martes, 12 de noviembre de 2019 | By: Abril

La memoria del cuerpo


Voy consiguiendo controlar la memoria y pensarte cada vez menos, acostumbrarme a la culpabilidad absurda de nuevos primeros besos con personas que ya no son tú, entregarme al sabor de los recovecos de pieles distintas, ajustar mi cuerpo al de los otros, visitar menos aquellos lugares que sé que te traen de vuelta, recordarte algo menos cuando la lluvia repiquetea en un cristal en cualquier parte…
Pero, ay, la memoria del cuerpo… la memoria del cuerpo escucha la sintonía de una serie y deja de atender a razones y secuestra al corazón y lo lleva de mi salón al nuestro y ve el episodio pero nos mira también a nosotros y el mundo vuelve a ser familiar y cómodo y cálido y fácil aunque ninguno de sus chistes me haga reír ya.
Lo que no fue desordenado por la nostalgia lo termina de arrasar la ficción.

Carlos Crespo (Fuente: Hombres encontrados)

Quedarse con lo bueno


Quizás no supe leer las señales. Seguramente estaba demasiado ocupado en mirarte e imaginar todo lo bonito que vendría después.
Puede que tu ni siquiera te dieras cuenta de todo lo que pasaba por mi cabeza. Y seguramente no te fijaste que mis ojos sólo brillaban de esa manera cuando me mirabas. Pero eso es lo de menos. No esperaba que te fijaras en esos detalles. Creí que eras despistado o que no te fijabas en cosas a las que yo si le daba importancia.
Cuando te pedí que me dejaras tu pulsera para tomar mis pulsaciones estas iban a 150. Las tuyas a un ritmo normal. Y no era porque yo viniera de correr y tu de estar sentado en el sofá viendo alguna serie de esas que te gustaban. Era porque yo sentía más de lo que tu ibas a sentir por mi. Lo acepté, por más rabia que me dio.
Siempre me dijiste que hay que quedarse con las cosas buenas.
Y me quedó claro. Y esta vez si que supe leer entre líneas.
Hay que quedarse con lo bueno.
Por eso no te quedaste conmigo.

Abuga (Fuente: Hombres encontrados)
lunes, 4 de noviembre de 2019 | By: Abril

Es lo que hay...

“La vida es eso que nos va sucediendo mientras nos empeñamos en hacer otros planes” John Lennon

¿Sabes? Hoy, en cierto modo, esperaba tu mensaje, pero no llegó. Y duele, aunque poco. Me has acostumbrado a ese “…esto es lo que hay”, y lo asumo con absoluta resignación, como quien espera en la cola con la cartilla de racionamiento en época de guerra y justo cuando le va a tocar, se acaba la comida. Ese, “otra vez será” me lo repito como un mantra, que me sirve de ungüento para las heridas que tu silencio me provoca a la altura del estómago. Y la guerra fría vuelve a mis rutinas y me muevo por inercia, contigo siempre pero lejos de ti.

Raya el acoso lo que hago el resto del día mirando tu perfil en el WhatsApp. Tú, ajeno a todo esto, continúas con tu vida, echando atrás días en el calendario y retrasando ese café eterno que nunca llega. Me desespero. Escribo. De ti y de mí. De lo que fuimos. De lo que pudo ser, pero no… Te pienso y te odio a ratos.

Te imagino a solas en tu trabajo, o atendiendo a alguien hasta las tantas, o tocando algunos acordes en tu guitarra, o fumando y escuchando a John Coltrane o a Charlie Parker con un whisky con hielo sobre la mesa del jardín. Cuando el resto de la casa duerme tú sueñas despierto. Haces recuento del tiempo que has invertido en ser otra persona distinta a la que pretendías… Y el balance hace que te pongas triste y añores ese garito de jazz que querías montar en un país extranjero que elegirías apuntando sin mirar en un mapa justo antes de tomar el avión… No tendrías una pareja fija, sino una cada día. Mujeres sin nombre, solo sexo, puro placer efímero y poco más. Sin compromisos, sin rutinas, sin dolor…

En cierto modo, te comprendo. Tú añoras lo que no tienes. Persigues un sueño cada vez más lejano y te resignas a vivir acorde con las decisiones que tomaste en el pasado. Como yo. No somos tan diferentes. Y en el deseo apareció el castigo.

Tal vez ninguno de los dos tuvimos elección. Y aun así, ¿sabes qué…? Pese al dolor: volvería a elegirte.

(N.R.H.)
viernes, 1 de noviembre de 2019 | By: Abril

Sumisión

(…)Suena de fondo “Earned it” de Weekend
…On that lonely night (lonely night)
We said it wouldn't be love
But we felt the rush
It made us believe it was only us (it was only us)
Convinced we were broken inside (yeah)
Inside (yeah)…

Resultado de imagen de 50 sombras

Sin prisas y a destiempo hoy me has hecho una señal. Yo recojo el guante y te escucho. A veces desearía ser sorda, pero con una sordera selectiva exclusivamente para ti. No quiero escuchar de nuevo tus cantos de sirena. Me pierdo en los recuerdos y parece que no me has hecho tanto daño. Tengo el don de olvidar mi hastío y mis fracasos contigo, en el intento de devolverte a mi vida.

Tú eres justamente como yo quería. Encajas en ese perfil de tipo educado, elegante, con la ambición justa para salir de la mediocridad sin parecer un snob. Eres de esos que conquistan porque adoptan un papel protector, y yo me siento sumisa, a ratos.

Soy de la antigua escuela, ¿y qué? A estas alturas, sin sorpresas y consciente de lo que deseo, no voy a cambiar. Ni quiero, que conste. Así, como suena, sin pedir perdón a nadie. Soy lo que soy: tuya. Una mística Anastasia de mirada ingenua y pícara, para el Grey equivocado.

Nunca te he pedido nada. Nunca he querido irrumpir en una vida que no era la mía. Y así me ha ido: mal, muy mal, porque este contigo pero sin ti, me mata cada día. Y es tanto lo que siento, que me parece mentira seguir en este callejón sin salida viviendo de las migajas que me ofreces de tu tiempo.

Esta vida inconsistente. Este ser pero no. Este estar, pero tampoco… Eres cruel. Y tal vez eso sea lo que más me atrae de ti: la pasión desbocada que se respira en cada encuentro, que siempre amenaza con ser el último, que me golpea como un látigo, aunque algo vuelve a hacer que no lo sea… Ese empezar desde cero y vivir en bucle. Este juego estúpido, pero necesario, que mantiene viva nuestra no-relación.

Una palabra tuya, bastará para sanarme, porque tú decides mis desastres, tú desatas mis sirocos y en ti descansa el mismo veneno que me da la vida…

¡Qué poder tienes sobre mí, maldita sea!

(N.R.H)
martes, 29 de octubre de 2019 | By: Abril

Café para dos



Lo intento, pero no me sale. Te odio a ratos, porque vuelves a hacerme lo mismo. Me paso media vida esperando tu señal. Me prometes una y otra vez que me llamarás para hacer mil cosas. Pero no. Nunca lo haces. Llega el día “D”, se va y estamos en las mismas. Tú sigues con tu vida, y yo bloqueando mi agenda el día entero para ti, sin recibir nada. La historia se repite. Ni una disculpa, ni un mensaje, ni una llamada… no… te limitas a aparecer otro día cualquiera, solo si yo te he hecho antes una señal y haces como si no pasara nada.

Te odio. Hoy es uno de esos días. El segundo de esta semana, que empezó ayer. A veces pienso que es una venganza porque te dejé en su momento. Otras que demuestras inseguridad y es tu forma de hacerme ver que te humillé y tratas de hacerme creer que estás por encima de mí y de mi estatus de niña-bien, malcriada… Tú, con tu orgullo de clase obrera que empezaste a trabajar por necesidad y no por vocación; que levantaste a tu familia cuando aún eras un niño. Tú, que no pudiste estudiar aunque servías para ello, y ahora que puedes, desprecias hacerlo porque la vida no te dio la oportunidad en su día y ahora crees que sabes más por viejo que por diablo...

Qué tristeza que pagues todas tus deudas conmigo, que nunca te he hecho nada malo. Que lo peor –y lo mejor- que me ha ocurrido es haberme enamorado como una idiota de ti. Que vuelvo a removerme desde mis cenizas para hacerte ver que estoy de tu parte, que no somos enemigos íntimos, sino todo lo contrario. Que sé que me necesitas, porque soy la única que te escucha cuando llueve por lo que has perdido en el camino. Tu orgullo de proletario aburguesado, tu ambición insaciable, tu rol de padre coraje, tu esnobismo improvisado, los traumas que arrastras y en los que te refugias para tratarme mal, que no es maltrato, sino desidia…que no comprendo, que no comparto, que me obligan a odiarte.

Esta tensa calma me mata lentamente. Pasa otro día de otoño y así llevo unos cuantos esperando a que me invites a ese café prometido, que nunca llega…

(N.R.H)
sábado, 26 de octubre de 2019 | By: Abril

Todos los días de mi vida



Paige: -Prometo ayudarte a amar la vida, abrazarte siempre con ternura y tener la paciencia que el amor exige, hablar cuando hagan falta palabras y compartir el silencio cuando no, consentir, disentir respecto al pastel de terciopelo rojo, vivir al abrigo de tu corazón y llamarlo siempre hogar.

Leo: -Prometo amarte locamente en todas las facetas de tu vida ahora y siempre, prometo no olvidar jamás que este es un amor único en la vida y saber siempre en lo más profundo de mi alma que no importa que desafíos puedan separarnos siempre hallaremos la forma de volver a unirnos.
(De la película "Todos los días de mi vida")


Quisiera escribirte una carta cada día, mientras estemos juntos. Porque sí, porque te lo mereces. Me haces feliz, que no es poco y me toleras los desequilibrios cotidianos. Aguantas mis mareas con la paciencia de un santo y cuando llego a casa triste, desolada, enojada o quejumbrosa tu media sonrisa aleja mis demonios y me recuerda que en nuestro pequeño universo paralelo, los desastres se quedan fuera.

No sé si te he dicho que eres lo mejor que me ha pasado en estos últimos años. Eres guapo, atento, culto, elegante, respetuoso, honesto, humilde y leal. Justo como había deseado en esas tardes de domingo en que llovía y pensaba en ti, sin conocerte aún. 

Tú me has hecho mejor y dices que yo te he hecho amar la vida y sus pequeños detalles. A la vida hemos llegado juntos, aun naciendo en diferentes momentos y lugares tan distantes. Estábamos predestinados a crear este refugio sin grietas, este hueco en el mundo donde somos dos que ocupan el lugar de uno.

Gracias por ser y por estar. Por imaginarme contigo para siempre. Y no importa si ese para siempre es de por vida o para un rato, porque cualquier tiempo a tu lado, por breve que sea, será siempre un regalo.

(N.R.H)

viernes, 25 de octubre de 2019 | By: Abril

Cómplices en desamor





"No sé en qué momento me alejé de ti
Ni cuando nos giramos para ser
El caso es que ahora somos dos extraños
En el bar del desengaño y nos falta hasta la sed"
                                                 (Vanesa Martín)


¿Qué hacemos aún juntos? Nada nos une. Cuántas veces lo hemos comentado sin llegar a un acuerdo que nos deje a ambos conformes. Sin llegar a esa tregua que nos permita un momento de calma, a esa paz interior que, con el tiempo, nos hemos resignado a perder y a donar a cambio de evitar la soledad que nos lleve al olvido.

Estamos, más que solos, mal acompañados el uno del otro. Nos toleramos, pero nada queda de aquel motivo que nos unió, que quiero seguir pensando que no fue otro más que el cariño. Pero no, sé que me engaño, porque fue tan solo una forma más de espantar el miedo al abandono.

Sé que me quieres de una manera muy particular y probablemente egoísta. Yo no te quiero y te lo demuestro cada día con señales que prefieres ignorar. Pero sigo aquí porque tengo miedo a no tener nada, a desaparecer, a volverme aún más invisible de lo que ya soy para todos, incluso para mí misma. Tú controlas los tiempos y sabes qué hacer  y cómo comportarte ante los demás para seguir pareciendo lo que no somos: felices. Pero mírame. Mírame a los ojos y dime qué queda de la pareja perfecta que éramos al principio de este cuento de hadas.

No tuvimos hijos, ni perro que nos ladre. Y eso contribuyó a acumular ese miedo que hoy anega esta tensa calma. Mi única vía de escape es pensar en él, mi amante. Pensar en el único hombre que me ha robado el corazón. Desde que se fue de mi vida camino como un alma en pena, con la insólita idea de que un día de estos abandone a su mujer y a sus hijos y vuelva a buscarme.

Yo estaba muerta a tu sombra. Él me dio la vida, pero también me la quitó. Y desde entonces sobrevivo con un hueco en el estómago que no puedo llenar con nada. Sigue en mí, pero de otra manera y me llama amiga, que es lo peor que se le puede llamar a una amante que no ha dejado de sentir aquello que le hizo volver a la vida.

Tú no sabes nada de él. Me miras con la mirada vacía del cordero que va al matadero, como si no me vieras, aunque estás acostumbrado a que mi calor caliente esta casa. Solo somos dos extraños que comparten apartamento. A veces hacemos el amor, por no hacernos la guerra y luego nos damos la vuelta. Tú para no pensar en nada y dejar que otro día se convierta en cenizas, como si todo te diese igual, caminando inexorablemente hacia el momento en que dejes de respirar. Y yo, pensando en que acabo de entregarle mi pasión fingida al hombre equivocado.

(N.H.R)