo un capítulo más en mi libro de decepciones contigo. No es que duela mucho, ya no, lo malo es que me estoy acostumbrando a estos dolores pequeños, que se clavan como diminutos alfileres en  mis ganas de compartir cosas contigo. 

Es tu forma de decirme que esto se ha acabado definitivamente, que ya no sientes nada. Empiezo a dudar de si fue o no un espejismo aquello que vivimos y que no tiene nombre, pero que parecía tan, tan real...  

Sé que un día, cuando te sientas solo entre tanta gente, volverás a mí. No habrá cafés, ni nieve, ni paseadores de perros, ni amantes de la bicicleta…solo estaremos tú y yo y será un soleado día del sur, probablemente de primavera. Tú acudirás al lugar de siempre para pedirme perdón a tu manera, pero ya será tarde. En mi lugar encontrarás una nota donde leerás… “No hagas planes para el resto de tu vida, ahora te toca a ti esperarme. Lo siento querido; ahí  te quedas” .

(N.R.H.)

martes, 12 de noviembre de 2019 | By: Abril

Tengo mil cartas de amor


Alguna vez tenía que pasar. Así que lo he decidido. Estoy en una época de cambios y creo que ha llegado la hora hacerlo público:
Me gustas desde el día que naciste, me gustas cuando te ponías tierno con los perros de tus abuelos, cuando te enfadabas en los viajes por cualquier motivo tonto, me gustas porque has aprendido a vivir y a disfrutar incluso en los malos momentos, me gustas porque siempre has estado ahí, en un papel secundario pero sabiendo que en realidad eres un protagonista, me gustas cuando te miras al espejo y dices que te ves guapo, me gustas porque te pasas la vida sonriendo, me gustas por como quieres a los demás sin esperar que sea respondido de la misma forma, me gusta cada segundo que paso contigo, me gustas porque cada día te conozco un poco más y me encantas, me gustas por ser tan fuerte, me gustas porque eres capaz de caerte las veces que haga falta y volver a levantarte, me gustas porque siempre has sido mucho más optimista de lo que parecías, me gustas por esos ojazos que tienes, me gustas por lo detallista que eres, me gustas porque sigues aprendiendo cada día algo nuevo y lo compartes…
Sí, esto es así, me ha costado muchos años confesarlo y, sobre todo sentirlo, pero va siendo hora de gritarlo, de escribir mil cartas de amor diciendo:
Me quiero.
“Y extiendo la ciudad mirando al frente,
esta mañana el mundo es diferente,
descubro tantas cosas que no vi por no quererme”
(Fernando Bside,  Fuente: Hombres encontrados)

La memoria del cuerpo


Voy consiguiendo controlar la memoria y pensarte cada vez menos, acostumbrarme a la culpabilidad absurda de nuevos primeros besos con personas que ya no son tú, entregarme al sabor de los recovecos de pieles distintas, ajustar mi cuerpo al de los otros, visitar menos aquellos lugares que sé que te traen de vuelta, recordarte algo menos cuando la lluvia repiquetea en un cristal en cualquier parte…
Pero, ay, la memoria del cuerpo… la memoria del cuerpo escucha la sintonía de una serie y deja de atender a razones y secuestra al corazón y lo lleva de mi salón al nuestro y ve el episodio pero nos mira también a nosotros y el mundo vuelve a ser familiar y cómodo y cálido y fácil aunque ninguno de sus chistes me haga reír ya.
Lo que no fue desordenado por la nostalgia lo termina de arrasar la ficción.

Carlos Crespo (Fuente: Hombres encontrados)

Quedarse con lo bueno


Quizás no supe leer las señales. Seguramente estaba demasiado ocupado en mirarte e imaginar todo lo bonito que vendría después.
Puede que tu ni siquiera te dieras cuenta de todo lo que pasaba por mi cabeza. Y seguramente no te fijaste que mis ojos sólo brillaban de esa manera cuando me mirabas. Pero eso es lo de menos. No esperaba que te fijaras en esos detalles. Creí que eras despistado o que no te fijabas en cosas a las que yo si le daba importancia.
Cuando te pedí que me dejaras tu pulsera para tomar mis pulsaciones estas iban a 150. Las tuyas a un ritmo normal. Y no era porque yo viniera de correr y tu de estar sentado en el sofá viendo alguna serie de esas que te gustaban. Era porque yo sentía más de lo que tu ibas a sentir por mi. Lo acepté, por más rabia que me dio.
Siempre me dijiste que hay que quedarse con las cosas buenas.
Y me quedó claro. Y esta vez si que supe leer entre líneas.
Hay que quedarse con lo bueno.
Por eso no te quedaste conmigo.

Abuga (Fuente: Hombres encontrados)
lunes, 4 de noviembre de 2019 | By: Abril

Es lo que hay...

La vida es eso que nos va sucediendo mientras nos empeñamos en hacer otros planes” John Lennon

¿Sabes? Hoy, en cierto modo, esperaba tu mensaje, pero no llegó. Y duele, aunque poco. Me has acostumbrado a ese “…esto es lo que hay”, y lo asumo con absoluta resignación, como quien espera en la cola con la cartilla de racionamiento en época de guerra y justo cuando le va a tocar, se acaba la comida. Ese, “otra vez será” me lo repito como un mantra, que me sirve de ungüento para las heridas que tu silencio me provoca a la altura del estómago. Y la guerra fría vuelve a mis rutinas y me muevo por inercia, contigo siempre pero lejos de ti.

Raya el acoso lo que hago el resto del día mirando tu perfil en el WhatsApp. Tú, ajeno a todo esto, continúas con tu vida, echando atrás días en el calendario y retrasando ese café eterno que nunca llega. Me desespero. Escribo. De ti y de mí. De lo que fuimos. De lo que pudo ser, pero no… Te pienso y te odio a ratos.

Te imagino a solas en tu trabajo, o atendiendo a alguien hasta las tantas, o tocando algunos acordes en tu guitarra, o fumando y escuchando a John Coltrane o a Charlie Parker con un whisky con hielo sobre la mesa del jardín. Cuando el resto de la casa duerme tú sueñas despierto. Haces recuento del tiempo que has invertido en ser otra persona distinta a la que pretendías… Y el balance hace que te pongas triste y añores ese garito de jazz que querías montar en un país extranjero que elegirías apuntando sin mirar en un mapa justo antes de tomar el avión… No tendrías una pareja fija, sino una cada día. Mujeres sin nombre, solo sexo, puro placer efímero y poco más. Sin compromisos, sin rutinas, sin dolor…

En cierto modo, te comprendo. Tú añoras lo que no tienes. Persigues un sueño cada vez más lejano y te resignas a vivir acorde con las decisiones que tomaste en el pasado. Como yo. No somos tan diferentes. Y en el deseo apareció el castigo.

Tal vez ninguno de los dos tuvimos elección. Y aun así, ¿sabes qué…? Pese al dolor: volvería a elegirte.

(N.R.H.)
viernes, 1 de noviembre de 2019 | By: Abril

Sumisión

(…)Suena de fondo “Earned it” de Weekend
…On that lonely night (lonely night)
We said it wouldn't be love
But we felt the rush
It made us believe it was only us (it was only us)
Convinced we were broken inside (yeah)
Inside (yeah)…

Resultado de imagen de 50 sombras

Sin prisas y a destiempo hoy me has hecho una señal. Yo recojo el guante y te escucho. A veces desearía ser sorda, pero con una sordera selectiva exclusivamente para ti. No quiero escuchar de nuevo tus cantos de sirena. Me pierdo en los recuerdos y parece que no me has hecho tanto daño. Tengo el don de olvidar mi hastío y mis fracasos contigo, en el intento de devolverte a mi vida.

Tú eres justamente como yo quería. Encajas en ese perfil de tipo educado, elegante, con la ambición justa para salir de la mediocridad sin parecer un snob. Eres de esos que conquistan porque adoptan un papel protector, y yo me siento sumisa, a ratos.

Soy de la antigua escuela, ¿y qué? A estas alturas, sin sorpresas y consciente de lo que deseo, no voy a cambiar. Ni quiero, que conste. Así, como suena, sin pedir perdón a nadie. Soy lo que soy: tuya. Una mística Anastasia de mirada ingenua y pícara, para el Grey equivocado.

Nunca te he pedido nada. Nunca he querido irrumpir en una vida que no era la mía. Y así me ha ido: mal, muy mal, porque este contigo pero sin ti, me mata cada día. Y es tanto lo que siento, que me parece mentira seguir en este callejón sin salida viviendo de las migajas que me ofreces de tu tiempo.

Esta vida inconsistente. Este ser pero no. Este estar, pero tampoco… Eres cruel. Y tal vez eso sea lo que más me atrae de ti: la pasión desbocada que se respira en cada encuentro, que siempre amenaza con ser el último, que me golpea como un látigo, aunque algo vuelve a hacer que no lo sea… Ese empezar desde cero y vivir en bucle. Este juego estúpido, pero necesario, que mantiene viva nuestra no-relación.

Una palabra tuya, bastará para sanarme, porque tú decides mis desastres, tú desatas mis sirocos y en ti descansa el mismo veneno que me da la vida…

¡Qué poder tienes sobre mí, maldita sea!

(N.R.H)
martes, 29 de octubre de 2019 | By: Abril

Café para dos



Lo intento, pero no me sale. Te odio a ratos, porque vuelves a hacerme lo mismo. Me paso media vida esperando tu señal. Me prometes una y otra vez que me llamarás para hacer mil cosas. Pero no. Nunca lo haces. Llega el día “D”, se va y estamos en las mismas. Tú sigues con tu vida, y yo bloqueando mi agenda el día entero para ti, sin recibir nada. La historia se repite. Ni una disculpa, ni un mensaje, ni una llamada… no… te limitas a aparecer otro día cualquiera, solo si yo te he hecho antes una señal y haces como si no pasara nada.

Te odio. Hoy es uno de esos días. El segundo de esta semana, que empezó ayer. A veces pienso que es una venganza porque te dejé en su momento. Otras que demuestras inseguridad y es tu forma de hacerme ver que te humillé y tratas de hacerme creer que estás por encima de mí y de mi estatus de niña-bien, malcriada… Tú, con tu orgullo de clase obrera que empezaste a trabajar por necesidad y no por vocación; que levantaste a tu familia cuando aún eras un niño. Tú, que no pudiste estudiar aunque servías para ello, y ahora que puedes, desprecias hacerlo porque la vida no te dio la oportunidad en su día y ahora crees que sabes más por viejo que por diablo...

Qué tristeza que pagues todas tus deudas conmigo, que nunca te he hecho nada malo. Que lo peor –y lo mejor- que me ha ocurrido es haberme enamorado como una idiota de ti. Que vuelvo a removerme desde mis cenizas para hacerte ver que estoy de tu parte, que no somos enemigos íntimos, sino todo lo contrario. Que sé que me necesitas, porque soy la única que te escucha cuando llueve por lo que has perdido en el camino. Tu orgullo de proletario aburguesado, tu ambición insaciable, tu rol de padre coraje, tu esnobismo improvisado, los traumas que arrastras y en los que te refugias para tratarme mal, que no es maltrato, sino desidia…que no comprendo, que no comparto, que me obligan a odiarte.

Esta tensa calma me mata lentamente. Pasa otro día de otoño y así llevo unos cuantos esperando a que me invites a ese café prometido, que nunca llega…

(N.R.H)
sábado, 26 de octubre de 2019 | By: Abril

Todos los días de mi vida



Paige: -Prometo ayudarte a amar la vida, abrazarte siempre con ternura y tener la paciencia que el amor exige, hablar cuando hagan falta palabras y compartir el silencio cuando no, consentir, disentir respecto al pastel de terciopelo rojo, vivir al abrigo de tu corazón y llamarlo siempre hogar.

Leo: -Prometo amarte locamente en todas las facetas de tu vida ahora y siempre, prometo no olvidar jamás que este es un amor único en la vida y saber siempre en lo más profundo de mi alma que no importa que desafíos puedan separarnos siempre hallaremos la forma de volver a unirnos.
(De la película "Todos los días de mi vida")


Quisiera escribirte una carta cada día, mientras estemos juntos. Porque sí, porque te lo mereces. Me haces feliz, que no es poco y me toleras los desequilibrios cotidianos. Aguantas mis mareas con la paciencia de un santo y cuando llego a casa triste, desolada, enojada o quejumbrosa tu media sonrisa aleja mis demonios y me recuerda que en nuestro pequeño universo paralelo, los desastres se quedan fuera.

No sé si te he dicho que eres lo mejor que me ha pasado en estos últimos años. Eres guapo, atento, culto, elegante, respetuoso, honesto, humilde y leal. Justo como había deseado en esas tardes de domingo en que llovía y pensaba en ti, sin conocerte aún. 

Tú me has hecho mejor y dices que yo te he hecho amar la vida y sus pequeños detalles. A la vida hemos llegado juntos, aun naciendo en diferentes momentos y lugares tan distantes. Estábamos predestinados a crear este refugio sin grietas, este hueco en el mundo donde somos dos que ocupan el lugar de uno.

Gracias por ser y por estar. Por imaginarme contigo para siempre. Y no importa si ese para siempre es de por vida o para un rato, porque cualquier tiempo a tu lado, por breve que sea, será siempre un regalo.

(N.R.H)